La política en el mundial

por Guido Rusconi (@KamaronBombay)

Con la victoria de Francia sobre Croacia por 4 a 2 el domingo 15 de julio, se dio un cierre a una nueva Copa Mundial de la FIFA, y el mundo ha vuelto a la gris normalidad que lo caracteriza. Y más allá de todo análisis estadístico y deportivo que pueda hacerse (que al menos los canales serios han realizado durante todo un mes), me gustaría detenerme en algunas cuestiones aledañas y extra-competitivas que rodean a la competencia más importante de todas.

En primer lugar vamos a enfocarnos en lo que atañe a nuestra realidad local, una interrogante que se ha repetido cada cuatro años durante las últimas cuatro décadas, ¿es el mundial la cortina de humo perfecta para el gobierno de turno? Mucho se habló sobre las semanas previas al inicio del torneo al respecto, y se alegaba con increíble seriedad que Cambiemos iba a impulsar la sanción de la reforma laboral o que el dólar iba a subir de manera astronómica mientras todo el mundo estaba pegado a la pantalla viendo como nuestra selección jugaba sin un 9 contra Francia. Si bien la moneda nacional continuó su devaluación durante el mes de junio, lo hizo a un ritmo acorde a lo que la gestión del presidente Macri nos tiene acostumbrados, por lo que no podemos adjudicarle este proceso al mundial. Lo molesto de este planteo es que las personas que aseguran que el mundial sirve para distraer a las masas, está subestimándolas al sostener esta teoría. Puede que en el año 1978 se haya utilizado esta competencia para tapar los horrores de la dictadura (lo cual se acentuó mucho más con la obtención del campeonato por parte de Argentina), ya que la información que llegaba al pueblo era mucho más controlada y maniobrada por los medios hegemónicos que en esos años tenían mucha más injerencia que ahora (que aún la tienen en grandes cantidades). Sin embargo, cuatro décadas más tarde, todos tenemos al alcance de nuestros celulares  información de toda clase de medios, tanto corporativos como independientes, por lo que es casi una falta de respeto al ciudadano común decir que somos incapaces de enterarnos qué pasa en nuestro país porque queremos ver un partido de fútbol. ¿O acaso después de ver Polonia-Senegal no vamos al supermercado y nos encontramos con que todo está cada vez más caro?

A pitch invader, a member of the Russian protest-art group Pussy Riot, is escorted by stewards during the Russia 2018 World Cup final football match between France and Croatia at the Luzhniki Stadium in Moscow on July 15, 2018. / AFP PHOTO / Mladen ANTONOV / RESTRICTED TO EDITORIAL USE - NO MOBILE PUSH ALERTS/DOWNLOADS

Pero el mundial, por mucho que nos sorprenda, no despierta esta clase de pasiones y contradicciones solamente en nuestro país. Diversas historias que han sucedido durante el transcurso de la competencia exceden lo estrictamente deportivo y demuestran que este evento que en teoría se limita a “veintidós millonarios corriendo detrás de una pelota” tiene muchas más aristas sociopolíticas de las que comúnmente se le da crédito.

En el partido perteneciente al grupo E se enfrentaron en la segunda fecha las naciones de Suiza y Serbia. El partido parecía estar controlado por los serbios que ganaban por un gol, pero el país de los relojes, los chocolates y Roger Federer supo dar vuelta el resultado con goles de Granit Xhaka y Xherdan Shaqiri. Si estos nombres no suenan muy suizos, es porque ambos jugadores son nacidos en Kosovo, nación que en 2008 se independizó de Serbia pero que no termina de ser reconocida totalmente como independiente. Al convertir los goles del empate y la victoria, tanto Xhaka como Shaqiri formaron con sus manos un objeto que simbolizaba el águila que se encuentra en la bandera de Albania, país involucrado también en los conflictos balcánicos de la década de los noventa y de donde provienen las familias de estos futbolistas. Este gesto no cayó nada bien a la FIFA, que busca mantener las manifestaciones políticas de los deportistas lo más acalladas posibles, y probablemente los jugadores suizos sean castigados en un futuro. Por otro lado, mucha gente festejó esta mojada de oreja a los serbios, incluyendo a la popular cantante Dua Lipa, británica de nacimiento pero de ascendencia albanesa.

Otra historia que también trascendió durante la fase de grupos fue la de Heung-Min Son, jugador del Tottenham y figura de la selección de Corea del Sur. Este país compartió un grupo difícil con México, Suecia y Alemania, el último campeón. No obstante, para sorpresa de todo el mundo, fue Corea la encargada de eliminar a la selección germánica por primera vez en su historia en fase de grupos. Llegada la tercera fecha, Corea tenía chances infinitesimales de clasificar a octavos de final, mientras que Alemania dependía de sí misma. Por una de esas cuestiones milagrosas que cada tanto nos regala el fútbol, Corea del Sur venció a Alemania por 2 a 0, quedando eliminadas ambas naciones en el proceso. Mientras los teutones no podían creer que se estaban quedando afuera, peor la estaban pasando los asiáticos. No porque hubiesen quedado eliminados (esto era algo esperable), sino porque la ley de este país indica que todo hombre menor de 28 años debe pasar obligatoriamente por un período de 21 meses en el servicio militar. El llanto de Son y sus compañeros recorrió el mundo, y luego se dio a conocer el hecho de que el gobierno surcoreano habría hecho una excepción a esta ley si la selección hubiese llegado a semifinales (una empresa casi imposible), igualando así su mejor actuación en mundiales, cuando en 2002 llegaron a estar dentro de los cuatro mejores. El tener un parate de casi dos años sería una verdadera tragedia para Son, quien es la figura de su selección y una estrella en ascenso que juega en una de las principales ligas del mundo. Aún espera que haya algún inciso de esta ley que le permita seguir su carrera con normalidad.

Pero volviendo a las manifestaciones políticas, hablemos del equipo sorpresa del torneo y reciente subcampeón, Croacia. Si bien los croatas se ganaron la simpatía de propios y extraños, algunos sucesos empañaron su imagen de equipo chico e inocente. El defensor Domagoj Vida, tras la victoria de Croacia sobre el local Rusia, fue filmado repitiendo cánticos que decían “¡Gloria a Ucrania!”, los cuales generalmente son utilizados por el ala derecha y nacionalista de ese país para protestar en contra de la invasión rusa a la nación ucraniana que se inició en 2014. La FIFA no sancionó al jugador sino que fue advertido, dando a entender que en el mundial de Putin no se tolerarían (tanto) estas acciones.   

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Por último, pero no menos importante, se habló hasta el hartazgo en este mundial (más que en ningún otro) sobre las selecciones europeas y su alto porcentaje de jugadores inmigrantes. De hecho Francia, el equipo campeón, fue el principal blanco de estas observaciones devenidas en críticas, ya que tres cuartos de sus futbolistas son descendientes de africanos, incluyendo a estrellas de la talla de Kylian Mbappé, Ngolo Kanté y Paul Pogba. Pero a su vez, estas críticas que intentan tener un sesgo progresista, esconden detrás un dejo de xenofobia, ya que todos los jugadores negros de la selección francesa nacieron efectivamente en ese país (a excepción de Kanté que vive ahí desde los dos años). Se criaron con amigos franceses, fueron educados por docentes franceses, aprendieron a jugar al fútbol con entrenadores franceses, y juegan para un pueblo que festeja sus goles pero que más tarde ejerce violencia institucional sobre otros inmigrantes menos legitimados. Por lo tanto, negarles su identidad francesa es cometer un acto de racismo.

Podría decirse entonces que este mundial lo tuvo todo. Quedan en el tintero muchas otras historias y polémicas que se vivieron, las cuales comprueban una vez más que un certamen como este no puede reducirse solo a una pelota rodando. Alcanza con recordar lo sucedido en la final cuando el grupo punk-feminista Pussy Riot para notar que el mundial es un actor político más que nunca. Las Riot invadieron la cancha burlando la seguridad en el partido más importante de todos para seguir así con su protesta continua en contra del régimen LGBT-fóbico del gobierno de Vladimir Putin. Quizás para personas no muy familiarizadas con este deporte la copa del mundo pase comúnmente desapercibida, pero todavía resta encontrar un evento o competencia que aúne a personas de culturas y naciones tan distantes y las cubra bajo este manto de alegrías y tristezas que lamentablemente sucede una vez cada cuatro años.

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