por los editores antiguos, presentes, y algunos futuros de Nadie es Cool (@nadieescool)

Ilustraciones: Julieta Gutnisky (@yosoyjuligut)

Georgina Zerega (ex-editora, línea fundadora, @zeregag)

Nadie es Cool siempre respondió y responderá a una ley: la del caos. Un ridículo y orquestado caos que se convierte constantemente en el hilo de la disconformidad. La anti postura, lo anti políticamente correcto, la anti narración que condene a algunos a formar parte de un círculo de complicidad, donde todo se sobre interprete y se transforme de tal manera que funcione como sistema de protección ante la realidad. Un eterno retorno nuestro, propio, con el que jugar a cambiar nuestro futuro y el de todos, aunque sea por unos minutos al día.

Agustina Chaves (ex-editora, línea fundadora, @chasugus)

Casi como un puñal destinado a clavarse en una cabeza que suena a hueco, las ideas de una mente brillante que no lo es, ni lo fue, ni lo será, intentan no desaparecer plasmándose en unas cuantas gotas de tinta cibernética que prometen rapidez, eternidad, y utilidad.

Casi como sangre que circula en el mismo cuerpo una y otra vez sin parar, en un corazón en el que nunca podrá habitar, en unos ojos sanos en los que nunca se podrá observar, las percepciones ajenas recorren como venas a punto de coagular y provocar un ACV, un tic, una parálisis: el final.

Casi como un golpe seco una idea, un pensamiento, una oración leída en voz alta en una cabeza rodeada del vacío que provoca la inmersión en un mundo paralelo, produce la angustia que será el inicio del cuadro justo en que se rompe el corazón de Ralph, y el tuyo, y el mío, y el de todos.

Casi nada.

Casi todo.

Y mucho más.

ensayos

Lucas Peretti (ex-editor, línea fundadora, @lucperetti)

Me estresó más de lo que me interesó

Favio Campos (editor de cómics Black Hole, @FavioM_Campos)

La importancia de llamarse Black Hole.

Recuerdo estar en 2016 invitando a una ilustradora para que se sumara al primer grupo de 4 artistas que conformarían Black Hole, y que serían los cimientos para mantener la sección en los años siguientes.

Ella aceptó con gusto, se tomó un tiempo para revisar la página y desde ahí pensar qué nos podía aportar y desde dónde podía enfocar la tira para que “pegue” con la revista. Su siguiente mensaje, con lo que sentía que representaba la sección, fue “Una persona loser”.

Loser porque no éramos cool, loser porque lo que sobrevuela en la revista es el nerdismo. Lejos de sentirnos ofendidos, aceptamos esa visión sobre nosotros, porque tampoco era que lo íbamos a poder ocultar demasiado tiempo. Así que abrimos ese agujero negro para atraer otra expresión. Ya teníamos ensayistas y cuentistas, faltaban los que hacían “dibujitos”.

En 2017 el staff de Black Hole se hizo enorme. La variedad en estilos e intereses enriquecieron la sección, que se convirtió en un pilar monumental en la creación de contenido.

Los ilustradores tienen otro lenguaje que reduce el mensaje en algo más sintético, directo y eficaz. Que puede ser admirado tanto como ir a la contratapa de un diario para leer las tiras de humor, como para ser consumido a la velocidad de las historias de instagram.

Y de eso se nutrió este año, ese fue el principal aporte que nos dieron los dibujantes y que nosotros intentamos trasladar al público, la atención al detalle de un producto cultural, el acopio del mensaje, para bien o para mal, junto con el entretenimiento, pero sin olvidar la urgencia, la espontaneidad y lo fugaz de estos días.

Y son los mismos ilustradores los que nos empujaron a realizar este año un crossover de secciones, en donde diferentes participantes de Black Hole interpretan los ensayos de los redactores. Su importancia en la página es cada vez es más grande, y cada año buscaremos ampliar su influencia, porque es un arte, una expresión y una visión del mundo que nos encanta seguir difundiendo.

comic

Federico Frittelli (editor de ficciones Knock Out, @fedefrittelli)

No es el grito desesperado a las 5 de la mañana que implora por un after que no aparecerá para aplazar apenas unas horas la angustia de la cama vacía, no.

No es el pacto suicida, última metáfora de cualquier promesa, sublimación de la confianza, imposibilidad, cobardía de ceder la mitad de mi muerte a alguien que nunca sabemos si de verdad estaba ahí con nosotros, no.

No es evadir los sagrados circuitos de la masturbación académico literaria para buscar la aprobación de nadadores expertos de ríos infestados por la corrosión de la soberbia y el cinismo, no.

No es zambullirse en el progresismo estupidizante como morfina inyectada directo en nuestras venas con esa jeringa de likes y replies y favs para tranquilizar nuestra culpa social, no.

No es lunes a las 9 de la mañana ni viernes un segundo demasiado tarde, cuando todos se están yendo y ustedes se miran y saben, saben que algo más fuerte y grande que ustedes los separa en ese momento y para siempre, que no llegaron a tiempo a la cita con Dios y el castigo divino fue el aburrimiento, no.

No es (redoble de tambores, acordes mayores que transitan hacia menor, una leve tristeza que no sabemos de dónde salió inunda la habitación y creemos sentirnos bien dentro de ella, la dejamos mover nuestros ojos por nosotros, la dejamos decretar nuestras decisiones por nosotros), no es, decimos, una revista cultural.

Nadie es Cool es, en todo caso y por lo menos, una plegaria que mandamos al vacío de una ciudad muerta de desidia hace ya más de tres años, y la esperanza idiota y obstinada de que alguna vez, un buen día, quizás ni siquiera nosotros ni los que nos sucedan, podamos responderla con inteligencia.

ficciones

Manuel Rivero (editor audiovisual, @_mrmanu)

Cuando las luces de la calle se prendan con un titilar sordo y la última persiana metálica se cierre con un sonido que recuerde a un disparo y la ciudad se transforme. Cuando el pavimento aun caliente y las ventanas negras te envuelvan en una masa viscosa que te arrastre hacia abajo y te estrangule sacándote el aire.

Cuando lo que te rodea se vuelva una pantalla circular por la que ves correr a todo el mundo con las mascaras puestas para fingir una pelea contra el sistema al que no dejan de alimentar.

Cuando todos los perfiles te parezcan el mismo y te duelan los dedos de escarbar en la pantalla buscando la aprobación de los números en la barra de notificaciones. Cuando ni gritar sirva porque eso también es parte del guion agobiante del que no podés salir a respirar. Cuando todas las preguntas que no te habías hecho empiecen a dejarte finos cortes en la piel y la cara se te vuelva hacia adentro para dejarte ver el abismo.

Cuando todo eso suceda, cuando todo eso afortunadamente suceda probablemente te encuentres solo.

Nadie es Cool está para negártelo.

Nadie es Cool no es el amigo que va a salvarte la vida aniquilando los monstruos que van a formarse cuando tu interior choque con el exterior con la fuerza del big bang. No es el clavo ardiendo del que agarrarse en una desesperada y confusa huida de vos mismo, ni un oasis en el medio del desierto, ni todo eso que esperabas de algo o de alguien.

Nadie es Cool vendría a ser más como un recordatorio; un post-it pegado en la heladera antigua que abrís para escaparte del verano que, con una letra fea de bic trazo fino, te asegura que hay algo más allá de todo esto. Nadie es Cool es la página del libro en la que pensaste que el escritor hablaba de vos cuando te diste cuenta de que en realidad no estabas solo. Es esa canción que reconocés en la radio mientras el cielo se cae por la ventana y el cemento se abre para dejarte escuchar las voces de todos los que están por ahí estancados en sus propios guiones, con el miedo horrible de que al final de la temporada su nombre no salga en las letras chicas.

Porque, a fin de cuentas, aunque la pretensión de ser diferentes los haga a todos iguales y las antítesis se vuelvan tesis llenas de tatuajes rezándoles a dioses inexistentes creados y destruidos en segundos, mientras exista una persona que se haga al menos una pregunta más, aun sabiendo que la respuesta podría destruirlo, todo vale la pena. Todo.

Nadie es Cool te lo recuerda. Hey, ellos no son cool pero vos tampoco. Aunque rompas, grites, patalees y hayas visto todas las películas del mundo. Lo bueno es que no hace falta que lo seas porque debajo de todas tus pretensiones, tu ropa, tus actitudes y todo lo que creías que estaba bien hay alguien más. Alguien que puede hacer todo eso que es imposible, que puede agarrar por el cuello al guionista de la eterna película en la que vivís y obligarlo a reescribir el final. Y Nadie es Cool está ahí solo para guiñarle el ojo a ese alguien y decirle que aunque se muera de miedo y por momentos todo se vuelva de un color gris verdoso, no está solo.

No estás solo

nectv

Pablo Durio (editor, línea fundadora, @PabloDurio)

Te cree con mis amigos y mis amigos se fueron, todos con justa razón, y nos dejaron solos. Ese día entré y me senté en un costado, en uno de tus ángulos rectos, y me agarré las piernas rodeándolas con mis brazos para no llorar. Es como un grito que llega a través del cielo. No es la primera vez que pasa pero, ahora, no hay nada con qué compararlo. Hay un millón de revistas culturales y nosotros te creamos con un montón de principios que después no respetamos, porque fuimos creciendo, porque nos fuimos aburriendo, porque todo cambia por lo que, si te dejo morir, a nadie le importaría. Mira, copio y pego esto porque para mí es justamente lo que yo sentiría: por encima de él, unas vigas de sustentación tan antiguas como una reina de acero y, aún más arriba, unos cristales que permitirían pasar la luz del día. Pero es de noche. Le asusta la manera en que pronto caerán los vidrios. Será un espectáculo: la caída de un palacio de cristal. Un derrumbamiento en apagón total, sin un solo destello de luz; sólo un estrepitoso e invisible desplome. Nadie lo vería más que yo, que estoy ahí adentro y aprendí y ayude a edificar el cielo estrellado que nos cubre a todos. Y, entonces, sabes qué me pone orgulloso y por qué no salgo al cordón de la vereda mientras te veo caer: porque a veces pasa que me llega un mensaje sorprendente (los tengo a todos guardados) que dice con las variantes propias de quien los escribe más o menos lo mismo, que por alguna razón alguien se siente parecido a nosotros, que se reconoce a lo lejos como se reconoce a un amigo perdido hace años, y que eso lo hace sentirse menos solo. Sí, lo mismo de siempre, tenemos 20 años y no sabemos a dónde ir pero, al menos, nosotros ofrecemos la oportunidad de hacer lo juntos. Alguien me dijo que necesitábamos un mesías, alguien me dijo que tenía un montón de amigos pero que tenía miedo de no contar con nadie cuando algo le pasara a las cuatro de la mañana, alguien me dijo que no había a encontrado a alguien similar en toda la facultad y que tenemos algo especial, alguien (muchos) agregaron fragmentos de nuestras conversaciones en sus notas y nosotros sonreímos en secreto. (A todo esto que digo podemos leerlo en los textos de más arriba y lo sabes, son como susurros cercanos que se volvieron ecos lejanos de nosotros mismos). Por eso estoy acá, dispuesto a barajar y dar de nuevo en la trágica comedia de tener que arrancar de cero cuando todo parece haberse partido en uno, porque me gusta esa complicidad que la mayoría de las veces termina en desilusión. Por eso también guardo esos mensajes, para leerlos cuando la explosión parece llegar y los cimientos tiemblan en medio de la noche más oscura de nuestras vidas, cuando se hacen las cuatro de la mañana y no, no tenemos a quien llamar. Estamos parados en las ruinas de un castillo de cristal que cascoteamos nosotros mismos, pero ¿qué vamos a hacer? ¿sentarnos a llorar? No, vamos a hacer lo mismo que hicimos siempre: desprendernos del pasado y mirar hacia adelante con un bolso a medio armar repleto de chistes sin sentido, referencias inentendibles, discursos armados para desarmarte el alma, caprichos y frases de amor junto con un millón de bobadas de todas las clases. O a lo mejor solo eso último porque siento que suena re bien (lo digo de nuevo mientras veo unos ojos azules recortados sobre el cielo de la tarde y mientras una botella de vodka se vacía para que alguien escupa sus clásicos dramas existenciales y mientras me abrazan entre luces y músicas y drogas y desconocidos centelleantes de más o menos todos los tipos en sus formatos estéreo y mientras alguien se humedece los labios cuando me mira la boca y mientras creemos, arrinconados en esos subsuelos de nuestros cerebros a los que no queremos bajar porque la superficialidad siempre es más reconfortante, que algún día vamos a ser nosotros los que escribamos ese libro definitivo y con sentido que resuma toda esa mierda que llamamos nuestra generación), escucha cómo se forma en mis labios que también son los tuyos: bobadas-de-todas-las-clases.

falopa

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