Autor: Octavio Suarez (@OctavioWasHere)

 

Esa vez hablamos hasta tarde, hablamos tanto que las letras parecían no tener forma ni sentido, como si otra vez estuviese hablando solo.

Otra vez, sí, otra vez tenía algo para contarte, algo que probablemente no te iba a gustar pero que de todas formas necesitaba que lo sepas.

Te pedí que nos veamos, otra vez, sí, otra vez necesitaba ver tu cara pálida, tus ojos cansados y escuchar los tonos agudos que proyecta tu voz a modo de descarga. Me pediste que sea sincero, que me despoje del filtro que atenúa mis palabras y que te diga todo lo que me está pasando. Te miré dos veces, me reí, y no pudiste entender nada.

Otra mañana en la que amanezco en tu cama, me despierto animado y salgo al balcón. Prendo un cigarrillo y concentro mi mirada en la cúspide de la catedral mientras juego a identificar formas en el humo que, poco a poco, van apoderándose de mi campo visual.

Vuelvo al cuarto y seguís durmiendo. Como siempre, con tu almohada baja y el pelo desparramado. Presiento que estás muy cansada, y no sé si es la facultad, tus amigos, mis amigos, o yo. Creeme que también pienso en vos, creeme que aunque no sé que es lo que me está pasando sigo tratando de preservar los cimientos de eso que en algún momento intentamos mostrarle a la gente, a tus viejos, a mis viejos, a nuestros cercanos. A todos menos a nosotros mismos.

 

Las regresiones son mi fuerte,

Constantemente regreso,

De casa al trabajo,

Del trabajo a casa.

Lo cotidiano me invade,

Bowie tocó su repertorio más grande en mis auriculares,

Y aunque no sea suficiente lo agradezco.

Lo frío de la mañana golpea en mi cara,

¿Tan complicado es seguir?

No sé si lo complicado sea seguir,

Lo complicado es vivir sin presiones,

Las canciones van y vienen,

Como los pensamientos cuando intento construir en las cenizas de tus puchos.

Destello adelante,

No necesito un futuro,

Necesito descansar en mis escombros.

 

Me gustaba contemplar tu sueño, sé que a vos también, y aunque la situación le parecía enfermiza a esa chica que nos observaba desde el exterior de tu ventana nunca dejaba de hacerlo.

¿Te acordás cuando íbamos a esas micro fiestas entre amigos plásticos? Qué loco, para ser sincero yo no era amigo de nadie. Obvio que al principio no lo noté, en ese momento solo buscaba camuflar mi soledad interior, al igual que vos, pero con el paso del tiempo me desperté y empecé a caminar descalzo. Me fui bastante lejos, conocí a otros humanos, empecé una carrera nueva, abandoné un puñado de trabajos y me concentré en retornar a mí mismo.

La última vez que te vi estabas nerviosa, no sabías por dónde empezar. Tu boca intentaba pronunciar palabras al azar que, lentamente, se iban organizando en mi cabeza hasta lograr adquirir un sentido. Te invité un café, quería que te relajes y expulses todo eso que te guardaste durante más de un año. No sé si lo logré, pero para ser sincero, en ningún momento presté atención a lo verbal porque el mensaje real estaba ahí, eras vos, sentada, preguntándome acerca de algo que ya sabías: ¿qué haces de tu vida?

 

Deja que el agua inunde tus ojos,

Deja que la burbuja colapse en el confort de tu cuarto,

Yo voy a esperar,

A esperarte,

A dejar que te rindas,

A sofocar el miedo que ya no tenes,

Porque nos tuvimos,

Porque fuimos,

Porque todo principio moral corrompe en las entrañas del miedo que te provoca lo que no está al alcance de tus pies.

Papá se fue sin despedirse de vos,

Mamá acaricia tu pelo oxidado de libros que jamás leíste,

De todo lo que decís ser,

De lo que nunca fuiste.

Every day is exactly the same.

 

Hoy las cosas cambiaron y mucho.

De vez en cuando viajo, de vez en cuando duermo, de vez en cuando pienso en mí, y de a momentos me encierro. La joda ya no me gusta tanto, prefiero mirarla por el cerrojo y plasmarla en fotografías, nada de lo que no estés enterada. También me gusta escribir, de a momentos para bien, de a momentos solo me quejo.

Los chetos me siguen sacando de quicio, eso realmente no cambió nunca, y no creo que vaya a cambiar tampoco.

Quedate tranquila que en los boliches no me vas a cruzar, a esos lugares no volvería jamás. Sé que vos sí, y prefiero no confundirte, alguna noche, entre vino en caja y reflejos involuntarios a varios metros de altura.

 

La noche es hermosa,

Lo triste está en sus hijos,

Aquellos seres inoportunos,

Esos hijos de puta,

Amantes de la joda barata,

Que derrochan infelicidad en cada grito.

Ruidos con eco,

Ruta de violencia,

La venganza del balcón,

Del piso quinto que dispara hielos a quemachetos,

Chetos que no son,

Tipos que no existen,

Cuerpos que bailan,

Al son de la cumbia canchera,

Bocas que gritan,

Al son de sus hembras,

Bocinas que enervan,

La sangre de sus huéspedes.

 

Creo que ya no me queda mucho por decir, creo que ya sabes cómo sigue esto. Solo me preocupa una cosa de vos: ¿te gustan mis canciones?


 

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