Childish Gambino y James Blunt: el sujeto ha muerto pero aún mira MTV

por Patricio Perez (@sandiaconqueso )

La filosofía posmoderna, de Foucault en adelante, se encargó de instalar como un mantra la idea de que “el sujeto ha muerto”. ¿Qué quiere decir esto? Evidentemente, no es un enunciado de los que deban ser tomados literalmente (si hubiera alguno): nadie murió, ni vamos a morir de un día para el otro. Digo esto porque, por más necia que parezca la aclaración, todavía hay algunos enunciados similares sometidos a la susceptibilidad del que los lee de manera literal y piensa que, efectivamente, acá se trata de matar a alguien.

Sin entrar en detalles, atengámonos a la siguiente idea: si admitimos que “el sujeto” es una construcción histórica y contingente, estamos en condiciones de admitir que, por lo tanto, el proceso de conformación del sujeto es también social, colectivo: “el fruto de una producción social, maquínica, industrial”, dice Perlongher. Su género, su pertenencia étnica, su ubicación en el plano socioeconómico, sus inclinaciones sexoafectivas y sus relaciones con los poderes (la ley, por nombrar el más obvio) serían determinados por e incidirían en el proceso de subjetivación que, además, es constante e infinito. Ya no hay identidades, sino devenires.

Lo lindo de la cultura pop (fenómeno posmoderno por excelencia) es que, frívola y liviana como dicen que es, no deja de traducir estas revoluciones del pensamiento. No en vano decía Eco que, cuando quería leer algo serio, se ponía a leer historietas.

Surge un evento en la cultura pop. Digamos, un videoclip. La tarea es poner a todo el mundo a hablar sobre él. Suena sin descanso en las emisoras mientras circulan reseñas y el tema asciende en los charts. El movimiento del mainstream (literalmente, “la corriente principal”) es vertiginoso y aterrador: los ídolos nacen y mueren de la noche a la mañana; en la jerga del periodismo se habla tanto de “ascensos meteóricos” como de “caídas estrepitosas”. Si a esto le agregamos un relativo éxito, podemos suponer que en algo el clip “le acertó”: a la diana movediza e impredecible del gusto masivo, o a lo que los críticos más cursis denominan “un nervio social”. El videoclip adopta el aura que lo hace convertirse en una obra de arte.

Childish-Gambino-plays-Wireless-festival-2015-billboard-1548

Se formula una pregunta: “¿qué nos está queriendo decir?”. Las interpretaciones en torno a esta obra se multiplican, como si hubiera algo en ella que revelar. En realidad, no se trata de restituir un sentido oculto. Más bien, “producir sentido es hoy la tarea”, como decía hermosamente Deleuze. Un misterioso graffitti en Güemes complementa, casi a propósito, con una frase inolvidable: “multiplicar es la tarea”.

Si el videoclip traduce así el devenir de los tiempos, ¿puede escribirse una historia de las ideas en base a videoclips? Este es un ejercicio divertido de imaginar para un millennial criado a base de MTV.

Respuesta: no sé. Lo que sí puedo asegurar es que, desde que empecé a ver MTV hasta hoy, muchas cosas cambiaron.

Al principio, no podía definir bien qué: era algo en los planos, en los colores. Noté seguido que, en los clips de los 2000, era común ver escenarios apabullantes, ver a los músicos haciéndose los lindos ante la cámara o ver historias representadas en los clips como si se tratara de mini-películas con música de fondo. Visto en retrospectiva, todo parece muy forzado, muy artificial.

Los 2010s son distintos. Es como si el clip, tomando consciencia de su propia fuerza, hubiera decidido no ser un mero acompañante de la pieza musical sino, antes bien, una obra de arte por derecho propio. Hoy el clip habla de una forma mucho más abierta con todas aquellas instancias de lo social que lo rodean y lo constituyen como “acontecimiento”. Digamos que perdió su ingenuidad. Ya vamos a volver a eso.

En todo caso, los ejemplos de unos y otros abundan. Hoy quiero tomar dos hits con 13 años de diferencia. En la medida en que son obras de arte, pueden servir como metáfora para brindar una respuesta a las ideas planteadas al principio: ¿de qué forma “murió el sujeto” en la cultura pop?

Ya se dijo muchísimo de “This is America” de Childish Gambino (2018). En cierto sentido, como dice Fede Frittelli, está vendría a ser la lectura 501, en el improbable caso de que nadie más haya escrito una reseña de ese video en dos semanas. Es que no hay vuelta que darle: es un gran videoclip. Demoledor y genial. Y sí, se presta para muchas lecturas (Fede ensaya cuatro), así como se presta simplemente para regodearse en la crudeza morbosa de ver un coro de góspel cagado a tiros por un arma automática. Esa escena fatal tiene, una y mil veces, el efecto del tiroteo mismo: congelarte, tomarte por sorpresa.

You’re Beautiful” de James Blunt se estrenó en 2005 y también fue un hit en su momento. De hecho, el furor por ”You’re Beautiful” fue tan excesivo que hoy casi que no se entiende cómo aquél tema tan aburrido con aquél clip tan monótono, que hoy sería nada más que un tema para que tu tía entre a su casamiento (un verdadero subgénero musical), cosechó tantos premios. Pero bueno: nos inclinamos por la hipótesis más sencilla, y es que la gente tiene mal gusto en todos lados.

Si “This is America” es un éxito, debemos admitir, al menos, que es un éxito controversial, lo que desde el vamos ya nos dice algo sobre el video mismo. Esto es: este éxito no fue catapultado por un sentimiento general del tipo “¡ay, qué tiernis! ¡este tema dice que soy hermosx!” sino, por el contrario, por el verdadero huracán de debates, reseñas y memes que se produjeron en torno a él y a los signos en él representados. Y mierda que se choreó con “This is America”, tradición de la que a partir de hoy me honra formar parte.

37059061_10215655195186442_6256231826449235968_n

Acá ya tenemos un dato importante que notar, y es la relación que tiene el video con la crítica especializada. Algunos lo llaman “romper la quinta pared”. En el showbiz, por lo demás, todo se relaciona con su crítica, está claro (es lo que le da de comer a tantas bocas, desde E! al Rial pre-feminismo). Pero a veces, como en este caso, la genialidad del video te hace pensar que siempre hay todavía una cosita más que puede decirse: la ambigüedad constituye la obra de arte, dice Jakobson.

¿Qué tiene de ambiguo “This is America”? Básicamente lo mismo que “You’re Beautiful” tiene de unívoco (e ilusorio): al final, no sabemos si el protagonista, que se encarga de mirarnos a los ojos en todo momento, es un payaso, un asesino, un loco, un comediante o un forajido. Perseguidor y perseguido, demuele todos los roles que se le asignan: primero mata impunemente, luego baila una coreo, luego prende parsimoniosamente un porro y luego huye aterrorizado, acosado sin fin en un escenario de pesadilla por una turba invisible. Ni sus peores acciones tienen consecuencias permanentes: el tipo que asesina al principio aparece más tarde tocando una guitarra tranquilamente. Si sus acciones no son permanentes, ¿qué solidez podemos esperar de su propia identidad?

Gambino (o Glover, o “el protagonista”, como quieras llamarle) transmite con el cuerpo la imposibilidad de encasillarlo de una vez y para siempre: así es que pasa espontáneamente de afeminado (“I’m on Gucci!”) a delincuente (“I’m gon’ get it!”). Como un auténtico esquizofrénico, en el sentido más cabalmente etimológico de la palabra: dividido en miles, él es América, esto es América, no una serie de símbolos patrios (constituyentes fundamentales de un poder homogeneizante) sino una serie caótica de frivolidad, materialismo, locura, persecución y unos pasos de baile que son la puta hostia.

¿Blunt? Ay, Blunt es él mismo todo el tiempo. La monotonía del video, su expresión compungida, el blanco alrededor (¿qué es más puro que “lo blanco”? ¿Lo que es siempre uno y sí mismo? ¿Lo que no está contaminado por “lo negro”, tómese en el sentido que se tome: racial, religioso, discursivo, hasta petrolífero?) y, sobre todo, su referente: suponemos que le está cantando a alguien (la heteronorma nos apura a suponer que le canta a una mujer) y, merced a la estructura misma de la canción que repite “sos hermosa” hasta el final, el o la destinataria permanece tan estable como el sentimiento mismo. Nada cambia, todo permanece. Chupala, Heráclito.

Esencialización, pero no sólo eso: no hay lugar acá para la locura y el exceso, ni para ningún modo de irrupción de lo distinto en este amor tan puro. Todo es sencillo, racional, trascendente, inmutable y despojado de toda contradicción. El amor puro, por definición, no tiene contacto con el mundo material: es así que, motivado por ese sentimiento tan noble, Blunt deja sus pocas pertenencias sobre la nieve antes de lanzarse al vacío. No hay otro ser que Blunt en el video, ni siquiera en él mismo.

Y sin embargo, Blunt está representando aquí un personaje. Poco importa si, al momento de escribir esta soporífera pieza, estaba o no efectivamente enamorado; la persona en el video (que no debemos confundir con James Blunt, a riesgo de hacer preguntas como “¿y por qué no se murió de hipotermia si estaba en cuero en la Antártida…?”) quiere representar este amor impoluto, un movimiento estrictamente ficcional. Y al ser ficcional, no puede más (ni menos) que crear un personaje: este personaje no es sólo el que le habla a su amada, sino es el que se ahoga y revive, como una especie de Kenny de South Park edulcorado por el doctor Cormillot, cada tarde del año 2005 en la que suena en los diez más pedidos. Vive gracias a su propia reproductibilidad; el Hot 100 es el mismo que impide que este personaje muera de hipotermia.

james-blunt-apologizes-youre-beautiful-1050x600

¿Y Gambino? Gambino encarna (casi que quisiera usar otra palabra, “corporiza” o algo así, porque lo hace con cada gesto y cada movimiento del cuerpo) la crisis de la representación de un sujeto que no puede sino ser múltiple. La peripecia de su relación con la ley, por poner un ejemplo, no es la de Gambino, ni siquiera sólo la de su personaje: es la de un sujeto colectivo, perseguido justa o injustamente por un poder también colectivo e invisible; peripecia condensada (esto sí, inevitablemente ficcional, pero ¿y qué?) en los cuatro minutos del video, pero que relata un devenir real, material, que la crudeza del mensaje nos impide pasar por alto.

 

Comentarios

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

You may use these HTML tags and attributes:

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>