“Let me instead, remember, lineage […]
I will teach you/ the language I’ve studied/ in dark, crowded parties/
trying to show a soft neck/ my justice.”

Muggs FogartyNerve

por Alexis Ravera (@AlexxRavera)

La línea narrativa en donde los putos siempre mueren va más o menos así:

1.uno cae en la cuenta de su putez como algo horroroso, abyecto, y que debe ser mantenido en secreto

2.uno procesa el hecho maldito (uno mismo)

3.uno sale al encuentro de lo infame

Es sobre salir al encuentro de lo infame que quiero hablar.

En la Edad Media el poder disciplinario de la narración era primeramente didáctico: si nos contamos historias perturbadoras sobre el bosque, nadie va a morir en él porque nadie va a visitarlo. No ser heterosexual/cisgénero [1] es haber crecido temiéndole al bosque por los cuentos con los que te acunaban. Y que el bosque termines siendo, para bien o para mal, vos mismo. Eventualmente vos entendés que el bosque es interno y externo y que no tiene límites materiales fijos. Y que las moralejas de las historias de niños nunca han sido sobre que uno se recorra a sí mismo (el bosque-adentro) ni a otros (el bosque-fuera)

Entonces, visitar el bosque es un hecho disruptivo. No todos se animan. No todos pueden. No todos quieren.

Visitar el bosque es caer en la cuenta de que quienes narran esto que existe fuera de las murallas del castillo, nunca han salido o sólo han visto el más allá de las murallas por encima.

Recorrer y habitar el bosque es dejar que se te caigan los grandes relatos que sostienen el mundo.

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Ahora, ¿dónde se encuentran los bosques? ¿cómo se construyen los bosques? ¿dónde encuentro un montón de maricas, tortas, travas y trans juntos en este mundo condenado? Uno tiene noción de que debemos ser un montón porque, no sé, leyó un libro de cuentos con fotos del bosque y sabe que existen de verdad, algo así como una realidad concreta. Y en algún punto también uno ansía el bosque, la destrucción, siente que los árboles lo llaman, y el deseo es más grande que el pavor. Y termina en un antro fascinante. Sí, los espacios que no son hetero/cis son fascinantes. En ellos, el encuentro de lo infame.

El espacio, lo que hacemos con el espacio o cómo hacemos el espacio, más bien, en una cuestión constitutiva de moverse fuera de la norma hetero/cis [2]. Sobrevivimos como personas desviadas porque tenemos lugares de encuentro, porque sabemos dónde hallarnos. Y es una cuestión de linaje, siempre hemos sabido como coincidir para desearnos, amarnos, construirnos, enseñarnos, empoderarnos; como sobrellevar el exterminio, el pecado originario de haber abandonado la seguridad de las murallas. La construcción de espacios de encuentro es la estrategia que hemos hallado de gestionar el exilio, “una forma más radical del exilio, cuando el propio yo es el exilio, cuando la existencia es exilio, cuando lo más propio de la persona es su estar, o su ser exiliado” (Vidarte, S/D)

Fuera del alcohol barato y la música muchísimo más copada de los antros no heterosexuales, los códigos implícitos han sido siempre los que me han deslumbrado. Vos podés darte cuenta quienes pertenecen o no al lugar: generalmente, los hay hetero(normados) que están cerca de la barra o en una esquina lo suficientemente alejados de la masa en éxtasis como para no perder su hombría; y las hay hetero(normadas) que miran todo como si fuera un zoológico y a las maricas como si fueran un accesorio más que pueden adquirir. Quienes no somos hetero/cis, por otro lado, solemos tener una aproximación distinta a los cuerpos: en nuestros espacios la lógica depredatoria de los boliches heterosexuales no existe, y menos mal.

A su vez, no ser hetero/cis te lleva a tener una lectura profunda de las espacialidades en donde no somos mayoría: uno sabe en que espacios nuestros cuerpos y deseos están habilitados y en cuáles no. Cuando me leían como piba y salía con pibas, chapar en calles oscuras y desoladas o en frente de controles policiales no era algo muy inteligente. Como persona trans, los baños y vestuarios segregados son, bueno, complejos. Uno comienza a estar a atento, también, a las lecturas que los demás hacen sobre sus prácticas: hay gente que lee mi expresión de género como amenazante, mi política es no quedarme solo con ellos mucho tiempo, porque valoro mucho un cuerpo con órganos sanos; ser maricón delante de un equipo de rugbiers no es algo que preferiría, por ejemplo. Siendo trans y bisexual hay muy pocos espacios allí en donde tenga la certeza de que no hace falta que tenga que caretearla o en los que no vaya a ser violentado. Los hospitales, por ejemplo, solo son amigables para las personas cis. Con lo que eso implica.

En definitiva, en el espacio “el cuerpo propio, así como la intercorporeidad, se despliega bajo la paradoja de ser condicionado y a la vez condicionante: nuestro comportamiento se va estilizando por el hábito y las relaciones con los otros, formando un modo de ligarse al mundo.” (Lucero, 2016), lo que lleva a que quienes no nos movemos dentro de las normas hegemónicas tengamos conceptualizaciones particulares y estratégicas de la espacialidad, que nuestros marcos de percepción sean más afilados: sin otras concepciones del espacio quienes no somos hetero-cis no podríamos siquiera ejercer el deseo, construir nuestras subjetividades y mucho menos sobrevivir.   

Todo esto hace que los espacios de encuentro infames sean valiosos. Que reconocer y recorrer el bosque sea una experiencia vitalísima. Y hay una productividad inmensa en nuestras formas de apropiarnos de espacios: desde el poder imaginar la sexualización del espacio público (baños, saunas, parques), a atentar contra el binarismo occidental de género apostando por baños y vestuarios no segregados; para poder pensar y concretar otras formas de vincularnos. La creatividad siempre ha estado de nuestro lado.

Celebrémosla.    

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[1] Cisgénero es toda persona que no es trans (más o menos, pero para la claridad de este articulo será usado así)

[2] Esta teorización se ubica en la conceptualización de espacialidades queer trabajada por, entre otros, Jack Halberstam

***

Bibliografía:

Helberstam, Jack (2005). In a Queer Time and Place: Transgender Bodies, Subcultural Lives. New York and London, New York University Press

Lucero, Jorge Nicolás (2016). Espacio del género, movimiento de la orientación: reflexiones fenomenológicas en torno a lo queer. Avatares filosóficos #3. Buenos Aires. Filosofía de Género

Vidarte, Paco (S/D). Extravíos. S/D. Disponible en http://www.hartza.com/extravios.pdf

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