por Ignacio Montoya

El tiempo que pasó/la gente que cambio de forma/en la fiesta de la forma
el que quiera encontrar la voz que cante/el que la quiera encontrar

—Los Reyes del Falsete

[Preside el siguiente texto Fideos con Tuco]

Verdad del teatro noise

Descanso sentado, la vista en la pared fija, cuando el ventilador en tres y un motor de la calle se hacen una sola cinta. Decir que uno burbujea y el otro chirria no es más que traducir su frecuencia en letras. La moto arranca, se aleja y desaparece por la Brown, mientras un avión de pasajeros se acerca desde el sursuroeste, cortando y licuando ráfagas de viento a chotomil pies de altura. ¿Es acaso el cinematic noise la vía regia hacia una intensificación de la vida sonora, de la escucha reducida? Renovando el gesto contra la obra de arte cerrada, los noisers operan la continuación no sublimada de los paisajes sonoros de la urbe, el digicode y la sierra. La escena se nutre del tren que hace trepidar el íntimo escenario.
 https://sonidoatmosfericoediciones.bandcamp.com/track/flota-en-ritmo-suspendido

CS o la escena compacta

En cambio, en la avenida de la data compacta, una burbuja de ruido blanco o un riff de dos notas se vuelven motivos de paso para apurar los humores de la canción vestida. El track, antes que abrirse, se cierra sobre cada una de sus partes. El primer ejemplo que se me viene a la mente es el motorik minúsculo que introduce el estribillo de Toxic, de la Britney. Una pequeña partícula de rock, bien cabeza y efectiva, presta a aparecer y desaparecer dentro de dos segundos de furor hitero.

Durante un tiempo me pareció que el switch ruidoso que sirve de puente en “Sigo sin entenderte” de Louta, (Fughhhhr… Fughhhr + corte de batería orgánica) podía entenderse de la misma forma. Sin embargo, cuando confirmé que el ruido estaba ahí antes y después del puente, redomado pero firme en algún sutil lugar entre el bajo y la línea plana y sostenida del sinte, empecé a darme cuenta de que ese ep es bastante más que una ensalada de géneros.

Louta-Derrite-Niceto-vol.2-1

Usted Señálemelo [1]

Ensalada o rockola, cuando lo que se lee en los titulares es cierta rehabilitación de lo rockero nacional, jugada mediática que apela a la nostalgia de quienes nunca pudieron hacer propia la escena del indie alternativo. Recordemos así el “Big Bang”: la intro ricotera muda hacia Cerati con una modulación armónica en la que todo se pone noir (todo es tan extraño, canta Juan Saeig). De ahí nos vamos al estribillo disco, con otro buen timing entre humor sonoro y letra: “venimos de explotar y vamos a ello”. Y para el cierre, unos arreglos de viento que te hacen acordar a NTVG.

Dice Cocó (guitarrista de US), respondiendo por el famoso toque de Skay, que él en realidad estaba queriendo imitar a una banda yanki. Antes el batero aclara que nunca había escuchado los redondos, que se pusieron a escuchar cuando les tiraron el linkeo. Si hago detalle de esto no es sólo para disfrutar revolcándome en el lodo de la gilada, como buen notero de NEC [2]. Sucede que buscando notas sobre el pop chileno, encontré estas dos, que además de ser un universo plagado de grandes discos -desde lo primero de Javiera Mena y Gepe hasta Patio Solar [3]), llegan a la única conclusión que permite -ya se ha dicho [4]– la historia como pingpong de macrogéneros: el ritmo no perdona. Salgámonos entonces de la nostalgia garantizada que implica hacer de cualquier presente o pasado musical un núcleo bombástico lleno de verdad y esperanza, y pensemos esa rocola como lo que es, más allá de a quién cite: un año y medio grabando un disco de sonido internacional donde cada canción está bajo la influencia de los discos geniales o hypeados por la pitchfrok del mes. Podemos darle un correlato material a esto, y decir que si US pudo hacer tal cosa es porque sabían que lo que quisieran hacer iba a sonar, porque las condiciones técnicas estaban a mano todo el tiempo. En cambio, locv, los motorizados tenían que sí o sí llevar al Sonic Ranch la mayor parte de laburo hecho, porque no podían hacer como Beach House, me entendés, que se quedaron dos meses y medio en el mismo estudio para flayar con los fierros y después arrancar.

Pero incluso más allá del presupuesto y la producción, es la idea de estilo la que claramente está rondando mi cabeza. El estilo como duración, como eso que ya tenían incorporado los motorizados y Beach house independientemente de cuántas horas pudieran o no perillear un prophet. El estilo como serie de trampas que pueden atravesar los géneros. O eso que hace que un disco sea una pequeña vida. Y no me digan que soy hippie, ES QUE el break, la ruptura, el corte, el salto desenfrenado del sidechain, son en estos momentos prerrogativas del hiphop. Entonces, vamos, no nos olvidemos que ahora romper significa otra cosa. Si no, miren la nota de Fede Fritteli sobre lo que tiene más vistas en Youtube, o vean con quién viene Radiohead el año que viene. Yooop.

usted-senalemelo

Así que, para presidir las roturas radicales y las dulces transiciones, vaya el Tenemos las máquinas de Los Reyes del Falsete.

Alter wach

Sos alto wach, Louta, dicen en los comments. Pasan por alto la ironía como yo cuando me atragantaba con sus mayúsculas. Producto perfecto que insiste en que lo es hasta desfondarse, su textura CROCANTE POR FUERA Y BLANDITO POR DENTRO, va directo a uno de los mejores chistes de Rick and Morty. Digo, desde que me volví creyente le encontré sentido a todas las letras, así que me juego la carta que se jugaría cualquier fan de Francisca y los exploradores: encontrar el sentido aún en las oraciones más simples, sin escatimarle oreja a los gritos, balbuceos, nasalidades, onomatopeyas y melodías tarareadas. Así, no sólo pienso en el marco que encuadra al alto wach en los shows, si no en esa sola línea que dice “y aunque pude demostrarlo”. ¡Pura boca el alto wach! Chicos, esto no es ni siquiera Kafka para principiantes, es sólo dejar de confundir el cantante con la serie de personajes que pasan por sus canciones. Si en Louta no nos molesta el quiebre, es porque se toma a pecho el cruce de géneros, tanto que lo hace traslucirse en un radioteatro en el que cada transición le abre paso a una nueva voz. Tal vez el ejemplo mejor logrado sea “Ponetelo bien”. Dos minutos y medio de “pareja canchera” + “esto es una mierda pero no me puedo separar”: intermedio maramero donde una voz femenina con autotune no habla desde la playa, si no desde el fondo del río, y dice “ya no puedo dejar mi colmena ni el amor que vos me das”. Amor que termina de revelarse siniestro en el cambio abrupto de las cuerdas mayores y suaves al golpe de vientos ominosos, sustentados por el riff menor de guitarra con distor, y el regreso de la voz de Louta reclamando un “ponételo bien” para prevenir el apocalipsis de la paternidad. Si esta fuera una historia narrada a pura rima interna, ustedes me podrían tratar de lerdo por engancharme con una novelita liberal malthusiana. Pero no es la letra per sé, si no la unión inextricable entre palabra, sonidos y géneros –todos narrando-, la que hace al estilo abrasivo de Louta. La voz (y el voicing) puede ocupar el lugar del bajo o de un reviente dubstep, extenderse en repetidos yeahs o sirenas, ser gruesa o fina o impostada o loopeada, hacerse una con los leds o mutiplicarse en un canto murguero imposible de descifrar. La mayoría de los temas con dos minutos y medio, y hasta parece que sobraran compases. Una economía ajustadísima que radicaliza la discontinuidad de la escena compacta bajo el resguardo de explotar original y rigurosamente contados elementos. En “qué bien que estoy” se sigue y amplía el efecto de manipular el humor callejero con una presencia creciente de ruido blanco mezclada con la saturación de la bata. En “carne”, el adiós al Kirchnerismo, la cosa se pudre entera cuando a los charangos de Santaolalla los mutea una distorsión catastrófica solapada a un “ya se que es cíclico, ya se que es cíclico”. Ahí lo tenés al piola de LOUTA, sabiendo que es cíclico y usando el ruido blanco para recordarnos que nos van a cagar a palos.

¿Cuánto me durará la loutización? Un tema que está en el show pero no editado me recordó los límites de la teatralidad. Fue una baguala que dice algo así como “quién no nos va a escuchar cuando cantemos juntos”, con un wawawawawawawawacho intercalado. De alguna forma ahí ganó la espectacularidad y sentí, por decirlo así, que el volver a los dieciséis de Violeta Parra valía lo mismo que el volver a los dieciséis de Perras on the Beach. Ya veremos cómo sigue tejiendo sus alianzas.

Simon.

Pálido punto azul

Pero llegó la hora de un poco de relativismo astronómico. Esos dos discos de los que nos estuvimos ocupando tienen en común el exceso de querer ser Dios, cosa que ya no vale cuando ocupamos nuestro lugar en la vasta arena cósmica. En ese punto, cada detalle puede ser un pase místico, como lo es la eterna suspensión de los Telescopios en el puente de La partícula de Dios, o ese punto del remix de Berthex en que Carl Sagan dice “On it” y un acorde de piano se posa discretamente sobre la tierra. Así también, el cambio de tempo y la entrada de los colchones en el temardazo de Fideos con Tuco, joya entre los b-sides del manso indie mendocino, que ha presidido todas nuestras palabras. Ocurre que esos momentos están ampliamente acogidos en la pequeña atmósfera que los rodea, lo que nos recuerda a nuestra parrafada sobre el noise, y a la fecha de presentación del segundo disco de Fonez, evento federal que, un día antes del festival la nueva generación, unió en espacio 75 a los sellos Polvo Boreau (Rosario), Fuego Amigo (Bs. As) y a los locales Lo-Fi Records. Sintomáticamente, me la perdí por habérmela pegado el viernes en Tresco, lo cual demostraría que tengo el corazón en el estómago y en los riñones, y que si esto hubiera sido una crónica de La Nueva Generación (¡Atenti quienes estén de paseo por Barrio Jardín!), el párrafo central se lo habrían llevado los deliciosos Sándwiches Montagú, a nuestro servicio desde 1975.

Pero, ¡ah! ahí está el disco nuevo de los Fonez, punta del iceberg (hi-fi) del sello Lo-fi, proveyendo emociones más variadas y un sonido todavía más nítido que Adhesivo de Contacto Espacial. AX100, 1º de Mayo y La visión (largo paisaje sonoro de 360º, donde un ojo ocupado por el bombo-bajo en negras es asediado por las ansias crecientes de destrucción de platos, acoples de guitarra y wópers de síntesis) no tienen nada que envidiarle a Seudoefedrina. Con todo, nuestro elegido para la última transición gloriosa es “San Pedro”, el tema de cierre. Escapando de la norma Fonez por utilizar un sonido de cuerdas bastante convencional y encima sumarle una progresión armónica tensa, el tema prepara dos partes que se funden en un embudo lleno de misterio. Suenan las campánulas.

El momento de debilidad

Qué baratija, esto de la forma al fin y al cabo no es más que un sonajero. Estoy terminando el ensayo y me doy cuenta de que esta vez no hablé de Spine… eh, digo, de Bob Chow. ¿Se acuerdan de BOB CHOW? De su novela me vienen imágenes, de cuando el protagonista se arma un pucho con hormigas vivas, o cuando se pierde en medio de la selva y hace una descripción de lo duro que tenía el jopo por el lodo. BOB CHOW, tarde para gugliar, tiene esa semejanza con LOUTA de querer ser un fenómeno integral, nada más que va desde la literatura de vanguardia al pop performático, en vez del pop performático al pop a secas, con la diferencia en la cantidad de seguidores que eso implica. La novela se llama EL MOMENTO DE DEBILIDAD en honor al descuido que hace que todo se desmadre. Escucho la bengala perdida para llegar a esa cúspide (CORdero hoy) y en los cambios aparece un poco de US [5], de revancha. Pero tal como en las canciones del Él Mató, la melancolía es muy fuerte como para no ir ciegamente hacia adelante. ¿Será explicable el poder de los motorizados por esa tensión insuperable entre ese motorik cabezático de topadora y la depresión sin épica? En cualquier caso, la debilidad es un momento de la fuerza, y como los comments de Youtube son mi principal archivo, me remito a DIOSQUE -oh, escuchad a aquél que por no querer ser Dios pudo ser Diosque. Tirando flores abajo de Fuego Gris, y diciendo las palabras más elocuentes al comienzo de su Tenemos las Máquinas. Miren cómo se marca y desmarca y después canta:

***

[1] Léase, explicar por qué sólo me gusta “Puedo morir, puedo caer”, yendo al hueso con su ánimo sostenido (podemos olvidarnos del coletazo cyberpunk en estudio) y sus momentos de ambigüedad complementaria entre voz y viola vía saturación. Letrón para saltar cantando.

[2] Las señales son claras, US es el ala fresca de una conspiración nostálgico-regresiva cuyos máximos exponentes son Fito sacando un disco decente, Cattaneo sampleando a Pink Floyd y A.N.I.M.A.L acompañando a en un tema a Lali Espósito.

[3] Agrego el disco homónimo de Astro, que quedó perdido en la brecha, o tal vez salteado adrede por el bastardeo que le valió su nivel de gratuidad y frikez.

[4] “Fuera de juego” ensayo de Heinz contenido en su libro ¿Olvidaste tu contraseña?, segundo título de El Servicio Postal.

[5] Nobleza obliga, recomiendo la escucha del ep de Lucca Bocci a todos los que NO sean hardcore fans del primer Fito.


 

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