Por Alan Porcel (@alguientieneque)

“El empujón que me dio el equipo, por si fuera poco, me permitió separarme de él al menos en ciertos aspectos: aunque sigo siendo uno de los hinchas más incondicionales del Arsenal, y aunque sigo yendo a todos los partidos que jugamos en casa, aunque siento las mismas tensiones y las mismas alegrías, las mismas desesperaciones que he sentido siempre, ahora he comprendido que el equipo tiene una identidad radicalmente diferente de la mía, hasta el punto de que sus éxitos y sus fracasos nada tienen que ver con los míos. Esa noche dejé de ser un chiflado del Arsenal, y aprendí desde cero, otra vez, a ser un hincha, incluso maniático y peligrosamente obsesivo, pero sin pasar de ser un hincha

Nick Hornby, Fiebre en las gradas (1993)

Hace no tanto escuché al filósofo Horacio Banega hablar de los problemas que tiene EEUU por la radicalización de la religión en las pequeñas localidades rurales. En 2016, luego del atentado en Orlando, integrantes de la Iglesia Bautista de Westboro asistieron a funerales de personas gay para difundir su propaganda homofóbica. Estos son los contrastes que se pueden ver entre una sociedad que parece progresar y la conducta de los ciudadanos que la conforman.

WBC-Protester

Mi editor me recomendó hace poco ver un vídeo de una arenga en un partido de fútbol infantil. El pibe que la hacía juega en el Club Sapere de Neuquén y alentaba a sus compañeros a dejar todo en la cancha. Por los hinchas, por sus padres, por sus novias y por sus novios.

“¡¿Vamos a meter y vamos a dejar todo, sí?! Hoy mi viejo me dejó y se fue a trabajar. Me dijo ‘ojalá que ganen’. ¡Obvio que vamos a ganar! Obvio. Yo ya me acostumbré a ganar. Hoy no pienso perder. Como siempre les digo muchachos: esta es mi cancha, acá mando yo. Qué me van a venir a hacer estos. Si acá mandamos nosotros. Vamos a meter, vamos a jugar y vamos a hacerle caso al profe”

El clásico de Avellaneda, jugado el 14 de mayo de este año, entre Independiente y Racing fue para los primeros, que hacían de local esta vez. Al día siguiente, como es usual, esta localidad amaneció con cargadas de distinto tipo. Una de ellas impactó fuertemente en los hinchas de ambos clubes. Colgado de un semáforo había un maniquí de mujer con una camiseta de Racing y una bolsa en la cabeza. Llevaba un cartel que decía “puta violada”. En redes sociales, una buena cantidad de hinchas se mostró en contra y repudió la “cargada”. Pero allí estaba, colocada por un hincha.

0011423900

Cosas como estas pasan continuamente en el fútbol argentino, ese al que tanta vergüenza (no deportiva) le hemos visto pasar en los últimos años. Votaciones con resultados imposibles, desordenes financieros propios de un post-adolescente y situaciones ridículas que necesitarían varios asados para ser contadas. Y quiero hacer un disclaimer introductorio: amo el fútbol y me parece el deporte más maravilloso de este país. Tanto por el juego en sí como por su carácter social y transformador. Ahora bien, hay algunas cuestiones dignas de mencionar.

Hace poco nos enteramos de la historia de Pablo Lavallén. El técnico de Atlético Tucumán, con pasado en River, recibió amenazas antes de jugar un partido decisivo frente al equipo de Marcelo Gallardo. Por alguna extraña razón se empezó a discutir que debía hacer el plantel tucumano ante esto. Como si darle cabida a esos cobardes anónimos fuese una opción. Siga, siga. Todo vale.

“Vamos a hacerlo por los viejos, muchachos. Hay neblina, nieva, pero están ahí. Vamos a meter. Y este equipo de 20, 24, todos somos un plantel. Y los que no están citados nos apoyan. Pero vamos a jugar. Y vamos a meter. A esta camiseta huevos le sobran. A este equipo huevos le sobran. ¡Así que vamos a meter y vamos a dejar todo en la cancha! Por el profe, por los parientes, por la mamá, por el papá, por la novia, por el novio, por el primo, por la prima, por todo. ¡Sí!”

0002520115

Se viralizó hace poco, luego del clásico rosarino entre Central y Newell’s, la charla previa del equipo rojinegro. En ella, para motivar al plantel se recurría a argumentos tales como “¡Es Central! Lo tenes que matar, es el rival que todos odiamos”. También hacían referencia a la pasión desenfrenada con la que viven el fútbol los ciudadanos de Rosario: “Una persona de Central camina por la calle, se cruza a uno de Newell’s y se quieren matar. Nosotros los tenemos que matar”. Todo, saliendo de la boca de los protagonistas.

Emanuel Balbo tenía 22 años cuando le ocurrió lo que todos sabemos en el estadio Mario Alberto Kempes. Hasta el día de la publicación de esta nota, la AFA sigue sin determinar que sanción caerá sobre Belgrano por este hecho. Muchos medios del exterior se hicieron eco del caso. Hoy por hoy, la mayoría de la sociedad argentina se olvidó.

Hu_170515_Deportes_Fut_Reserva_Newells_Central_Arenga

La violencia en el fútbol es violencia entre personas que salen del ámbito deportivo y siguen siendo parte de la sociedad. Quien siente que puede tirar a una persona de una tribuna por ser del equipo contrario, probablemente tenga los mismos sentimientos hacia alguien que provocó su ira en el trabajo. Sí, el fútbol exacerba esos sentimientos y crea un escenario en el que esas acciones parecen ser posibles. Pero el problema no es el deporte.

Me pregunto si no es problemático que el criterio de lo que se considera incitación a la violencia se establezca según la escala de la susceptibilidad de los violentos”. La frase es de Martín Kohan y forma parte de una nota que el autor escribió para Perfil luego del insólito episodio entre Guillermo Barros Schelotto y la empleada de la Fundación Favaloro. Alegar que el fútbol es la razón por la que los violentos actúan como actúan sirve para justificar el accionar de personas que no saben convivir.

La existencia de canales deportivos que dedican un 80% de su día al fútbol es un fenómeno que con el tiempo comprendí increíble. La lógica de los medios ha llevado a que se bombardee al espectador constantemente con cosas irrelevantes. Desde el entrometimiento en la vida personal de los jugadores hasta la dramatización de un resultado, todo sirve con tal de mantener a la audiencia expectante. Y no, los medios no tienen la culpa de todo pero claramente forman la opinión de los que luego irán a la cancha.

No me tuve que alejar más de tres meses para mencionar estos hechos que pintan un poco al fútbol argentino en la actualidad. Historias hay a montones. También responsables. Desde los protagonistas, hasta quienes cubren los encuentros y alcanzando, obviamente, a los aficionados. Pero hay uno que, a mi parecer, está exento de culpa: el fútbol. Si en casa no hablamos de política porque sabemos cómo nos ponemos, el problema no es la política, el problema somos nosotros.

“Nos rompimos el culo entrenando y vamos a ganar. Y nos apoyamos entre nosotros. Y vamos, vamos, vamos. Así, a meter. Y vamos a salir campeones, porque tenemos un equipazo. Pero hay que jugar bien, hay que concentrarse. Vamos a meternos loco, dale. Vamos a sentir esta camiseta. ¡Vamos Sapere!”


Comentarios

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.