Cómo funcionan las conspiraciones: el terraplanismo

[Terraplanismo. Cristobal Colón. Tierra plana. Religión. Ciencia. Conspiración. Paranoia. Discusión. NASA. Behind the Curve. Netflix]

por Eliseo Llobet (@eliseollobet)
Ilustraciones: Maca Torres (@macatorres)

Cuando estábamos en la primaria, nos enseñaron que Cristóbal Colón, un navegante español, partió desde España en contra de las autoridades reales y eclesiásticas del Siglo XV para demostrar su teoría de que la Tierra no era plana, si no redonda. Y, para muchos, era un conocimiento tan naturalizado que no se nos cruzaba por la cabeza que ya se sabía que el planeta tenía forma esférica, o que el motivo del viaje era encontrar una ruta de comercio con China que fuese más barata, o que el hombre ni siquiera era español.

Resulta que, a pesar de lo que nuestros libros de la escuela nos contaban, la idea de una Tierra Esférica ya existía en tiempos tan antiguos como el siglo XI A.C., cuando Pitágoras teorizaba sobre la forma del planeta; o Aristóteles lo comprobaba empíricamente al indicar que la sombra que el nuestro astro proyectaba sobre la Luna durante los eclipses es circular.

Nuestra certeza acerca de la esfericidad del planeta es casi tan antigua como la civilización occidental misma. Ni siquiera en la Edad Media se dudaba que así fuesen las cosas: contrario a lo que muchos creemos, la ciencia y la religión no han estado en guerra abierta, y la autoridad eclesiástica nunca se ha atrevido a cuestionar saberes empíricos (sin contar algunas excepciones). Según Ronald Numbers, profesor de Historia de la Ciencia y Medicina de la Universidad de Wisconsin-Madison en su compilación Galileo Goes to Jail and Other Myths about Science and Religion, si es que existían conflictos entre Religión y Ciencia, la forma que tenía el planeta ciertamente no era uno de ellos.

Por lo tanto, sabemos que la Tierra es esférica (o, si queremos ser más precisos, es un esferoide oblato). Lo sabemos desde hace muchísimo tiempo. Hoy contamos con milenios de evidencia al respecto: escritos y ejercicios empíricos registrados, pruebas foto y videográficas cada vez más precisas. Es más, cualquier persona con un telescopio, al mirar al sistema solar, puede, mediante razonamiento deductivo, inferir que, si el resto de los cuerpos del sistema solar son esféricos, no hay razón por la que el nuestro no lo sería.

Ahora, ¿cómo te sentís si te enterás de que hay gente que niega todo esto?

Entre el 2 y el 3 de marzo de este año tuvo lugar, en la ciudad de Colón, el Primer Encuentro Internacional de la “Tierra Plana”. Según reportes, asistieron cerca de ochenta personas. Entre las actividades que se plantearon, hubo paneles, foros de discusión y, como no podía faltar, un asado. Los que fueron escucharon conferencias y debatieron entre ellos acerca la verdadera forma del pedazo de roca espacial en el que estamos. Ellos son los terraplanistas.

El Terraplanismo, obvio, asegura que la Tierra es plana. Dentro de este pensamiento existen muchas ramas que tienen sus propias particularidades (algunas no creen que exista el espacio exterior, otras que el “disco Tierra” es infinito, la mayoría niegan que el hombre haya llegado a la Luna), pero todos tienen su acuerdo en el hecho de que nos ocultan la verdad.

Para ellos, vivimos engañados. La NASA nos ha mentido durante casi 60 años con sus experimentos espaciales, la Estación Espacial Internacional no existe, y la evidencia científica que es exhibida por organizaciones científicas gubernamentales o corporativas son incompletas si es que no completamente falsas.

A lo mejor tengas muchas preguntas después de leer eso. Yo sí las tenía: ¿Por qué alguien creería así, en pleno siglo XXI? ¿No se tratará de un grupo troll que solamente quiere llamar la atención? ¿Hacer la contra solamente para resaltar? Ciertamente puede parecer así, y esa es la reacción histórica a la que el terraplanismo se enfrentó siempre, pero como todo lo que se refiere a cuestiones humanas, si exploramos un poco más abajo que la superficie, podemos encontrar una explicación con una lógica propia. 

Un poco de historia

Contrario a lo que pueda creerse, el terraplanismo no es un fenómeno nuevo producto de las redes sociales y el surgimiento de las teorías conspirativas de Internet. La proposición moderna de la Tierra Plana es más cercana a los OVNIs de Roswell que a los reptilianos.

La International Flat Earth Research Society (la IFERS, considerada hoy como el principal referente del movimiento, aunque no el único) fue fundada en 1956 por Samuel Shenton, un diseñador de carteles publicitarios de Dover, Inglaterra. La sociedad de Shenton estaba inspirada por la Universal Zetetic Society, otra escuela del terraplanismo con un enfoque religioso que sostenía que los escritos en la Biblia eran historia registrada y una autoridad comprobada, pero Samuel no se inspiraba tanto por los aires teológicos (aunque seguían presentes en sus postulados), sino por la idea escéptica de que había información que era mantenida en secreto por las autoridades políticas y mercantiles de la época. Entre sus postulados, que se ha mantenido hasta hoy, formulaban que no existe tal cosa como la gravedad, sino que los objetos caen al suelo por acción pura de su propio peso; que la Luna y el Sol están suspendidos por encima del “disco” y giran encima suyo; y que el Polo Norte ocupa el centro de la Tierra, con los continentes ubicados alrededor suyo, mientras que el Polo Sur es un muro de hielo que los contiene. Para una aproximación gráfica, podemos ver el logo adoptado por la ONU (que, Shenton decía, demostraba que los gobiernos del mundo conocían la verdad y la ocultaban).

Esta insistencia en una teoría sonaba cada vez más insólita mientras más y más evidencia se volvía disponible a las masas. Shenton se volvió un foco de interés para los reporteros de la década. Sus ideas eran descritas en notas de curiosidad y a veces hasta burla, pero la exposición mediática permitió que rumores de su movimiento llegaran a América, donde encontraron un suelo dónde arraigarse.

Pero los avances en programas espaciales, especialmente la evidencia fotográfica que ofrecían, sometía a la Society a demasiada presión al no poder responder de otra forma que cuestionando la veracidad de las mismas, y con nada nueva prueba y la incapacidad de refutarlas, los números del grupo disminuían. Así, para 1968, sus miembros estaban por debajo del centenar.

A estas alturas, la salud de Shenton había empezado a decaer, tanto por la edad como la constante presión y burlas a las que se enfrentaba tanto por los medios de época y el resto de sus contemporáneos. El diseñador de carteles se vio obligado a apartarse de la sociedad que había formado, dejando a Ellis Hillman como su sucesor, quien se sentaría a la cabeza hasta 1972, cuando Charles K. Johnson, un miembro californiano por correspondencia, asumiría la presidencia.

Johnson tenía una cosmovisión principalmente religiosa. Para él, que Jesús de Nazareth hubiese ascendido a los cielos era un hecho y no una suposición. Decía, en una entrevista para Science Digest en 1980: “el objetivo de la teoría Copernicana es deshacerse de Jesús, asegurando que no hay un arriba ni un abajo”. Otra de sus bases era el sentido común: con solo ver al horizonte, uno podría darse cuenta de que no se ve ninguna curvatura, y, por lo tanto, estamos parados sobre una superficie plana.

Johnson mantenía la comunicación con sus miembros mediante una publicación regular, Flat Earth News, dónde escribía notas y ensayos, y recopilaba trabajo de varios colaboradores dentro de la Society, y bajo su liderazgo, el grupo nuevamente creció hasta tener más de 3000 integrantes.

Eventualmente, en 1995, la actividad de la IFERS disminuyó cuando un incendio se levantó en la casa de su presidente. Allí no solo se perdieron archivos y materiales de la Tierra Plana, sino también la lista de miembros con la que debían mantener su contacto. Eso, y el deterioro de la salud de su esposa, provocó que Johnson detuviera el ritmo de sus actividades y suspendiese la publicación de Flat Earth News de forma indefinida. Eventualmente, el contacto con sus miembros se redujo, y no hay demasiada información respecto a sus actividades durante el período. En 2001, Johnson muere, y con él, la actividad a gran escala de los movimientos terraplanistas.

Pero el terraplanistmo no murió con él. En 2004, Daniel Shenton (que solo comparte el apellido con el fundador de la primera IFERS por pura y feliz coincidencia) reabre las puertas de la Society, esta vez acortando su nombre a simplemente Flat Earth Society. La diferencia es que ahora no había un enfoque religioso. Este Shenton reconoce y busca la aplicación del método científico para generar y confirmar conocimiento.

Si bien la nueva escuela del terraplanismo ya renovaba sus actividades, no aceptó que nuevos miembros se unieran de forma libre sino hasta 2009. Ese 30 de octubre, con un comunicado de prensa, la FES se anuncia al mundo, y lanza un foro abierto en el que cualquier creyente de la Tierra plana puede encontrar toda la literatura existente al respecto. El sitio, que sigue existiendo y puede encontrarse en https://theflatearthsociety.org/home/, funcionó durante años como el nexo central informativo de la Society, hasta 2013, cuando grupo disidente, lanzó  https://www.tfes.org/ como página alternativa, que cuenta con foros, un blog oficial y también con una wiki propia que incluye una librería organizada online, con artículos periodísticos y ensayos recuperados y que se convirtió en la nueva cara central del movimiento.

Además de todo esto, la insurgencia en redes sociales de estas ideas son las que permitieron su expansión. Muchos de nosotros ya sabemos de la circulación del terraplanismo por videos de YouTube o grupos de Facebook. La conectividad a una escala global ha permitido que una idea rechazada por comunidades científicas no solo se mantenga, sino que siga creciendo y tomando fuerza día a día. No parece que las ideas de la FES vayan a irse a ningún lado por un tiempo.

Existen demasiadas otras facciones escindidas, grupos divergentes y teóricos independientes, todos con sus propias ideas y estructuras jerárquicas, pero lo que quiero con este ensayo no es explicarlos en profundidad (aunque no parezca así en los párrafos anteriores).

Memes, videos de gatos y duda cartesiana

El paradigma comunicacional a escala masiva sufrió cambios radicales con la llegada de internet. Harry Dyer, un sociólogo y educador en la Universidad de East Anglia, decía en una entrevista para ScienceFocus que las redes sociales tienen un efecto nivelador. Esto quiere decir que todas las voces y opiniones tienen un mismo nivel de poder. Tu opinión tiene la misma fuerza que la de cualquier experto en astrofísica o astrónomo. Dyer también remarca que, por primera vez, la masificación de la información no le pertenece exclusivamente a instituciones o grupos hegemónicos.

Así es como las redes sociales pueden ser las mayores armas de expansión y difusión de una idea, aunque se considere anticientífica. La función de compartir publicaciones logra que lleguen a rincones donde quizás jamás podrían, y alcancen miembros que de otra forma nunca habrían encontrado a otros que compartieran su mismo pensamiento controvertido.

Que estos posteos lleguen a los ojos justos tiene que ver con los algoritmos con los que estas plataformas interactivas se manejan. Para simplificarlo peligrosamente: al clickear en el link de un grupo dedicado a algo en específico, o un video que trata un tema en particular, le estás diciendo a un bot qué contenidos te interesan, y él va a sugerirte otros que cree te pueden resultar atractivos teniendo en cuenta tu historial, dándole lugar al caos que son tus páginas de recomendados en Facebook o YouTube (en la mía, ahora mismo, se mezclan AméricaTV, Los Chalchaleros, terraplanistas y tutoriales de Dungeons & Dragons).

Las redes sociales son las oficinas de reclutamiento para los intelectuales de la Tierra Plana: en Facebook, el grupo Tierra Plana cuenta con más de 35 mil miembros, y otro con el nombre de Official Flat Earth & Globe Discussion anda por los 220 mil. En Youtube, Mark Sargent y su serie Flat Earth Clues tienen acumuladas más de 16 millones de vistas. En Argentina contamos con el “orgullo” de tener al mayor referente en Latinoamérica con Iru Landucci, un marplatense que tiene más de un millón de vistas en su canal de YouTube Nur Para Todos (a ambos números de vistas colaboré para escribir esto).

Pero internet y las redes son solo el factor material del crecimiento de esta oleada de pensamiento. También existe todo un entramado psicológico y social que explica por qué resulta tan atrayente para tantas personas.

El terraplanismo es una teoría conspirativa. No intento decirlo con una connotación negativa, sino que, por definición misma, lo es. Hugo Antonio Pérez Hernáiz, de la Escuela de Sociología de la Universidad Central de Venezuela, dice que las teorías conspirativas son “aquellas que consideran que todo evento social es la consecuencia de la maquinación de una fuerza superior y, a menudo, secreta”. En nuestro caso, creemos que la Tierra es esférica por designio de un grupo de poder, y la NASA es solo una cobertura.

Para muchos psicólogos, hay características compartidas por los creyentes en teorías conspirativas. Por empezar, hay un consenso común en que una persona que cree en una conspiración secreta tiene tendencia a aceptar otras (no son pocos los terraplanistas que dicen que la llegada a la Luna fue un montaje hecho en los estudios de Hollywood, entre ellos, Landucci).

Karen Douglas, Robbie M. Sutton, y Aleksandra Cichockahay, de la Escuela de Psicología de la Universidad de Kent (y, de ahora en lo que queda del ensayo, “Douglas y cía.”), escribieron un ensayo titulado The Psychology of Conspiracy Theories, y ahí exponen otras cualidades que los conspiracionistas poseen. Según ellos, una persona se siente atraída por teorías conspirativas por necesidades psicológicas que pueden clasificarse en epistémicas, existenciales o sociales.

Los motivos epistémicos son los que tienen que ver con la necesidad de crear una comprensión del mundo estable y consistente. Un suceso al azar y sin explicación se vuelve un motivo de inquietud por no poder encontrarse una explicación satisfactoria, especialmente si tiene como consecuencia el sufrimiento de una persona o un grupo. Rob Brotherton, de la Universidad de Londres, dice que nuestro cerebro tiene tendencia al orden y no comprende el caos. Por eso es que es probable que busquemos patrones y relaciones causales donde quizás no los haya. Hace una comparación: al escuchar el sonido de un arbusto que se mueve, quizás nos preocupemos al pensar que se trata de un animal que nos acecha.

Por otro lado, los motivos existenciales son aquellos que tienen que ver con la necesidad de seguridad física y psicológica y de control del ambiente propio. Ante una sensación de impotencia o de incapacidad de manejar la propia vida, una teoría conspirativa aparece como un soporte, un cable a tierra. El conspiracionista puede ver que hay algo o alguien detrás de escena que está manejando todo, y puede que no tenga el poder de detenerlo, pero el reconocer los patrones que no debería poder ver le da cierto empoderamiento al saber que no está siendo controlado. Funciona como una reafirmación cuando todo parece salirse de la vía que creemos que debería seguir. Por eso, la teoría conspirativa tiene menos efecto sobre alguien que no se siente sometido, y que se considera en control o empoderado.

Por último, están los motivos sociales. Son los que están relacionados con el deseo de pertenencia y el mantenimiento de la buena imagen social propia y del grupo. Las personas que sufren de ostracismo son más propensas a seguir teorías conspirativas. Grupos minoritarios y excluidos por motivos étnicos o de clase económico-social o incluso político son más proclives a detectar a un enemigo invisible que explique aquello a lo que se ven sometidos.

La protección de la imagen también está entre los motivos sociales. Si alguna acción del grupo tiene un resultado negativo, los miembros se revalorizan a sí mismos y se convencen de que sus intenciones y su preparación no hubiera permitido que el plan fracasara. El conspiracionista ve una guerra en la es el defensor de la luz en contra de los poderes oscuros que nos controlan. En esta idealización de uno mismo se hace imposible conciliar las acciones que toman con los resultados negativos que puedan traer. Si el teórico de la conspiración tiene deseos altruistas y beneficiosos para todos, no es posible que se equivoque, o que esté en contra del bien común. En casos en los que esto sucede, su percepción se modifica de nuevo para defenderse a sí mismo, y la culpa pasa a estar en los poderosos y los antagónicos. No son errores propios, sino que es un sabotaje que ha venido desde afuera.

En el mismo ensayo, Douglas y cía. proponen que la educación también es un factor en nuestra aceptación a teorías conspirativas. Dicen que la adhesión a estas teorías tiene una correlación con niveles pobres de educación y niveles bajos de pensamiento analítico. Una mejor educación tiene como resultado una mayor complejidad cognitiva y esto permite que la persona en cuestión pueda identificar todos los aspectos de un problema al que se enfrenta y poder resolverlo sin simplificarlo. También tiene un efecto de refuerzo en el autoestima.

Pero aunque enumeran características que son comunes, Douglas y cía. no se atreven a tratarlo como una tipificación tan simple, porque entienden que los factores psicológicos son altamente contextualizados, y que una persona que muestre alguno de ellos no necesariamente los tiene todos.

En una entrevista para un artículo de la Universidad de Melbourne, Jennifer Beckett, de la Escuela de Cultura y Comunicación de la misma universidad dice que, en realidad, los terraplanistas emplean la duda metódica cartesiana (lo conocés popularmente como “cogito ergo sum” o “pienso, por lo tanto existo”). Es un método filosófico que consiste en la eliminación de ideas mediante la puesta en duda, hasta que se llega a un principio del que no se puede dudar. Básicamente, un proceso de desnaturalización de lo que se sabe mediante el cuestionamiento propio. El terraplanista no hace más que replantearse lo que cree saber para pensar en alternativas viables. Es el caso de nuestro Daniel Shenton, que dice que lo que busca lograr con el movimiento no es simplemente hacer la contra, sino socavar el cientificismo (la fe ciega en la ciencia) para recordarle que no sea aceptado como una verdad absoluta e incuestionable.

Un caso un poco más controversial son Bob Knodel y Jeran Campanella, fundadores del canal de YouTube Globebusters: un canal dedicado a la realización de todo tipo de experimentos científicos para comprobar que la Tierra es plana. Sus métodos son empíricos, pero los resultados son… dudosos, por decirlo de alguna forma, y voy a ahondar un poco en eso más adelante.

Propongo, entonces, que estamos ante personas de una racionalidad compleja, de capacidad empírica y de un deseo científico de conocer la verdad. Pero si es así… ¿por qué los resultados de la ciencia convencional no resultan suficientes?

Quizás la culpa no caiga solamente en manos de los terraplanistas. Quizás haya una responsabilidad compartida con muchas otras partes.

Maten al experto

“Desconfianza institucional” es un término bastante autoexplicativo. Surge cuando los miembros de una sociedad pierden la fe en las instituciones debido a que estas no actúan de la forma en que prometían, y que no obtiene los resultados que decía garantizar. Esa confianza se erosiona aun más cuando el gobierno cuenta con un aparato propagandístico que insiste en una versión de la realidad que es opuesta a la que los ciudadanos perciben. Esto se exacerba aún más con las redes sociales, cuando cualquier persona que esté por fuera de la estructura política puede realizar su propio reportaje de la situación en la que está inmerso, ofreciendo un relato más verídico que el que los medios oficiales entregan.

Como consecuencia, la desconfianza hacia las autoridades se desplaza a cualquier organismo institucionalizado u estatal: la NASA, escuelas, observatorios, etc. La falta de confianza no es un síntoma de paranoia, sino un producto de rechazo a narrativas oficiales alteradas. En ese sentido, un terraplanista que duda de la NASA no es tan distinto a vos y tu disgusto por cualquier gobierno.

Antes hablé de Harry Dyer. Además de la entrevista para ScienceFocus, también redactó un ensayo para https://theconversation.com/ (un excelente sitio de reportaje académico y científico que, como mención aparte, quiero recomendar). Relata su asistencia a la primera convención de la rama inglesa de la FES, y cómo la actitud general no era una de negación de la ciencia, sino de desconfianza a los científicos. Valoraban y sólo aceptaban resultados de experimentos empíricos, pero rechazaban las explicaciones ofrecidas por la ciencia oficial, estatal e institucionalizada.

Es conocida la teoría política de Foucault en lo relacionado al conocimiento y el poder: para él, es el poder político el que crea nuevos conceptos y saberes para autosustentarse, y al mismo tiempo, oculta toda verdad que lo rebele como tiránico. Para el terraplanista, la idea de una Tierra Esférica no es más que una extensión de lo mismo: algunos creen que, en realidad, vivimos en un domo, a lo The Truman Show, dónde nos están observando constantemente; otros creen que la Estación Internacional Espacial y los satélites que orbitan el planeta no existen, y en realidad son solamente una excusa para lavar plata; el problema de fondo, según Dyer, es que se percibe el conocimiento científico oficial como una extensión de los grupos políticos dominantes y las corporaciones.

Dyer también nombra a gobiernos populistas como otra causa del surgimiento de teorías terraplanistas, y nombra específicamente a Michael Gove, uno de los impulsores del Brexit, cuando decía “creo que la gente de este país ya tuvo suficiente con los expertos.” Dice que se fomenta desde la autoridad política el ignorar a los analistas y estudiosos para dejarse llevar por el instinto propio y la emocionalidad. Jennifer Becket compartía esa opinión. De esta forma, las figuras políticas más importantes empiezan a socavar la autoridad de los investigadores y otros expertos a los ojos de la gente. No hay que buscar mucho más para encontrar otros ejemplos, con la administración de Trump ofreciendo “hechos alternativos” o la reducción al presupuesto dedicado a ciencia del gobierno de Macri. En estos casos, el académico es redundante si se tiene sentido común.

El científico se convierte entonces en una figura paradójica: el terraplanista no cree en él porque lo ve como una herramienta de supresión y subyugación de los poderes hegemónicos, y estos mismos poderes, por su lado, lo desacreditan de una u otra forma.

Hoy se dice que la ciencia es para todos, que cualquiera puede convertirse en un científico. Muchos investigadores creen que la democratización de la educación en el Siglo XXI hace que cada vez más personas se adentren en las ciencias, y la accesibilidad es uno de los ejes de convocatoria del CONICET para atraer más estudiantes. Yo difiero.

A escala global, hay un problema fundamental de acceso a una carrera estrictamente universitaria y de altas exigencias: el estudio a este nivel demanda tiempo y dinero. En Argentina, hay otras cuestiones: la reducción de presupuestos destinadas a investigaciones científicas es una de ellas. La falta de financiación para nuevos experimentos es un freno de mano, y la baja de sueldos a becarios una grúa que tira en dirección opuesta. La “fuga de cerebros” al exterior es la consecuencia que no sorprende a nadie.

La educación está en la base del problema, como siempre lo ha sido. El estudio del funcionamiento básico del universo, el planeta y el propio cuerpo, no forman parte del conocimiento general. O, más bien, forma parte de él, pero de una forma muy superficial: todos “sabemos” que la Tierra es esférica, todos “sabemos” que la gravedad existe, y todos “sabemos” que la Luna gira alrededor nuestro y nosotros giramos alrededor del Sol. Pero lo sabemos porque eso nos enseñaron y lo repetimos, pero, aunque creemos “saberlo”, en realidad no lo comprendemos ni entendemos cómo actúa en el mundo real. Y no es de sorprender que, en un sistema educativo en el que la Física, la Biología y la Química son solo “materias más” y dónde no se resalta la importancia que su estudio tiene para comprender el funcionamiento del universo y el propio cuerpo.

Estamos en un punto en el que el sistema político y el educativo no funcionan. ¿La ciencia, entonces, es sólo otra víctima de la situación? ¿Se ve imposibilitada de refutar las teorías conspirativas por factores externos? No necesariamente. La ciencia, después de todo, no es abierta y accesible a todo el mundo. Con la entrada al postmodernismo, la difusión científica sigue siendo selectiva, cerrada y costosa.

Los científicos ya no se encuentran aislados en laboratorios solo comunicándose con el exterior tras la obtención de resultados. La llegada de internet ha transformado el proceso científico en un trabajo globalizado en el que múltiples partes elaboran una misma teoría y la ponen a prueba, pero esto no implica un proceso totalmente abierto y transparente. Dentro de la comunidad científica, el prestigio y el reconocimiento sigue siendo para aquél investigador que realice un descubrimiento, y no para el grupo que profundice en él. No es de extrañar que, entonces, los conocimientos se mantengan en secreto hasta el momento de ser considerados dignos de admiración. La competitividad de mercado no deja escapar ni siquiera al saber académico.

Por otro lado, la necesidad de capital para la financiación de nuevos proyectos o de las instituciones investigativas hacen que sitios de difusión como ResearchGate o Academia no ofrezcan un catálogo completo, sino que requieran de un pago para acceder a papers, ensayos y estudios. Si es justificable o no es un problema en sí mismo, así que solo me voy a limitar a mencionarlo como un factor.

Y quizás, por último, exista una subestimación tóxica en la comunidad científica que impide la difusión de la ciencia.

El científico se mueve en círculos cerrados. Las materias que tratan no son de conocimiento público y su acceso es difícil. Una persona que no tenga contacto frecuente con material académico le será totalmente ajeno a sus conceptos, quizás incluso le resultará incomprensible. El investigador, en cambio, los maneja con facilidad. Este desfasaje puede llevar a una valorización propia de la propia inteligencia y generar cierta soberbia en el académico, mientras que, al enfrentarse a otro ser humano que no comprende los mismos principios intelectuales que él, lleva a la subestimación y a la desacreditación, y a simplemente dejar el tema de lado porque el otro no sería “capaz de entenderlo”. Hay un fenómeno psicológico que se conoce como “fenómeno de Dunning-Kruger”, que consiste en altos niveles de seguridad de lo que uno sabe en personas que no están muy informadas en un tema (para intentar dar un ejemplo, imagínate a un millenial hablando de estabilidad emocional, o a Milei hablando de cualquier cosa). Dentro de la comunidad académica, es un término muy utilizado. Que eso te dé una idea.

A entender, esto no es una regla general, y estoy seguro de que es más fácil contar los casos en los que sí sucede que en los que no. Es más, a lo mejor se trate simplemente de no poder comunicar sus estudios de forma que sean alcanzables para alguien sin formación, pero sin que se pierda la precisión de lo que se expone, pero ignorarlo como factor haría que el propósito de este ensayo se pierda.

La culpa, entonces, no es sólo del “ignorante” que gana acceso a un saber alternativo que puede comprender. Hay una responsabilidad compartida entre quien proclama esta teoría disidente, el sistema educativo que falla, el político que no garantiza su crecimiento, la propia institución científica que no es capaz de remarcar la importancia de sus descubrimientos y de hacerlos accesibles al grueso masivo, y el científico en sí mismo que no cree que pueda facilitar sus conocimientos al resto de la sociedad.

Bajo esta perspectiva, parece que no hay salida. Que estamos ante un fenómeno monstruoso que nos supera y que es el resultado de una falla estructural tan fuerte que jamás podremos solucionarlo. Y, sí, quizás no podamos arrancar el problema del terraplanismo de raíz, pero, a lo mejor, hay una forma de alcanzar algunos oídos y sumarlos a la conversación.

Detrás de la curvatura

Behind the Curve es un documental realizado por Daniel J. Clark y estrenado en 2018. A fecha de escritura del ensayo, lo podés encontrar en Netflix (los regionalizadores, en su infinita sabiduría, lo tradujeron como “Tan plano como un encefalograma”). La película trata el tema del terraplanismo y su crecimiento en los últimos años con una perspectiva crítica, y contrapone los testimonios de muchas figuras muy prominentes del movimiento (algunos de los que ya nombré, como Mark Sargent o Bob Knodel) contra las opiniones de físicos, astrónomos y profesores.

La particularidad que tiene es que no presenta a los terraplanistas en un contexto aislado de ecocámara. No los muestra dentro de su ambiente normal para contrastar opiniones anticientíficas con las evidencias de profesionales académicos. En lugar de eso, se acerca a estas personas en su vida diaria, en sus relaciones con sus familias y con ellos mismos, y lo hace para recordarle a la audiencia que, a pesar de que puedan sostener ideas que a cualquier otro le resulte delirante, siguen siendo personas. Su visión del planeta no consume sus vidas, es solo una parte más de ella. Y, fuera de ella, existe un ser humano con su propia subjetividad y una consciencia de sí mismo.

Clark no se esmera en mostrar a un ser humano diferente sólo para dar un mensaje sacarino de que “todos somos personas y tenemos que amarnos”. Te recuerda eso sólo para que entiendas que, como son seres humanos conscientes y en pleno uso de sus facultades, es posible acercarse, dialogar, tener otra perspectiva, y, con algo de suerte, lograr transmitir la nuestra.

Es posible que pienses “¿por qué querría intentar hablar con alguien así?”. Al fin y al cabo, que alguien esté errado en cuanto a la forma del planeta no te afecta a vos ni a nadie. Que crea que vive en un disco o en una esfera no cambia absolutamente nada, y en parte, es cierto, pero hay un problema latente y un poco más sutil: la naturalización de la negación de la evidencia científica.

En la comunidad científica, la fuerza que cobró el terraplanismo no es una cuestión de frustración por la negación de sus esfuerzos y el desprecio a las explicaciones que puede dar. Se trata de una verdadera preocupación por el rechazo sistemático de problemas reales y a sus soluciones. Muchos investigadores están de acuerdo en que normalizar la desconfianza hacia los astrofísicos “globalistas” permite que esa misma desconfianza se traslade a otros estudios, a otras ramas. Es un efecto a largo plazo, pero el aumento de los números anti-cientificismo implica el aumento de personas que van en contra de los descubrimientos de la biología, el ambientalismo, el proteccionismo, y más.

Behind the Curve lo expone mejor: ¿cuánto falta para que un hombre que niegue que el calentamiento global existe acceda a una posición de poder desde la cuál puede decidir indirectamente el destino de la experimentación al respecto? Y sin irnos tan lejos, ¿qué va a pasar cuando empecemos a negar lo que la medicina nos dice y nos volvamos un peligro para todos por un delirio egoísta? ¿O que, sólo por encerrarnos en nuestra idea en contra de lo que diga todo el mundo, empecemos a manipular recursos burocráticos sólo para imponer nuestra línea de pensamiento?

A pesar de que el escepticismo y la duda metódica son principios filosóficos que nos llevan a lograr un verdadero conocimiento bien fundado, la desacreditación a todo lo que se nos presenta como evidencia por pensar que es manipulada y la investigación selectiva guiada por un sesgo de confirmación son totalmente antagónicas a esas bases.

Puede que el terraplanismo en sí mismo no sea una bomba de tiempo, pero sí es un fósforo que puede encender esa mecha. Y por eso la intervención informada se hace necesaria, y está en nuestro deber, quizás no erradicar el problema de raíz, pero sí asegurarnos de informarnos acerca de lo que creemos saber, e intentar transmitirlo de una forma no conflictiva y que verdaderamente pueda alcanzar a la otra persona.

En psicología hay un fenómeno que se conoce como “reactancia”. Es una respuesta emocional al percibir que se nos intenta quitar la libertad para tener ciertas conductas, y que generalmente tiene como resultado un deseo más fuerte de mantenerla. Cuando atacás a una persona por una idea que tiene, sea cual sea tu intención, lo único que vas a estar logrando es que se aferre con más ganas a su pensamiento original. Entonces, la confrontación violenta no hace más que empeorar todo. Behind the Curve cierra reconociendo eso mismo.

El discurso final de la película se basa en la aproximación dialógica, abierta y comprensiva. Lamar Glover, uno de los astrofísicos que aparecen, da una charla en un encuentro de aficionados a la astrofísica y menciona la cuestión del terraplanismo. Y, para él, no son enemigos. Él cree que hay personas de una actitud investigativa admirable, y piensa que lo que necesita es simplemente una aproximación por parte del científico para que deje de considerarlo su adversario y que todo lo que propone es un arma de control.

Y quiero resaltar su cierre, porque toma una actitud que creo es la que todos deberíamos adoptar al encontrarnos con algo ajeno, y algo tan arraigado que no podemos desenterrar forzando la escucha e imponiendo nuestras evidencias: una vez que humillas a la otra persona, la perdiste para siempre.

Al insultar, al burlarse, al tratar con condescendencia. Tus ideas pueden ser claras, pueden estar bien fundadas y pueden tener un respaldo, pero nunca, jamás, vas a saber si las de la otra persona no. El conocimiento también tiene su propia contextualización subjetiva, y mientras que el del otro te parece errado y totalmente ignorante, para él podés ser eso mismo también. Y, en ese caso, ¿qué harías? ¿Atacarlo sabiendo que, aunque tenés la razón, lo único que vas a hacer va a ser empujar el otro a meterse más dentro de sus paredes? ¿O extender la mano, buscar el punto de encuentro, y hacer crecer la conversación y el debate para seguir intercambiando y aceptando nuevas ideas? La decisión es tuya.

Al fin y al cabo, todos pensamos que Colón descubrió que la Tierra era redonda en algún momento.

Bibliografía

Historia y teoría

https://noticias.planetarios.com/los-22-postulados-del-terraplanismo-movimiento-arrasa-las-redes-sociales/

https://elpais.com/diario/2010/03/19/tentaciones/1269026579_850215.html

https://www.bostonglobe.com/ideas/2017/10/28/what-does-take-believe-world-flat/0gdgl2JMPhBpgJK5mGXPkI/story.html

https://www.theguardian.com/science/2016/jan/20/flat-earth-believers-youtube-videos-conspiracy-theorists

https://www.theguardian.com/global/2010/feb/23/flat-earth-society

http://www.lockhaven.edu/~dsimanek/flat/flateart.htm

http://www.lockhaven.edu/~dsimanek/fe-scidi.htm

https://www.livescience.com/14754-ingenious-flat-earth-theory-revealed-map.html

https://www.theflatearthsociety.org/library/pressreleases/flat_earth_society_press_release.pdf

https://www.smithsonianmag.com/smart-news/curious-history-international-flat-earth-society-180957969/

https://erikbuys.files.wordpress.com/2016/09/galileo-goes-to-jail.pdf

https://www.tfes.org/

https://wiki.tfes.org/Flat_Earth_-_Frequently_Asked_Questions

Psicología

https://www.livescience.com/52423-conspiracy-theory-myth-busted.html

http://www.publiceye.org/antisemitism/nw_barkun.html

https://www.sciencefocus.com/the-human-body/the-rise-of-the-flat-earthers/

https://www.livescience.com/61655-flat-earth-conspiracy-theory.html

Empowerment as a Tool to Reduce Belief in Conspiracy Theories, Jan-Willem van Prooijen (https://static1.squarespace.com/static/50faacdee4b0dc8c8e2b878b/t/5c72d1b5971a18427789e09b/1551028661880/Empowerment_Chapter_DEF.pdf)

The Psychology of Conspiracy Theories, Karen M. Douglas, Robbie M. Sutton, Aleksandra Cichocka (https://journals.sagepub.com/doi/pdf/10.1177/0963721417718261)

https://theconversation.com/i-watched-an-entire-flat-earth-convention-for-my-research-heres-what-i-learnt-95887

https://theconversation.com/flat-wrong-the-misunderstood-history-of-flat-earth-theories-53808

https://theconversation.com/how-to-reason-with-flat-earthers-it-may-not-help-though-95160

Teorías de la Conspiración: Entre la Magia, el Sentido Común y la Ciencia, Hugo Antonio Pérez Hernáiz (http://www.isdfundacion.org/publicaciones/revista/pdf/n2_11.pdf)

Instituciones y poder

Vigilar y castigar, Michel Foucault

Saber y poder: una relación compleja, Mauricio Lugo Vázquez (https://www.redalyc.org/pdf/844/84430602.pdf)

https://www.elsevier.es/es-revista-acta-investigacion-psicologica-psychological-111-articulo-confianza-institucional-social-una-relacion-S2007471916300503

Desconfianza Institucional y representación política en América Latina, José del Tronco (https://www.flacsoandes.edu.ec/web/imagesFTP/1299083940.Jose_Del_Tronco.pdf)

Internet y Redes

https://medium.com/s/world-wide-wtf/how-the-internet-made-us-believe-in-a-flat-earth-2e42c3206223

https://carleton.ca/align/2018/millennials-voices-social-media-and-the-democratization-of-authority/

https://pursuit.unimelb.edu.au/articles/why-do-some-people-believe-the-earth-is-flat

Ciencia abierta

https://www.jorgeblaschke.com/blog/la-ciencia-accesible/

https://papeldeperiodico.com/2013/08/el-estereotipo-de-cientifico/

https://www.americanscientist.org/article/open-science-isnt-always-open-to-all-scientists

https://www.theguardian.com/higher-education-network/blog/2012/feb/20/making-science-accessible

https://bullshit.ist/why-accessible-and-easily-understandable-science-communication-is-so-important-39308fad31ee

Otros

https://www.infobae.com/sociedad/2019/03/06/la-comunidad-cientifica-preocupada-por-el-avance-de-la-teoria-terraplanista/

https://www.vice.com/es_latam/article/d3m5y7/hablamos-con-terraplanistas-que-organizaron-el-primer-encuentro-en-argentina-dicen-que-es-esferica-pero-jamas-se-vio-al-agua-curvarse

http://www.infoblancosobrenegro.com/noticias/19963-un-platense-es-el-referente-latinoamericano-de-un-movimiento-que-asegura-que-la-tierra-es-plana

https://www.bbc.com/mundo/noticias-37954365

https://notasperiodismopopular.com.ar/2019/03/18/terraplanismo-limites-difusion/

Comentarios

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

You may use these HTML tags and attributes:

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>