“And I hate the X-Factor, for murdering music
                                       You bunch of money grubbing pricks”
—Passenger

por Lara Nicolás (@laranicolas_)

El 7 de Abril Harry Styles lanzaba su primer tema como artista solista “Sing of the times”. Un mes más tarde, el álbum completo que lleva como titulo su nombre y cuenta con 10 canciones salía a la venta. Junto a él emergía una faceta musical del ex One Direction completamente distinta a la desarrollada por la boyband inglesa durante los seis años que se mantuvieron juntos.

Al contrario de sus ex compañeros de banda, Harry optó por un estilo lo bastante alejado del pop. El álbum, que fue catalogado como “soft rock”, obtuvo buenas críticas e incluso se dijo que es obvia la influencia en él de bandas como Pink Floyd, Queen, o Bowie. Yo, personalmente, me inclino más hacia este último.

Los moralistas del rock se preguntarán indignados qué puede tener en común un pibe cuya carrera artística vio la luz gracias a un reality show con uno de los músicos más aclamados de los últimos tiempos. Tal vez (y es lo más probable) Harry Styles nunca llegue a ser ni la mitad de lo que fue Bowie musicalmente. Existe, sin embargo, una similitud en la forma de moverse bajo la mirada del ojo publico, como si flotasen entre las luces encandilantes de Hollywood sin que estas lleguen a cegarlos.

Bowie es un ídolo no solo por su grandeza musical, sino también por su personalidad camaleónica y andrógina.

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Fue, así, un referente de la libertad sexual: se negó en varías ocasiones a catalogarse a si mismo dentro de una orientación sexual fija. En cambio, escapaba de tener que definirse con respuestas simples. En una entrevista para el programa Afternoon plus en el año 79 la periodista insiste en hacerlo hablar sobre los rumores acerca de su bisexualidad, afirmando que escuchó que le gustan “ellos y ellas”, Bowie la mira y sonríe “eso leí” contesta. Durante otro reportaje le cuestionan si es heterosexual, a lo que él responde entre risas “I´m happy”.

La industria mediática ha indagado sobre la sexualidad de Harry durante el mismo tiempo que él lleva dentro del mundo del espectáculo. Desde los orígenes de One Direction, una parte de sus fanáticos han hablado de una supuesta relación secreta entre el cantante y su compañero de banda Louis Tomlinson. La creencia se sostiene en un sinfín de hechos que bien podrían ser casualidades como evidencias: miradas cómplices, tuits, tatuajes que parecen complementarse, escenas de celos en entrevistas, personas que juran haberlos visto de la mano.

Por otro lado, bajo la mirada de los medios Harry es el hétero seductor que no para de conquistar corazones a lo largo y ancho del globo, teniendo amoríos cortos con personalidades del mundo del espectáculo como Kendall Jenner, Taylor Swift, o Cara Delevigne.

Harry no afirma ninguna de las dos versiones. En su cumpleaños 19, mientras las revistas contaban los detalles de su relación con la más chica de las Kardashians, Harry sonreía en una foto con una camisa a corazones. En la vereda, justo detrás de el, se veía la entrada a un club gay. Durante las entrevistas, jamás da a entender ser heterosexual: más bien, evita el tema respondiendo ambiguamente y entre risas. Incluso hace poco menos de un mes afirmó para The Sun que “no siente la necesidad de etiquetar su orientación sexual”.

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Bowie fascinó al mundo de la moda con su excentricidad como insignia. Destruyó la idea de que la ropa tiene género con sus escotes, su maquillaje, y su estilo glam rock. Los diseñadores alucinaron con él, impregnando con su legado las colecciones desde entonces hasta la actualidad.

En el año 2013, un Harry Styles de 19 años ganaba el fashion british award como el más elegante de la gala. Cuatro años más tarde, hay quienes dicen que es el nuevo icono de la moda. El título se lo debe, justamente, a sus looks agénero: trajes estampados o de color rosa, camisas floreadas unisex, lazos al cuello, pantalones con pata ancha al mejor estilo disco.

Bowie supo enamorar al mundo porque más allá de su extravagancia artística, rozaba el mundo de la fama sin perderse en él. Siendo Ziggy, o the Thin White Duke se mostraba en la vida publica, abajo del escenario, con simpleza. Bromeaba en las entrevistas, afirmaba que no le gustaba Los Ángeles por ser una ciudad de gente irreal, se avergonzaba cuando le preguntaban por sus propias pinturas.

Esta, primordialmente, es la característica que hace posible unirlo a Harry Styles. Al mismo tiempo que el mundo del espectáculo es un solo velo de soberbia disfrazada de humildad, el ex One Direction contesta a la pregunta de como es tan educado como si fuese obvio “me enseñó mi mamá”. Cuando aparece en programas de televisión está tranquilo, divertido, natural. En la calle, no tiene problema de abrazar a sus fanáticos. Durante recitales de One Direction, ofrecía al público de lo que estaba comiendo, como si no se tratase de una jauría de fanáticos enloquecidos sino de sus amigos. La diferencia esencial entre ambos artistas, sin tener en cuenta la brecha de talento que los divide, radica más que nada en sus orígenes.

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Cuando Bowie alcanzó el éxito corría el año 1969 y la escena musical estaba cambiando drásticamente. Un año antes el mundo asistía a la creación de Led Zeppelin, y a la formación final de Pink Floyd, luego de que Syd Barret abandonará la banda por problemas de adicción. Los 70s se anunciaban así con todo su esplendor. Durante esa misma década, la música se volvió más accesible que nunca antes en su historia por los bajos costos de los vinilos. Asimismo, y gracias a ello, cobraron importancia diversos géneros como el funk, el soul, el R&B, el hard rock, el soft rock, etc.

Por supuesto que durante ese periodo, poco se podía sospechar de la facilidad con la que se podría conseguir cualquier single en el siglo XXI, hubiese sido imposible adivinar que con tan solo abrir una página en una computadora podrías escuchar un álbum entero sin siquiera pagarlo. A pesar de esto, la simplicidad para acercarse a la música no trajo consigo el triunfo económico de más de un género . Por el contrario, fue el detonante de una industria musical que se ha convertido en un monopolio genérico.

Es así que no se puede hablar de los comienzos de Harry Styles sin remontarnos a la historia del pop, de las boybands, y de la música rebajada a número de ventas. El termino pop surgió como forma de catalogar todo lo que tuviese gran popularidad en un sector amplio de la sociedad. En sus inicios, incluso, fue usado para englobar al jazz, el country, y al rock and roll. Hoy en día, sin embargo, rock y pop se presentan como dos bloques completamente opuestos y antagonistas. El por qué es simple: el rock dejó de ser viable para el mercado en la medida en la que el mundo se volvió más y más globalizado y fue reemplazado por melodías con composiciones que sin ser complejas son pegadizas y repetitivas. Toda la fuerza y la emotividad del rock fue echada del mercado a cambio de una promesa más sencilla: canciones lo suficientemente estándar para llegar a la mayor cantidad de gente posible. Y como la industria musical piensa en sus oyentes como clientes, el foco de atención se puso en los jóvenes.

La soberanía del pop se intensificó aún más con la llegada del Internet y las redes sociales. Más que por la música en si, la industria musical vende gracias a la imagen que dan sus interpretes en los medios. Son pocas bandas las que consiguen el éxito por merito propio, por lo general llegan a la cima quienes les sean funcionales a la industria.

Harry no sólo consiguió su lugar en la vida pública de la mano del pop, sino que lo hizo gracias a un reality de televisión llamado The X Factor, que básicamente es una maquina expendedora de artistas prefabricados.

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One direction se formó luego de que sus 5 integrantes se presentaran al casting siendo menores de edad. Todos ellos quedaron, y (para ser aún más solidarios con el mercado musical) se  los agrupo siguiendo la formula del éxito de las boybands: grupos de chicos generalmente lindos que cantan canciones de amor y se pasean por el escenario sin agarrar ningún instrumento.

Creo que desde el principio hubo algo sospechoso en Harry que no tuvieron en cuenta. Mientras Zayn, Louis, Niall y Liam audicionaban con canciones de pop, Harry hizo un cover a capella de Stevie Wonder.  Mientras cada uno actuaba a la perfección el rol que debía cumplir para la banda (el malo, el gracioso, el tierno, el tímido, en ese orden) Harry, lejos de parecer el seductor, se volvía cada vez más adorable. Hay algo que hace de Harry un villano vestido de héroe para el negocio de la música. Es como si sin darse cuenta llevará con él la destrucción el mercado que lo vio nacer.

No son solo los rumores sobre su sexualidad, es también el hecho de que las directioners hallan adjudicado su falta de respuesta a algo mucho más grande que él: el gigante peso de un contrato con una discográfica que no le permitía salir del closet porque de esa manera venderían más. No son solo sus bromas en programas de televisión, es también su forma de caminar el mundo mediático sin darle demasiada importancia. No son sus 20 millones de seguidores en Instragram, es la manera en la que nada de lo que postea parece relevante. No es que su álbum se pueda conseguir en Itunes, sino su manera de anunciarlo: “Sweet Creature está disponible ahora. El albúm estará disponible en diez días. Yo estoy disponible siempre”.

No es, principalmente, algo relacionado a qué tan talentoso pueda ser musicalmente, sino el hecho de que mientras los proyectos solistas de sus ex compañeros de banda se apoyan en el marketing del pop, Harry Styles ataca la industria música desde adentro sembrando la semilla de un cambio necesario: vuelve a poner al rock en la mira del público. Es el hecho de que consiguió sus millones de seguidores por seguir la lógica del sistema, y gracias a eso ahora puede introducir algo distinto a ese mismo mercado.

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Harry representa, al igual que lo hizo Bowie en su momento, la ambivalencia que hace tambalear al orden posmoderno según Bauman: es el extraño que habiendo obtenido un lugar considerable en la opinión pública, se viste de grises. No pertenece al esfera del rock como tampoco a la del pop. Forma parte del circulo mediático del mundo globalizado pero no se mueve en él de la misma forma que otros artistas lo hacen. No se define a si mismo dentro de ninguna orientación sexual. Responde a las características ”masculinas” impuestas por la sociedad pero es imposible negar que en él se reúnen en la misma medida rasgos “femeninos”.

No, no fue ni será jamás David Bowie, pero conquista la escena de la misma manera que lo hizo el camaleón del rock en los 70s.

Y quizás, si cruzamos los dedos bien fuerte, Harry Styles haya llegado como un infiltrado en la industria musical del pop para darle el cambio que esta viene pidiendo a los gritos hace bastante tiempo pero que nadie, hasta el momento, se animó a darle.

 

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