El Planeta del Tesoro: cómo sobrevivir a la muerte del Padre

[El Planeta del Tesoro. Disney. Navidad. Harry Potter. Valores. Silver. Jimbo. Heroe. Villano. Padre. Morph. Amistad. Enemigos]

por Federico Frittelli (@fedefrittelli )

El Planeta del Tesoro es, a la vez, la mejor película de Disney y quizás su mayor fracaso. Como un regalo malicioso, la manzana envenenada, la sonrisa bellísima en la cara de la chica que ya no sabe cómo mirarte para decirte que está fuera de tu alcance, la película simplemente se les escapó de las manos. En todo sentido: en un sentido financiero (perdió alrededor de 30 millones de dólares a nivel mundial), es un sentido publicitario (la campaña de marketing fue desastrosa y su fecha de lanzamiento incluso peor –previa a la Navidad de 2002- obligando a una película de dibujos animada basada en un híbrido entre novela decimonónica y ciencia ficción a competir contra la primera Harry Potter y todos los films navideños del año que simplemente la destruyeron en la taquilla) y en sentido hasta ideológico, al enviar al mercado una de sus producciones más complejas, envuelta en capas y capas de sentido donde cada uno de sus personajes podría ser objeto de un ensayo por su cuenta, escapando de la férrea tradición maniqueísta y del viaje de aprendizaje del héroe donde el antagonista no es más que la excusa circunstancial de una trama donde lo importante es que el protagonista se forme en los Buenos Valores.

Una película así no podía sino fracasar. Y su mayor acierto es su fracaso, porque nos permite pensar qué fue lo que no encajó para que eso pase en vez de relajarnos y dejarnos llevar por el entumecimiento del éxito.

El oleaje del espacio

El toque maestro del Planeta del Tesoro es la combinación de elementos victorianos con gran parte del imaginario sci-fi, lo que les permite generar cuadros totalmente originales manteniendo una extrañísima fidelidad con la novela de Stevenson. Si analizamos en detalle, durante gran parte de la película ninguno de los elementos aparece aislado: no hay escenas puramente del siglo XIX ni puramente espaciales-laser-robots. Esta atención al equilibrio entre elementos de un pasado bien encuadrado en una época y un lugar, y un futuro de libre imaginación, maleable para la trama, nos permiten a nosotros –los espectadores de comienzos del siglo XXI- ubicarnos en el justo medio. En la frontera exacta que divide el pasado del futuro, los géneros literarios, el canon y la industria cultural, la película desafía a la audiencia a hacer malabares para reconocer su mundo y sí mismos en una película de piratas espaciales –y lo logra.

El espacio de la trama es, también, una decisión espectacular. Borra todo lo que el outer space tiene de imposibilidad y lo convierte en un lugar ameno, receptivo, respirable. Así como la condición de normalidad del mar es la calma y entonces los peligros son circunstanciales y posibilidad de aventura, el universo extra-atmosférico de Planeta del Tesoro favorece el desarrollo de una narrativa episódica, de obstáculo-en-obstáculo, en vez de la lucha constante por la supervivencia en el entorno hostil de la narrativa self-conscious de films como Gravedad o The Martian. Se acerca más a un Asimov que a un Clarke, por así decir, y eso puede palparse. Se aprovecha al máximo la calidad de dibujo animado en la creación de un verosímil compuesto por tres fantasías diferentes (la época victoriana, la ciencia ficción y algo así como un género de piratas) en completa armonía. Tal como el barco en la película atraviesa el abismo interplanetario a un ritmo apacible y cómodo, entramos nosotros en el universo narrativo del Planeta del Tesoro.

Jimbo

El protagonista de la película lo tiene todo para caer encasillado en el lugar del prototípico héroe de Disney que se sobrepone de una gran pérdida en el camino a Convertirse En Lo Que Siempre Fue, desafío cuya última gran prueba será la derrota del antagonista. Pero, más allá de que la construcción del personaje alrededor del abandono de su padre está perfectamente sostenida al comienzo de la película y justifica la tolerancia y apego que genera con Silver posteriormente, Jimbo no se ancla en la recuperación de la identidad paternal perdida. Digamos, no dedica la trama a recuperar al Padre sino a terminar de asesinarlo, poniéndose él en ese lugar de lo perdido. La lógica de la narrativa no es la de la venganza (como el Rey León, pongamos) sino la de la superación.

Y es una superación a través del fracaso. Convertirse en alguien a través del fracaso, del error fatal, de la humillación. Jimbo forma parte de una trama de traición, asesinato, motines, alianzas y batallas que llevan a la absoluta nada. Literalmente. El tesoro es engullido por la entropía vital de un planeta que es en sí mismo imposible y a cuyo creador deja yacer entre sus restos áureos.[1] El antagonista no puede servirle de desafío porque se revela en última instancia falso antagonista (ahora vamos a decir unas palabras sobre Silver): no hay que escarbar mucho para concluir que el verdadero villano es ese padre oscuro que ni siquiera se da vuelta a ver como su hijo corre desesperado para evitar su abandono. Si se quiere, el villano del Planeta del Tesoro es la ausencia del Padre. Y el conflicto no se resuelve con su reemplazo por otra figura paterna –eterno lugar común no sólo de Disney sino de todo Hollywood-, de hecho la figura de Silver encarna la imposibilidad de ese reemplazo. La resolución se da haciendo estallar la trama, al planeta de tesoro, los sueños de ser pirata espacial y a todo lo que quedaba del Jimbo previo: para superar la ausencia del Padre, Jimbo debe aniquilar al niño que fue abandonado.

Silver

No me quiero extender en este personaje mucho más de lo dicho en el apartado anterior. Simplemente algunas ideas sueltas, sin desarrollo, que capaz ustedes piensen mejor que yo:

-La imposibilidad de Silver de ocupar el lugar del padre, la mentira esencial del momento más emotivo de la película en que le dice a Jimbo: y cuando el tiempo venga a decirte que es momento de izar tus velas y ser todo un hombre, yo espero estar ahí. Recibiendo algo de la luz que emitas ese día. Jimbo, con los ojos llorosos, le cree. Incluso Silver, quizás y por algún momento, se crea a sí mismo. Luego vendrán inevitablemente la traición, la ruptura que cicatriza en el desenlace.

-El personaje de Silver como una teoría de la amistad: la amistad como abandono, como marca y huida. Un crimen del que debe quedar huella. Hay asesinos seriales y hay amigos seriales, que quieren ser reconocidos por sus acciones, que su forma de ser amigos adquiera el status de arte. Y quieren retornar a la escena del crimen para estar ahí cuando el cadáver aúlle el nombre de su victimario, cuando el amigo se convierta en el hombre que siempre fue e inunde la habitación con la luz de su tranquilidad. Como el asesino serial, el amigo serial quiere matar pero también ama al cadáver.

Silver, en última instancia, reconoce que él es Jimbo Y Jimbo es él, antes de todas las malas decisiones. Y siente al joven como una forma de viajar en el tiempo a enmendar sus errores, y se desespera al comprobar que su deseo de intervenir en Jimbo para hacerle un bien solo lo aleja de él. Su huida final, esta vez un abandono consensuado, un abandono incluso permitido por Jimbo y que se hace bajo sus propios términos, responde a esta lógica: la única forma de evitar que te equivoques como yo me equivoqué, es no estando ahí en absoluto.

-Y finalmente, el legado, la herencia: Morph. ¿Qué queda de una amistad tumultuosa que tuvo un momento de padrinazgo, confianza, expectativa y hasta genialidad, y que fue rota por una traición, sostenida en un enfrentamiento, y reunida a los tumbos por los restos de cariño? Una sustancia amorfa y fluctuante y sin embargo viva, operante, emotiva y animada. Un recuerdo que reincide y actúa. La huella versátil que siempre repite una y otra vez en todas sus diferentes formas: acá hubo alguien importante, yo soy la prueba de ello. No es un aprendizaje ni es una mascota: simplemente es y ahí está y cambia.

***

P.D. con énfasis en el post- y no tanto en el -data:

El Planeta del Tesoro fue Morph para Disney. Perdido en maquinaciones massmediáticas, el gigante de la industria no pudo entender la bestia compleja y multiforme que le pertenecía. Cuando la película salía al mercado y se convertía por fin en lo que siempre fue, su creador decidió no estar ahí para recibir la luz que emitía.

El resto es tiempo, olvido. Y algún ocasional ensayo nostálgico.

No mucho más.


[1] El planeta del tesoro es un cementerio de un solo hombre, el acumulador, el famoso pirata que murió acaparando una riqueza que jamás llegó a utilizar, quizás recordando el proverbio que desaconseja acumular demasiado dinero a riesgo de ser el cadáver más rico del cementerio. Otro mensaje envenenado, quizás el más corrosivo: Disney mismo como el cadáver del pirata atado a un planeta de oro, la película ambiciosa que busca abrevar de esa fuente inacabable y termina destruyéndola.

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