Autor: Manuel Rivero (@_mrmanu)

 

Hay tierra sobre el mantel de los barquitos.

En casa hay cuatro manteles individuales. Uno para papá, uno para Anto y otro para mamá. Los cuatro son diferentes pero con el mismo tipo de dibujo. El de los barquitos lo usaba mamá, papá el de la torre inclinada, Anto el del arco y yo el de la torre del reloj, aunque cuando nos aburríamos los cambiábamos. Los había traído una tía abuela de una visita a Europa; sé que los dibujos son lugares conocidos de allá pero no sé bien los nombres, creo que vamos a ver Europa en geografía de la escuela el año que viene.

Estoy solo en la mesa y nadie me hizo el desayuno. Hay tierra sobre el mantel de los barquitos y yo estoy vestido para ir a la escuela pero nadie va a llevarme. Me bajo de la silla alta del desayunador y voy hasta la habitación de papá. Él sigue en la misma posición que anoche cuando me levanté a tomar agua y pasé por su puerta. Hay muchas pastillas por todos lados y no sé si despertarlo, desde donde estoy también veo una hoja de papel en la mesa de luz con unas palabras en tinta roja. La maestra no nos deja escribir en tinta roja porque se le confunden las correcciones pero no creo que la maestra rete a papá.

Ayer vinieron. Y no entiendo, porque la abuela, papá y la tía Clara me habían dicho que nunca iban a volver, que estaban acá conmigo pero invisibles. Después yo lloré y no pude darle un beso a mamá porque estaba de color gris, metida en esa caja de madera llena de flores y me daba miedo. La caja de Anto estaba cerrada y creí que me iba a olvidar de su cara pero están las fotos de los cuatro en la heladera de cuando fuimos al sur. Estamos todos sonriendo en la heladera apoyados contra la camioneta. La camioneta quedó muy destruida del lado derecho y yo creo que eso tiene que ver con que la caja de Anto estuviera cerrada.

Papá y yo estuvimos dos días sin ellas y no hablamos casi nada. Tampoco comimos nada de la heladera. Y entonces ayer vinieron. Entraron las dos a casa y se sentaron a desayunar con nosotros. Tenían el olor que hay en el sótano pero me puse contento, aunque nadie más sonrió. Ellas no dijeron nada, solo tomaron su café y se fueron. Papá gritó mucho y luego se metió en su habitación. Ayer tampoco fui a la escuela.

Me gustaría que  la  maestra viniera a buscarme, y a retar a papá porque creo que no quiere despertarse y yo necesito ir a la escuela para aprender sobre Europa.


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