por Federico Frittelli (@fedefrittelli)

Me pongo en la ridícula de tarea de justificar lo que no me gusta: hoy, el suicidio. Quiero trascender las ideas preconcebidas de que sólo se mata la gente que se ha metido en problemas que no quiere enfrentar. Me interesa desterrar la imagen popular del suicida que sufre; voy a intentar demostrar la posibilidad de un suicida, si no feliz, al menos indiferente a los juicios críticos sobre su propia realidad. Básicamente: quiero saber si es posible arribar a la conclusión de que la respuesta a la pregunta enferma de la vida es la muerte. Y, una vez llegado a ese punto, si puede haber un hombre (pongamos, yo) cuya racionalidad le permita superar el instinto básico de permanecer con vida por seguir una línea de pensamiento que bien puede ser totalmente errónea.

Tate_Langdon

1- De qué estamos hablando

La palabra suicidio significa etimológicamente “matar a sí mismo”, lo que parece una terrible pelotudez, y capaz lo sea, pero tiene muchísimas implicaciones que me parecen interesantísimas. Digamos, por ejemplo, que la concepción de matar a sí mismo pone al suicida en dos posiciones: la del victimario y la de la víctima. No es el suicida el que deja el ser para abrazar la nada, el suicida es el que activamente se arranca el ser de sí mismo para tirarlo a la nada. Ya desde la forma de nombrar al acto hay una toma de posición de un tercero sobre el acto que está nombrando. Creo que desde el nombre ya hay una idea del suicida como persona que mata a una persona. Es interesante además descubrir que la palabra “suicidio” conformada por los vocablos sui-cidio, ambos latinos, no existía en el latín antiguo en épocas de la Roma Imperial. Fue inventada o construida a partir del Siglo XVII y no mucho antes. El lenguaje es una forma de catalogar al mundo; si yo llamo “suicidio” al acto de quitarse la vida, la coloco en el grupo de nombres como “homicidio”, “parricidio”, “genocidio”: todos ellos asesinatos, todos ellos implican la fórmula matar-a-alguien.

boy-cigarrette-death-smoke-suicide-Favim.com-58313

2- Mis viejos amigos

En la Historia Universal del Suicidio, debería merecer varios tomos el Cristianismo. Más específicamente, la Iglesia Católica (cuándo no). Si bien ha fluctuado en sus concepciones sobre este acto, puede decirse que ya desde la Edad Media el suicida era un tipo condenado al Infierno.

Primero, porque No Matarás. Segundo, porque no has confiado en Jesús para la salvación de tu alma y la has buscado antes de que sea tu hora. Tercero, porque no es tuyo tu cuerpo, tu cuerpo pertenece a Dios. Cortita y al pie. Ahora bien, no hay referencias directas a una valoración negativa del suicidio en la Biblia. Más allá del no matarás (¿es matar el matarse? ¿No hace falta un Otro para que lo Uno cometa asesinato?), no sale Dios nunca de ninguna montaña para cagar a pedos a nadie por haberse suicidado. Es más, Sansón mismo se suicida en la Biblia y luego es nombrado entre los Justos en otro capítulo. De todas formas, la posición de la Iglesia en este punto es clara: suicida=homicida. Y a otra cosa.

tumblr_mxk6ofY08u1scv02ko1_400

3- Mi suicidio favorito

En el libro “La filosofía y el barro de la historia”, de J.P. Feinmann, encontré mi suicidio favorito de todos los tiempos. Y mirá que hay varios, eh. Es el suicidio de Walter Benjamin, filósofo de la Escuela de Frankfurt. El tipo era judío y vivía en Francia en 1940. Año en que, como sabemos, Francia fue ocupada por los nazis, que no gustaban de los judíos. Theodor Adorno, otro filósofo de la misma escuela que ya se había exiliado a Estados Unidos y que era muy amigo de Benjamin, mantenía asidua correspondencia con él y llegó a sugerirle repetidas veces que viaje a América. En una famosa carta, Benjamin le responde: “todavía hay posiciones para defender en Europa”. Frente a Adorno, que era un exiliado de lujo en Norteamérica, visitaba las mejores ciudades y se paseaba por las casas de los más ilustres académicos, Benjamin toma una decisión antagónica. No me quiero ir. Todavía puede hacerse algo acá, desde acá. No mucho después se vio obligado a escapar de Francia. Llegó a la frontera con España y los oficiales no lo dejaron pasar porque no tenía visado de salida de Francia, aunque sí lo tenía de entrada. Volvió a su hotel y se inyectó una dosis letal de morfina. Se suicidó para no caer en manos de los nazis. Digamos, eligió su propia muerte. Días después –oh, la ironía trascendental del UniversoEspaña empezó a otorgar permiso de paso a quienes quisieran cruzar sin visado de salida. Trágico. O épico. La vida de Benjamin es espectacular y su muerte no lo es menos. Su suicidio quiso ser épico y terminó siendo irónico. Como todas las vidas del mundo, como todas las grandes hazañas, como todas las terribles tragedias.

tumblr_mk1x05WF0i1s2va65o1_500

4- ¿Por qué se matan los que admiro?

Gran cantidad de gente a la que admiro especialmente se ha suicidado. Y esto no ayuda a mi búsqueda del suicida feliz o desinteresado. Al nombre de Benjamín podemos agregar a Hemingway, que se pegó un tiro de escopeta en la cabeza. El de Horacio Quiroga, que le ganó al cáncer con una solución de cianuro. Alfonsina Storni que se ahogó en el mar internándose lentamente, como quien se saca algo de encima (en realidad se tiró al agua desde una escollera, pero es más hermosa la primera versión). Lugones también tomó un cocktail de cianuro y whisky. Deleuze se tiró por la ventana de su edificio. Arguedas, horriblemente, se pegó un tiro en la cabeza (hay historiadores que dicen que fueron dos) y agonizó cinco días hasta morir en el hospital. En Wikipedia, una categoría se llama “Escritores suicidas” donde hay una lista de setenta y cinco autores. En proporción, los escritores y los músicos deben pelearse el título a mayor cantidad de suicidas. La música tiene a Kurt Cobain, Ian Curtis y tantos otros que indirectamente se suicidaron por sobredosis. ¿Por qué tanta gente que admiro se ha suicidado? Sin duda en la mayoría de ellos puede comprobarse un extremo grado de depresión, melancolía, adicciones y demás justificaciones. Pero ¿por qué? ¿La tristeza es condición sine qua non de la genialidad? Parece que, si no es así, el sufrimiento es al menos el gran fantasma de los genios.

ian-curtis

5- La fiebre de un sábado azul

Y un domingo sin tristezas. Si la primera parte de la canción se refiere al mismo espacio temporal que al del final (Viernes, 3 A.M.), los dos primeros versos no tienen mucho sentido. Pero a quién carajo le importa. Viernes estuvo prohibida durante la dictadura por incitación al suicidio. ¡Hey, usted, sí, usted, deje de matarse que a alguien tenemos que asustar!

Cambiaste de tiempo y de amor
y de música y de ideas.
Cambiaste de sexo y de Dios
de color y de fronteras.
Pero en sí, nada más cambiarás,
y un sensual abandono vendrá, y el fin.

Cambiaste todo lo que podías cambiar. Y hasta lo que no podías. Pero hay algo en vos, hay algo en-sí que no podés cambiar. Que no podés, siquiera, conocer. La muerte, tu muerte, está adentro tuyo junto con eso. Tu muerte es irrenunciable e inintercambiable. No se la podés dar a nadie. Nadie puede morir por vos ni con vos. Al morir estamos solos, no hay coraza, no hay tiempo ni amor ni música ni ideas ni sexo ni Dios ni color ni fronteras. Está el en-sí. Y está la posibilidad escabrosa de que no haya nada ahí. De que hayamos sido, todo el tiempo, la coraza. No juzgo a los suicidas. Entiendo el dolor de la familia, pero la muerte es lo único que es realmente nuestro e innegociable. No sé si es LA respuesta a la pregunta enferma de la vida, pero sin duda es una de tantas.

tumblr_nn4n0kvgph1smlztuo10_500

Siempre igual, 
los que no pueden mas 
se van.

***

P.D.: Una cápsula de cianuro

Porque si me voy a matar que sea como los espías de la Guerra Fría. Pero, ya sabrás, no me voy a matar. Y la principal razón es que me voy a morir igual. Heidegger (estoy evocando demasiado seguido a los nazis) decía que la muerte es la imposibilidad que habita en todas mis posibilidades. También habita la muerte en mi posibilidad del suicidio. La cápsula es mi seguro en caso de que me empiece a sospechar inmortal. Por ahora, hay razones de más por las que estar vivo. Todavía puedo cambiar la Literatura (o dejar que ella me cambie), todavía puedo hacer el gol de mi vida, todavía puedo encontrar mi vicio, todavía me pone la piel de gallina Charly García, todavía juega Messi, todavía puedo ver mi nombre en el lomo de un libro, todavía me muerdo los labios de bronca, todavía puedo discutir a muerte una boludez, todavía puedo encontrar al enemigo mortal que me salve para siempre, todavía puedo cruzarme con alguna Ella en vida.

Todavía hay posiciones para defender en la realidad.

tumblr_static_3hbr49fc3l448g0o0g0ogsogs

Comentarios

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.