La televisión, el portal machista del tiempo

[Machismo. Televisión argentina. Polémica en el Bar. Gerardo Sofovich. Hugo Sofovich. Mariano Iudica. Pia Shaw. Cosificación. Martin Fierro]

por Leandro Martino (@Lea_martino)

En 1962 salía al aire por primera vez el programa Polémica en el Bar. Comenzó como un sketch del programa Operación JaJa, creado por Gerardo y Hugo Sofovich. La idea del mismo era retratar las distintas personalidades de los argentinos, en situaciones satíricas y cómicas, mediante estereotipos. Creo que no hace falta decir que las cosas han cambiado mucho desde entonces. No existía internet, ni los teléfonos celulares. Los Beatles y los Rolling Stones recién comenzaban a grabar sus primeras canciones. El actual presidente de Argentina tenía 3 años. Por suerte, otra cosa que cambió es el humor. Los chistes cosificadores del estilo: “¿Sabés en qué se parecen una mujer y (inserte aquí una comparación con un electrodoméstico)?”

La sociedad también cambio, ya hemos entendido (no todos, pero sí muchos) que gritarle algo a una mujer en la calle no nos da ninguna oportunidad de conquistarla, sino más bien de intimidarla. Sin embargo, hay un lugar en el que todo vuelve hacia atrás. Una especie de portal del tiempo en el que los avances sociales quedan obsoletos, y las lógicas humorísticas nunca han cambiado: la televisión.

Y si hablamos de lugares con lógicas antiguas y obsoletas, como no hablar de Polémica en el Bar, en su edición “moderna”. Y pongo moderna entre comillas porque ha cambiado sus intérpretes pero, increíblemente, 56 años después de su primera emisión, la estructura del programa se repite: los chistes son los mismos, las cosificaciones y los machismos también. Hace un par de semanas, el programa conducido por Mariano Iudica se llevó el Martin Fierro a Mejor Programa de Humor y de Actualidad, así como suena, los periodistas que conforman APTRA decidieron premiar a un programa compuesto por 6 hombres alrededor de una mesa en el que su plato principal es una chica vestida de moza que llega en el momento justo en el conductor se para y dice: “Ey ey ey ¿A dónde vas vos? Miren acá (señalando la cola de la chica), se puede apoyar perfectamente un vaso”. Epaa, ¿y ese escote?”. A todo esto, entre risas y murmullos de quienes están detrás de cámara, mira a los hombres y les pregunta: “¿Muchachos, alguno necesita estacionar la bici?” Por no recordar su inestimable aporte a la lucha contra el acoso de mujeres en la calle: “las que inventaron que a las mujeres no les gusta que les digan piropos fueron las feas” [1]

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Probablemente muchos de ustedes estén pensando “y bueh, igual a quien joraca le importan los Martin Fierro”, pero entregarle un reconocimiento al programa (y a su conductor), no hace más que autorizar su humor cavernícola, su asquerosa cosificación y machismo, su falta de autocrítica, y todas esas cosas que lo transforman en un producto periodístico detestable. Un Martín Fierro lo legitima ante la mirada del público promedio de la televisión. Pero ojo, todavía no llega la parte más interesante de la historia. Casi como si fuese una señal del destino pidiendo por favor que no le entreguen un premio, dos días antes de los Martin Fierro, se produjo un desagradable episodio en el programa “Involucrados” ¿Hace falta que les cuente quién es el conductor de este ciclo? Mientras un panelista explicaba un affaire, besó a Pía Shaw (la co-conductra del ciclo) para ejemplificar su relato (acto supuestamente pactado). A continuación, Mariano Iudica decide sin permiso ni tapujo alguno besar en la boca a Pía, lo cual, además de su cara de indignación, generó una fila de hombres actuando como cavernícolas y diciendo “ehh ahora me toca a mí, ahora yo”. Pía se negó a que la situación continúe y ahí Iudica saco la carta que guardaba bajo el brazo: cagarse en los valores de igualdad por los que la sociedad ha luchado tanto, diciendo cosas como “tenés que besarnos a todos porque hoy somos todos iguales, ehh eh la diversidad”. [2]

En los programas deportivos, cuando un equipo pierde y su técnico se lleva mal con los jugadores, se suele utilizar la siguiente frase: “tienen que cagarse a trompadas y resolver las cosas como hombres”, avalando la violencia, y peor aun avalando que los hombres deben usar la violencia para resolver los problemas. Otra de mis frases favoritas es la esbozada por periodistas que nunca jugaron al fútbol profesionalmente, y dice más o menos así: “las mujeres no pueden hablar de fútbol porque no lo juegan, y por eso no lo entienden, nosotros los varones jugamos de chiquitos”. Claro, porque seguramente jugar en una plaza con dos buzos como arco, o en una cancha media rota pagando 80 pesos la hora, te hace un experto en la materia.

Esto sucede en nuestra televisión. Una televisión que al prenderla nos mete en un mundo que ya terminó hace muchos años, que ya no existe más, porque no avanza, porque siempre está igual. Porque si prendíamos la televisión hace 15 años, veríamos a Tinelli dominar el rating con un programa en el que los participantes se insultan por su peso o su estatus social, mostrando sus miserias. Si prendíamos la televisión hace 15 años, veríamos la clásica novela del Trece con su trama típica: la chica que limpia casas de los ricos y se enamora del patrón. Si prendíamos la televisión hace 15 años, veríamos a Intrusos metiéndose en la vida privada de las personas y hablando de ellas sin confirmar información, acosando a la gente conocida (a muchos de ellos no les interesa ser mediáticos) a la salida de los eventos. Y lo peor de esto es que, si prendemos la televisión hoy, veremos lo mismo que hace 15 años.

A veces caigo en la tentación de preguntarme si hay una hipocresía extrema, o si el cambio social ha sido tan brusco que la TV (como ejemplo de los tres medios tradicionales junto con la gráfica y la radio) no llegó a adaptarse. Porque en su programa, Tinelli cada tanto se explaya con un discurso emocionante mirando a cámara, pero después viene la discriminación de la que hablé antes. Porque los actores de esas novelas que hace 15 años ponen a la mujer en una posición de servicio y al hombre en la posición del exitoso, levantan la bandera de las luchas sociales en la entrega de los premios que les dan a esas mismas novelas.

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Ojo, a veces la tele nos da una alegría, a veces podemos ver al mismísimo Jorge Rial hablando de feminismo en Intrusos. Incluso hace poco, en la novela Las Estrellas vimos el primer beso entre dos mujeres en horario prime time en la historia de la televisión argentina y hoy, en Simona, se desarrolla una historia de amor entre dos pibes. Lo gracioso es que nos alegramos muchísimo por estos triunfos que ya se dieron hace rato en la sociedad, pero que recién ahora se van dando en la televisión. Quién sabe, quizás, en algún momento, la tele pueda Volver (o llegar) al Futuro y cerrar el portal del tiempo.

 


 

 

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