El cuento de la criada, Margaret Atwood, y la vicepresidenta: cómo abortar el mundo

por Enrique Jozami

Mujeres abusadas y violentadas por un sistema. Puritanismo extremo. El rol de la mujer ante el hostigamiento y la mirada del hombre. Una visión religiosa que domina la ley. Un sistema donde el hombre y sólo el hombre puede definir la vida de una sociedad, y el futuro de una familia. Mujeres que deben cumplir el rol de protectoras de la casa y proveedoras de la vida. La mujer como un reservorio divino, sagrado, donde se deposita el porvenir. Cuerpos que no son propios sino propiedad de un Estado que viola la integridad personal en pos del “bien común”. Lo que más vale es la vida que llega al mundo y no la vida de una mujer presa de las decisiones ajenas.

Cualquier semejanza con la realidad no es pura coincidencia. The Handmaid´s Tale, la serie producida por MGM y HULU pasa por arriba a cualquier ficción televisiva o de streaming. La vara que había dejado era alta, con una primera temporada desafiante y sin ningún tipo de censura.

La autora, Margaret Atwood, escribió en 1985 el libro en el cual se basa la serie protagonizada por Elizabeth Moss. Planteaba un mundo distópico en el que tras un levantamiento cívico-militar, una región de Estados Unidos (Gilead) queda aislada del mundo y crea su propio Estado, con sus propias leyes, a partir de un dictamen divino. Las mujeres son un bien y conviven (las fértiles) en un centro de enseñanza para luego ser llevadas a distintas familias de esa sociedad. El fin, es la procreación por parte de sus amos.

Aproximadamente 33 años después del lanzamiento del libro, resabios de ese mundo planteado por la autora pueden trasladarse a contextos actuales de un mundo dominado por la violencia, en donde posiciones arcaicas y religiosas pueden frenar debates pendientes en sociedades que reclaman el reconocimiento de derechos postergados de la mujer.

handmaid-roundup-watching-videoSixteenByNineJumbo1600-670x410

¿Casualidad o causalidad?

No es casualidad que la televisión norteamericana se acomode a este contexto. Ya lo hizo durante el 2017 con Big Little Lies. En ese caso ponía de manifiesto como tres mujeres de una clase social acomodada se veían sacudidas por un pasado turbulento y un presente donde la violencia de género rozaba límites no tocados antes por la TV norteamericana. Series de gran valor por dos puntos fundamentales: calidad argumental y actualidad. Sin querer la serie de HBO se había transformado en la abanderada de las “causas perdidas” de Hollywood. Anticipando lo que fue un 2017 cargado de denuncias por abuso y acoso sexual, abriendo las puertas a un sin fin de denuncias.

Más que códigos visuales

Cada detalle en el Cuento de la Criada tiene su significancia. Los planos, las tomas, las introducciones de cada capítulo. Los códigos de vestimenta de sus personajes enmarcan ese Estado totalitario en el cual se desarrolla la historia. Cada persona cuenta con un rol impuesto. Según el escalafón dentro de esa estructura es el color de su vestimenta (hasta allí hay un registro de violencia). El rojo para las criadas, el verde para las esposas y las sirvientas no fértiles el color azul. Las cofias blancas son otro símbolo visual. Representan la feminidad y además restringen una visión del mundo en el que conviven. Una metáfora del modo de vida y de las agresiones silenciosas que soportan estos personajes.

Lo nuevo de “The Handmaid´s Tale”

Los primeros 15 minutos de la segunda temporada son tan inquietantes como fue toda la primera temporada. Allí la mirada de Offred (Elizabeth Moss), parece vislumbrar un escape, una esperanza, una salvación. Pero la amenaza siempre está presente en esta serie, en cada detalle. En este caso, los casquillos de balas que la acompañan en su traslado predicen un mal augurio. Se abren las puertas y sólo encuentra más hostigamiento. Bozal, esposas, una sensación de asfixia que enmarca un aparente fin. Un estadio de béisbol transformado en un campo de tortura. Verdugos esperan a sus víctimas, el fin está por llegar. Así comienza esta nueva temporada, el hostigamiento continúa, pero la hermandad de ese grupo de mujeres revelándose contra un estado totalitario se mantiene firme.

Argumentos que traspasan la ficción

“Amarás al Señor con todo tu corazón, caminarás por Él y le temerás y le seguirás fielmente. Obedecerás su palabra, y la palabra de sus siervos aquí en la Tierra o sufrirás el dolor de su juicio” son las palabras de Tía Lydia (uno de los personajes más complejos e intrigantes, protagonizada por una fantástica Ann Dowd). Esta especie de “guardia carcelaria” es la cara visible de esa estructura panóptica. Infunde temor en cada uno de sus actos y más aún tras su castigo por una rebelión encabezada por Offred. Esas palabras son el fundamento y las bases de un Estado, de un sistema dominante. A partir de allí se construyen las distintas esferas de una nación que somete a través de la fuerza y la instalación del miedo.

handmaidstalegroup

¿Qué tan lejos se encuentran esas palabras de algunas voces que pasaron por la Cámara de Diputados hace unas semanas atrás? Desde tráfico de cerebros a comparación con animales. Uno de los diputados (Alfredo Olmedo) que argumentaba en contra de la despenalización sostuvo que “si alguien juró por Dios y los Santos Evangelios, y vota ahora a favor del aborto, por ética tiene que renunciar. Mi líder es Dios”. Además, confesó tenerle “temor a Dios por sobre todas las cosas”. Dos discursos extremistas que parecen calcados. Y un temor a Dios que frena, retrocede años luz y nos transporta sin escalas a Gilead, ese pueblo ficticio creado por la autora.

En una reciente entrevista, la candidata al Nobel de Literatura y autora del libro se refirió al momento de quiebre que atraviesa el mundo en relación a la lucha por los derechos de la mujer. Este fervoroso compromiso le ha traído un sin fin de acusaciones y rótulos como el de “mala feminista”. Categorización simplista que vemos reflejada muchas veces en la Argentina. Sostiene el peligro que conllevan los extremismos: “En tiempos de extremos, los extremistas ganan. Su ideología se convierte en una religión, cualquiera que no margine sus puntos de vista se ve como un apóstata, un hereje o un traidor, y los moderados en el medio son aniquilados”. Extremismos que perduran en este mundo, y que vemos reflejado en la serie.

Como una Offred debatiéndose en el mundo real, la escritora afirma que hay una estructura legal rota, con evidentes fallas. Un sistema que no ampara a las mujeres y otros denunciantes de abuso sexual. Afirma que en medio de este contexto aparecen nuevos movimientos de lucha a partir de nuevas herramientas que otorgan una visibilidad antes no alcanzada: tal el caso de internet.

Dentro de ese mundo virtual se realzan nuevos debates y posturas. Claro ejemplo lo ocurrido esta semana. En un breve pero contundente mensaje, atenta a lo sucedido en nuestro país, Antwood tuiteó: “Si Irlanda pudo hacerlo, Argentina puede”.  Más abrió el debate cuando tuiteó a la Vicepresidenta Gabriela Michetti:”No les dé la espalda a miles de muertes por año por abortos ilegales. ¡Deles a las mujeres argentinas el derecho a elegir!”.

En este contexto, se estrenó la segunda temporada. Sin dudas, continuaremos observando escenas tan cruentas como el ritual de la “Ceremonia” (en donde las criadas son sometidas a mantener relaciones sexuales con sus amos). El impacto visual acompañará el argumento. Un tándem que fluye a lo largo de una decena de capítulos. Escenas que son verdaderamente terroríficas propias de género Post-Horror.

Ese libro escrito hace 33 años por una novelista canadiense hoy parecen tan cercanos comparados a algunos argumentos que se mostraban en contra de la despenalización del aborto. Muchas Tías Lydias pasaron por ese debate histórico poniendo de lleno un pensamiento que roza lo insólito. A veces la realidad supera a la ficción.

Y en Argentina aún más.

Comentarios

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

You may use these HTML tags and attributes:

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>