Autora: Bora Bora (@vmbboris)

 

El miércoles 8 de octubre de éste año me levanté igual que todos los miércoles de los últimos cuatro

años, de mal humor. Hice mi rutina matutina de afeitarme la papaducha, asumir que los años no vienen

solos, y batir un café para mí y para la bruja mientras ella me planchaba la chombita. Estaba dando el

primer sorbito de mi café cuando la bruja me llamó con voz temblorosa desde la sala de la tele.

Juanca… vení a ver

En la tele aparecía el noticiero contando que habían atrapado a dos de una banda de cinco pibes que

se dedicaban a robar lingotes de oro de los bancos y que después los vendían para comprar

pisapapeles y trabapuertas con forma de lingotes de oro. Hasta ahí yo me cagaba de risa, pero le miré

la cara a la bruja y estaba blanca como mi caspa.

-¿Qué pasa gordita? – le digo

-Mirá Juanca, ahí salimos nosotros, nuestra casa, esa es LA MÁQUINA

Sentí que las orejas y la nariz se me ponían coloradas, el poco pelo que me quedaba se me paró como

a los perros cuando se cruzan con otros perros. En la tele estaba mi máquina, mi corsita cinco puertas,

rojo pasión. Lo manejaban esos pendejos putos para escaparse de la policía y yo veía cómo mi patente

DJC-666 (a mi me gustaba decir que significaba DEL JUANCA CARAJO!!), quedaba tirada mientras mi

maquinita se revolcaba por una banquina.

Fui corriendo al garach para asegurarme que era todo una pesadilla pero el corsita no estaba. Sólo

quedaba de él la última mancha de aceite en el piso.

Beti!! Llamá a mi trabajo, deciles que no voy, explicales todo

Yo caminaba como loquito por el garach. Esos pendejitos van a cobrar, y no precisamente en lingotes

de oro. Y la policía también, se las van a ver conmigo, ¿no podían bajar a los pibes del auto? ¿tenían sí o

sí que destrozarlo?

Checho, tu supervisor dice que no hay forma de que faltes. Hoy llega un cargamento enorme de

calamares y vos sos el mejor congelador, dice que no le podés fallar hoy.

LPMMMM, no puedo creer lo que me está pasando, ¿ahora cómo mierda voy a ir si no tengo auto?

– ¿Qué bondi te tomas vos para ir a visitar a tu tarotista esa que vive cerca de la fábrica?

-El 54 miamor, pasa re rápido siempre, te presto la tarjeta que tiene saldo. Vos no te preocupes por lo

del auto, yo llamo a la policía y averiguo todo, yo calculo que seguramente nos van a dar platita y

quizás podamos cambiar el corsita que ya no daba para más. No te angusties Checho, esta noche

comemos algo rico y vemos qué hacemos. Te amo Checho.

Qué divina la Bety me banca en todas.

-Yo también gordita, nos vemos a la noche, haceme algo rico, ¿si?

Y salí pal trabajo. Yo pensaba que ya había sido suficiente para tener un día de mierda pero no me

podía ni imaginar lo que venía.

Cuando llegué a la parada estuve esperando 15 minutos el colectivo y no venía, esperé cinco más y la

llamé a la Bety para decirle que era mentira que pasaba re rápido. Esperé cinco más y lo vi venir pero

estaba llenazo y no me paró. Esperé cinco más y me tomé un remís y la puta que te parió.

Mi supervisor me cagó a pedos por llegar tarde. Le conté toda la situación y me dijo que Benítez el que

envasaba las truchas tenía una hija con escoliosis y que de todas maneras siempre llegaba a horario.

Chupámela, Benítez.

Pero eso no era lo importante, lo fundamental, de esta historia. Lo importante fue, que a Bety no le

dieron pelota en la policía, y que los del seguro nos dijeron que lamentablemente por las circunstancias

dadas del asunto íbamos a tener que esperar mínimo un mes y medio para que nos dieran la plata del

corsita, por lo tanto, me esperaba un mes y medio de intentar llegar a horario para no dejarme ganar

por Benítez. Y eso implicaba, un mes y medio de 54.

Al otro día de que toda esta gilada empezó, volví a la parada a esperar el bondi que según la bruja el

día anterior debía haber tenido problemas. Ni mierda. Lo esperé 45 minutos, cuando llegó miré a los

ojos al chofer con cara de si me rajan del laburo te voy a ir a buscar. Al día siguiente 43 minutos. Te voy

a ir a buscar. Al cuarto día dije que quizás era un problema mío que calculo todo mal y me desperté

media hora más temprano, la Bety no me planchó la chomba pero fui igual a ver si esa vez llegaba

puntual. Pasó uno a los cinco minutos y no sólo que no me levantó porque venía lleno sino que el muy

empleado público se las arregló para salpicarme entero con un charco que ni siquiera existía.

Ya mi supervisor me venía retando.

Checho, años de presentismo perfecto ¡¿y justo ahora me venís con problemas?!

-Mirá, Martín, como sabrás porque te contó la Bety, nos chorearon el auto y mi colectivo me hace la vida

imposible, nunca pasa cuando tiene que pasar.

-Dale Checho, Martínez el de mejillones tiene que tomarse tres colectivos y tiene un hijo con

mononucleosis y llega a horario, a mí con giladas no, disculpame, pero la próxima tardanza estás

sancionado.

Así que al otro día me puse el despertador a las 4:30 de la mañana. A ver si ahora me cagás

cincuenticuatro, a ver que tanto más temprano que yo llegás Martínez.

Pero no pasó nada. Y con nada digo nada, lo esperé hasta las 6:56 y cuando vino, vino lleno. Sanción.

Checho, a la próxima sale suspensión.

Puse el despertador a las 4:15, me caminé cinco paradas antes de la que me quedaba a la vuelta de la

esquina. 5:30 llegó, mis ojos no lo creían, uuuuuna alegríiiia. Pero a las cinco cuadras se rompió. Ya no

tenía insultos en mi mente, solamente me resigné; antes de eso le miré la cara al chofer, era el mismo

de todos los días, el que llegaba cuando quería. Hablé con una señora que se bajó conmigo para ver

cómo era este tema del colectivo.

-Señora ¿usté siempre llega puntual a donde tiene que ir? ¿Se lo toma todos los días?

-Si querido, este bondi nunca me falla, pasa que, ¿en qué parada te lo tomás vos?

-En la de acá a tres cuadras.

-Ah, sí, el chofer le hace asco a esa parada, dice que todos los que se suben ahí le traen mala racha

cuando juega su equipo.

-Ah, mire usté, qué divino, y de qué equipo es el chofer ¿sabe usté?

-Creo que del Instituto, pero yo de fútbol no sé nada, soy mujer.

-Claro, claro, entiendo.

¿Así que el muy hijo de la B nacional me hace asco porque le doy mala suerte?

A la semana siguiente me empilché entero de la gloria. Me compré hasta el gorrito con las trenzas para

ver si el chofer empatizaba y me dejaba de hacer llegar tarde. Era lunes y lo esperaba todo vestidito en

la parada, lo vi llegar a las 6:30, hora que me quedaba perfecta, de lejos vi que venía vacío y se me

aceleró el corazón. Si me ponían otra sanción ya estaba en peligro el laburo y me lo iba a tomar

personal con el colectivero. Alcé el brazo, glorioso en todo sentido, lo vi como clavaba las balizas pero

cuando giró su cabecita para donde yo estaba, juro que pude ver a través de esos lentes tornasolados

como los ojos se le agrandaban y le sonreían con malicia mientras aceleraba y me dejaba ahí clavado.

Checho esto ya no da para más. Tomate la semana ¿dale? Sin goce de sueldo. Cuando resuelvas lo

tuyo hablamos a ver si volves.

Me metí en interné. Llamé al hijo de un amigo que sabía que una vez le cayó la policía a la casa porque

andaba jakiando cuentas de famosos y le dije que necesitaba un favor.

Lorenzito ¿cómo va? Te habla el Checho soy amigo de tu papá. Cuchame necesito un favoraso y te

puedo dar un fernesito a cambio. Entrate a la página de Autobuses Santa Fe y averiguame así jakiando

cómo se llama y donde vive el chofer de la mañana del 54, ¿dale?

Ahora sólo quedaba esperar. Le dije a la Bety que me mandaban de viaje del trabajo para que no

supiera que medio que me habían rajado y me quedé escondido un día en el garach. Ella nunca

entraba porque ahí sólo había herramientas, nada para cocinar o planchar.

Cuando me llamó Lorenzito con la info me preparé para el momento.

-Sí Checho, el tipo se llama Benjamín Bustamante y vive ahí a cinco cuadras de tu casa, es soltero, es

pendejo, tiene treintipico. Mañana traeme el ferné, ¿dale?

Ultimamos detalles. Preparé el martillo, la sierra y algunas cadenas como para asustar. No le quería

hacer nada malo pero pegarle un susto y algunos golpazos. Para que sepa quién manda en esta zona.

O por lo menos que a un vecino no se le traiciona ni se le hace perder el trabajo, menos cuando está de

duelo por su corsa.

Ya era miércoles a la noche, salí con todas mis cositas para hacerme respetar. Llegué a la puerta de la

casa y lo vi desde la ventana, mirando la tele con las patas arriba de la mesa. Cómo te gusta apretar

esas patas contra el acelerador cuando me ves desesperado por llegar a horario, ¿no?

Estaba por tocarle el timbre pero cuando llegué a la puerta vi desde la ventana que en el escritorio

había no uno, no dos, ni cuatro, sino SIETE pisapapeles con forma de lingote de oro.

Ahí me re saqué. Le pegué un martillazo y un patadón a la puerta y entré gritando.

– ¿ASÍ QUE SOS VOS EL QUE ANDA ROBANDO CORSAS? ¡¿Y ENCIMA ME HACÉS LLEGAR TARDE

AL LABURO?!

El tipo estaba paralizado, me miraba con los ojos abiertos y amagó a agarrar un cuchillo que tenía

arriba de la mesa.

– ¿QUIÉN SOS ENFERMO? RAJÁ DE ACÁ, SALÍ DE MI CASA YA MISMO

-ENFERMO ES EL HIJO DE MARTÍNEZ YO ESTOY MUY BIEN, YO SÉ QUIÉN SOS VOS, VOS ME

VENÍS CAGANDO LA VIDA

-PERO ¡¡QUIÉN SOS VOS!! SI NO TE VAS AHORA VOY A EMPEZAR A GRITAR

– ¡¿A QUIÉN VAS A LLAMAR?! ¡¿A LA POLICÍA?! SOS UN LADRÓN VOS Y UN CULIADO, A VOS NO

HAY QUIÉN TE SALVE AHORA

Y me le tiré encima con una furia arrolladora. Nunca supe bien a qué se refería la gente cuando decía

eso de furia arrolladora pero en ese momento lo sentí en mi sangre. Martillazo, martillazo, cadenazo,

cadenazo. Le tiré el cuchillo a la bosta. Yo sólo quería asustarlo, pero cuando entendí que era también

parte de los que me habían choriado el auto no pude controlarme. Busque su cuchillo y cuando ya

estaba medio inconsciente le saqué las tripas tranquilo como hacía con los calamares de la fábrica.

-Esto es lo que aprendí a hacer en el laburo del cual por tu culpa me rajaron, mirá que bueno está y

ahora por tu culpa no lo voy a poder hacer más.

Lo seguí acuchillando por horas hasta que vi una mancha de su sangre en el piso de la cocina que me

recordó al aceite que dejaba mi corsita y me rescaté. Medio que no podía creer lo que había hecho pero

medio que también me sentía aliviado. Agarré todos los pisapapeles lingotes que tenía en su escritorio

y se los tiré lentamente encima. Tomá una cucharada de tu propia medicina.

Pero había dicho que me rescaté así que después de eso salí corriendo, ya era de día. Agarré el bolso

y pensé en esconderlo en mi garach. Nunca nadie iba a sospechar de mí si yo nada que ver. Pero igual

corrí como un culiado, con adrenalina y alegría de haber matado a ese otro culiadazo. El sol se

levantaba radiante con un nuevo día, no tenía que llegar tarde a ningún lado porque no había ningún

lado al cual llegar. Yo corría y no miraba para ningún lado sólo me importaba estar en casa y decirle a

la bruja que había vuelto y que todo iba a estar bien. Que cuando nos dieran la plata del corsita

podíamos comprar algo más barato, esperar la indemnización e irnos de viaje a algún lado, a cualquier

lado, más o menos cerca.

Y BANG.

Yo iba tan concentrado en correr que no escuché ni miré, que un colectivo se acercaba por el costado.

Que era el 54 que esta vez llegaba puntual y con chofer nuevo. Que me enteré después por San Pedro

que ese tal Benjamín era chofer provisorio y que el oficial era el que me llevó puesto.

Y así quedé. Enrollado entre las gomas de un bondi que ni siquiera era Coniferal. Sin auto, sin trabajo,

sin vida. Pobre Bety lo que debió llorar. Una muerte absurda y karmática.

Pero yo me quedo tranquilo, tampoco la pasaba tan bien vivo. A la Bety le dejo toda la platita que

teníamos que cobrar, cero deudas. Ojalá no me extrañe, yo no era tan buen amante. Ojalá consiga un

trabajo y se mude, que pueda ir a pata o aunque sea que su nuevo colectivo sea de ERSA.


 

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