El derecho a opinar sobre la sexualidad del otro

[Privacidad. Sexualidad. Derecho. Intimidad. Sexo. Tecnologías. Pornografía. Deconstrucción]

por Constanza Tonello

Pleno siglo XXI. En un pueblo o ciudad, de cualquier provincia, un video es subido a las redes sociales de más uso, cualquiera sea la del momento. El contenido del video: filmaciones caseras de persona o personas manteniendo relaciones sexuales. El video ha sido subido, presumiblemente, sin el conocimiento o el consentimiento de al menos una de las personas involucradas. Las reacciones sociales al video son variadas: vergüenza, repudio, asco, curiosidad morbosa, desagrado, y seguramente, derivará en ridiculización y humillación hacia la(s) parte(s) damnificada(s). Y sobre todo, una imperiosa necesidad de todo el mundo de comentar, criticar, vilipendiar y censurar verbalmente a quien pasa a ser la víctima de la difusión. ¿Por qué? Por su sexualidad, expuesta en dicho video.

Lo relatado no es un caso puntual. Son miles de casos, todos los días, en cualquier lugar, con víctimas de todas las edades. ¿Es correcto llamar víctima a quienes pasan por esto? Yo opino que sí, por varias razones:

El material audiovisual (a veces no son videos, pueden ser fotos, o audios, aunque me voy a centrar en los videos) muchas veces ha sido filmado sin el conocimiento o contra la voluntad de la persona que aparece en él. Sin mencionar el haber sido publicado sin consentimiento. Esto viola el derecho a la privacidad, además del artículo 1071 bis del código civil, y la ley 21.173 (para quienes dicen que no es una acción ilegal).

En el caso de que la persona sea le autore del video, el mismo pasa a ser de su propiedad (y no como comúnmente se cree, “propiedad de quien lo tenga en su poder”. Contrariamente a lo que se predica, en la web SÍ existe la autoría, la propiedad intelectual y el derecho sobre la misma). Al hacer público el material perteneciente a una persona, sin su consentimiento, también se están violentando sus derechos.

Luego de ser publicado, el material suele recibir más atención que cualquier otro tipo de publicación web. Al suceder esto, se elaboran juicios de valor sobre la persona afectada (cosa que, de por sí, no debería suceder). Sin embargo, muchos de estos “juicios” van mas allá de tal cosa y se transforman en ataques verbales, físicos o psicológicos que resultan en daño y perjuicio. Así, el sujeto del video se transforma en víctima. Y lo peor, es que para la sociedad espectadora de ese video, la misma víctima es vista como culpable, e incluso, merecedora de tales “castigos” sociales.

Recalco que estos casos son tan comunes que al leer esto nadie debería sorprenderse u horrorizarse, ya que todos vivimos esta situación desde algún ángulo. Nadie debería tener vergüenza de admitir haber formado parte, ya desde espectador pasive (quien reproduce y ve el video, sin necesidad de ser atacante, aunque forme una opinión sobre el asunto), desde quien arroja la primera piedra (quienes se toman la licencia de atacar, humillar, denigrar o criticar a la víctima — también incluye a quien publicó el video originalmente, a quien lo promociona o lo comparte) y por qué no, desde el lado de la víctima. De hecho, ya son tan comunes los casos que pasamos por alto el análisis que deberíamos hacer sobre el hecho.

Por eso, con esto me propongo a abrir los ojos sobre ciertas cuestiones preocupantes que encontramos a diario en estas situaciones. A esto le llamaré “deconstruir la idea de que tenemos derecho a opinar sobre la sexualidad del otro” abarcando (por ahora) el tema de los videos íntimos hechos públicos.

Pretendo definir, con mis palabras, el tipo de material audiovisual al cual me refiero: es un video (aunque como ya dije, pueden ser fotos, pero tienen un distinto grado de repercusión), filmado comúnmente con equipos caseros (celulares o cámaras domésticas), ya sea por quienes participan en el video o por terceros, mostrando diversos tipos de actos sexuales, tanto en pareja como en solitario o grupos, que difiere de la pornografía por sus fines (la misma tiene fines comerciales) y que es censurable por mostrar, lisa y llanamente, la intimidad de les filmades, ya sea cuerpos desnudos, acciones o comentarios sexuales, y demás.

(Existen distintos tipos de videos sexuales, como filmaciones de violaciones o pornografía infantil, que son aun mas censurables, y aunque tienen mucho análisis detrás, ahora sólo voy a analizar videos donde [se asume que] hay consentimiento previo.)

Lo primero a analizar es la víctima. Partiendo de la base de un video en el cual figura más de una persona, no todas serán víctimas de ataques por sus actos filmados. Las víctimas son, en su gran mayoría, mujeres. Hablando de un video de una pareja cishetero, de les dos participantes, la mujer será quien reciba la mayor parte (si no todos) de los comentarios y las críticas. Ya sea por su cuerpo: si el mismo encaja o no en los estándares de belleza, si sus pechos/nalgas están a la vista aún peor, ya que quienes lo ven se sienten libres de juzgarla por eso; por los actos que realiza: será llamada “puta” (que de paso, no debería ser tomado como insulto: “puta” refiere a una trabajadora sexual) “fácil”, “zorra” y otros tantos nombres peyorativos que se refieren a una mujer que disfruta de su sexualidad. Será calificada maliciosamente por su edad: si es muy joven se la llamará promiscua, será marcada como un blanco fácil, será vista como un producto sexual. ¿Esto debería pasar? No.

Cuando se sabe de una mujer que mantiene relaciones sexuales, a los ojos de la sociedad pierde valor, se la considera no merecedora de respeto, como si el sexo no fuera un acto humano totalmente natural, como si quienes critican a la víctima no fueran, a su vez, criaturas que tienen relaciones sexuales. ¿Y cuál es la diferencia entre la mujer del video y quienes la atacarán, criticarán, etc? Que la privacidad de una ha sido violada, y no del resto. Que la sexualidad de una ha sido expuesta como espectáculo para cualquiera, y la del resto no. Entonces, ¿ese único hecho les da el poder de poner nombres, insultar, reprimir y censurar a la persona por su sexualidad? ¿Quien no ha sido filmado y expuesto en un acto sexual, significa que no los ha tenido? No. ¿Acaso es culpa de la víctima que sus derechos hayan sido violados, que su sexualidad esté en la boca de todos y que su cuerpo sea ahora campo de opinión de cualquiera? No, tampoco. Pero para una gran parte de los espectadores/critiques, la víctima es culpable de lo que le ha ocurrido. Comentarios como “no deberías haber tenido sexo”, “te pasa por puta/trola/[adjetivo repudiante]” o incluso “es tu culpa por abrir las piernas” son cosas que cualquier víctima femenina oirá como “castigo social” por “lo que hizo”. Quiero aclarar que nada de esto sale de mi imaginación, son palabras textuales extraídas de comentarios de diversos videos.

Por un lado, la mujer siempre será mal vista por cualquier cosa relacionada con su sexualidad, pero al ser algo tan real y explícito como un video, estas críticas se transforman en comentarios destinados a destruir, humillar y desmerecer a la víctima. Por ser mujer. Porque a los ojos de la sociedad, ella no puede ni debe disfrutar de su cuerpo (el tema de la opinión social será tratado más adelante, ahora nos enfocamos en la víctima). Por otro lado, el hombre cishetero rara vez es criticado por aparecer en un video. ¿Acaso se volvió invisible? Rara vez se lo intenta desmerecer por participar o no en actos sexuales. En ciertos contextos, incluso es felicitado por su “virilidad” y su “conquista” (es decir, la mujer con la cual tiene sexo, la cual es totalmente cosificada y objetizada). A esto me refiero cuando distingo entre “participantes del acto” y “víctimas”: aunque hay excepciones, en la mayoría de los casos, solamente la mujer es víctima de acoso y ataques por culpa del video. No el participante masculino.

En los videos de relaciones homosexuales o con participantes trans, las víctimas pueden ser varias, y son atacadas justamente por eso: porque en la sociedad, todo lo que no es cishetero es censurado y mal visto, y la violencia LGBT+ tiene muchísimas formas de manifestarse. Pero por el propósito analítico de este texto, me veo obligada a hacer selección y prefiero enfocarme en videos de relaciones cishetero.

El siguiente tema es: la opinión social. O mejor dicho, ¿qué nos hace creer que tenemos derecho a ella, si el objeto de nuestra opinión será la sexualidad de otre?

Partiendo de la base, y como ya dije, les seres humanes, desde un punto de vista estrictamente biológico, están enteramente dotados para mantener relaciones sexuales y que esto les provoque placer. Les humanes obtenemos placer de nuestra sexualidad, eso es un hecho irrefutable. Por eso practicamos el sexo. Dejando de lado las emociones y sentimientos, sexo equivale a placer físico que nos es gratificante. Aun sin un fin reproductivo: hombres y mujeres por igual, de cualquier edad, religión o identidad, tendrán relaciones sexuales. Y así como es un tema de conocimiento público, y que nos afecta a todes, cada une (en mayor o menor grado) tratara su sexualidad con cierta privacidad, respeto e individualidad, porque somos seres capaces de sentir pudor, según Freud. Por lo tanto, nadie puede negar que tiene una sexualidad, la ponga en práctica o no, la ejercite con otras personas o en soledad.

Dejando estas nociones en claro, lo que queda es aplicar la lógica. Si la sexualidad es algo humano y el deseo de la privacidad también, al violarse la segunda la primera se ve perjudicada. Une no puede ejercer sanamente su sexualidad si pierde la confianza en que será un acto íntimo y privado, y no de consumo público. Por esto, todes tratan de manejar sus actos sexuales de una forma en que se sientan cómodes con los mismos.

Pero a veces esto no ocurre, por culpa o por descuido, a veces de un tercero. Ahí es cuando se produce la situación del principio: video, vergüenza, críticas. La víctima del video es herida de muchas formas. Lo que era privado para elle ya no lo es, y eso implica muchas otras cosas. La sociedad se pone en un papel de juez y verdugo a la vez. Critican y juzgan a la persona por haber realizado un acto que todes fuimos heches para realizar, y que todes en algún momento de su vida hacen o hicieron. Nuestros insultos y comentarios denigrantes son un castigo que tenemos que imponerle a esa persona. Y la pregunta es, ¿por qué? ¿Por qué le decimos a esa víctima que cierre las piernas (u otras formas de decir que se abstenga de tener sexo) cuando no hay pecado en el sexo? ¿Por qué le ponemos nombres y adjetivos hirientes, sólo por realizar un acto que todes hacemos? ¿Quién nos dio la toga y el martillo en esta situación? Realmente, nadie. No hay derecho alguno que podamos ostentar que nos dé licencia para atacar a una persona por este tipo de actos. ¿Por qué? Porque al lugar de la víctima lo podría ocupar fácilmente cualquiera. Todes tenemos sexualidad y privacidad, y luchamos por tenerla, y lo único que nos separa de esa víctima es, justamente, que elle la perdió.

Por eso no hay lugar desde el cual podamos pararnos para decirle absolutamente nada a la persona cuya intimidad está siendo observada por todos.

Los videos de esta índole van a seguir siendo filmados y compartidos por mucho tiempo, porque para que esto cambie debe existir un gran giro social sobre el cual aún estamos soñando. Pero sin embargo hay gente de todas las edades, sobre todo adolescentes, que están siendo atacades, violades, perjudicades de alguna forma por su participación en estos videos. Porque las consecuencias son más grandes que una simple humillación.

Solamente quedan dos cosas para decir:

La víctima es la víctima. No importa cuando, donde, como, sus razones o sus motivos. Es víctima. Nunca culpable.

Cualquiera puede ser víctima, y lo que es peor, cualquiera puede ser victimario y atacante. Hasta de une amigue, porque una broma no es siempre una broma para todes.

Tristemente, el sexo nunca dejará de ser un tabú. Hay suficientes instituciones compelidas a evitar que eso pase. Pero aun así hay que deconstruirnos de a poco, une a une, y analizar, por ejemplo, estas cosas. Y que “cada quien hace de su culo un florero”, lo muestre o no.

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