Olvida la ofrenda perfecta: Leonard Cohen y la felicidad melancólica

[Leonard Cohen. You Want it Darker. Sísifo. Dionisio. Tragedia. Felicidad. Absurdo. Filosofía. Albert Camus. Sansón. Rey David. Hallelujah]

por Lucas Fantin (@LMF131)

 

“Ring the bells that still can ring 
forget your perfect offering
there’s a crack on everything
that’s how the light gets in”
—Anthem, Leonard Cohen

“Al hacerme mayor supe que las instrucciones venían con esa voz (poética). ¿Y qué instrucciones eran ésas? Nunca lamentarse. Y si uno debe expresar la gran e inevitable derrota que nos espera a todos, debe hacerlo dentro de los estrictos confines de la dignidad y la belleza”
—Discurso al recibir el premio Príncipe de Asturias, Leonard Cohen

¿Qué tienen en común Bono, Luca Prodan, R.E.M., Bob Dylan, Lou Reed, Nico, Ian McCulloch (Echo and the Bunnymen), Courtney Love, Anthony and the Johnsons, Nick Cave, Jarvis Cocker, Brian Eno, Rosalía, Johnny Cash, Maxi Prietto, Jorge Drexler, Lana del Rey y Kevin Johansenn? Todos estxs artistas tan disímiles han sufrido la omnipresente influencia de Leonard Cohen.

“Si no fuera Bob Dylan, me gustaría ser Leonard Cohen”. Con esta frase el Nobel de Literatura expresaría lo que muchos deseamos: ser uno de los cantautores más cool de todxs. La obra de Leonard ha marcado un hito en la música popular y, a unos días de lo que fue el aniversario de su fallecimiento, su fantasma sigue presente como el irremediable sonido de un tren en el que se va sentado, observando el paisaje cambiante a través de la ventana y durmiendo ocasionalmente en el regazo de algún acompañante.

Un día pasó. Un amigo me llamó un 7 de noviembre a las 11 de la noche y me dijo que había muerto Leonard Cohen. En aquel momento, durante la conversación telefónica, presté atención y escuché entre las palabras de mi amigo una sonrisa invisible. Sí notaba que estaba casi llorando. Pero se le escapaba una risa. Nada nerviosa. Una risa que era la misma materialización de la dicha que se esconde detrás de las lágrimas. Leonard Cohen es la encarnación de este sentimiento doble de aparente contradicción, claro como el agua pero de una complejidad abismal.

Hace unas semanas nomás había dicho en la presentación del que fue su último álbum, You Want it Darker, que estaba preparado para vivir por siempre. Claramente se refería a la vida eterna, pues una vez escuchado el disco todos nos dimos cuenta: era su testamento.  Un último y glorioso suspiro de cara a la muerte mirándola a los ojos, revolcándose con ella en el hotel Chelsea.

El tema religioso sería un motivo recurrente en sus poesías y novelas, dándole vueltas de tuerca inesperadas o utilizándolo como metáfora. En su famoso hasta el hartazgo “Hallelujah” incluye los mitos de Sansón y el Rey David para hablar de la naturaleza ambivalente del amor romántico y el sexo. Esta canción conjuga tres de las temáticas más importantes de su poética: el amor, la religión (muchas veces atada a la figura del nazismo) y el eterno ciclo de la vida mundana.

En esto se emparenta mucho con cierto filósofo francés llamado Albert Camus (un pichi de por ahí) no casualmente: en varios de sus poemas encontramos diversas referencias a este [1]

El existencialismo absurdo

¿Cómo ser un buen existencialista absurdo a lo Camus? Acá la receta en tres sencillos pasos:

1- Rodar una roca a la cima de una montaña.

2- Lanzarla hacia abajo nuevamente.

3- Repet ir paso 1 y 2 en ese orden por toda la eternidad.

Este fue en la mitología griega el castigo que los dioses le dieron a Sísifo por intentar alguna ligereza para con ellos. Para Camus, esta condena, que es la representación más bella del acto más inútil y absurdo, no nos impide para nada imaginarnos a Sísifo dichoso (o feliz). Luego de haber arrojado su roca (una vez más), Sísifo baja la montaña a encontrarse con ella de nuevo y es durante este descenso en el que surge la conciencia. La tragedia no es tal hasta que se es consciente, Edipo no sabe que obedece los designios del destino pero su dolor surge en el momento en el que es consciente de su irrefrenable fin. Pero este absurdo no puede estar sino emparentado con la dicha porque es de esta manera que reconocemos que el único vínculo que nos queda con este mundo son las pasiones, nuestra vida terrenal.  Y pone el mismo caso de Edipo de nuevo: él en el momento en el que encuentra consuelo en una caricia de su amante, es decir, en una relación carnal y pasional juzga que “todo está bien”. Encuentra la dicha “…expulsa de este mundo a un dios que había entrado en él con la insatisfacción y la afición a los dolores inútiles. Hace del destino un asunto humano, que debe ser arreglado entre los hombres” (Camus; El Mito de Sísifo;137). En este momento el individuo descubre su libertad. En el goce. La alegría de Sísifo al bajar la colina es justamente el saberse dueño de su propia existencia. “Su roca es su cosa”. El individuo absurdo se da cuenta que el esfuerzo mismo para llegar a la cima es suficiente para llenar su corazón y juzga, al igual que Edipo, que todo está bien.

Así, vemos un gesto absurdo en la poesía de Leonard Cohen. Muchas de sus canciones sólo transitan espacios pequeños, como una casa al lado de un río, una habitación en el hotel Chelsea (dónde estaría con Janis Joplin), un bar, un juego de póker. El sujeto siempre a partir de estos espacios, se expande, sueña, desea, ama, anhela, pero nunca consigue nada. Siempre encuentra la frustración, pero nunca se lamenta. Ama fracasar porque le da vida.

Sus poemas (que le deben mucho a la generación Beat) se posan sobre situaciones que se hacen insignificantes ante el mundo que propone un dios que no da nada. Se desanda el camino del alma y el afterlife viendo la cara de una deidad en el sexo, la necesidad de partir (y nunca hacerlo), el desamor y el borracho que a los tumbos se hace camino en la avenida.

La Prueba

En Lover, lover, lover un hombre conversa con dios y este le dice que lo ha encerrado en su cuerpo como una prueba, él puede utilizar ese cuerpo como un arma o para hacer sonreír a una mujer. ¿Pero cuál es exactamente esa prueba? ¿es esta la de cumplir el designio divino? ¿Un mandato irremediable? No. En I’m Your Man (el documental lanzado en el 2006) explica la letra de The Traitor y nos responde algunas preguntas. Para Cohen la verdadera prueba es sobreponerse al hecho de que cumplir ese mandato es imposible, que es un destino condenado al fracaso y a la muerte. Abandonar ese mandato es a su vez ser un “traidor” a ese sueño imposible (los soñadores cabalgan contra los hombres de acción/ mira a los hombres de acción retirarse). Por eso en Anthem dice que olvides tu “ofrenda perfecta”. El sueño, la perfección, es imposible. La verdadera prueba es ser feliz a pesar de ello. Ser bellx gracias a ello.

Son los sueños, los destinos, las añoranzas, los que se enfrentan a la posibilidad de fracasar una y otra vez, en una vida que sin ser eterna es cíclica. El fracaso de cada una de nuestras acciones es sencillamente una contingencia más, el momento en que tenemos que soltar la piedra dando lugar “al error y la iluminación” al mismo tiempo.

“Como un pájaro en el cable/ como un borracho en un coro de medianoche/ he intentado a mi manera ser libre” reza en Bird on the Wire. Palabras tan simples pero potentes. La lucha por la libertad se libra embebido del cáliz dionisiaco. El “dios ha muerto” nietzchiano, somos libres a los tumbos y en el intento, así como está escrito este mismo artículo. Es la conjunción de lo apolíneo con lo dionisiaco. El ave y el borracho. No se separa lo inmanente y lo trascendente. Lo “trascendental” se pelea acá en la tierra y con el cuerpo.

Hermosos perdedores

Todo puede resumirse en el título de una de sus novelas más polémicas: Los Hermosos Perdedores. Perder es algo que nunca va dejar de pasar pero no por eso deja de ser bello. Esta es la forma en la que Cohen logra conectar con tantxs. Cantando despacito con su voz profunda como si estuviese susurrando en tu oído, retrata un aspecto tan humano del que nos han desacostumbrado con tanta parafernalia mediática del “intenta y lo lograrás”, o el “sueña en grande”, cuando para la filosofía del absurdo es “intenta tantas veces hasta que fracasar tenga sentido”. Se nos derrumba el mundo para que lo construyamos de nuevo, una y otra vez. Nos hace olvidarnos de nuestra ofrenda perfecta, que es imposible, y nos levanta diciéndonos “andá y sé un borracho más”. La melancolía de las canciones del canadiense nos arroja a ese pozo que pretendemos siempre que no existe, nos hace abrazarlo y vivir con, a pesar, y por el. Es por esto que, si bien nunca podríamos saber por completo quién era (como no podríamos decirlo de casi nadie que incluso conozcamos en persona), hay que imaginarse a un Leonard Cohen feliz.


[1]  “Time was our best men die/in error and enlightment/ Moses on the lookout/ David in his house of blood/ Camus beside the driver // Ya va siendo hora de que nuestros mejores hombres mueran/ en el error y la iluminación/ Moisés vigilando/ David en su casa de sangre/ Camus junto al río” traduce el libro que tengo “driver” como “río”, Por qué resulta que soy libreFlores para Hitler, 1968

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