FOMO: miedo a quedar afuera de la fiesta

[Redes Sociales. Instagram. Twitter. Fomo. Consumo. Vida privada. Fear Of Missing Out. Privacidad. Felicidad]

por Emilia Pioletti (@milipioletti )

7:30 suena el despertador. El celular. Apagar el alarma es una especie de anzuelo y una auto trampa que nos tendemos: sabemos que no vamos “sólo” a apagar el alarma. Entramos a Instagram y a Twitter como si esas 8 horas de sueño hubiesen sido una abstinencia insoportable.

Nuestro uso de redes sociales es considerado un “consumo”. Como tal, tiene niveles: podemos consumir poco o mucho algo y podemos tener consumos problemáticos de ese algo. ¿Cuántas veces al día miramos el celular sin tener absolutamente nada que ver ahí? ¿Sin que siquiera haya sonado? Acabo de hacerlo yo misma, sin ir más lejos, mientras escribo esta nota. Y en 5 minutos voy a hacer lo mismo, sin sentido alguno, pero sin posibilidad aparente de frenar ese gesto que ya es casi un movimiento involuntario.

Miedo de quedarse afuera

Las redes sociales son un nuevo espacio público, son un estar sentades en una plaza o caminando en la calle, o comprando algo en algún lugar, o preguntando un precio. Andamos ahí, digitalmente caminando, hablando con amigues, debatiendo con desconocides. Alrededor de las dinámicas de este nuevo espacio público, se ha comenzado a desarrollar un síndrome psicológico de ansiedad basado en el miedo a quedarse fuera de este mundo o a no desarrollarse al mismo ritmo que la tecnología, a no poder comentar, documentar, fotografiar, filmar en tiempo real.

Tal vez no lo notamos porque ya forma parte de nuestros hábitos diarios, pero es escandalosa la cantidad de información que procesan (o no llegan a procesar) nuestros cerebros en tiempo record: noticias, memes, mensajes de grupos de whatsapp, fotos de viajes de personas que no conocemos físicamente, más memes, audios. Esa sensación de angustia provocada por la presencia del potencial peligro de no haber leído el último tweet, no haber subido una historia a Instagram, es generada por la excesiva información que manejamos a diario a través de internet.

FOMO significa Fear Of Missing Out, Miedo de Perderse (Algo). El FOMO no es más que el colchón de verdes de la otrora ensalada de lechuga, es la manifestación moderna de un miedo más viejo que la injusticia: el de ser excluides. Necesitamos grupos porque ahí modelamos nuestra identidad y nuestra protección. El ser humano es un ser gregario, sobrevivimos porque vivimos en sociedad, porque satisfacemos nuestras necesidades en la interacción, porque somos interdependientes.

En nuestra nueva vida, ¿cuántos amigues “de Twitter” tenemos? ¿Con cuántes “nos respondemos historias” en Instagram? ¿Con cuántes nos saludamos por el cumpleaños en Facebook? ¿De cuánta gente decimos “no lo conozco, pero tenemos buena onda en redes”? En mi caso, con un montón. Cambio completo de paradigma: ahora resulta natural. Si nos lo ponemos a pensar en retrospectiva, hace 10 años tener amigues de redes sonaba raro, si no medio freak.

Veo doble

Estamos entonces ante una doble presión social: mantener una vida social offline y una vida social online, ir a esa cena con amigues, no faltar al cumpleaños de tal, responder esa mención en Twitter y no olvidarse de subir una historia que acredite que estuvimos en ese bar nuevo que está de moda. Doble vida, doble presión, más ansiedad.

Ahora bien, las reglas de la física implican que tenemos un solo cuerpo físico y podemos estar sólo en un lugar a la vez. La omnipresencia, la habilidad de ubicuidad, es un arma de doble filo reservada al ámbito abstracto de lo virtual. En la vida real (ya suena demodé decirlo así, la vida virtual también tiene valor de “real” para nosotres) es fácil ignorar lo que pasa fuera de nuestro campo de visión de 360° grados y un par de metros de distancia según cuán miopes estamos. Pero, en la vida digital estamos a un dedo de distancia de saber qué hacen nuestros amigues o nuestros influencers favoritos en cualquier momento. Esto puede ser algo muy bueno o algo muy malo si no medimos el impacto que ese exceso de conocimiento sobre la vida de les otres tiene sobre nuestro aparato psíquico.

 Ansiedad, miedo, angustia, insomnio, sensación de vacío, inconformidad con nuestra vida. Parece exagerado, pero todo eso puede surgir si de forma periódica nos dejamos bombardear (y buscamos ser bombardeades) con fotos (que parecen) increíbles e historias en fiestas (que parecen) divertidísimas. Poco a poco nuestra mente va creando un corpus de ideas, un imaginario de que “allá afuera” en algún lugar donde no estamos, nos estamos perdiendo de algo mejor de lo que tenemos. Y ahí llega el coco: FOMO.

Un rápido scrolleo a las redes sociales te hace pensar en dos segundos que todo el mundo tiene vidas mucho más interesantes, que la tuya es un garrón y refuerza la idea de que “te estás perdiendo cosas”. Puede derivar en ciertas distorsiones cognitivas que pueden llevarnos a creencias irracionales, como que nuestres amigues nos odian y se juntaron sin nosotres o que no somos lo suficientemente cool para cierto lugar o generar “celos” de que otras personas estén en donde  o con quienes nosotres quisiéramos estar. Lo interesante y preocupante es que: 1) ese “lugar” donde “no estás”, no existe. Es decir, es un lugar físico, un evento, un bar, un recital, una juntada, pero es un imaginario sobre ese evento, ese bar, ese recital, esa juntada a la que no estabas invitade. 2) Terminás no estando en ningún lugar. Ni allá, ni acá.

Aun racionalizando la preocupante situación de adicción a ver la vida de les otres, el consumo de caramelos para el ego resultan difíciles de disminuir y la angustia por la sensación de exclusión, complicada de evadir. Porque además, parecen ser inocuos y suena a una exageración porque no hay un riesgo físico inminente o no es posible trazar una clara relación patológica de causa efecto, o daño material de algún órgano vital. Entonces, el peligro es que parece que no hay peligro.

Ñata contra el vidrio

¿Por qué ese fanatismo de tener la ñata contra el vidrio, viendo qué hace todo el mundo en todo momento? ¿Cómo salir de este escollo? ¿Hay que salir de este escollo?

 Es inevitable pensar en Mad Men cuando el tabaco era visto sólo como una moda que otorgaba status, sensación de éxito y fotos facheras. Big Tobacco y sus informes pagos que decían por todos los medios una y otra vez que eso de que te quemaba los pulmones era una total mentira. Sólo años después, con muchas investigaciones independientes y desmantelando el monstruo B.T, llegarían los informes médicos, la confirmación de que causan cáncer de pulmón, la resolución de retirar toda publicidad en medios y la obligatoriedad de colocar carteles explicitando sus efectos dañinos. Aún así, la ex moda actual adicción, no parece haberse discontinuado mucho: es una demanda inelástica que sobrevive a toda inflación y toda campaña de concientización.

El ritmo de las tendencias que tenemos miedo de perdernos es infernal. En Twitter, los TT no duran más de una hora. Si te perdiste un bondi, tenés una hora de ansiedad por no haberte subido así sepas que va a venir otro igual en una hora. Pero, ¿cómo superar esos 60 minutos de angustia por haberse quedado  afuera?

El Miedo a Perderse de Algo, comienza a disiparse a partir de que efectivamente nos perdemos de algo. Una vez que experimentamos perdernos digitalmente de algo y vemos que no pasa literalmente nada, ese miedo cederá.  Ayer habló el Presidente y no estuve en Twitter para comentarlo. No pasó absolutamente nada. Al rato salieron los datos de pobreza. La pobreza tridimensional: esa sí es la vida de les otres.

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