por Federico Frittelli (@fedefrittelli)

El libro Breve historia del tiempo, del consagrado Stephen Hawking, quiere simplificar la historia de la física para el común de los mortales sin usar ninguna ecuación. Esta pretensión, la cual haría reír a un Ortega y Gasset, por ejemplo, se cumple más o menos bien durante los primeros capítulos del libro. Se empieza a complicar cuando se llega al siglo veinte. Al momento en que intenta explicar su propio trabajo, uno ya se encuentra en esas lecturas flotantes en la que los renglones pasan mientras uno piensa en hacerse un sándwich con los más variados fiambres.

Hawking

De todas formas, hay conceptos hermosos que reafirman los que un conocedor promedio ya sabía, y los ahonda. Parece que el Universo trabaja con conceptos bastante poéticos. Parece, contra todo pronóstico, que el amor se mueve en los círculos que dibuja el Universo.

La teoría de la relatividad general contiene en su propio seno la necesidad de un principio del tiempo. Ese principio del tiempo sería un punto ínfimo donde toda la masa entera del Universo (estrellas, planetas, galaxias, partículas) esté contenida logrando densidad infinita. Ese punto se llama singularidad y en él las leyes de la ciencia fallan. La teoría de la relatividad incluye un principio que la obliga a fallar en las predicciones. Básicamente, a gran escala, podemos decir que no podemos saber cómo fue el momento inicial de nuestro Universo pero que, conociendo de manera total uno sólo de los momentos posteriores al Big Bang, podemos predecir con las leyes de la física el resto de la historia. No interesa saber lo que llevó a la singularidad a expandirse en un primer momento puesto que ese momento anterior no tiene efectos sobre nuestro Universo, por lo tanto nuestra imposibilidad de saber qué fue lo que le dio inicio a la expansión no es desalentadora para nuestro futuro conocimiento del cosmos.

tumblr_inline_nj6ifm0aNC1s5asch

Como el Universo a gran escala, así suele actuar el amor. La rutina y el hastío, así como la entropía de la pasión, son leyes tan verificables que conociendo un momento preciso del momento de la pareja, junto con todas las características psicológicas que lo acompañan, entonces se puede predecir su futuro. Nuestro Universo está tan cercano a la velocidad crítica que no se sabe bien si la expansión acabará por detenerse y regresarse (terminando en otra singularidad por compresión, un Big Crunch) o si continuará separándose por siempre hasta lograr la igualación de temperaturas y fuerzas en cada punto del espacio-tiempo, lo que se llama entropía total o Big Rip (que es, para los que la conocen, la deducción lógica de la segunda ley de la termodinámica). Conociendo los estados particulares y conjuntos de los amantes podremos entonces predecir con cierta exactitud si acabarán separándose como quien no se da cuenta, lentamente, lejanamente y se condenarán en soledad; o si llegarán a un punto de lejanía crítico desde el cual comenzarán a juntarse cada vez más, enfermiza y vertiginosamente, hasta terminar tan compenetrados que no se pueden desgarrar. O sí, pero generando una explosión enorme, condenándose a volverse a encontrar o a separarse lentamente de nuevo. Parece ser que a gran escala el amor y el Universo están perdidos.

maxresdefault

No importan las condiciones previas en las que el encuentro de la pareja se produjo. Basta que haya un momento cúlmine (dirá Wilde “A veces pasamos años sin vivir en absoluto, luego toda la vida se concentra en un solo instante”). Las leyes que manejan el encuentro, que producen la explosión de dos personas como si fueran una sola; son totalmente diferentes que las leyes que manejan la separación, por lo tanto podemos manejarnos como si las primeras no existieran para analizar el futuro de dos amantes. Poniéndolo en otras palabras: el cortejo, donde dos personas reaccionan ente sí de forma independiente; y la relación, donde dos personas forman parte de un único sistema, son procesos completamente paralelos y su única conexión es, digamos, el “momento Wilde” donde las dos partículas saben de una vez y para siempre que el cortejo ha acabado y que la explosión violenta se ha producido. Ese momento, que de cerca parece glorioso, termina siendo inmensamente melancólico. Resulta en la génesis de la separación o de la enfermedad. Para encontrar el fin del Universo hay que buscar en el Big Bang. Para buscar el porqué de un despecho, es muy seguro fijarse en cómo se dio el primer beso. Todo nacimiento es la piedra fundacional de una muerte. Woody Allen, que de esto sabía más que nosotros, proponía revertir la entropía comenzando las citas por el beso y tener luego una charla incómoda (pero menos que si se hubiera dado sin el beso) de dos horas. Los más osados propondrán el suicidio antes aún de entrar en planes de existencia.

tumblr_inline_nhcx3oE3dn1sysalq

Por suerte (o no) la teoría de la relatividad y del Big Bang no son la única cara de la moneda. Existe otra rama, por ahora irreconciliable con la mayor, que estudia el mundo de lo extremadamente pequeño: la mecánica cuántica. Las leyes que nos ayudan a predecir el movimiento de masas enormes como planetas, fallan ante elementos de la millonésima parte de un milímetro. El simple hecho de observar una partícula para medir su posición y su velocidad, hace que estas cambien (para observar algo hace falta luz, la luz trae fotones que modifican las condiciones energéticas de las partículas). De tal forma, sólo podemos saber una de las dos variables con cierta precisión al tiempo que se desconoce la otra. Mientras más sabemos la posición, menos conocemos la velocidad y viceversa. Esto es el principio de Incertidumbre, que llevó a Einstein a negarse y decir “Dios no juega a los dados con el Universo”.

Pero parece que sí.

Este principio derrumba todas las certezas que pensábamos tener antes. Ya no es posible conocer de una vez y para siempre la historia del Universo sino podemos saber la historia de una sola partícula. Hemos salvado a su pareja, parece decirle la física cuántica al enamorado empedernido. Lo que hemos descrito antes sería sólo una entre una suma de historias posibles en un mundo de insoportables probabilidades. Si tomamos una relación ya no como un cosmos sino como una partícula, tenemos entonces que podemos conocer el estado presente de la relación, pero no a dónde está yendo. Mientras más sepamos cuánto se odian los cónyuges menos podemos predecir que la relación terminará. Y aún en las relaciones en las que medimos un posible final catastrófico, no podemos determinar un presente lleno de broncas y reproches.

56532

Particularmente disfruto más de la primera de las teorías. Hawking confía (de hecho, sin adentrarnos demasiado en temas que escapan a mi conocimiento, ha logrado grandes avances en las fronteras de los agujeros negros) en que llegaremos a una unificación de la relatividad general y la mecánica cuántica. Lo muy grande y lo muy pequeño. La certeza y la incertidumbre. Los comienzos y los finales. En ese punto, habremos respondido la pregunta “¿De dónde venimos y a dónde vamos?”. De una vez por todas conoceremos el cómo.

(Y sin embargo, creo que aún habrá un grupo de Hombres Tristes que todavía mirarán las estrellas a la noche, tirados en innombrables patios de casas remotas, solos, pensarán en la inmensidad, en la palma de sus manos, en la belleza, en ella, en la muerte, en las conexiones entre el amor y la historia del Universo, en lo inevitable, en lo evitable, en la vida, en la vida, en la vida. Y se preguntará todavía, aun sabiéndolo todo:

¿Por qué? )

tumblr_mp9czgdkRW1swqvsso1_500

 

***

Posdata al amante anónimo:

¿Qué importa lo que dicen los imbéciles que te la cuentan? ¿El resultado de qué ecuación puede evitar que tengas ahora ganas de verla? ¿El ensayo infame de qué escritor de cuarta puede hacerte temblar las imágenes de ella? Andá flaco. Cerrá la pestaña. Quién sabe cuándo se apagan las estrellas.

Comentarios

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.