La norma vs los cuerpos

[Placer. Cuerpo. Normas. Patriarcado. Feminismo. Intimidad. Belleza. Lux Moreno. Gorda vanidosa]

por Mili Pasquini (@ibuprof3n0)

Mi cuerpo tiene estrías, rollos, pelos por todos lados, cicatrices para nada glamorosas, manchas en la piel, grasa que cuelga en los brazos, celulitis, una cabeza con el cabello demasiado corto para ser femenino. Le gusta que le susurre cuerpa con “a” de amante. Mi cuerpa transpira, sangra, llora, duele pero también, y por sobre todo, está deseosa por placer.

Nombro a esta cuerpa como a una entidad aparte de mi persona, así la culpabilizo, la averguenzo tantas veces, incluso me enojo cuando intercambiamos miradas al espejo y la observo con la tiranía de la belleza resonando en mi cabeza: “con tanta grasa no voy a poder usar un short en verano”, “esos rollos se marcan en todo momento”. Qué gran problema, mirar a mi cuerpo como ajeno, perdido en la otredad. Esto no solo sucede en la intimidad de la desnudez frente al espejo. La condena se arrastra conmigo a todos lados, incluso durante el sexo, ¿cuántas veces en medio de un encuentro sexual nos hemos juzgado a nosotres mismes? ¿cuántas veces hemos desconectado de lo que está experimentando nuestro cuerpo solamente para señalar en nuestra mente todos los aspectos desagradables de nosotres? Nos castigamos en un juicio duro y crudo. “Que esta posición hace que mis rollos se marquen más”, “si no apaga la luz no pienso desnudarme”, “si levanto los brazos se me ven los pelos”, “que no me toque las piernas que están muy gordas”, “si me paro me va a ver las estrías”, “que no me bese la piel va a ver mis manchas”. Así, hasta que olvidamos por qué estamos compartiendo con otro cuerpo, pateamos el deseo al piso donde debería estar nuestra ropa ¿por qué nos incomodan nuestros cuerpos? Como tantas otras cosas no nacemos odiando nuestras pieles y carnes, sino que naturalizamos estas conductas porque reproducimos lo que un sistema hizo de nosotres.

El culto a la imagen

Cuando hablamos de estética es inevitable nombrar a la belleza, realidad más amplia que aborda a cualquier objeto que haya sido percibido como bello o que haya provocado placer al ser observado, con esto no solo nos referimos a las obras realizadas a mano del hombre, sino que también incluimos a la propia figura humana (sí, nuestros cuerpos). Para que algo o alguien sea considerados “bello” debe ser capaz de cumplir con ciertos parámetros bastante ajustados: los cánones de belleza. A lo largo de la historia en las diferentes sociedades han imperado cánones de belleza que responden a motivos sociales y económicos, por lo tanto responden a quienes tienen el poder entre sus manos y reglamentan nuestra vida cotidiana.

En una sociedad capitalista y patriarcal la estética es uno de valores a los que tenemos que apuntar, unos de los dispositivos de control más fuertes para propagar este pensamiento son los medios de comunicación masivos con los cuales se puede transmitir de forma generalizada y rápida los modelos e ideales estéticos. Los cuerpos deben ser rentables para la publicidad y el marketing, deben vender, deben ser la imagen que convenza a las masas de que la belleza es el medio para alcanzar la felicidad.

¿Cuál es la belleza que se impone en occidente? Hoy, lo hegemónico y lo que vende exitosamente es un cuerpo blanco, delgado y esbelto que nos ha de transportar a la idea de que la persona detrás del producto es ágil, saludable, consume alimentos de forma consciente y tiene el suficiente tiempo y voluntad para hacer ejercicio. La delgadez se ha convertido en un valor por el cual somos visibilizades o no en la sociedad. A pesar de que este es solo uno de los estereotipos que ofrece nuestra sociedad, es partir de ese que se evalúan los demás y se conformará una jerarquía.

Tenemos la imagen construida del “cuerpo perfecto”, debe existir una contracara, aquella epidemia que viene a destruir la belleza ¿qué es lo que novende? Todes aquelles infractorxs de los estándares, les visualmente fexs, les gordes, las mujeres peludas, les que tienen su piel negra o llenas de marcas, manchas, estrías, arrugas, cicatrices o cualquier tipo de “imperfección”.

¿Qué ocurre con los cuerpos excedidos de las normas socioculturales? Son los enemigos de la belleza, los desobedientes de la tiranía. Cuando alguien gorde decide mostrarse en las redes, inmediatamente es acusadx de “fomentar hábitos poco saludables”, hablar de la salud de les otres (de la cual no tenemos idea) es la nueva excusa para tener pase libre a violentar a cuerpos reales y no normativos. ¿Y qué pasa cuando una persona delgada sube una foto fumando, tomando alcohol o comiendo comida chatarra? ¿Acaso es acusa de ser la nueva embajadora de los hábitos poco saludables? No, no pasa nada, porque es flaca, su imagen no incomoda, su imagen es bella y normativa. Los mismos ataques existen cuando les gordes se muestran con cuerpos deseosos, hambrientos de placer. Debemos nombrar la violencia para reivindicar al placer de nuestras corporalidades.

Desnudar la norma

“Come gordas”, “come travas”, “así de peluda no te debe coger nadie”: escuchamos estos comentarios, los conocemos, los eliminemos de nuestro vocabulario. Las personas gordas, trans y fuera de la norma son merecedoras de placer como todos los cuerpos.

Abracemos todo aquello en nosotres que nos señalaron como incorrecto, nos desnudemos de la ropa, la culpa y la vergüenza. Gocemos, desde la piel hasta la mente. Dejemos que el feminismo y el activismo gordx entren a nuestras habitaciones, para poder sanar y apropiarnos de los que nos quitaron. Luchemos por la soberanía y autonomía corporal. Cito a la Lux Moreno, escritora del libro Gorda Vanidosa: “El activismo gordo nos alerta y nos pone en un nuevo estado de resistencia: la autonomía y soberanía de nuestros cuerpos están mediadas por los estereotipos corporales. Procurar desandar estas formas de normatividades ancladas en nuestras carnes que se interseccionan con nuestros géneros, clases sociales, estatus socio-económico, lugar geopolítico, etnia, entre otros; nos permite captar un complejo entramado en el que la cultura nos constituye como sujetos posibles o no.” 

Cojamos, garchemos, nos desnudemos, celebremos la diversidad de los cuerpos encontrándose, nos masturbemos, amemos nuestras pieles y sus pliegues. Gritemos por las calles orgullosxs. Reivindiquemos nuestros cuerpos, su placer y su desnudez.

Miremos al patriarcado directo a los ojos y lo mandemos a la mierda. 

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