Mitología: entre Narciso y las selfies

[Mitos. Sirenas. Loki. Narcisismo. Publicidad. Series. Videojuegos. Selfies]

por Franco Bruno

Reírse de un amigo cuando se cae, ver un producto hermoso en las publicidades pero cuando lo compramos resulta que no era tan bueno, o subir una selfie donde nos gusta como nos vemos, son algunas entre tantas otras cosas que vivimos cotidianamente. Pero, ¿qué relación guarda todo esto con la mitología?

Está claro que hay tantas mitologías como civilizaciones existieron, y no podríamos abarcar todas, o al menos sería tedioso hacerlo. Por lo que nos vamos a enfocar en la mitología griega y nórdica, ya que son unas de las que más trascendencia tuvieron hasta nuestros tiempos. Dicho esto, ¿cómo es que historias con miles de años de antigüedad puedan mantener su presencia en la actualidad?

Podemos encontrar series, películas y videojuegos inspirados en esas historias en las que vemos sirenas, elfos, dioses, etc. Pero lo que mantiene vivo a estos mitos no es únicamente su fauna mágica, también el contenido metafórico que guardan sigue siendo igual de válido para nuestra época.

El canto de sirenas

En la clásica Odisea, mientras Ulises y su tripulación navegan en el mar de regreso a su hogar, saben que las sirenas tienen un canto tan hermoso como letal. Tan irresistible es su canto que los navegantes que lo oyen no pueden evitar ir a su perdición, por lo que él le pide a su tripulación que se pongan cera en los oídos para evitar oírlas. Ulises se ató al mástil sin taparse los oídos, para escuchar su canto y permanecer en el barco, aunque contra su voluntad.

Hoy en día, cada vez que alguien nos intenta persuadir de algo exagerando o mintiendo con los beneficios que eso nos puede proporcionar, en cierta manera imita el canto de sirenas. En las publicidades esto ocurre con frecuencia, pero las estafas son un ejemplo más claro, donde te tientan con tener una recompensa excelente, y si te dejás seducir, terminás perdiendo en lugar de ganar. Pero también la época de las campañas políticas parece una temporada de sirenas, donde el candidato que cante más alto y con más encanto tiene ventaja, al punto de ofrecernos lo imposible con tal de atraer a aquellos con sus oídos descuidados.

El narcisismo

Hay varias versiones sobre la historia de Narciso, pero todas coinciden en lo mismo. Narciso era hermoso, codiciado por hombres y mujeres, pero él no estaba interesado en nadie y rechazaba a todos sus pretendientes. Esto lleva a que uno de ellos se suicide en el umbral de su casa mientras les ruega a los dioses que le hagan sentir a Narciso el dolor del amor no correspondido.

Poco tiempo después, Narciso ve su reflejo en el agua y Némesis, diosa de la venganza, hace que se enamore de su imagen, y en su desesperación por besarse cae en las aguas y muere ahogado.

Nos quedamos con la idea de que el mito nos transmite el mensaje de quien solo piensa en sí mismo termina en la desgracia, lo cual es una buena forma de interpretarlo. En la actualidad solemos relacionar el narcisismo con alguien que se admira a sí mismo y presume de sus virtudes, pero si analizamos el mito detenidamente esto no parece hacer mucha justicia a como era Narciso. Si reinterpretamos la historia podríamos verlo como un sujeto que, simplemente, tiene el amor propio suficiente como para no sentir la necesidad de estar con alguien más para sentirse completo, y al parecer, ese era su peor pecado.

¿Realmente se merecía un castigo divino por querer estar solo? ¿Por qué tendría que aceptar el amor de sus pretendientes si ninguno le interesaba? Hoy en día parece que alguien atractivo tiene la obligación de estar en pareja o en algún noviazgo. Que se mantenga en soltería es impensable: los rumores sobre por qué alguien con tantos pretendientes está en soledad se hacen presentes, y funcionan a modo de castigo social, así sea de manera inconsciente.

Asociamos la soledad con algo triste o malo, e irónicamente el mito de Narciso parece hablar de la tragedia de un hombre que disfruta su soledad y es castigado por ello.

Loki y el caos

Loki empieza siendo un bromista travieso más que alguien malvado. Engaña a la gente y se burla de los dioses por pura diversión. En ocasiones incluso los ayuda, pero eventualmente sus bromas se empiezan a tornar cada vez más pesadas y sus actos cada vez más oscuros, y en el momento que mata a Balder, el dios más amado, ya deja de hacer gracia.

¿Por qué hay villanos que nos cautivan? Hay villanos que imponen respeto como Sauron o Voldemort, pero no empatizamos con ellos de la misma manera que con el Joker de Batman. La diferencia está en su personalidad y sus motivos. El Joker comparte con Loki esa combinación de astucia y amor por el caos, ellos no pretenden dominar el mundo o someter a todos a su voluntad, simplemente disfrutan de romper con el orden y de ver cómo las cosas se salen de control.

Y hay que reconocer que la vida se tornaría aburrida si todo fuera ordenado. Loki representa muy bien esa parte nuestra. Como cuando vemos una carrera de autos, nuestra mente no puede evitar pensar que sería interesante ver que algún choque: eso le daría más emoción al asunto, pero no buscamos que el choque termine en un desastre con víctimas fatales porque eso sería ir demasiado lejos.

Lo mismo ocurre con la gente que se acerca a ver una pelea callejera. Al principio las personas se limitan a ser simples espectadores, pero si uno de los involucrados está siendo golpeado brutalmente de manera excesiva, los espectadores comienzan a intervenir, porque la pelea que comenzó como un factor que rompió la rutina, se volvió en algo lo suficientemente peligroso como para perder la gracia.

¿Dónde está el secreto?

Los ejemplos sobre el paralelismo entre los mitos y nuestra vida cotidiana abundan, y todo parece indicar que hay costumbres que mantenemos hace miles de años. A esta altura puede parecer obvio, pero la temática principal que abarcan estas historias tienen que ver con la naturaleza humana y las raíces de nuestro carácter social. Lo que a simple vista parece ser un cuento de fantasía, tal vez nos esté hablando de nosotros mismos. Así que la próxima vez que te ofrezcan algo muy tentador, solo asegurate de que no sea un canto de sirenas.

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