Por qué el fútbol sigue siendo atractivo a pesar de todo

[Fútbol. Mundial 2018. Atractivo. Pobreza. Les Bleus: Una historia de Francia. Messi. Netflix. Zindane. Eduardo Galeano]

por Leandro Martino (@Lea_martino)

Se hace difícil entender por qué el fútbol es el deporte más famoso del mundo y, quizás, la “cosa” más famosa. ¿Hay algo que sea más universal? ¿Los Beatles? ¿La Coca-Cola?

Permitanmé dudar. No quiero prejuzgar, pero dudo que un chico jugando en la calle, en la más profunda pobreza del África Meriodinal, sepa que existe un grupo musical que revolucionó el mundo, o una bebida que a pesar de causar todos los deterioros existentes (diabetes, osteoporosis, obesidad) sigue siendo la más vendida del planeta. Sin embargo (y acá voy a prejuzgar nuevamente), probablemente ese chico si sepa lo que es una pelota de fútbol, y quizás esté jugando con ella.

Una de las cosas que más llaman la atención respecto al fútbol, es su capacidad de supervivencia. Porque en una sociedad que avanza, en términos de igualdad de derechos y aceptación de la diversidad, triunfa el fútbol, un deporte en el que la homosexualidad está mal vista, en el que las cámaras de los partidos se dedican a enfocar mujeres mientras los comentaristas tiran chistes por abajo, “en complicidad” con el televidente, no sólo cosificando a la mujer sino también dando por hecho que ese “televidente” es un hombre heterosexual. Pareciera que va a contramano de la sociedad y sin embargo, sigue siendo alabado y venerado por hombres y mujeres, machistas y feministas, cristianos y ateos. Y esto no es señalar con el dedo a nadie, yo mismo, que me declaro un fanático de este deporte, muchas veces me planteo este tipo de cosas.

Entonces, de esto deriva la pregunta del millón: ¿Qué hace que el fútbol sea tan atractivo para la gente?59dd6e97aa1ebDespués de haber visto (y seguir viendo) fútbol por muchos años, podría afirmar que no es simplemente el entretenimiento del juego. Siendo sincero, de la gran cantidad de partidos que se juega anualmente en todas las competiciones del mundo, elegimos ver sólo un porcentaje: mundiales, Champions League, un par de ligas atractivas, y algo más. Ni el más fanático aficionado del fútbol podría organizar su día sólo en pos de tener tiempo para ver un partido de la segunda división de Bulgaria (salvo que sea seguidor de ese equipo, o sea, un búlgaro muy aburrido). Es más, incluso los partidos más vistos a nivel mundial suelen generar más expectativas de las que cumplen.   Entonces, el fútbol no es un deporte divertido en sí mismo. Hay algo más.

También es llamativo que sea más popular que otros deportes: ¿en qué mundo racional podría el fútbol ser más entretenido que el voley, el basquet o el handball? Deportes en los que cada 30 segundos hay una emoción, un doble, un punto, un gol. Todo eso enfrentado a un fútbol en el que muchas veces en 90 minutos no hay ni un sólo momento de tensión, ni una explosión, ni un punto, ni un doble, ni un gol, ni nada. La intriga, dirán algunos. El hecho de que no se sabe cuándo puede llegar la emoción. No me convence. En un mundo lógico, si ponemos dos deportes de manera paralela: uno en el que hay emociones aseguradas, y donde el vencedor no se sabe hasta el final (creo que ahí está lo interesante del deporte), y otro en el que es muy probable que durante 90 minutos no pase nada, o pase una sola cosa interesante incluso con la posibilidad de que no haya un vencedor, claramente elegiríamos al primero de ellos. Entonces la cuestión de la intriga tampoco es suficiente.

Pero entonces, ¿qué es? Hay una frase que escuché cuando era más chico y siempre dio vueltas en mi cabeza. Honestamente, no sé si vi el testimonio en televisión o me lo contaron, pero eso poco importa. A la salida de un estadio de Córdoba, un hincha, algo pasado de copas y con unas ojeras que demostraban que había tenido un fin de semana intenso, le gritaba textualmente a los simpatizantes del equipo rival: “¿Qué pasó eh? Acá ganamos los negros, ustedes tienen la plata pero acá los negros les ganamos”

No sé si ese hincha se habrá dado cuenta, pero resumió 150 años de historia futbolística perfectamente. Ahí está la clave. El fútbol iguala, el fútbol da esperanza. No importa de dónde venís, no importa tu color de piel, no necesitás ningún recurso económico para jugarlo. No necesitas raquetas, no necesitás aros, no necesitás arcos, ni redes. Ni siquiera necesitás zapatillas, es más, ni siquiera necesitás una pelota. Necesitás cualquier cosa que pueda oficiar de pelota (una media, una piedra, una tapita de gaseosa, un bollo de papel), y cualquier cosa que pueda oficiar de arco (las hamacas de una plaza, los arbustos, dos remeras, el portón de un vecino que te insulta, y todas las combinaciones que te puedas imaginar). No hace falta pagar la cuota de ningún club, ni ser socio de nada. La clave está en lo universal que es.

411198Un muy lindo ejemplo de esto es el documental “Les Bleus: Una historia de Francia” (Netflix), donde se ve como un pueblo en gran parte racista, el francés, aclama a Zidane (de padres argelinos) y lo pide como presidente tras el triunfo en el Mundial de 1998. Este no es el tema central del film, ni mucho menos, pero si puede ejemplificar como ese racismo puede transformarse en alabanza a través del deporte. Ojo, no pretendo reivindicar la cultura del fútbol. De hecho, en el documental mencionado también se muestra que esa alabanza es falsa y temporal, y no resuelve el problema discriminatorio que hay de fondo.

Pero a fin de cuentas, resulta que el fútbol es el único lugar en el que alguien puede enorgullecerse de que le digan “bostero”, “canalla” o “leproso”. Algo mágico tiene, algo que lo hace generar más atracción que todo lo demás, y que lo hace seguir triunfando más allá del paso del tiempo y los cambios sociales.

Hay una frase de Eduardo Galeano que seguramente podrá explicar mejor que yo qué es eso que vuelve al fútbol tan atractivo: “Siempre jugué muy bien, maravillosamente bien. Era el mejor de todos, pero sólo de noche, mientras dormía”. Pareciera que ese “algo” que tiene el fútbol para ser tan popular, ha causado muchos males en la sociedad. Es eso que hace que la gente confíe en el otro y termine siendo estafada, que hace que le recemos a un Dios en el que no creemos cuando estamos en peligro, pero que también nos mantiene vivos, y sin el cual no podríamos vivir (algunos exagerados dirán que hablo de fútbol, pero no).

Ese algo es la esperanza.

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