Sí, escribimos un ensayo sobre la peatonal de Córdoba: espacios públicos y poder

[Córdoba. Peatonal. Arquitectura. Espacios públicos. Poder. Alberdi. Miguel Ángel Roca. Arco de las Flores. Giacomino. Bomberos. Pérgolas]

por Eugenia Mackinson

Quien domina el espacio, domina el tiempo de los que viven ahí decía un profesor en una clase sobre el Medioevo feudal europeo y, si bien la explicación espacial sirve para ese período, hoy – como siempre- es el mantra que sigue cualquier planificador. Desde Alberdi que proponía poblar un espacio que sólo “de derecho” era argentino hasta donde se ubiquen los tarjeteros en grandes empresas y las tretas para que, en whatsapp, el otro no vea que yo vi que me escribió (delicada concatenación de acciones) siguen el eco de las palabras que abren este párrafo.

Si bien podríamos ir hasta el infinito en ejemplificar el modo en que los espacios gestionan las relaciones que se entraman en ellos, los espacios de propiedad, dominio y uso público son los que me interesan desandar y particularmente aquellos, como la peatonal de Córdoba, que han sido definidos como un “gran espacio democrático”[1].

Roca, mi buen amigo

Iniciada en 1971, la peatonal de Córdoba se hacía sobre el eje 25 de Mayo-9 de Julio y la calle San Martín; en 1975, Miguel Ángel Roca profundizó tal eje, no sólo prolongándolo, sino extendiéndolo hacía los dominios actuales (que el definió como eje cultural). Demás está acotar que Roca venía con todos los papelitos académicos que avalaban sus ideas y así arranco con todas las modificaciones que se hicieron en su gestión como Secretario de Obras Públicas de la Municipalidad entre 1979 y 1981 y que se realizaron en 1991 cuando asumió como Secretario de Desarrollo Urbano de la ciudad hasta 1993.

Hace un año atrás, las quejas por el estado de la misma se hicieron atendiendo a las pérgolas (que dificultaría en paso de los bomberos en caso en que tuviesen que acceder), sobre los manteros (cuyos productos competían con los de los locales), sobre el estado del  Arco de las Flores  y sobre las lajas (que por el peso se quebraban y, por el pulido de las de mármol, hacían resbalar a cualquier suela que no era Febo).

Premiado por su obra Roca defendió –por medio de recursos legales- su “identidad” por todos los medios y logró que las modificaciones planteadas se abocasen a una tarea de adecuación a sus cánones estilísticos más que a las urgencias de sus habitantes. Ya en 2011 Roca se había opuesto a proyecto del ex intendente Giacomino que pretendía, luego de un informe de Bomberos, retirar las pérgolas; en ese momento argumentó que “la obra tiene cinco premios internacionales, está publicada en el diccionario Espasa Calpe de España, está publicada en 20 revistas, en una docena de libros como identitarias de la ciudad de Córdoba y como ejemplo modélico[2]. Debería también haber acotado que la obra no sólo remitía a Córdoba sino que, también – como todo objetivo artístico post Duchamp-, su firma era la que denotaba el cariz del contenido.

Si contribuimos a la degradación general utilizando materiales pobres o de emergencia, y decimos que no merecemos pisos de mármol, ¿cuál es el ciudadano que no merece piso de mármol? Esa es una concepción de falso elitismo”[3], dijo Roca dos años después, argumento que lo enfrentó al Instituto de Planificación Metropolitana de la Provincia que había decidido junto a los comerciantes cambiar los materiales sobre los que circulaba el flujo peatonal. Falso elitismo ya que, a criterio de su hacedor, el lujo debía primar por ser una zona en la que no hay restricciones al acceso.

La breve historia culmina con los trabajos que ya vimos todos, y que aumentaron en un 8 por ciento el presupuesto original de la obra cuando el mármol blanco de Córdoba y el pórfido largo fino de granito gris de Soto le ganaron la pulseada a las lajas que soportarían el paso de los vehículos que se asoman – circunstancialmente- por la zona.

La historia no tiene nada de particular si así se la mira, pero cuando miramos al suelo las cosas cambian.

 

M’hijo el dotor[4] style.

Provincia conservadora. La Docta, más que seguro; la de las muchas iglesias, pero claro que sí, Córdoba – como ciudad – se enmarca en esa suerte de adjetivaciones que siguen glorificando proyecciones burguesas sobre el espacio y emerge como ninguna en el suelo de la peatonal.

Las fachadas del Monse, la Iglesia de la Compañía de Jesús, la Legislatura, la Catedral y el Cabildo se rebaten sobre el suelo. Uno camina sobre la estructura que más que proyectada –como la sombra de cualquier cuerpo- se duplica sobre el espacio público. Éstas, más que edificaciones, son prótesis de ciudadanía que, al agenciar sobre nuestros pies, estabilizan los modos en las que la misma es deseable, en tal sentido, “cuando la copia se inscribe o inserta en el cuerpo mismo, hablamos de prótesis” (Cabrera Fonte, 2009:21).

El sujeto modelo de la peatonal, aquel que se escurre dentro de las estructuras de poder que se espejan en su suelo, entra a la matriz educacional superior, a la iglesia y al poder político. Falso elitismo, las polainas falso elitismo, claro elitismo que se podría emparejar con la lectura del gusto en Bourdieu quien, en Las reglas del arte: génesis y estructura del campo literario, sostiene que la misma no existe como tal sino que lo existente son variadas producciones que, siendo legitimadas y aceptadas por grupos políticos hegemónicos, son recursos de éstos para salvaguardar su posición en el campo del gusto de la acumulación estética.

En tal sentido puede afirmarse que “la cultura burguesa es a la sociedad moderna lo que la religión era a la sociedad precapitalista, su fetiche supremo y, para recordar las palabras de Luckács, la ‘negación de su propio suelo’” (Wacquant, 2005: 160). Hombre culto, alta cultura, hombre de letras debería usted andar pero, como le dice Artaud en una carta a Breton publicada dos años después de que éste lo hubiese expulsado del surrealismo acusándolo de desviacionismo literario: “Lo horrible, Señora, está en la inmovilidad de esos muros/ de esas cosas, en la familiaridad de los muebles que la rodean/ de los accesorios de su adivinación, en la indiferencia tranquila de la vida / en la que usted participa, igual que yo” (Artaud, 2005: 33).

Lo horrible no es que Roca pueda intervenir en una política pública sólo para salvaguardar la identidad de su obra, ni que el presupuesto haya aumentado un 8 por ciento que sale de nuestros bolsillos, ni siquiera es que esos sean sólo los edificios que se proyecten; lo horrible es que en este baile conservacionista, en el que el hombre de letras baila con la alta cultura, en el que el graffiti más que hibridación[5] es un acto de vandalismo (WTF),  en el que el linyera que come del auto que estaciona frente a la catedral, auto que pisa el mármol blanco de Córdoba que todes nos merecemos, es un sujeto que se resguarda en el espejo que proyecta la institución. Lo horrible, señora, es que todo deba seguir igual. Lo horrible esta en participar, en esta indiferencia tranquila que no pasa por la universidad, la iglesia, ni el poder político, sino que pasa por sus espejismos, que duerme en sus mármoles blancos y que pide sobre el granito gris de Soto.


 

[1] “Lo bueno de la peatonal es que es un espacio profundamente democrático, porque alberga al vendedor ambulante, al que pide limosna, al músico solitario y al señor de clase alta” dijo Roca

[2] http://www.lavoz.com.ar/listas/peatonal-las-claves-del-conflicto-por-las-lajas?item=1

[3] Tomado de declaraciones de Roca a La Voz del Interior en 2013. Remítase al link de la nota 1.

[4] Obra teatral escrita en 1903 por el uruguayo Florencio Sánchez.

[5] En línea con los desarrollos del antropólogo argentino Néstor García Canclini, sobre todo en su obra Culturas híbridas. Estrategias para entrar y salir de la modernidad (1990)


Bibliografía.

Artaud, A. (2005 [1929])  El arte y la muerte/Otros escritos. Buenos Aires: Caja Negra.

Bourdieu, P. (1995 [1992] Las reglas del arte: génesis y estructura del campo literario. España: Anagrama.

Cabrera Fonte, P. (2009) “Prótesis y sexualidad en ‘Un hombre así’ y ´Cuando vengan a buscarme’” en Revista Iberoamericana, vol. LXXV, n°226, enero-marzo 2009, pp. 21-32.

Wacquant, L. (2005) “Tras las huellas del poder simbólico. La disección de la ‘nobleza de Estado’”, en Löic Wacquant (coord.), El misterio del ministerio. Pierre Bourdieu y la política democrática, Barcelona: Gedisa, pp. 159-178.

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