por Redacción Nadie es Cool (@nadieescool)

 

  1. Buscar en redes sociales alguna idea y que todo sea huracanes, sismos y la selección argentina. Pero es de mal gusto hacer chistes con los muertos.

 

  1. Mirar las fotos del ministro que se disfrazó de planta comprando televisores en Chile, pensar que tenés la humorada servida pero te entra el pánico porque si googlean la nota lo más probable es que termines con tu nombre en todos los estados de facebook.

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  1. Buscar inspiración en los libros. Recurrir a la biblioteca, sentir el aroma a papel, leer las primeras líneas de la novela de Hemingway que agarraste, sentir que sus páginas te dan alas y te llevan a lugares inimaginables. Luego caer en la cuenta que empezaste a hablar como Liniers y eso tampoco es gracioso.

 

  1. Hablar a tus allegados para que tiren una idea. Con la intención de recordar alguna anécdota pasada que te sierva de disparador, te encontrás con que perdieron el trabajo o te piden plata porque no llegan a fin de mes. Tu segunda opción es tu novia, pero comienza a reclamarte que fuiste por tus amigos primero y a ella la dejaste como siempre como plan b, y la columna te duele con la sola idea de dormir otra vez en el sillón. Pensar en borrar las últimas líneas porque puede sonar a Otra nota de mina histérica y la corrección política te empieza a chistar.


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  1. Acto desesperado. Empezás a reírte como psicópata de la nada mientras leés los diarios esperando a que algo suene gracioso y un chiste quede enganchado y te salve el día.

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  1. Probar con ir a los clásicos. Buscar alguna minoría oprimida para ofender, generar polémica y quedarte como un meme de Michael Jackson leyendo los comentarios y al tacho la corrección política.

 

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