Queremos dormir: la filosofía del sacrificio en el estudio y el trabajo

[Trabajo. Estudio. Sufrimiento. Chile. Facultad de Arquitectura y Urbanismo. Salud mental. Sacrificio. Byung Chul Han. La expulsión de lo distinto. Capitalismo]

por Emilia Pioletti (@milipioletti)

¿Quién no soñó poder salir a la calle con un cartel que diga TENGO SUEÑO?

Reclamar nuestro légitimo derecho a dormir 8 horas y vivir dignamente. Es lo que hicieron a fines de abril estudiantes chilenes de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU) que se manifestaron contra el stress, contra las ganas de dormir, contra la ansiedad, contra la sobreexigencia.  Al toque salieron soldados de la perpetuación del sistema a indignarse: ¿cómo es posible que quieran vivir mejor? ¿qué es eso de querer vivir y estudiar sin sufrir? Si yo me sacrifiqué y me esforcé en la vida, vos también lo vas a hacer. ¿Por qué? Porque tu sufrimiento me hace sentir mejor: me hace sentir que el mío tuvo sentido.

Licenciatura en Ciencias del Sufrimiento

Con carteles que decían “Tengo Sueño”, “Quiero dormir, quiero comer, quiero estar en mi casa con mi familia”, “Única tarde libre = Trabajo en grupo” “estoy harta de llorar, antes y después de una evaluación”, “la FAU tiene angustia” o “no normalicemos no poder dormir por la universidad” estudiantes de arquitectura de la Universidad de Chile reclamaron sobreexigencia con la falta de sueño, crisis de pánico, estrés y depresión. Denuncian incluso que, al menos, existieron dos intentos de suicidio de compañeres.

A les estudiantes de Arquitectura se sumaron unos días después les de Odontología: “BASTA DE NORMALIZAR: ¿por qué tenemos que sacrificar nuestra salud mental para ser buenos profesionales?” o “¿Vos sacrificás tu hora de almuerzo por estudiar? NOSOTROS SI”

En medio de este escenario se dieron a conocer los resultados de la Primera Encuesta Nacional de Salud Mental Universitaria en Chile.

En una sociedad no tan psicoanalizada como la argentina, los datos son alarmantes: el 44% de les alumnes asiste o ha asistido a una terapia psicológica, el 46% presenta síntomas depresivos; mismo porcentaje de ansiedad, el 54% padece estrés y el 30% presenta tres de esos problemas a la vez. El 67% afirmó padecer de insomnio o sueño durante el día.

“Hay gente que se acostumbró a que la Arquitectura es no dormir, no comer bien, que amar la carrera es odiarla también”, dijo Francisca Skármeta, estudiante de tercer año de la carrera.  Amar es odiar también: la perpetuación del paradigma de que amar es sufrir: en relaciones, en la academia, en el trabajo, etcétera.

El Ex Rector de la Universidad de Chile, Luis Riveros dijo en Twitter: “Estos niños no tienen noción del sacrificio que debe envolver el lograr algo como un Título de la U. de Chile. ¿La causa?: les han enseñado todo acerca de sus derechos pero nada sobre sus deberes!!

En sentido contrario, Juan Pablo Urrutia, Jefe de Carrera de Arquitectura de la Universidad de Chile dijo: “No hay que confundir esfuerzo con sacrificio. Estudiar en la Universidad implica perseverancia, dedicación, vocación y mucho trabajo. Pero no un sacrificio. ¿Sacrificar qué? ¿salud mental? no. También formamos personas íntegras capaces de cuidarse a sí mismas. Por lo tanto no tengo problema alguno en apoyar la manifestación, sobre todo porque sirve para cuestionarnos qué entendemos por excelencia, trabajo y calidad de nuestras vidas.”

Mientras, en Facebook, seguían floreciendo comentarios como el de Claudio Sabes, la vida de la U nunca ha sido fácil, pero si no eres capaz de tolerar la exigencia, simplemente no naciste para ello, tenacidad, obstinación, trabajo duro, no unos carteles llorones y una manifestación ridícula¡¡¡ que esperan ? Que les hagan todo más fácil? Que generación de weones más débiles.

Paradigmas vs contraparadigmas, sentido común vs esto que siempre nos dijeron que era la normalidad ¿está bien? El sistema capitalista hace de todo una mercancía. Tu tiempo, mercancía. Tus gustos, mercancía. Tu sufrimiento, mercancía. ¿Cuán lógico y sobre todo cuán humano suena que, para obtener derechos, tengas que atravesar penurias? ¿Sí o sí para comerse una mísera manzana hay que pasar por una laguna de pirañas? ¿lo vale? Tal vez nos hicieron pensar que la manzana tenía un valor sideral que no tiene. Quizás esa sea la mentira fundacional.

Lo que cuesta, vale: ¿lo que cuesta vale?

Ahora bien, les estudiantes de esta nueva generación están cuestionando un sistema de legitimación del stress y falta de tiempo. Esa naturalización del sufrimiento en la Universidad – a donde une va a formarse para ser “alguien en la vida”-, de la búsqueda de calificaciones que representen la buena performance académica y el éxito profesional, culmina su proceso de legitimación en la vida laboral: si sufrí antes, sufrir ahora debe estar bien.

Algo interesante es que, en esta visión de esclavo contento el esfuerzo es sinónimo de sufrimiento y es lo que hace valer la cosa “deseada”. Si para conseguir un triunfo laboral tuve que sacrificar mi tiempo libre, mis afectos, mi vida personal y mi salud mental y fìsica, eso tiene valor. Un valor que el resto debe desear y conseguir por los mismos medios que yo. Lo que no se sufre, no tiene mérito: el esclavo contento que cuanto más latigazos recibe más superior se siente. La legitimación de la “laboriosidad” como sinonimo de castigo y sacrificio, se transforma en autoexigencia y autocastigo: el patron adentro del empleade digitandole la vida como una marioneta sentada en su hipófisis.

El derecho de (limpiar el) piso

El esclavo se pone contento de pagar por el piso que pisa. No importa si el piso es su derecho y en realidad no debiera pagarlo: pagarlo con sufrimiento lo hace valer.

“Uno se explota voluntariamente a si mismo, figurandose que se está “realizando”. “Esa es la pérfida lógica fundamental del neoliberalismo” dice Byung Chul Han en “La expulsión de lo distinto”. Nada nuevo, debate posmo largamente dado pero no deja de sorprender el nivel de voluntariedad para el sacrificio y la convicción con la que se autoflagelan porque el autoflagelo mismo es algo de lo que enorgullecerse: pasarla mal es ser exitose.

Pensémoslo así: es una especie de experimento de animalitos donde para comer deben atravesar una descarga eléctrica y cuando desaparece la comida siguen caminando para sentir la descarga eléctrica: primero porque el resto lo hace, segundo porque la naturalización lo volvió un fin en sí mismo. El placer de la descarga pasa a ser la comida. Ahora, ¿qué pasa cuando llega un animalito nuevo a la jaula?: que sufra también. En el libro Inventar el Futuro, Nick Srnicek y Alex Williams hablan del concepto de “solidaridad negativa”: la idea de que, como yo debo soportar condiciones laborales austeras o inhumanas, los demás también deben hacerlo. Esta idea está enmarcada en otro bastión teórico mayor: el neoliberalismo y su sustento económico el sistema ultra-capitalista necesita del sacrificio ciudadano. Necesita inculcarlo de tal forma que parezca natural. Este sistema ultracapitalista halla su realizaciòn final cuando los animalitos se dan descargas eléctricas entre animalitos: sacrificio compartido para justificar el propio.

Como dijo un amigo, el “derecho de piso” no difiere mucho de la costumbre del secundario de los de sexto año molestando a los más chicos porque a ellos los molestaron. “Al final la historia de la humanidad es la historia del secundario. Somos una estudiantina de boludes grandes para siempre” dijo. Creo que tiene mucha razón.

El estocolmo capitalista

“No entiendo cuál es el problema.Que tipos viejos se burlen y los tilden de show me lo trago, pero que pibes mas jóvenes opinen eso, que paja loco. Veo a mi hermano sufrir por la carrera, yo estudio otra cosa y disfruto lo que hago, esa es la idea”

“Encuentro super raro que la sumisión en estos casos se vea como fortaleza, como si debiésemos alabar al que tiene más “aguante”, una romantización de la precariedad”

Dentro de los numerosos comentarios al primer post en facebook que se hizo viral, encontré un comentario en especial que es un perfecto reflejo de esta nueva ola de pensamiento: “A todos los que llegan, a tirarnos mierda, que son los menos, que dicen que somos llorones, débiles, millenials, inadaptados. Me causa gracia como lo dicen, casi con rabia, ¿que es lo que les molesta tanto? ¿En que les afecta a sus vidas? ¿O será que sus vidas son tan miserables que cuando alguien hace algo para tener una vida mejor lo basurean y chaquetean que es lo único que saben hacer? No me dan rabia, me dan pena, porque se compraron todos los discursos ridículos de que mientras más bajo el sueldo y mas horas trabajes, mejor trabajador eres, aunque la experiencia empirica en países desarrollados que tanto les gusta imitar y admirar diga lo contrario. Estan tan metidos en su mierda que cuando alguien quiere salir lo basurean y lo tiran para abajo, por eso este país esta como esta, porque el que hace algo diferente esta mal, equivocado y merece ser despreciado, y ojala extinto”

La generación que vino a cambiarlo todo quiere ser feliz. Y la felicidad no puede ser adaptarse o morir. Morir literalmente o adaptarse al trajín frenético, al concepto de que stress es sinónimo de éxito, al rivotril para dormir. Eso también es morir. El punto de partida es este, quienes aun estando seteados con el paradigma de la productividad y sacrificar y pagar derechos de pisos, estamos intentando salir de él. Es una lucha interna, feroz, dolorosa, llena de culpas impuestas y profundamente incómoda. Quizás hace falta otra generación: quizás, la deconstrucción de paradigmas capitalistas, la van a vivir les que siguen. Y, eso es el amor: romper paradigmas sabiendo que los frutos finales y más felices los van a ver otres. Porque las cosas pueden ser diferentes, las cosas sí pueden ser mejores.

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