“Tengo ego, me gusta que me digan que soy genial, que se respete mi trabajo. Y no quiero parecer ingenuo, pero no sé por qué ocurre. Me fascina el mundo, seguramente porque nunca he entendido cómo funciona”
-Jarvis Cocker

por Octavio Suárez (@octaviowashere)

 

La década de los noventa fue una pieza clave a la hora de definir la cultura contemporánea del Reino Unido. El surgimiento de nuevos grupos, nuevas tendencias de moda y todo lo que respecta a la Cool Britannia, fueron los aditivos necesarios para gestar una flamante escena independiente, que emergió desde la más profunda periferia social hasta el epicentro del mainstream mundial. Basándonos en lo ordinario, podemos afirmar que el Britpop es un subgénero del rock alternativo nacido a principios de los años 1990, caracterizado por la delicadeza del sonido, la simplicidad de las canciones y la aparición de bandas influenciadas por grupos de las décadas de los años 1960 y 1970, bajo el manto de la denominada British Invasion.

Pero, ¿acaso es suficiente un puñado de palabras bonitas para definir a un movimiento tan representativo para la época? Desde mi punto de vista, el Britpop excede los límites de lo que se puede considerar como “subgénero musical”, ante la hipótesis de que, quizás, simplemente no lo sea.

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A comienzos de la década, el underground británico atravesaba un periodo de evolución constante bajo la presencia de escenas regionales, por ejemplo la movida Madchester, que involucraba a bandas en crecimiento como The Stone Roses y Happy Mondays, entre otras ya afianzadas (véase a The Smiths y New Order). Además, la participación de los clubes locales y la prensa fue esencial en la génesis y expansión de esta nueva ola, que poco a poco iba adquiriendo un papel protagónico y competitivo ante el surgimiento del Grunge estadounidense como antagonismo principal (según afirman algunos).

En las bases de esta continua nebulosa, podemos destacar a algunos de los grupos más emblemáticos, entre ellos Pulp, Blur, Suede, Oasis y The Verve, considerados como una alternativa fresca al pop convencional.

Definir su sonido es algo realmente complicado, digamos que no hay una hegemonía sonora que logre encasillar a todas las bandas bajo determinadas características fundamentales, si se tiene en cuenta la divergencia existente entre grupos como Oasis o Blur, pero sí podemos destacar el uso de melodías vocales pegadizas, estribillos repetitivos, infinitos coros y una instrumentalización levemente desprolija y alejada del virtuosismo, como punto en común. En lo que respecta al apartado lírico, gran parte de estos grupos logró expresar las vivencias de los jóvenes británicos del momento, con todo lo que esto conlleva, relatando experiencias de iniciación en las drogas, conflictos amorosos, depresión y en muchos casos, cuestiones de desigualdad social.

Blur-vs.-Oasis

Por otro lado, se da inicio a nuevas tribus urbanas o “Mods”, con sus borcegos Doctor Martens, camisas polo, lentes de marco grueso y un objetivo central: lograr una identidad propia que los diferencie de la sociedad conservadora promulgada por la ex primer ministra Margaret Thatcher, quien en algún momento fue definida por Noel Gallagher como “alguien que intentó destruir a la clase trabajadora”.

En contraposición a esto, el Partido Laborista del Reino Unido llegaría a mediados de los noventa con la promesa de restaurar la deteriorada cultura británica, algo que de cierta forma se logró. Los medios de comunicación hicieron su jugada atribuyendo el título Cool Britannia a toda esta nueva movida directamente relacionada al gobierno de Tony Blair, quien se popularizó al ser apoyado por diversos íconos culturales.

Por supuesto que es imposible hablar de Tony sin hacer mención a su cholulaje. Puede que todo haya sido parte de una estratégia política, como puede que no, pero la realidad es que el primer ministro durante sus primeros años de mandato, se encargó de congeniar con muchas celebridades, llegando a recibir en Chequers (residencia de fin de semana) a artistas como Elton John, Sting e incluso a David Bowie, conversando cotidianidades con Noel Gallagher y hasta vacacionando en la finca caribeña de Cliff Richard. Un gran anfitrión, que tras la invasión a Irak junto a George Bush, perdería todo el prestigio adquirido.

En paralelo, la industria cinematográfica estaría rodando una obra maestra de culto que resumiría todo este descontrol en una hora y treinta y cinco minutos de pura nostalgia: Danny Boyle fue el encargado de plasmar en formato audiovisual la vida de un grupo de pibes de Edimburgo adictos a la heroína, sin ningún tipo de aspiración a futuro, basándose en la épica novela de Irvine Welsh.

Más allá de la trama (que seguramente ya conoces), esta película cuenta con el mejor soundtrack de los 90, algo que acontecerá con una revolución en la historia del cine. Según relata Boyle, su elección fue pormenorizada. Él mismo deseaba reflejar lo ácido de la realidad británica en torno a la música y el Britpop fue su aliado más grande, concluyendo en que este género comprendía al máximo el espíritu británico de la década: melancolía, locura, adicción y la idea de un mundo vacío. Este soundtrack recorre inmensas piezas de Iggy Pop, Elástica, Blur, Pulp, Primal Scream, entre otros.

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Entonces digamos que todo es perfecto. Un séquito de jóvenes rebeldes con actitud post punk, un nuevo concepto de moda, cine y cientos de shows, festivales, drogas, sexo y todo aquello que se relacione con ser cool. Puede que sí, puede que haya sido así, pero es importante recalcar que detrás de toda esta colorida pantalla, se esconde (o se expone) el lado más poético y ácido de la música contemporánea.

Different Class

 Toda escena tiene un antihéroe, aquel personaje que se encarga de contrarrestar la corriente mayoritaria, dinamitando las bases de lo establecido y proclamando su propia voluntad. En ese sentido, Jarvis Cocker es uno de los engranajes principales.

Entre lo que es de conocimiento público, se sabe que nació en Sheffield, que fue el líder de Pulp, que compuso hits del calibre de Common People, como así también que fue el encargado de arruinar (si se quiere) una performance de Michael Jackson en los Brit Awards de 1996, pero por sobre todo, se sabe que es la representación artística de la clase obrera británica. Sus canciones expresan la vida de la “gente común”, lo cotidiano en el día a día, la desesperanza del proletariado contemporáneo y todo lo que un pibe de barrio (del primer mundo, obvio) puede haber sufrido. También se lamenta de sus amoríos y de cómo la diferencia de clase puede influir en una relación. Todo esto desde una perspectiva crítica, sobrecargada de ironía y en un lenguaje sumamente coloquial. Para los que no saben, Jarvis es de Virgo.

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En la actualidad, Cocker cuenta con dos álbumes como solista, Jarvis (2006) y Further Complications (2009), además de su libro titulado Mother, Brother, Lover (2011) y algunas apariciones en películas (Obvio que nadie se olvida de Harry Potter)

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 Las rivalidades forman parte del folklore tradicional de la música que, en muchas ocasiones, ha llegado a romper las barreras impuestas por los géneros. Desde la eterna The Bealtes vs Rolling Stone (disputa creada por la prensa y el público, totalmente ajena a sus integrantes) pasando por Guns N’ Roses y Nirvana hasta la ferviente y graciosa Blur vs Oasis.

Esta última “batalla del britpop” quedó registrada para siempre ya que, en ciertos aspectos, fue otra táctica de la prensa y el mercado para generar ventas, tras no poder lidiar con dos propuestas musicales totalmente dispares entre sí, obviando el aporte de los hermanos Gallagher, que en su tiempo confrontaban hasta con sus propias sombras.

Se dice que este conflicto venía desde hace mucho, con algunos cruces entre Liam Gallagher y Damon Albarn, pero su explosión mediática estuvo a la vista de todos el 14 de Agosto de 1995.  Pongamoslo así, las dos bandas más convocantes de la escena británica largan sus respectivos singles el mismo día (Country House y Roll With It), miles de seguidores estallan tras la noticia, decenas de medios televisivos y gráficos colocan a este hecho como lo más importante del momento y la mayor guerra de los charts británicos empieza.

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Quizás hoy en día la compra de discos ya no tenga la popularidad de antes, como resultado de las nuevas plataformas virtuales, piratería y demás, pero en su momento fue todo un revuelo ya que los fanáticos estaban decididos a adquirir la cantidad de copias necesarias para lograr el triunfo de su grupo. Por supuesto que las cifras en las ventas fueron desorbitantes, se dice que Damon Albarn estuvo toda una semana llamando a su discográfica para poder estar al tanto de forma constante. El resultado final dio el triunfo a Blur con Country House ante 274.000 copias vendidas frente a Roll With It de Oasis con unas 216.000, lo cual posicionó en primer lugar a Damon Albarn y compañía.

Ese mismo año, ambos grupos largaron sus respectivos álbumes de estudio, haciendo un giro de 180º con Oasis en primer lugar, algo similar a lo anterior solo que con menos cobertura mediática. Claramente el tiempo se encargó de eliminar aquella rivalidad entre los ingleses, o al menos entre los integrantes de Blur y Noel Gallagher, razón por la cual luego interpretarían una versión de Tender en el emblemático Royal Albert de Londres.

Entonces podemos concluir que el Britpop no puede ser visto sólo como un género, sino que sus fronteras se expanden como movimiento cultural en constante evolución, algo que al día de hoy sigue repercutiendo e influenciando a toda una generación de actuales y futuros artistas.

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