Edificios que caen sin hacer ruido

Por Abril Fernández

Qué bajón cuando algo cambia muchísimo, justo ante nuestros ojos, pero nadie parece darse cuenta. Con esa inercia imparable de las avalanchas de nieve, los seres humanos continuamos con la vida diaria sin sobresaltos. Como si las vivencias que tanto parecíamos disfrutar hubiesen sido un ensueño. Es como si un edificio se estuviera derrumbando sin hacer el menor ruido, mientras intento decírselo a las personas que tengo cerca. Pero están todos tan ocupados.

Es cierto que el pasado, cuanto más lo visitamos, más perfecto se vuelve. Pero también es cierto que todos nos cruzamos alguna vez con alguien que nos hizo bailar, pensar o actuar (o las tres cosas) y algo cambió en nosotros. Muchos de estos seres inspiradores suelen tomar la palabra en bandas de rock y alcanzan así a enormes audiencias. Por ejemplo, durante un cumpleaños me tocó escuchar un disco entero de Virus, y aunque no entendía un pomo, en ese momento supe que estaba ocurriendo algo que no sería fácil de olvidar.

fede moura

Ojo que no es lo mismo decir “Hoy toca Virus, ¡Vamos!” en la década de los ’80 que decirlo en los dosmiles. Igual con Los Pericos, o Todos tus Muertos, o Attaque 77. Sabemos que esos grupos tienen gente rara tocando instrumentos que antes tocaban otros. Con los grupos que duran mucho, pasa eso: no sabemos bien si son unos ladrones o unos héroes, si están siendo unos traidores a sus principios o sólo son fieles a su instinto.

Entonces, si digo que me gusta Virus, ahora, año 2016, ¿estaré siendo una anticuada o una hipster? Si digo “el Wadu Wadu tiene una melodía única”, ¿será que soy una hueca o una genia? Probablemente todas las anteriores son correctas. La genealogía de Virus, su lugar en el rock nacional y en la juventud de los ochentas serán por siempre un misterio. Lo cierto es que nunca volveremos a tener a un personaje tan completo y coherente como Federico Moura.

Algún mandato extraño parecía impulsar a sus integrantes a darle para adelante, a probar con lo que fuera: de hecho la vocalista principal de Virus era en sus comienzos una mujer. Sin embargo sus músicos, que se conocían de proyectos anteriores, decidieron que esa voz femenina no iba a tiempo con los acelerados beats, y terminaron reclutando a Federico.

grupo_virus

Así surgió la banda que ignoraba olímpicamente lo que se esperaba del rock nacional; nacidos frente a unos ochentas que sólo concedían a los timbres masculinos y de rimas existencialistas el estatus de frontman, y a contados performers la posibilidad de pintarse las uñas o ser un poquito excéntricos en escena. A Federico le criticaban su letras de protesta bailable y camuflada otros rockeros que aceptaban hacer pactos con el diablo; desde el público le gritaban puto, o le arrojaban frutas y zapatos [1].

Virus tampoco encajaba muy bien con la idea de conjunto musical que una familia tolerase en esos días. Y sin embargo entre sus letras y su música surgen los primeros clics modernos que pintarían de tecno los ochentas. Fede Moura termina supervisando y eligiendo una a una las capas de sonido del primer álbum de Soda Stereo, banda que sí entraría en los livings y cocinas de todos los hogares. Todo esto de puro instinto, sin adivinar que subía un poquito la vara para todos sus contemporáneos.

Los hermanos Moura merecen un capítulo aparte en la historia de personajes que se pusieron la camiseta por muchos de nosotros. Que eligieron arriesgarse, cada uno a su manera, a ver qué pasaba si le daban rienda suelta a sus ideas. Marcelo, el hermano menor, comenta en el documental Imágenes Paganas [2] que la puesta en escena de la banda no tenía tanto que ver con el talento sino con el trabajo. Ensayo, fútbol, asado y más ensayo, mezclado con unas cuantas agarradas a las piñas en defensa de tal o cual acorde, dieron lugar a una trayectoria firme y ejemplar.

Federico se animó a abrir una boutique masculina con estampados y diseños pensados para el hombre argentino que ya no quería ser hippie ni moderno a costa del placard de las tías. Federico se animó a escribir las letras más sensuales que se te puedan ocurrir sin tener que hablar con impronunciables X al final de los sustantivos que denotan género. Federico se animó a decirte que sos el capitán de tu propio barco, y no escuché a muchos volver a decirlo:

No hace falta ser un ser superior / todo depende de la transpiración / Poner el cuerpo y el bocho [3] en acción...”.

Ser la voz cantante y correcto y amante de la noche y del buen vestir lo convertían en un muchacho muy excéntrico a los ojos de nuestra permanentemente reorganizada sociedad argentina. Pero de alguna manera, parecía un chico más concentrado en bailar que en otra cosa más seria, y entonces la opinión pública mucho no se metía con él. Este muchacho de aspecto frágil no podía significar una amenaza para nadie.

Excepto para sí mismo. Federico había contraído VIH en algún momento de su carrera musical y, aunque algunos síntomas aparecían, el músico guardó silencio durante algunos años hasta que decidió confirmar sus sospechas ante un médico. Mientras grababan Superficies de Placer en Río de Janeiro, compartió el diagnóstico positivo con sus compañeros de banda y familiares. Sus compañeros se quedaron a terminar la grabación.

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Virus vería llegar los noventas con una nueva mutación en su interior. Con la partida de Federico vendría también el apartamiento de dos más de sus integrantes. Y el fantasma del Sida (en plenos ochenta y con abundante desinformación) pondría la última capa de distorsión sobre un artista largamente mal interpretado.

Así pasó sus días moviéndose entre nosotros; sin que pudiéramos notar lo revolucionario en él. Sobran crónicas y recorridos por su vida, exactos y hasta entrometidos, para cualquiera que desee conocerlo mejor. Aunque creo que la manera más directa de conocerlo es escucharlo. Tratar de que no sea otro que se derrumba en silencio.

***

[1] Algo similar vivieron Adrián Dárgelos y, más acá en el tiempo, Ale Sergi. Estas conductas generalmente provienen de individuos masculinos que no pueden dejar de prestar atención al cantante o que pretenden llamarle la atención a él.

[2] Pueden verse extractos de este documental haciendo click acá.

[3] Bocho: cabeza, cerebro, mente. El único disco donde Federico y Marcelo compusieron las letras y música fue Agujero Interior. En los discos anteriores y posteriores, la mayor parte de sus letras estuvieron a cargo del artista Roberto Jacoby.


 

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