Masacres y suicidios adolescentes: 0 razones por qué

[Gus Van Sant. Elephant. Masacre de Columbine. Masacres adolescentes. Suicidios. Tiroteos. Colegios Secundarios. Razones. 13 reasons why]

por Leandro Martino (@Lea_martino )

Después de ver Elephan,  película de Gus Van Sant que cuenta (con algunas imprecisiones) la Masacre de Columbine, una de las matanzas escolares más recordadas en la historia estadounidense y mundial, me quedé pensando: ¿por qué alguien chico decide matar? Algunos ejemplos:

­_Universidad de Texas, 1966. 19 muertos. Perpetrador: Charles Whitman, estudiante de ingeniería. Causa: desequilibrio mental.

_Escuela Secundaria Columbine, 1999. 13 muertos. Perpetradores: Eric Harris y Dylan Klebold, estudiantes de último año. Posible causa: depresión.

_Liceo Gutenberg, 2002. 17 muertos. Perpetrador: Robert Steinhauser, ex estudiante. Causa: expulsión del instituto.

_Escuela Secundaria en Carmen de Patagones, 2004. 3 muertos. Perpetrador: Rafael Solich, estudiante de primer año. Causa: bullying.

_Universidad de Virginia Tech, 2007. 33 muertos. Perpetrador: Seung-Hui Cho, estudiante de literatura inglesa. Posible causa: discriminación, bullying.

_Instituto Superior Umpqua, 2015. 10 muertos. Perpetrador: Christopher Harper-Mercer. Causa: desconocida.

_Instituto Miguel Bernad, 2017. 4 muertos. Perpetrador: Ivan Piña, estudiante. Posible causa: esquizofrenia.

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Distintas edades, distinta educación, distintos países y hasta continentes, distintas épocas. Sin embargo, todos estos hechos coinciden en un punto: cuando se intentó hacer algo al respecto, ya era demasiado tarde.

¿Será una maldita casualidad que quienes realizan estos actos la mayoría de las veces hayan sido maltratados, discriminados y dejados de lado por la sociedad (amigos, padres, instituciones escolares)? ¿O será un patrón?

La Licenciada en Psicología Laura Reguera sostiene que las consecuencias del bullying van desde el aislamiento y la soledad, pasando por una caída del rendimiento académico, hasta la aparición de síntomas físicos y psicológicos. Muchos jóvenes expuestos al bullying reaccionan de manera desproporcionada ante las amenazas. Pueden sufrir consecuencias como inseguridad, ansiedad o depresión en la adultez, pero también hay algo más preocupante aún, que se da en la infancia: la idea suicida. Según la Organización Mundial de la Salud el suicidio es la segunda causa principal de defunción en el grupo etario de 15 a 29 años (detrás de los accidentes de tránsito). En Europa se suicidan 4,9 mujeres de cada 100.000 habitantes, mientras que la cifra en hombres es de 20. Y en América lo hacen 2,7 mujeres y 9,8 hombres cada 100.000.

El separar los elementos de la sociedad en términos binarios: hombre-mujer, blanco-negro, loco-cuerdo, trajo incontables problemas a lo largo de la historia. La mayoría de la gente se siente cómoda con esta separación porque supone estar del lado “bueno”, que en realidad es el lado que no es juzgado impunemente y no ha sido discriminado durante miles de años. Todos suponen que los “locos” son otros. No somos nosotros, no son nuestros amigos, no son nuestros hijos. Cuando alguno de estos hechos se produce, los integrantes de la sociedad suelen calificarlos como “aislados”, estereotipando a los autores de estas masacres con la utilización de términos como: locos, enfermos, psicópatas. Sin embargo, entre 2013 y la actualidad se han registrado casi 300 tiroteos en centros educativos pertenecientes sólo a Estados Unidos (no todos tuvieron víctimas fatales), lo cual da un promedio de casi un tiroteo por semana. Quizás sea hora de aceptar que el concepto de “aislados” no corresponde con algo que pasa todas las semanas durante más de 5 años.

El papel de la ficción

En la Masacre de Columbine se llegó a decir incluso que los chicos cometieron estos actos porque escuchaban a Marilyn Manson. ¿De verdad en vez de pensar qué pasa por la cabeza de estos pibes, cómo se los puede ayudar y a qué se deben sus ataques de ira, el primer culpable es la cultura? Entonces prohibamos a los superhéroes que vuelan irrealmente, porque puede ser una incitación a que la gente comience a saltar locamente de los edificios. Es más, si vamos a prohibir todo lo que “nos puede llegar a hacer mal” del entretenimiento, prohibamos también el amor en las películas, las historias donde los dos enamorados se encuentran y se aman por siempre, porque eso también suele ser falso, y el amor ha causado muchos más suicidios en el mundo real que Marilyn Manson.

Stephen King retiró del mercado uno de sus libros, llamado Rabia (originalmente llamada Getting It On). La novela de 1977 trataba sobre un adolescente que emprende una masacre escolar: Charlie Decker, con un padre tirano, una carga de angustia adolescente, y una obsesión con Ted Jones, el chico más popular de la escuela. Charlie lleva una pistola al colegio, mata a su profesor de matemáticas, y toma a todos sus compañeros como rehenes. En los años subsiguientes a la publicación de la novela, ocurrieron varios episodios similares a esa historia, en los cuales a posteriori los chicos decían estar inspirados en “Rabia”.

Sin embargo, el reconocido escritor realizó las siguientes declaraciones: “Hace falta más que una delgada novela para hacer que Cox, Pierce, Loukatis y Carneal (autores de los incidentes escolares “inspirados en Rabia”) hiciesen lo que hicieron. Eran chicos infelices con problemas psicológicos profundos, chicos que fueron patoteados en su escuela y lastimados en sus casas por negligencia parental o directamente abuso. Parecían estar actuando dentro de un sueño, dos de ellos preguntándose en voz alta después del hecho por qué hicieron lo que hicieron. Mi libro no quebró a Cox, Pierce, Carneal o Loukatis, o los convirtió en asesinos: encontraron algo en mi libro que sintieron que les hablaba porque ya estaban quebrados”.

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En justificación a esto, a continuación, el autor explica en qué situaciones se encontraban los jóvenes antes de realizar estos actos: “”Cox: pasó varias semanas en una guardia psicológica del condado de Los Angeles, donde se refirió a ponerse una pistola en la boca y tirar del gatillo.

_Pierce: fue daño colateral de un feo divorcio; su padre se fue y su madre solía contarle al chico que pensaba suicidarse.

_Carneal: fue acosado por sus compañeros de escuela. Además, sufría de una paranoia tan grande que solía cubrir los respiraderos y las ventanas de los baños de la escuela porque creía que lo miraban cuando hacía sus necesidades. Cuando se sentaba en una silla, levantaba sus pies para que nadie que estuviese escondido debajo lo pudiese agarrar.

_Loukatis: escribía poemas sobre lo inútil que era su padre y cómo deseaba que estuviese muerto.

Los cuatro tuvieron fácil acceso a las armas. La mayoría de las que usaron estaban en sus casas”. (Stephen King, 2013)

El Estado no ayuda, colabora: armas

 Las cantidades sugieren una correlación que, a mayor investigación, solo se hace más clara. Los estadounidenses constituyen alrededor del 4,4 por ciento de la población mundial pero tienen en su propiedad el 42 por ciento de las armas del mundo. De 1966 a 2012, un 31 por ciento de los tiradores que dispararon contra las masas en todo el mundo fueron estadounidenses, según un estudio de 2015 de Adam Lankford, catedrático de la Universidad de Alabama (Fuente: New York Times).

Mientras tanto, Eric Harris (uno de los perpetradores de Columbine), quien sufría de ataques de ira y tenía pensamientos suicidas, administraba un blog en el que expresaba su odio a la sociedad y hacía alarde de su tenencia de armas casi 3 años antes de que se produzca el ataque, pero las autoridades archivaron las denuncias en su contra.

Se hace difícil no hacer referencia a 13 Reasons Why, la producción de Netflix que lanzó su segunda temporada. Más allá de que cada quien podrá decir si le gustó o no el guión o los actores, hay que reconocer que la serie puso en la agenda mediática el tema bullying que, si bien ya estaba flotando en el aire, poseía pocos ejemplos prácticos.

La serie en cuestión ejemplifica perfectamente esta nota. Muchas críticas por parte de la audiencia han surgido en torno a que, para muchos, casi todas las situaciones vividas por la protagonista le ocurren a la mayoría de los jóvenes en edad escolar (a excepción de algunas que vamos a evitar nombrar para no spoilear, pero ya se imaginan). Ese es el mayor problema, la naturalización. El pensar que algo no es tan grave porque es común, porque le ocurre a todos. Nadie puede definir qué situación es o no de gravedad extrema para otro. No se trata de hacer psicología barata, pero en nuestra propia vida descubrimos que lo que para nosotros es sumamente importante, para otros significa nada, y viceversa. Cada uno ordena su lista de prioridades y no se puede juzgar desde afuera. Probablemente allí esté la raíz de todo: en minimizar el problema. Un conjunto de cosas “pequeñas” puede generar una gran angustia.

La escuela secundaria es el gran estandarte del bullying a nivel mundial, y en el caso particular de Estados Unidos, hay otra problemática que subyace a la serie: el poder que manejan los deportistas estrellas de las escuelas, y como estas últimas las protegen, por los intereses que hay en juego (padres con dinero, contactos y apellidos importantes que colaboran con la escuela). Esto se extiende a las Universidades, donde se lucra con los atletas (The Hunting Ground, Netflix).

Solo resta pensar que quizás desde este lugar se pueda realizar un pequeñísimo aporte: visibilizar la problemática y ayudar a que deje de ser subestimada.

 

 

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