Apuntes feministas III: ¿Acabaste? (*)

por Emilia Pioletti (@milipioletti)

La mayoría de las mujeres héterocis, hemos fingido uno que otro orgasmo en nuestra vida. O uno y también otro. Quizás un par más. Quizás varios pares. Fingir un orgasmo es como decir que la comida que alguien te preparó estuvo riquísima cuando en realidad dejó mucho que desear y honestamente dejaste la mitad del plato y te pareció espantosa. Es un garrón porque: 1) hay algo del orden del “no quedar mal” que hace que a vos te dé cosa decir que no estuvo tan buena 2) comiste algo que no te gustó 3) la otra persona termina convencida de que sí y, engañada, te va a seguir cocinando lo mismo. Y todo eso porque cuenta con la información errónea y así se perpetúa una vida de platos espantosos, sin gusto a absolutamente nada.

En la icónica película Cuando Harry conoció a Sally, Meg Ryan, en la piel de Sally nos da algunas pistas sobre esto:

Harry: Yo creo que ella la pasa bien

Sally: ¿Y cómo lo sabes?

Harry: Porque lo sé

Sally: Porque ella…¿qué?

Harry: ¿Estás queriendo decir que las mujeres simulan el orgasmo?

Sally: Si, todas las mujeres lo hemos hecho alguna vez en la vida.

Harry: Pero ninguna lo ha hecho conmigo.

Sally: ¿Y cómo lo sabes? Claro, eres hombre: todos hombres están seguros de que ninguna mujer lo ha hecho con ellos.

Harry: Por favor, ¿crees que no notaría la diferencia?

La respuesta de Sally a esta pregunta es gloriosa: finge un orgasmo cósmico en el medio de una hamburguesería, a plena luz del día, sentada, sin ser estimulada por nada. El mejor orgasmo fingido de la historia del cine. “Termina” y sigue comiendo su hamburguesa. Como si nada. Conclusión: sí Harry’s de la vida, claro, un orgasmo se puede fingir. Se re puede fingir. Mega. Mil. Re.

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El orgasmo es la descarga repentina de la tensión sexual acumulada durante el ciclo de la respuesta sexual. Genera contracciones musculares rítmicas en la región pélvica acompañadas por gran placer sexual. Los orgasmos son controlados por el sistema nervioso autónomo, que responde con reacciones involuntarias, espasmos musculares, euforia en general.  Cuando la respuesta sexual culmina, el cuerpo experimenta relajación por la liberación de oxitocina, prolactina, y endorfinas. Como comer una tonelada de chocolates en un segundo, ganar un Mundial y recibirte a la vez.

Los orgasmos humanos generalmente resultan de la estimulación sexual física del pene en los hombres, típicamente acompañando a la eyaculación, y del clítoris en las mujeres. Claro que existen múltiples zonas erógenas con más o menos terminaciones nerviosas, pero el clítoris es ese glorioso órgano de la humanidad destinado exclusivamente al placer sexual. Por ello, aún se practica la mutilación de clítoris como forma de opresión patriarcal a la mujer y al goce de su cuerpo. Lo que vimos que le hacen a Emily en The Handmaids Tale no es ficción: se sigue practicando en muchos países de África, es considerada una violación de los derechos humanos de las mujeres y de las niñas, y sigue en Agenda de Naciones Unidas como una práctica a ser erradicada dentro de los Objetivos propuestos para 2030. Dos mil treinta.

 Fake News

La cuestión es: ¿por qué se finge un orgasmo? ¿por qué, en charlas de mujeres, surge como una experiencia común a todas? ¿por qué todas hemos pensando en algún momento que éramos nosotras las del problema? ¿por qué el “no la pasé tan bien pero ya fue” sigue siendo moneda corriente?

Según la sexóloga argentina Sonia Blasco, autora del libro “Camino al orgasmo”, más del 75% de las mujeres no logra el orgasmo por la simple penetración. Así es amiguites: la mayoría de las mujeres del mundo.

Sucede que, en una cultura sexual patriarcal y reproductivista, todo se reduce a la penetración, el consiguiente y necesario placer del hombre para conseguir la eyaculación que finalmente fecundará el ovulo para cumplir el sagrado círculo del mandato de maternidad. Oh sorpresa, así como no todas deseamos maternar, la mayoría de nosotras no llegamos al orgasmo con la sola penetración: llegamos por tacto, por fricción, por nuestra propia masturbación. Además de la salarial, existe algo llamado “Brecha Orgásmica” que se refiere nada más y nada menos que a desigualdad en la que nos encontramos las mujeres respecto de nuestro acceso al orgasmo, claro, por múltiples razones: falta de comunicación, vergüenza generada por el mismo sistema patriarcal, siglos de que las mujeres que gozaban de su cuerpo y lo decían abiertamente sean “mal vistas”, falta de información, etcétera. Pero la brecha existe: según un estudio sobre la frecuencia de los orgasmos publicado en Archives of Sexual Behavior en enero de 2018, las mujeres heterosexuales son el grupo que menos orgasmos consigue, ya que solo un 65% de las veces que mantienen relaciones llegan al clímax. Contrariamente, en el primer puesto están los hombres heterosexuales, con un porcentaje de orgasmos del 95%, le siguen los gays (89%), los varones bisexuales (88%), las lesbianas (86%) y las mujeres bisexuales (66%).

Parte de la explicación de la existencia de esta brecha está relacionada con la existencia de una cultura donde el disfrute del falo y la llegada a la eyaculación es lo central. Entonces, que la mujer acabe por tacto equivale simbólicamente a poner en riesgo el poder masculino, lo todopoderoso de la penetración. El hombre ve atacada su virilidad, su habilidad, nosotras creemos que tenemos un problema y resolvemos que fingir el orgasmo por penetración es la mejor alternativa. Ese camino neuronal que recorre nuestro pensamiento lógico, ese salto de preconcepto en preconcepto, como si fueran piedras para llegar al otro lado de un río que alguien dijo que había que cruzar, esa vergüenza, esa culpa, es producto de años de sumisión patriarcal y de reproducción de estereotipos de género errados. Lo cual es una redundancia: todos los estereotipos de género son errados.

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Según Blasco “biológica y culturalmente, la sexualidad masculina gira en tomo a una excitación rápida seguida de penetración. A las mujeres se les ha exigido una respuesta sexual similar al hombre o adaptada a las necesidades de él, cuando biológicamente su comportamiento sexual es completamente diferente”.  Cuando nos excitamos, se genera una vasodilatación genital que permite en los hombres la erección y en las mujeres la lubricación. Es esa vasodilatación la que genera bombeo de sangre y calor. That’s why estamos calientes cuando estamos calientes.

Nosotras, necesitamos tres veces más volumen de sangre para generar la congestión vascular genital adecuada. Por tanto el triple de tiempo que a los hombres. No, no tenés un problema. El mundo nos hizo creer que sí. Ese sí es el problema.

We DO NEED education

Durante nuestra escolarización, existía un noventoso documental animado llamado “¿Qué me está pasando?”. Con dibujitos binarios, blancos y heteronormados, se explicaban los cambios hormonales en la pubertad en una suerte de educación sexual bastante precaria y errada. Explicaban la erección masculina, de costadito se *tocaba* el tema de la masturbación de los varones de forma jocosa y divertida y, oh sorpresa, nada se decía de la masturbación de las mujeres. Según ese film, lo único que nos pasaba era que menstruábamos y nos crecían las gomas, dos cosas necesarias para maternar, según expresaban claramente en el film.

Así las cosas, la masturbación femenina ha sido invisibilizada por años. Ha sido un tabú. En nuestra educación, en conversaciones cotidianas, en las películas pochocleras, en las novelas. Un hombre haciéndose una paja, puede ser una escena divertida en algún producto audiovisual. Se ha naturalizado como algo propio del “crecimiento del varón”. ¿Se ha hecho lo mismo con la búsqueda de placer de la mujer? No.

Masturbarse es educarse, una remera que diga. Es conocer el propio cuerpo. Es conocer lo que nos gusta para también poder pedírselo al otro. No podemos pretender que sea la otra persona la que adivine qué es lo que nos hace disfrutar. Debemos hacernos cargo de nuestro propio placer.  No existe la bola de cristal sexual. Es importante poder decirle al otro, mirá a mí me gusta así, asá no, esto me copa, esto me incomoda, por acá sí, por acá no. Porque el placer se trabaja primero con unx mismx y luego de a dos. O de a tres. O de a cuantos les plazca.

Coger (verbo infinitivo): dícese de

Sucede que en una sociedad en donde opera lo veloz, la optimización del tiempo, la eficiencia y la productividad, la idea de éxito no escapa a la más íntima de las intimidades. El éxito sexual, en una sociedad patriarcal, usualmente está relacionada con el coitocentrismo y la eyaculacion del hombre. Hay una “previa” a “algo” que es lo importante porque marca el antes y el después cronológico: ese “algo” es la penetración. La relación sexual culmina cuando el varón acaba. Una mujer puede no acabar, y no pasa nada. Un hombre no acaba y es una relación sexual fallida.

Entonces, ¿qué pasa con el placer femenino? En el medio del debate por la despenalización y legalización del aborto, emergió a la superficie un tema que se mantiene detrás del telón pero que es constitutivo del mismo: a no ser que esté buscando abiertamente ser madre, una mujer tiene relaciones sexuales buscando placer sexual. Al criminalizar el aborto, ponerlo como algo fuera de la ley, se generan sentimientos culpógenos respecto del deseo y su búsqueda. El rol protagonista de la iglesia en este sentido es innegable: se criminaliza toda relación sexual cuyo fin no sea la reproducción.

El eje del debate por el aborto, debe centrarse también en el derecho al goce sexual. En el marco de las Audiencias Públicas del debate por la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, dijo Dora Barrancos, investigadora de CONICET: “Me encuentro entre quienes defienden el aborto legal para afirmar el derecho al disfrute sexual separándolo, absolutamente, de la reproducción, y sostengo la prerrogativa del aborto para igualar las condiciones del ejercicio de la sexualidad diferencial entre varones y mujeres” Disfrutar de la sexualidad es un derecho. Es tu derecho, hermana.

¿Qué es coger? ¿Es la penetración? ¿Es estar desnudos en una cama? ¿es conversar? ¿“coger” no significa agarrar algo en gallego? Muchas preguntas. La respuesta a la última es, y acabar se dice “correrse” pero no viene al caso, no se distraigan: sexo es lo que sea que te de placer y no existe forma correcta de hacerlo. Un beso, un abrazo, unas caricias, una ducha, una charla, un masaje pueden ser sexuales porque pueden ser íntimos y placenteros. El sexo tampoco se “realiza” cuando se acaba. No hay un deber ser del disfrute sexual. Hay que desterrar los preconceptos, comunicar al partener lo que nos gusta, sin verguenza sin tabúes, con juguetes sexuales, con comida, con porno, sin porno, con un abrazo, con lo que les guste.

¿Acabaste?

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Si.

Re mil

 


 

 

(*) SPOILER ALERT: nota escrita desde una perspectiva heterosexual.

 

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