Autora: Lucía Requejo (@Luzbelisima)

 

Camino, cualquier cuadra, tironeando con una mano la punta del short hacia abajo. Cuando hace falta, camino a paso fuerte las avenidas. Llevo frases esperanzadoras escritas en todas las superficies que conozco: papeles, pancartas, banderas. A veces las llevo decorandome los brazos, o la cara. Me chorrea la tinta negra de escribirme las dos líneas oscuras debajo de los parpados, como imagen trillada y horrible. Las metáforas caminan al lado mío, ya no figurativamente, en las paredes. Y de vez en cuando, las escribo en los patrulleros. En un auto muy parecido al que meten (de vez en cuando) a los que me lastiman. Quienes son, para el resto, monstruos atroces, inimaginables, inconcebibles. De repente nadie conoce a ninguno y nadie sabe donde están, pero aparecen y desaparecen, sin volver.

Como las palabras escritas con pintura al borrarse, el asiento trasero casi siempre termina quedando vacío. Por mas de que las tapen, las escribiría una y mil veces mas, en cualquier lugar tangible que pueda llegar a existir. Porque a mis cuerpos les escriben cosas peores. Les escriben con fuego, muy adentro, donde no se puede ver, ni pintar, ni limpiar, ni arreglar. Soy valiente al decidir no esconderme, mostrarme, no taparme, no limitarme. Pero nadie quiere ser valiente. La valentía debe surgir, siempre en momentos en los que podría haber debilidad. Se prefiere, se elige, pero bastaría con no tener que serlo.

Hoy, si lo tengo que pedir, todavía lo quiero. Porque lo estoy pidiendo hasta cuando no lo digo; solo por el simple hecho de existir. Lo derechos no se piden, se exigen, y de pie; nunca, jamás, de rodillas. Las luchas no se deslegitimizan cuando la causa arrasa con el autonomismo, con la libertad y con la integridad. Como todo lo que se posee por inercia, se desvaloriza. Extinguirse no es una opción viable, y esconderse, menos.

Esta camiseta la tengo puesta todo el tiempo, porque mi equipo juega a toda hora. Porque ya me mataron mucho, y yo ya estuve en el baúl de muchos autos. Conozco muchos descampados, callejones desiertos, puentes vacíos, colectivos, lugares de trabajo. También conozco cárceles, donde me encerraron por defenderme, o por osar querer elegir. Lo que conozco realmente de memoria son las sensaciones. La sensación que me pueden llegar a brindar que unas manos que no elegí, me tocan. Siento como me atan, me aprietan, me apoyan, me golpean. Huelo como me arrastran por el barro, como me duele que me tiren del pelo. Siento como me empalan, y me despojan de lo que soy.

Quizás me avisaron que me iba a pasar. Yo lo supe, cuando pasé el otro día por la esquina de casa, apenas salí y me avisaron: “rubia, te haría de todo”. Seguí caminando, sin responder. Me arrepiento de que mi vestido es demasiado corto, apenas termino de cerrar la puerta, porque me ahogo.

Los incidentes aislados existen. Uno por ejemplo, es que los fideos, en el agua hirviendo, terminen duros, rotos y pegados contra la olla, ya que los dejé abandonados. Amontonados, pasan a ser una masa uniforme, a causa de distracción, de desinterés, de inconsistencia. Muchos fideos, juntos, quemados, golpeados, despojados de su integridad, inmóviles, ya no.

Soy exagerada, está de moda pensarlo, me victimizo, soy violenta y no tengo porqué. No pido de la manera correcta, de buenos modales, como una señorita. Muchas veces es mi culpa, por estar en el lugar equivocado, en el momento equivocado. También por vestirme de cualquier manera y no comportarme como es debido; controlar mi vida sexual, hacerme respetar y ser un premio que debe ganarse. No vivir la sexualidad como hombre, haciendo lo que me plazca; ser puta y pagar por serlo. Por abrir las piernas, por disfrutar, por no querer ser madre. Por no querer renunciar a mis derechos. Por haber nacido en otro ser, uno que no soy yo. Por no cuidarse a cada paso, de todo, todo el tiempo. Por existir.

Si las lágrimas nos caen como si las conociéramos, es porque en verdad lo hacemos. Porque las mujeres son todas iguales. Engranajes, madres, números, cadáveres. No encontraron a otra piba muerta. Encontraron a la misma. Siempre encuentran a la misma. Y al mismo tiempo, a miles. A todas. A las que no llegaron.


 

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