Por Emilia Pioletti (@milipioletti)

Pimpollo, turín-turín, chiquitito, turín-turín. Rinconcito de luz, tin-tin. María Cristina De Giácomi, la blonda compositora con una clara fijación con las onomatopeyas, la orfandad, los toboganes adentro de hogares de niños judicializados y una cierta tendencia a creer en la abstracta idea de “la luz”, nació un día de agosto de 1956. Sí, hoy tiene 60 años y un lomo de 20. Respect.

Pero hay más detrás de esa envidiable fachada de las privilegiadas que tienen el síndrome del nachaguevarismo en el que los años no les hacen ni cosquillas en el codo. Lalalalala, lalalalala, nada nos puede pasar, todas las bicis y los barcos. El tema emblema de Verano del 98, más conocido como el verano más largo de la historia moderna, lo compuso ella. Cris además compuso para Sergio Denis, CAE, Flavia Palmiero, Sandra Miahnovich y varios temas de Cebollitas. No, Cebollitas Subcampeón la compuso Gloria Stefan. Sí, posta que fue ella.

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Cris Morena atravesó diversos estadíos profesionales: fue imagen de la marca de jeans Lee, fue Mónica en Los Colimbas Se Divierten (esa extraña forma de suavizar en forma de comedia a la Institución Militar a pocos años de haber vuelto a la democracia),llegó a Jugate Conmigo y en 2002 fundó su propio grupo empresario: Cris Morena Group con los mega éxitos de Rincón de Luz, Rebelde Way, Casi Ángeles, Floricienta y los más contemporáneos Aliados y Atrapados. Alto semillero de talentos, Cris descubrió la chispa de Luciano CastroAgustina CherriMarcela KloosterboerFelipe ColomboTomás FonziBenjamín Rojas, la mismísima Lali Espósito, la reina del motorhome Eugenia China SuárezLuisana Lopilato BoubléDolores FonziCeleste CidFlorencia BertottiJazmín StuartNicolas RieraGastón SoffrittiPeter Lanzani, entre otros.

Como tantas cosas que parecen superficiales a la luz del día pero cuando le prestamos la atención suficiente, son enormes usinas del saber ocultas a nuestras miradas distraídas, las producciones de Cris Morena Group eran inagotables fuentes de divulgación científica totalmente subestimadas. Tenemos aquí y ahora la oportunidad de reivindicarlas. No vaya a ser que nos pase como con el Comandante Fort que cuando quisimos admirarlo e idolatrarlo, ya había pasado a mejor vida, y le habían cortado toda la voz.

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Todas sus series conllevan un hilo conductor que los amalgama alrededor del Cris Morena Style: la orfandad, la amistad, la música, los abismos entre clases sociales, la maldad de los de arriba, la exclusión de los de abajo, los profesores castradores de ideas, los dispositivos de vigilancia. En fin: un enorme paraíso de conceptos sociológicos con fritas.

En Chiquititas, que para quienes no recuerden trataba sobre niños huérfanos, abandonados o explotados que a partir de conocer el amor de un hogar, transitan un camino de superación del dolor. La figura del Juez de Menores era un villano, un representante del Estado que venía a sacarlos de un espacio de felicidad. Aham, interesante lectura. Fan de orfandad, Cris replicó el tema en casi la totalidad de sus producciones.

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En Rebelde Way, un anglicismo tan sugestivo como naif, la historia gira en torno al Elite Way School, un colegio secundario privado de prestigio internacional. Allí asisten dos tipos de sujetos, diferenciados taxativamente por su clase social y su lugar en el mercado: los hijos de las familias más ricas del país, y los becados, discriminados por los primeros por no ser de linaje. Lucha de clases de Marx en forma de Luisana Lopilato, Benjamin Rojas, Felipe Colombo y Camila Bordonaba. Explota la Matrix.

Pero si hay una obra digna del aplauso de pie es Casi Ángeles. Sí, un nombre de mierda. Pero mirá los alfajores Tatín qué nombre despreciable tienen y qué ricos que son (para quienes osen expedirse en contra de los alfajores Tatín, contactar con la autora de este texto). En Casi Ángeles, oh sorpresa, también son todos huérfanos. En las primeras temporadas, viven en la Fundación BB en la cual son maltratados, castigados y obligados a robar por los supuestos cuidadores, los villanos Bartolomé Bedoya Agüero, el dueño de la mansión, y Justina Merarda García, la oscura ama de llaves. A medida que avanzan los capítulos, los chicos se liberan y vuelven a ser oprimidos, se vuelven a liberar y vuelven a aparecer nuevas instituciones, como la “C.C.“(Corporación Cruz), que manipulan ideológicamente a los chicos convenciéndolos de que están mejor obedeciendo a la Corporación en todo momento. Apa, me suena.

En las temporadas subsiguientes, se incorporaron las temáticas del pensamiento lateral, la ecología, la libertad de expresión y la conciencia social. Aquí aparece una paradoja temporal en donde los chicos reaparecen en el futuro diseminados en distintos lugares y ven lo que probablemente este planeta tenga preparado para la especie que no hace más que autodestruirse, es decir, nosotros: allí ven guerras, hambre y bocha de desigualdad. De vuelta a esta era temporal, los chicos se encuentran ahora al mando del gobierno dictatorial al mando de la Jefa de Ministros y bajo poder ilegítimo de la Dictadura tecnoestética de la Corporación del Gobierno (Así se llama, así le dicen, cualquier similitud con la realidad es mera coincidencia).

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La CC manipula a algunos de los chicos, les insertan targets, les borran su memoria y les dan una identidad nueva y los mudan a las urbes, unas mega-ciudades perfectas diseñadas bajo una planificación urbana basada en la idea benjaminiana de embellecimiento estratégico. Las urbes de los Casi Ángeles estaban pensadas con muros que separaran a los ricos y tecnologizados, de los pobres y salvajes. Unos tenían derecho a la ciudad y otros, no.

Countrificación de la vida: estas urbes están rodeadas por un gigantesco muro (¡Hi, Trump!) y una especie de campo de fuerza el cual impide su paso a cualquier ser que quiera desestabilizar esa vida zarpada, idílica y ficticia. Por fuera de este muro, estaban sus amigos reales: la Corporación y sus medios de comunicación les hicieron creer a los robotitos perfectos que, estos “salvajes” que debieron pasar a la clandestinidad, eran en realidad asesinos sin escrúpulos que querían arruinar su vida. Si encuentran alguna relación con los manteros, o los carreros, o los habitantes de las villas o las madres de sectores populares beneficiadas con AUH, NADA QUE VER EH.

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Como Cris Morena además de ser fanática de Orwell es fanática de Disney y ama los finales felices, los chicos finalmente logran escapar de este siniestro plan gracias a que los salvajes arrojan recuerdos a través del muro que los separa para que recuperen la memoria. ¿Ven? Cris Morena no da puntada sin hilo, estaba tejiendo sutiles intertextualidades con el mundo feliz de Aldous Huxley y las actuales políticas de urbanización clasista. Y ustedes que no le tenían fe.

Lo que Cris Morena estuvo intentando decirnos a través de Lali Espósito and Team era básicamente, que leamos a los situacionistas que nos permiten entender al espectáculo que tiene lugar en la realidad y es vivido como real: los chicos lobotomizados son los espectadores alienados que en cuanto más se reconocen en las imágenes que contemplan, más mediatizada y mercantilizada es su experiencia y menos conectan con su real yo, ese que los salvajes quieren despertarles. Esta planificación de la ciudad posibilita ciertas redes de interacción entre los cuerpos, direccionando formas de estar y experimentar la ciudad según los patrones de enclasamiento vigentes. Las experiencias y vivencias de los sujetos según su condición de clase expresan las redes de poder y los procesos de regulación y vigilancia que se hacen cuerpo en ellos y definen las formas deseables de estar en el espacio y con el otro. Nada más y nada menos que lo que la Jefa de Ministros quería hacerles a los pobres chiquillos crismorenenses.

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Cris Morena lo sabía todo. Si peca de cínica y contradictoria y crítica desde el mismo espacio que critica, lo subsana creando una comunidad de desposeídos y deslegitimados en el interior de los poseedores y legitimados, dándole un espacio y una visibilidad. Claro, no subvierte ningún orden de cosas, ni pretende ser la Revolución Zapatista de nada.

¿Emprende todas sus novelas de pimpollos, estrellas, rincones de luz y amistad desde su mega grupo empresario Cris Morena Media Group? Sí.

¿Perpetúa lógicas clasistas porque todos usan ropa de marca? Bueno, sí.

¿La mayoría de sus actores son blancos y flacos? ¿Cuando introdujo cuerpos-otros lo hizo para visibilizar cómo los blancos flacos no los discriminaban sino que empatizaban con el diferente, pero en una suerte de masturbación de conciencia social? Bueno, TAMBIÉN.

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Si fuimos capaces de reconocerle Adam Sandler que Happy Gilmore no estuvo tan mal como el resto de su filmografía, a Cris le reconozcamos algo también: el introducir a cuenta gotas, sin romper ni escandalizar el lenguaje de clase ni del espectáculo, cuotas de otros contenidos con potencia de subversión.

Viva la rebelión, turín-turín. Cris, corazón, acá tenés los pibes para la liberación.

 


 

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