Cumbia neoliberal: desde las villas hasta Palermo

[Cumbia. Cumbia villera. Menemismo. Marginalidad. Gilda. Ráfaga. Cumbia cheta. Agapornis. Damas Gratis. Palermo. Lollapalooza. Marama. Rombai. Karina la princesita]

por Den Sartori (@posssmo )

Nunca me faltes

En los incipientes ’90 [1] con una alegría festiva, jocosa y parrandera que le cantaba al amor, a la vida, a los afectos y al pasado siempre mejor, la cumbia se consolidó como uno de los ritmos principales en cualquier fiesta que se preciara de tal con esos temas que siguen sonando hoy en bailantas, cumpleaños de 15, boliches, peñas universitarias, discos caretas, cada vez que hay una fiesta familiar y en el centro de cada gran despedida, navidad o fin de año. Son canciones que nos marcan determinadas pautas de consumo cultural, pero que para muchos también se convierten en una forma de habitar la vida, el día a día y la forma de establecer sus relaciones cotidianas. Constituyen un mundo en sí mismo desde el momento en que describen, de manera mas o menos fehaciente, las formas en que se dan las relaciones sociales entre sujetos en un determinado espacio-tiempo.

Lona, cartón y chapa

En los 2000, con la cumbia villera al frente [2] asistimos a una reversión de esos temas noventosos que le cantan al amor y a la vida, pero con un tinte mucho más específico de reclamo, denuncia y rabia tan característico de lo que en las ciencias sociales se nombra como ‘‘marginalidad’’, nuevos pobres o pobres del menemismo. En un clima de crisis, estallido social y con un crecimiento exponencial de la violencia, la inseguridad y situaciones vinculadas al consumo de drogas, las canciones que lo graficaban no tardaron en aparecer. Dos de los temas que mejor plantean las cuestiones del vivir cotidiano en la villa y la ruptura del tejido social producida por las decisiones económicas del menemismo son ‘‘Cumbia chapa’’ y ‘‘Alma blanca’’ de la banda Meta Guacha. Lo que luego conoceríamos como Cumbia villera surgía no casualmente al calor de un índice de desocupación llegó a ser del 25% y un aumento de la pobreza llegó a rozar los 50 puntos porcentuales.

Las canciones de cumbia villera cubren un amplio espectro de temas mezclados y en sintonía que la vuelven un fenómeno interesante a la hora de buscar matices de análisis y su correlato con la realidad. Desde el eco de situaciones vividas dentro de la cárcel producto de situaciones de robo a mano armada o por el consumo y venta de drogas, se recorren diferentes situaciones y mecanismos de delincuencia ‘‘de mano negra’’ como una constante, visible y repetitiva forma de vivir de algunos sectores de esos barrios, tanto producto de las situaciones a las que los arrojaron los números arriba expresados, como por decisiones tomadas de manera individual o colectiva. Si bien es cierto que existen pocas canciones vinculadas a homicidios en primera persona, abundan las canciones dedicadas a personas en situaciones de tinte igual de conflictivo, crudo y estremecedor que igualmente pueden desembocar en la muerte.

Muchas otras veces se cantan situaciones que viven los propios vecinos del barrio, como sujetos sociales emblemáticos y centrales dentro de los tópicos de la cumbia en general. Desde aquellos que eligen pertenecer a las fuerzas de seguridad estatales hasta las madres solteras, los sujetos que son objeto de estas canciones se constituyen en identidades fuertes a nivel comunitario dentro de los barrios y los asentamientos, dónde adquieren un cierto status que les permite ser reconocidos por un grupo de pares y desde fuera de esos mismos grupos como alguien que forma parte y a la vez constituye la esencia de esa comunidad.
Una última tópica infaltable en la descripción de las cumbias villeras, son las ideas vinculadas a las creencias religiosas y los mitos paganos que circundan a cualquier villa o barrio, usualmente asociadas con la idea del milagro, la salvación o la posibilidad de la redención o recompensa, llegando incluso a santificar a las mismas figuras de la cumbia tropical que, muertas en accidentes o en situaciones poco felices, se vuelven una posibilidad de esperanza, no sólo por su común lugar de proveniencia sino también por su carisma: ‘‘Santa Gilda’’, ‘‘El potro’’ Rodrigo, Walter Olmos o Leo ‘‘El León’’ Mattioli son algunos de los casos mas emblemáticos. En este lugar también ubicamos a las canciones dedicadas al fútbol, no sólo como un deporte con un fuerte componente religioso dentro de la cultura argentina en general sino también como otro mecanismo portador de fuerza constitutiva en la subjetividad de los habitantes de barrios populares o ‘‘marginales’’.

Amores como el nuestro quedan ya muy pocos

Casi como si el cambio de década viniera signado por un cambio irrefrenable en la manera de hacer cumbia, terminada la primera década de los 2000 empezaron a surgir grupos de cumbia ligados a las capas medias y altas, no sólo porque sus intérpretes son jóvenes hijos de empresarios, universitarios recibidos y jugadores de rugby en las ciudades más adineradas de la provincia de Buenos Aires, sino porque inicialmente se dedicaban a entretener en shows privados con este tipo de canciones pegadizas de letras alegres, hasta que la viralización de sus videos en las redes sociales produjeron un inusitado y vertiginoso éxito que multiplicó exponencialmente la cantidad de bandas de este estilo durante la segunda mitad de la presente década. Estos jóvenes adolescentes, a primera vista, parecen no tener absolutamente nada que ver con las viejas cumbias que habían dado origen a la movida tropical y/o villera de principios de las décadas anteriores. Ningún contacto excepto el timbal y el güiro (ahora digitalizados o electrónicos) une a éstas generaciones con las de Ráfaga o Eh! Guacho.

Aquí las tópicas de las canciones cambian diametralmente: no hay sufrimientos por muertes en robos, no hay cantos a personas que ya no están y no hay melancolía por la ruptura de vínculos tradicionales de años, sino más bien todo lo contrario. La cumbia cheta o cumbia pop [3], vino para instalar una idea que tiene que ver casi siempre con amores efímeros, sentimientos pasajeros, una exaltación del puro disfrute, la sonrisa, la alegría, el color y la vida en exceso, pero ya no en las calles del barrio o a las salidas de las viejas bailantas, sino en lanchas y con parlantes móviles, en los boliches, en la playa y con muchos tragos en lugar de vino en cartón. Haciendo alusión al constante uso de las redes sociales para exponerse, con una fuerte impronta de la tensión sexual casi adolescente y el flirteo constante que viene a durar, en el mejor de los casos, meses, se exalta una idea que necesitaba la clase media, media alta y alta necesitaba para terminar de adoptar la cumbia sin reparos: que hablen de su propia clase social y sus consumos culturales, de los vínculos efímeros propios de la posmodernidad, mediados casi siempre por el dinero y de un neoliberalismo en su versión autoayuda, dónde la felicidad se antepone a cualquier tipo de objetivo. En definitiva, una cumbia sin conflicto de clases.

Quieren bajarme y no saben cómo hacer

Quizás el grupo que mejor ha sobrevivido a los cambios de la última década ha sido Damas Gratis, que ha quedado como el mayor exponente de una cultura villera que (al menos en apariencia) es parte del pasado, mientras que la banda ha hecho una profunda remake en el contenido de sus temas, apareciendo ahora más como un ícono cultural blanco argentino que poco tiene que ver con ese ‘‘100% Negro Cumbiero” que estampaban en las tapas de sus discos. Ahora la banda se ha vuelto parte de la programación central de Canal Encuentro, depurando el contenido más polémico de sus canciones, apuntando más a gustar a grandes masas que a representar un determinado estilo de vida, tocando tanto en fiestas privadas en Palermo como en bailantas tropicales clásicas e incluso en el mismísimo main-stage del Lollapallooza.

Cumbia guerrera, cumbia sonidera

En esta línea de supervivencias eclécticas también se podría ubicar a ‘‘Karina, la princesita’’, quien comparte los tres estilos de cumbia de una manera bastante mixturada, pasando de una cumbia más bien tradicional en sus inicios, con las tópicas de las rupturas amorosas presentes en la cumbia villera, pero circulando entre las clases más acomodadas. La diferencia sustancial que plantea Karina en la manera de hacer cumbia (de la que Dalila pudo haber sido precursora pero no artífice, en la medida que siempre se establecía una relación que tenía a algún cantante varón como contraparte) es que su música está casi exclusivamente ligada a una visión femenina de las tópicas en cuestión, las situaciones y los procesos que atraviesan las mujeres, con una voz propia, y no ligada a algún otro sujeto o situación. Esto es algo que, a excepción de Gilda (y por momentos) no existía hasta el momento. Una tópica marcadamente ausente en la cumbia villera y mucho más en la cumbia de los años 90, dónde la mujer es prácticamente un objeto de consumo, madre o contraparte del varón de turno, casi siempre en relación de persona amada, pero nunca alguien con una voz propia y emancipada que decide expresarla cantando cumbia.

La cumbia es más que cumbia desde que se constituye como una cosmovisión que también nos permite insertarnos, de manera siempre precaria y desde afuera, en un mundo al que muchas veces conocemos sólo de manera superficial y efímera. Hoy en día existen nuevas bandas de cumbia, que no sólo transitan nuevos caminos exploratorios de las formas de hacer al género, sino que renuevan esa idea de cantarle al conflicto social inherente a cualquier sociedad, esta vez mas alineados con las sexualidades disidentes, el feminismo y las nuevas formas de protesta social, orquestadas fundamentalmente a partir de festivales, congresos y marchas.

Por eso y ante la duda… ¡Mandale cumbia!


[1] Gilda, Ráfaga, Revancha, Amar Azul, La Nueva Luna, Grupo Red, Los Charros, etc.

[2]  Damas Gratis, Pibes Chorros, Yerba Brava, La Repandilla, Eh! Guacho, Mala Fama, La Base, Supermerk2, El Original, Los Gedes, Meta Guacha, Pala Ancha, etc.

[3] Agapornis, #TocoParaVos, Marama, Rombai, Mawi, Pijama Party son algunas de las bandas más conocidas de éste tipo de cumbia.

 

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