por Federico Santos (@fedesantos)

Bojack Horseman probablemente sea la serie más tramposa de todos los tiempos. Basta mostrarle una imagen a alguien que nunca la vio y preguntarle si esos colores alegres y seres antropomórfos lo van a hacer reír o llorar y esperar su respuesta. Quizás por eso algunos se indignen cuando vean tres capítulos y no terminen muertos de risa. “Bojack no es para todos” se esgrime como defensa de la serie desde una posición esnobista. Desde mi perspectiva, hay gente que va a encontrar más identificación con algunas temáticas en especial pero todos pueden encontrar algo valioso. Porque Bojack apela a temas universales como la búsqueda de la felicidad, la identidad o la familia. Y los trata mejor que la mayoría de las series de drama con personajes de carne y hueso.

La serie genera un gran fanatismo quizás porque pocas veces se ha visto un retrato tan bien logrado de los trastornos mentales y la búsqueda por llenar el vacío; lo que a priori pareciera ser una crítica a la cultura de la celebridad, rápidamente nos encuentra identificándonos con varios personajes: todos alguna vez nos vimos avasallados por la vida y su absurdo, y cómo sobrellevarlo es un tópico al que la serie intenta dar variadas respuestas.

Bojack se aferra a distracciones banales tales como drogas, alcohol, o sexo casual, las cuales le funcionan hasta que se encuentra cara a cara con sus problemas (ya sea por leerlos en papel o por ver su reflejo en otro personaje). Encontrar que Diane escribe mal sobre él, o verse plasmado en Sarah Lynn y su final, le producen una caída abrupta en la realidad y la angustia. Así como también el desmoronamiento de Eddie (la mosca) lo hace reaccionar y emprender su vuelta a Hollywoo para tratar de cambiar y no terminar de ese modo. Porque quizás ese sea el objetivo del show: encontrar nuestros problemas en estos personajes para reconocerlos y poder hacer algo para cambiarlos.

Bojack, como todos nosotros, quiere creer que es bueno por dentro y que las acciones que realiza (sin importar lo grave que sean), no van a cambiar el hecho que es una persona de alma caritativa afectada por sus traumas de la niñez. Pero el show responde tajantemente negándole (negándonos) esta posibilidad. “Vos sos todo lo que está mal con vos” le dice Todd. “No creo en el ‘por dentro’. Pienso que todo lo que sos es sólo las cosas que hacés” le expresa Diane. Ser el responsable de nuestra propia felicidad, (la “libertad radical”, como acuñó Sartre), es mucho para digerir. Tal vez por eso quienes nos lo sentencien sean dibujitos mitad animales mitad humanos.

 

La serie reconoce la carencia de sentido de la vida y nos plantea varias opciones para afrontarlo. Podemos distraernos con placeres inmediatos, como Bojack. Otra opción es llenarnos con constantes tareas como Todd. También podemos trabajar incansablemente, como Princess Carolyn. O buscar completarnos en nuestra relación con otros por más que tengamos que entrecerrar mucho los ojos, como Diane. Pero probablemente el mejor consejo lo podamos encontrar en Mr. Peanutbutter, quien aunque pueda parecer ingenuo a primera vista, reconoce el absurdo de la vida y que “nada de esto importa”. E intenta ser feliz de todos modos, como el mito de Sísifo, quien, condenado a hacer rodar la misma roca por una colina para siempre, abraza lo absurdo de su situación y, según Albert Camus, uno lo debe imaginar feliz. Y eso es algo de lo que podemos aprender todos.

Bojack Horseman es un show avasallante porque dice la verdad. Se tiene que hablar de depresión, de ansiedad, de demencia, del alcoholismo, de asexualidad y de aborto. Y la serie lo realiza de una manera cruda y sincera que hace imposible que uno no se sienta apelado. Porque reconocer los problemas es el primer paso para empezar a cambiarlos. Si eso te parece demasiado para una serie de animales coloridos, probablemente Bojack Horseman no sea para vos.

Comentarios

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.