por Lara Nicolás (@laranicolas_)

En 1923, Harry Chandler, director de Los Angeles Time, se embarcaba en un proyecto que pocos podrían haber pensado tomaría la connotación actual. En la ladera sur del Monte Lee aparecía, entonces, la palabra que funcionaría de allí en más como el Jerusalén de la cultura occidental: el cartel de Hollywood (que en se momento rezaba Hollywoodland) fue concebido por Chandler como publicidad para un proyecto urbano.

Sin más, la frontera del tan ansiado sueño americano quedó delimitada por esas nueve letras. Hollywood, el lugar donde la gente desesperada por tener la piel transpirada bajo las luces de los reflectores va a morir. Jóvenes que llegan con los sueños intactos, viejos a quienes América nunca miró a los ojos, chicas equipadas con todos los dotes de la belleza hegemónica. Sexo, drogas y escándalos amorosos. Quienes lo logran y quienes, como Peg Entwistle, se arrojan desde lo más alto del cartel al vacío cansados de que la tierra prometida no sea más que un lugar hostil.

 

b27b025c8981f19790c0047af5b58e77

El resto de los mortales (quienes no se animan a seguir la odisea o quienes están demasiado ocupados pensando cómo llegar a fin de mes) tampoco quedan absueltos del pecado hollywoodense. Asistimos, ya sea por fanatismo o pura inercia, al ritual cotidiano de las super producciones. Desde las pantallas luminosas del cine, de la televisión o de la computadora, hacemos propio el espectáculo de los cuerpos, las historias de amor cliché, los hombres con poderes y las damiselas en apuros. Endulzados por ese mundo ficticio tan lejano a la realidad, olvidamos que cuando los reflectores dejan de brillar, el sueño americano se convierte en una pesadilla.

Hollywood es sinónimo de poder. Es el secuestrador frente al cual toda la sociedad occidental desarrolló un síndrome de Estocolmo: sabemos de su oscuridad, pero preferimos seguir absortos frente a sus luces. Y cuando el dominó Harvey Weinstein hizo caer una por una sus fichas, nuestros íconos de domingo se quitaron los disfraces para mostrar lo que realmente fueron todo este tiempo: abusadores.

Mucho se habla desde el feminismo del iceberg de la violencia de género. Las declaraciones de las últimas semanas no son más que el trazo final de ese gigantesco bloque de hielo. El séptimo arte ha estado presente por más de cien años. Fue en 1894 cuando los hermanos Lumiere presentaron la primera muestra de imágenes que, al estar en constante movimiento, daban la ilusión de continuidad. Aburrida por la sucesión de fotogramas de gente esperando el tren, Alice Guy imaginó que sería mucho más interesante hacerse de la nueva invención para contar historias. Así nacía el cine como lo conocemos hoy en día.

alice

Curiosamente, su nombre se borró de la historia: la industria del cine es manejada, casi en su totalidad, por hombres. En un video titulado “Filmmakers have to be MALE”, el canal de youtube DLRSguide, recorre el sexismo en la industria basándose en distintos estudios. Si elegimos diez películas al azar, más de la mitad va a seguir el mismo patrón. Mientras el héroe se dispone a salvar el mundo, la chica (siempre flaca, linda, sumisa) no puede hacer más que enamorarse perdidamente de él y servirle de apoyo emocional. El problema no se agota ahí. En el caso de que el personaje femenino sea importante por sí mismo para el guion, estará representado por las mujeres jóvenes, blancas y hermosas con las que Hollywood se babosea. Detrás de cámara la cosa va todavía peor. Según los estudios que se exponen en el video, en la última década de mil películas pochocleras solo el 4% estuvieron dirigidas por mujeres. Los equipos de producción están, en su mayoría, compuestos por varones. Es raro, si nos ponemos a pensar que no existe ningún aspecto biológico que haga que un género sea mejor que otro para la producción cinematográfica. Pero no lo es si tenemos en cuenta que Hollywood es una enorme maquinaria ideológica perpetuando un estereotipo machista.

A la industria cinematográfica le falta leer mucho sobre feminismo. Las mujeres no somos tan aburridas, físicamente perfectas, y dóciles como nos muestran. Los hombres no siempre salvan el día. ¿A qué mujer se le ocurriría, en caso de que el mundo esté a punto de explotar, correr hacia el hombre más cercano para que lo solucione todo?

Siendo conscientes de esto, seguimos devorando sin culpa el modelo que nos entregan en bandejita de plata. Lo más alarmante es que, mientras lo hacemos, el iceberg crece hasta concretarse en abusos sexuales. Y recién en ese momento el mundo parece frenarse.

Como si no bastase para bañar a Los Angeles de su mítico romanticismo, las teorías conspirativas terminan por convertirlo en el Twin Peaks de la vida real. Una gigantesca nube de misterio y fama empañando la consciencia colectiva. Es totalmente innegable que si existe un grupo de personas dominando el mundo, no estén filtradas entre las filas de la maquinaria cultural más grande del planeta. Meses antes de que Trump ganará las elecciones, la teoría “Pizzagate” nubló la campaña de Hillary Clinton. Se hablaba de una red de tráfico de menores administrada por funcionarios estadounidenses que venía a confirmar las tantas suposiciones sobre el círculo de pedofilia en la industria del cine.

Si bien la primera parte de la teoría no está comprobada, no es difícil afirmar que la segunda si es real.

636452459518160044-men

A mediados del 2015, un documental llamado An Open Secret, veía dificultades para que algún magnate de la industria se interesase por distribuirlo. Amy Berg (oh, una directora mujer) ahondó en los abusos sexuales hacia actores menores de edad. Durante dos años, el film existió oculto en el mundo de las descargas ilegales. Recién cuando la cadena de acusaciones golpeó a Kevin Spacey la cinta logró el impacto que debería haber tenido desde un principio. El documental no responde el por qué de la existencia de este círculo de pedofilia. Si bien en internet las teorías conspirativas lo relacionan con sacrificios illuminatis, no existe una explicación certera. Lo que si se sabe es que el hecho de que se trate de actores jóvenes (y que todavía no alcanzaron el estrellato), hace que sean víctimas fáciles para los abusadores.

Hay cuatro nombres que se repiten a lo largo del documental: Brian Singer, Marc Collins, Martin Weiss y Brian Peck. Los cuatro fueron acusados de pedofilia y cumplieron una condena posteriormente. Al salir de la cárcel, Hollywood les dio acceso para que trabajasen en canales para chicos. En la actualidad, Brian Peck sigue formando parte del equipo de Disney Channel y Martin Weiss sigue siendo manager de menores. Incluso, durante años han habido rumores que involucran a Dan Schneider, productor de series como Drake y Josh, con casos de pedofilia.

La historia de los abusos sexuales en la industria es tan larga como la historia del cine. Hollywood protege a sus hijos pródigos cuando la gente olvida el escándalo, y obliga a las víctimas a renunciar a cualquier aspiración actoral. Un ejemplo claro: todos sabemos quién realmente es Woody Allen, pero eso no evita que sus películas sigan siendo producidas y ganando millones. Adentro, en ese mundo que no nos pertenece, los famosos pueden identificar con claridad a los abusadores.

blake-lively-woody-allen

Sin embargo, son contados con los dedos de la mano los que se atrevieron a denunciarlo (entre ellos Brad Pitt, Corey Feldman, Elijah Wood). Ninguno dio nombres, pero todos hablaron de una red de pedofilia manejando el mercado. La fórmula funciona así: saben que pasa, pero también saben que si deciden hacerlo público están terminando con su propia carrera. Podes adueñarte del sueño americano siempre y cuando mantengas la boca cerrada. El proceso es siempre el mismo. Ruedan cabezas y los medios de comunicación masivos se hacen eco de eso. La tierra prometida parece estar libre de abusadores y ser, finalmente, justa para todos. Pero Hollywood no tiene superhéroes. Los villanos vuelven, compran mansiones, auspician programas para niños, y los abusos de poder siguen su ciclo bajo las sombras.

Una repaso por algunos de los acusados en la poco breve lista de abusadores: Hitchcock, Kubrick, Polanski, Bertolucci, Brian Peck, Woody Allen, Brian Singer, Jhonny Depp, Marlon Brando, Bill Cosby, Casey Affleck, Lars Von Trier, Kevin Spacey, Dustin Hoffman, Charley Sheen, Louis CK, Michael Bay, Harvey Weinstein.

En el centro de la discusión siempre se plantea si es posible separar al artista de la persona. Hollywood nos anestesia hasta el punto en el que nos parece justo perder la empatía a fin de resguardar nuestro entretenimiento cotidiano. Poco se tiene en cuenta que, más allá de las estadísticas o de las teorías conspirativas, las víctimas son personas que cargan con el peso de se siga idolatrando a su abusador. Hasta este momento la industria del cine no demostró cambios en ese sentido. Las figuras de poder que permiten que esto pase son grandes monstruos alimentados por nosotros mismos. No podemos esperar que de un día para el otro Hollywood deje de protegerlos, no mientras sigamos siendo cómplices. La única manera de modificar las cosas es rechazando todos los productos en los que se involucren abusadores. Porque Hollywood puede ser dueño del mercado ideológico más grande del planeta, pero ningún mercado se sostiene sin consumidores.

 

Comentarios

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.