Cómo sobrevivir a la sensación de inseguridad

[ Sensación de inseguridad. Robos. Turismo. Google Maps. Salvador de Bahia. Policía. Hostel. Unesco. Miedo al crimen. Gabriel Kessler ]

por Jero Maina

1) EXT. SSA. PARADA DE ÓMNIBUS – ATARDECER

Chico 24 años, argentino, blanco, bronceado, espera el colectivo a la salida de la terminal de ferris. Cada tanto saca el celular del bolsillo, revisa la captura de pantalla que indica cómo llegar al hostel, lo guarda rápidamente. Está rodeado de gente. Pasan colectivos pero ninguno es el que le indicó Google Maps cuando tenía internet. Por alguna razón no pregunta nada a nadie. Un hombre con uniforme le ofrece llevarlo en moto-taxi. El chico duda, involuntariamente regatea el precio a través de esa duda, acepta, se pone el casco, se sube a la moto. La moto arranca. El chico entonces piensa: me puede llevar a cualquier lado. El chico entonces piensa: puede hacer lo que quiera. El chico entonces piensa: qué hago me tiro qué hago si me doy cuenta que sigue de largo me voy a dar cuenta más o menos por dónde debería ir se está alejando qué hago si se aleja qué hago me tiro. El chico llega a destino, paga y agradece con una efusividad que quiere disculparse ante una sospecha inmerecida. El chico saca el celular, chequea dónde está el hostel, lo guarda rápidamente. El chico llega, toca timbre y entra al hostel. El chico entonces se siente seguro.

Salvador de Bahía es la tercera ciudad más poblada de Brasil. Es una de las localidades preferidas por el turismo nacional e internacional. También es una de las ciudades que despierta más fuertemente el imaginario de la inseguridad. Tiene una tasa de homicidios elevada, llegando a ser clasificada como una de las ciudades más violentas de Brasil y la 25º más violenta del mundo[1]. En las zonas turísticas (principalmente en Pelourinho, barrio del centro histórico designado patrimonio de la humanidad por la Unesco en la década del ’80) la presencia policial es imponente y constante. Los turistas caminan (caminamos) por calles empedradas habitadas por museos, fachadas de color, souvenirs, capoeira, percusión, mujeres con vestidos enormes y un balcón que ostenta haber sido bailado por Michael Jackson. Más allá, a una distancia necesariamente corta y a la vez infranqueable, sucede (¿sucede?, debe suceder, la estadística en algún lado debe suceder) lo otro. Lo peligroso, lo desconocido, aquello que no tiene una forma muy definida, pero de lo que necesariamente hay que cuidarse, resguardarse, protegerse. Aquello que se debe evitar.

2) EXT. SSA. PRAÇA DA SÉ – NOCHE

Chico camina en busca de Wi-Fi. Se acuerda de un cartel en Praça da Sé de internet libre. El Wi-Fi no funciona, pero en cambio se encuentra con una multitud de jóvenes misioneros que acaban de terminar una intervención y ahora se acercan en grupos pequeños a hablar de Jesús y el evangelio. Chico conversa alrededor de diez o veinte minutos. Terminan de la mano orando por él. Después, chico se sienta en la plaza con el celular, activando y desactivando el ícono de internet móvil. Se acerca otro chico, más joven que él, probablemente un adolescente. Le dice algo que chico no entiende. Chico mira, guarda su celular en el bolsillo, se para y se aleja, sin decir nada.

El miedo al crimen surgió como un objeto de estudio en la década de 1960 en Estados Unidos, cuando un grupo de investigaciones encontró que, aún sin existir un aumento de situaciones delictivas en un determinado contexto, se había producido un aumento del temor ante aquellas situaciones potenciales. Desde entonces, se ha convertido en un tema específico de estudio, considerándolo un fenómeno social particular, relacionado con el delito pero con un comportamiento relativamente autónomo. Se descubrió que, cuando el delito aumenta en una zona determinada, el miedo también aumenta; en cambio, cuando el delito disminuye, el miedo continúa intacto (Kessler, 2011[2]).

En su artículo “La extensión del sentimiento de inseguridad en América Latina: relatos, acciones y políticas en el caso argentino” (2011), el sociólogo Gabriel Kessler propone correr el concepto de “miedo al crimen” al de “sentimiento de inseguridad”. Hablar de un sentimiento de inseguridad implica hablar también de los relatos sobre las causas que se atribuyen a dicha inseguridad y de los medios que se proponen para gestionarla; además, abarca otras emociones además del miedo: la ira, la impotencia, la indignación.

El sentimiento de inseguridad viene definido por una “amenaza a la integridad física, más que a los bienes, que parecería poder abatirse sobre cualquiera” (Kessler, 2011, p.85). La aleatoriedad del peligro es un componente fundamental. Bajo el sentimiento de inseguridad, la persona cree que puede sufrir un ataque en cualquier momento, en cualquier lugar, y en manos de cualquiera. Las barreras entre zonas “seguras” e “inseguras” se difuminan; la amenaza es total, por lo que se hace preciso gestionar métodos para luchar contra ella.

Bajo una presunción generalizada de peligrosidad,se fortalecen también los prejuicios y estigmatizaciones sobre ciertos lugares y grupos sociales, a quienes se asocia de forma más directa con el delito. El sociólogo David Newman aborda el concepto de racismo moderno, expresado frecuentemente por personas que se consideran a sí mismas progresistas y desprejuiciadas. No constituye una modalidad abierta de discriminación, no despierta odio o aversión, sino “incomodidad, inseguridad, y, en ocasiones, temor. Sensaciones que provocan más la evitación del “otro” que no su agresión directa” (Espelt y Javaloy, 1997[3]).

Lo mismo podría pensarse en relación al clasismo u otras formas en que se organizan los prejuicios y estereotipos. Se intenta reconocer la amenaza en cada lugar y en cada momento a través de la interpretación de gestos, rasgos y silencios, en cada espacio e interacción social. El efecto social es contundente: disminuye la confianza interpersonal y se forjan “elusiones preventivas” del otro, a quien se acaba discriminando y aislando por vincularlo con una supuesta amenaza, que con frecuencia puede no tener base sólida alguna.

3) EXT. LARGO DO PELOURINHO – NOCHE

Chico está sentado en unas escaleritas de la parte central de Pelourinho con chico alemán que conoció en el hostel. Toman cerveza, es tarde y aún hay movimiento, pero mucho menor al de una o dos horas atrás. Chico alemán saca el celular para ver el video de Michael Jackson en el mismo lugar donde se filmó. Está entusiasmado; chico argentino piensa que no es buena idea, pero no dice nada.  Se acerca chico brasilero, le pide un pucho a chico alemán y se sienta justo atrás. Chico alemán sigue con su celular buscando el video. Chico argentino no entiende su tranquilidad, pero no dice nada. Chico brasilero le toca el hombro y le pide cerveza. Chico argentino le da la lata, chico brasilero dice algo que él no comprende y fija la mirada. Chico alemán no toma registro. Chico argentino se levanta sin decir demasiado, alza la etiqueta de puchos y camina para otro lado. Chico alemán lo sigue, desorientado. Chico brasilero se queda en la escalera.

¿Qué es este sentimiento de inseguridad y cómo funciona cuando estamos en un lugar que no conocemos? ¿Cuando estamos de vacaciones, cuando queremos conocer un lugar nuevo, y al mismo tiempo la advertencia del riesgo es una de las primeras cosas que resuenan en la cabeza aun antes de haber pisado por primera vez dicho lugar? Inevitablemente (y aunque reneguemos de eso), en nuestra ciudad tenemos un paquete detalladísimo de calles, horarios, medios y situaciones que preferiríamos evitar. ¿Cómo leemos los supuestos “signos de peligro” en un lugar que no es el nuestro, en una cultura completamente diferente?

En Pelourinho, la presencia policial es uno de los aspectos más sobresalientes. El turista está “seguro”. La exposición de dispositivos de seguridad, según explica Kessler, funcionan como signos que las personas atribuyen a la inseguridad del lugar (“si está lleno de policías, es por algo”), al mismo tiempo que proporcionan una cierta tranquilidad. ¿Tranquilidad de qué?

El turista se mueve por dos o tres barrios turísticos que le aseguran una experiencia (¿experiencia de qué?) segura, al tiempo que demarcan los límites que no debe traspasar. Acá, la ciudad del turismo; allá, la otra, la peligrosa, aquella de la que hay que cuidarse, resguardarse, protegerse. Para estar tranquilos. Para estar seguros. Para estar del lado de quien puede sentirse amenazado, pero nunca, nunca, amenazante para alguien más.


[1] Según el informe de la organización mexicana Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y Justicia Penal (2017), el cual compara las tasas de homicidio cada 100.000 habitantes, en ciudades de más de 300.000 habitantes y excluyendo aquellas que permanecen en un conflicto bélico abierto. Recuperado de: https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-43318108

[2] Todas las referencias a Kessler son tomadas de: Kessler, G. (2011). La extensión del sentimiento de inseguridad en América Latina: Relatos, acciones y políticas en el caso Argentino. Revista De Sociologia E Política, 19(40), 83-97.

[3] Espelt, E., y Javaloy, F. (1997). El racismo moderno.Barcelona: SOS Racismo. Disponible en: https://www.ciudadredonda.org/admin/upload/IMG/pdf/El_racismo_moderno.pdf

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