por Kev Mex

25 de febrero de 2017, post visita al querido RRPP de confianza, el taxi sobrecargado va rumbo hacia Forja, donde la fila que espera parece la más grande de todas pero donde la impaciencia se transforma en el placer de saber que después de la procesión y after cacheo la previa termina. Hasta hace 3 horas atrás estaba sepultado en ese sentimiento de ansiedad fiestera bautizado “manija”, pero hace solo 1 hora que rompí el cajón a lo Beatrix Kiddo para obtener la bendición del ángel que auspició un mítico encuentro, en donde la chispa serrana de Shall Ocin daba origen a nuestro baile.

El juego del rockero electrónico empezó hace tiempo, aunque solo aclaro mis condiciones para que conozcan la subjetividad de mis relatos. Si bien el argentinismo popular suele distinguir la música electrónica en la dualidad de Pappo/Dj Dero, es preciso correr las barreras para darnos cuenta de que Charly Garcia no tiene razón (“La música electrónica no es música”) a pesar de su condición de Dios. Hace rato que las páginas de los subgéneros electrónicos hacen una historia preciosa y vienen alumbrando tantos corazones que la población no deja de crecer y crecer.

 

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Es que mientras nuestros padres todavía no entienden nada (con rechazo casi absoluto) y algunos militantes mainstream siguen adorando a los Chainsmokers, la escena goza de renovación constante, las fiestas rebalsan y los Djs no dejan de venir. Aún con los trágicos sucesos (como la tristemente célebre Time Warp 2016), con el tratamiento amarillista impartido por los medios de comunicación sobre el consumo de drogas y con el incremento de público nuevo, joven y descontrolado, la escena no deja de expandirse y modificarse, de robar protagonismo en bailes rockeros y de enamorar bailarines.

Con la posterior prohibición temporal de fiestas masivas en la CABA, Córdoba se volvió capital y creció en eventos. Hasta el under puede lograr lindas fiestas concurrentes con Djs locales. La calidad de Djs que solo se reservaban para nuestro D.F llegaron a Córdoba a alegrarnos la vida. Dicen que de la basura crecen flores y que de las tragedias nacen alegrías, y así funciono para los asistentes de la movida. Uno puede elegir sus gustos y, si dispone de billetera ancha, ir a ver Djs internacionales, nacionales, o cordobeses todos los días del fin de semana, del género o subgénero que prefieras. Y si bien algunos pesimistas siguen demandando a las figuritas imposibles (como Richie Hawtin, Paul Kalkbrenner o el esperado regreso de Hernan Cattaneo), los optimistas aceptamos todo lo que nos llega.

 

Adán Jones

 

En los Top 3 de requeridos al principio de 2016 elaborado por mis queridos amigos, todos coincidíamos en que no queríamos esperar más para ver a Maceo Plex. El cubano criado en Miami, Eric Estornel, conocido también como Maetrik y con más alter egos, podría haber ganado varios Balones de Oro como el alquimista perfecto entre la elegancia, la fuerza y la popularidad. Un productor que viene publicando desde los noventa y que desde finales los 00 hizo de Maceo su personalidad más aceptada y requerida. Odiado y amado, como bendición de la cima, declaró: “cuanto más conocido me vuelvo, más presión tengo y más inseguro me siento” (Pulse Radio, 16/06/2015), pero en estos años no ha dado un paso en falso.

Es curioso descubrir que son muchos productores de esta música los que forman sus sellos para difundir a otros artistas, como sucede en otros géneros musicales, donde podríamos citar Epitaph y Fat Wreck Records, pertenecientes al punk californiano, o Real World Records, de Peter Gabriel, en donde si bien existen parámetros corporativos, la independencia es una bandera simbólica. “Ellum”, de Maceo Plex, también significa esto. En su sello, han promovido lanzamientos (Eps, Singles) de grandes DJs, como lo son Fur Coat, Noir y el cordobés Nicolás Ábalos, mejor conocido Shall Ocin, con lo que sin duda le ha brindado a Maceo un ascenso en el business  y un mejor posicionamiento para desarrollarse tanto artísticamente como empresarialmente, visión replicada por cualquier aspirante a artista millenial.

Otro condimento importante para quienes vienen de otros ruidos que en el mundo de los Djs el soundtrack obvio es un pecado capital, por lo que cada presentación tiene un algo de exclusiva y quizá haya canciones o “tracks” que solo vean la luz en una sola noche. El catálogo de hits dura un semestre y esos tracks que sobrevivan pueden evolucionar a mini clásicos y, posteriormente, a clásicos generacionales. Pero el greatest hits del house o del techno sería un listado (casi) imposible. Dicho esto, estos últimos años han sido los de Maceo Plex. Un listado de singles y EPs que enumeran momentos únicos, donde la seguidilla “Conjure” marco su estadía en la cima de los productores, y donde su reciente EP, “Jorney to Solar”, lo muestra intacto.

 

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Ya habíamos visto a pesos pesados en su debut en la Docta (Solomun 2015, Plaza de la Musica) y sabíamos el tinte épico de lo que podía suceder. En el momento donde la grave melodía de “Conjure Dreams” explotaba en la pista, nos miramos a los ojos entendiendo todo. Estaba sucediendo. Ese que deseábamos nos estaba dando el gusto de disfrutar de nuestro presente.  El muchacho se aprovechaba de un contexto furioso y desatado, donde el calor y la furia hacia que todo Forja sintiera y bailara casi al unísono. Una asamblea democrática autorizaba al Dj a evaluar lo obvio: el hit se volvió clásico. Y el efecto se repitió nuevamente en el final, con la emoción de “Solitary Daze”, que no necesitaba ninguna aprobación.

En una generación que hace del instante una historia y que evalúa el peligro de ser rutinario, donde es importante contar todo el tiempo lo que vivimos, el crecimiento de la música electrónica podría ser casi una consecuencia. Pero la música no responde a patrones de comportamiento, sino que los interpreta como deber de arte. Hay miles de productores en pequeños cuartos en todo el mundo, intentando darnos ese momento de alegría efímera, a veces con menos pretensiones que artistas de otros géneros. Atribuirle a nuestros tiempos la creación o la evolución del género es absurdo, pero la explosión de la pasión es un hashtag.

Mientras salgo de Forja, miro a mis amigos y pregunto cómo sigue esto. Maceo Plex nos dejó desfasados y no queremos irnos a dormir “temprano”. La muchedumbre se dispersa, anónimos me miran con buena onda y me guiñan un ojo en alusión a lo que acabamos de vivir. Están todos ablandados y tiernos, no veo violencia. Hasta los que vinieron a marcar tarjeta dibujan una sonrisa natural. El momento pasó, pero se retiene en la retina y en el corazón. Después de muchas fiestas, el compromiso de venir a la cita obligada nos deja un gusto raro en la boca.

 

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El movimiento nació con robots que querían bailar, con productores disco y con pistas en suburbios oscuros. Y casi con la misma velocidad que la tecnología, han aparecido subgéneros de subgéneros, dogmas de comportamiento y claves éticas que conviven en un mundo altamente hedonista. La combinación música/drogas de diseño otorga un abanico de sensaciones de las que quizá muchos tengan como fin en su asistencia. Pero sería extremadamente reducido e injusto pensar que es el fin de todos. El complejo mundo de la música electrónica es tan amplio que los reduccionismos enferman aún teniendo en cuenta que el catalogo y la etiqueta también resulten insoportables.

Ya apareció un colectivo que nos lleva al After del fin del mundo, para seguir en el presente, quemando despacio todo lo que tenemos para dar.

El reino de la juerga ha sido descripto solo parcialmente.

 

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