por Lea Martino (@Lea_martino)

¿Somos conscientes de cuánto vale nuestra plata? Abrí tu billetera, ¿Tenés un billete de $20? Cuidalo, porque hay aproximadamente 800 millones de personas en el mundo que subsisten con esa cantidad de dinero todos los días (con 1 dólar, para ser específico). Andá al kiosco de enfrente, al almacén, ¿para qué te alcanza? Una tableta de chicles-cuatro cigarrillos sueltos-seis fetas de jamón-dos tiras de pan-una latita de gaseosa- dos paquetes de queso rallado.

Todos esos elementos cuestan, por separado, $20.

Con eso vive un importante porcentaje de la población mundial.

Pero, ¿dónde está el resto de la plata? Lo cierto es que actualmente los ocho millonarios más grandes del planeta tienen más plata que el 50% más pobre. Así es, traducido: hay 8 personas que, sumando toda su fortuna, tienen más dinero que otras 3.700 millones.

¿Quiénes son estos millonarios y a qué se dedican?

1_ Jeff Bezos, fundador de Amazon (US$ 112.000 millones)

2_ Bill Gates, creador de Microsoft (US$ 90.000 millones)

3_ Warren Buffet, inversionista (US$ 84.000 millones)

4_Bernard Arnault dueño de LVMH (US$ 72.00 millones)

5_Mark Zuckerberg, creador de Facebook (US$ 71.000 millones)

6_ Amancio Ortega, fundador de ZARA (US$ 70.000 millones)

7_Carlos Slim, empresario (US$ 67.100 millones)

8_Charles Koch, empresario[1]  (US$ 60.000 milones)

Ahora hablemos del tema favorito de Edu Feinmann, igualdad de género: resulta que la primer mujer de la lista aparece recién en el puesto Nº 16, y se trata de Alice Walton, propietaria de supermercados Wal-Mart (en todas las notas al respecto figura como heredera, pero que importa si creó algo o lo heredó, la plata en la cuenta bancaria la tiene igual). Además, la brecha salarial entre hombres y mujeres en el mundo alcanza el 23%.

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En cuanto a la distribución monetaria continental, no es extraño que África sea el continente más pobre y, ojo, que sea el más pobre no significa que sea el que menos recursos tiene. De hecho, el llamado “continente negro” se destaca por tener riqueza en una actividad deseada en el mundo: la minería. Pero no alcanza: la explotación, la extrema corrupción de sus gobernantes, y las arcaicas costumbres de algunos pueblos, como la “familia extendida” (una sola persona que trabaja y mantiene a familias muy numerosas) hacen que los 9 de los 10 países más pobres del mundo pertenezcan a esta región. Si tomamos la información aportada por el Fondo Monetario Internacional, el país con menor PBI per capita en 2017 fue Burundi, de ahí para abajo Sudan del Sur, Gambia, Mozambique, República Democrática del Congo, Liberia, Guinea, Afganistán (pertenece a Asia), Togo y Uganda completan esta penosa lista.

Lógicamente, la falta de riqueza está relacionada con la falta de trabajo. El 75% de los trabajadores del mundo no tiene un empleo estable. En cuanto a los jóvenes, el desempleo a nivel mundial ronda el 12%, triplicando el porcentaje de los adultos, pero en África todo se acentúa, y en algunas regiones de ese continente el desempleo en mujeres alcanza el 45%.

Seguramente muchos de los que están leyendo esta nota tendrán en su mente la eterna duda de la juventud: ¿Sirve pasar 5 o 10 años de mi vida estudiando una carrera, o voy a ser pobre de todas formas? Bueno, acá van algunos datos al respecto: 75 de las 100 personas que más dinero tienen en el mundo estudiaron carreras universitarias. La más elegida por los millonarios (y las millonarias, les millonaries, lxs millonarixs) es Ingeniería. Ni más ni menos que 22 de los 75 mencionados la escogieron. Le sigue Negocios.

Otra cosa bastante obvia es que ninguno de los ya mencionados se hizo millonario de un día para otro. En sus primeros trabajos, la mayoría menciona haber estado relacionado a puestos de ventas, y acepta que ello les sirvió bastante para armar su futuro. (Así que si tenés 35 años y laburás en un call center, no te rindas, todavía podés ser Bill Gates).

Ahora bien, por sentido común uno tiende a pensar que el desempleo es el gran problema a solucionar, sin embargo hay un problema aún más grande: la brecha ganancial entre los mismos trabajadores, según su empleo y su rango. Por ejemplo, cualquier director de las principales marcas del mundo gana en 4 días lo mismo que un trabajador textil de Bangladesh (podría nombrar muchos otros países subdesarrollados) a lo largo de toda su vida. En los últimos años el 82% de la riqueza producida fue a parar a tan solo el 1% de la población, y los salarios de los trabajadores aumentaron en promedio un 2% anual, mientras que los correspondientes a los millonarios avanzan a un ritmo de 13%.

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Si nos centramos en lo local, acortando el rango de análisis a Córdoba, la situación no es menos preocupante: el 50% de los jóvenes de entre 18 y 24 años tienen dificultades en el mercado laboral. Existen tres grupos a tener en cuenta: los 74 mil que no trabajan ni estudian (12,3%), los 85 mil desocupados (14,2%) y los 138 mil que tienen empleos informales y precarios (23,1%). A nivel nacional, los jóvenes con problemas de inserción social alcanzan el 53,9 por ciento de ese segmento y suman 2.848.000 personas.

Para cerrar, te dejamos una divertida (y dolorosa) página interactiva llamada “Calculadora de la desigualdad” que muestra, en base a nuestro salario, cuánto tiempo deberíamos trabajar para obtener las ganancias mensuales de un millonario. En el caso de Argentina, si tomamos como base el salario mínimo ($9500), nos tomaría 11 años y 8 meses de trabajo alcanzar el millón de pesos (si es que pudiéramos guardar ese dinero en una casa y no tener que pagar cuentas, alimentos, vestimenta, etc). Otro dato interesante es cuánto tiempo tardaría un millonario para obtener nuestras ganancias mensuales. Tomando como base la misma suma de dinero, la cifra es aterradora, tardaría solo 5 horas, es decir que mientras yo escribo esta nota, alguien en el mundo se hace millonario, pero adivina qué: ese alguien no somos ni vos, ni yo.


 

[1] En realidad, el último puesto es compartido por los dueños de Koch Industries, los hermanos Charles y David Koch. Awww que lindo, comparten cosas entre hermanos, pero no remeras viejas y usadas como el común de la gente, sino billetes de gran valor.

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