por Valentina Zapico (@ValentinaZapico)

“Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne; supongo que el proceso está en el recuerdo de todos y que no se necesitan mayores explicaciones sobre mi persona”. Así empieza la novela El túnel, de Ernesto Sábato. Ya en la primera oración sabemos que hubo un asesinato, y conocemos al culpable y a la víctima con nombre y apellido. Algunos cuentos de Jorge Luis Borges, como por ejemplo “La muerte y la brújula”, “La lotería en Babilonia” y “El incivil maestro de ceremonias Kotsuké no Suké” revelan el final de la historia en los primeros párrafos. Pensemos también en Romeo y Julieta. ¿Quién no sabe cómo termina esa historia? Y, sin embargo, ¿ese saber impidió que quien tuviera deseos de leerla dejara de hacerlo? ¡No! Porque “lo importante no es llegar, lo importante es el camino”, como canta uno de los rosarinos más célebres. Entonces, ¿por qué tanto escándalo por los spoilers en los tiempos que corren?

El crítico de cine estadounidense Jonathan Rosenbaum escribió un breve ensayo llamado “In defense of spoilers” (“En defensa de los spoilers”). Al inicio del texto, afirma que la preocupación obsesiva respecto a recibir información indeseada no solo afecta a los fanáticos del cine, sino también a los lectores. Cuenta que cuando estaba de visita por un foro virtual sobre Thomas Pynchon, algunos fanáticos se preguntaban si debían leer o no la reseña sobre la novela Against the Day en la revista Time. Muchos de ellos temían que ese texto les “arruinara” la experiencia de leer el libro de Pynchon. Rosenbaum concluye la introducción del ensayo con un pensamiento que va en consonancia con lo que expuse en el primer párrafo de este texto: “Déjense de joder. ¿Esta forma de preocupación [sobre los spoilers] es una actividad apropiada para gente grande?”.

giphy

Después, Rosenbaum enumera sus cuatro razones en defensa de los spoilers. De más está de decir que coincido con todas ellas. A continuación, ofrezco mi traducción idiomática y algunos aportes personales a sus ideas:

1-Fenómeno reciente: muchísimas novelas, desde Don Quijote de la Mancha hasta algunas escritas en el siglo XIX, contienen spoilers incluso en los nombres de los capítulos. Según Rosenbaum, en tres siglos nadie se quejó de esta práctica. Para él, los quejosos de los spoilers son un fenómeno nacido en el siglo XXI. Otro ejemplo que brinda es el nombre de la obra de teatro Muerte de un viajante. Ya todos sabemos que hay un viajante y que va a morir. ¿Y qué? Las películas más comerciales de Hollywood también incluyen pequeñas pistas sobre la trama en sus nombres. Y es deseable que así sea, porque los espectadores pueden recibir una anticipo de lo que van a ver al leer el título. Home Alone muestra la historia de un niño que se queda en su casa (home) solo (alone). Aunque quizá esta película no sea el ejemplo más claro, porque en Latinoamérica la conocemos como Mi pobre angelito, es una muestra contundente de un título (en inglés) que anticipa lo que se desarrollará en la hora y pico que dura el film. Hagan el ejercicio de pensar en películas taquilleras que hayan visto y van a comprobar que esto es cierto en la mayoría de los casos.

2-Amor desmedido hacia la trama y límites difusos: el concepto del spoiler, esa revelación supuestamente insidiosa, privilegia la trama por sobre el estilo y la forma, y supone que toda la audiencia piensa de esta manera, además de implicar que está bien que así sea, ya que la gente no debería tener una opinión diferente al respecto. Me acuerdo del escándalo que se armó cuando algunos usuarios de Twitter mencionaron que Jon Snow había muerto. Los usuarios que todavía no habían visto el episodio les saltaron a la yugular con uñas y dientes. Intento empatizar con cada “damnificado”, pero se me complica. Te enteraste de que se murió un personaje principal. Qué lástima. ¿Pero eso te impide seguir disfrutando de Game of Thrones? ¿Vas a dejar de ver toda la plata que HBO puso en locaciones impactantes porque leíste que alguien se muere, en una serie donde esa es casi la única constante? ¿Ya no te interesa ver a [la doble de] Emilia Clarke desnuda? ¿No te da curiosidad escuchar los comentarios picantes de Lord Varys? ¿Y saber qué hace Littlefinger para odiarlo con más fundamentos? Me parece que todos podemos responder de la misma manera, y que podemos coincidir en que enterarte, por el medio que sea, de un acontecimiento crucial en la trama no va a arruinar el placer de experimentar con tus propios sentidos lo que se desarrolla en una serie, película o libro. Rosenbaum también agrega que es muy difícil determinar qué es un spoiler y qué no lo es. Para ilustrar esto, recurre a la adaptación cinematográfica de El mago de Oz y se pregunta: “¿Es únicamente considerado como un spoiler decir que Dorothy viaja de Kansas a Oz? ¿O también es un spoiler decir que la película cambia de blanco y negro a color?”. Como ven, los llamados comentarios aguafiestas se encuentran en un terreno donde los límites son difusos

 

036c4230-fda5-0133-8060-0e31b36aeb7f

3-¿Alguien, por favor, quiere pensar en los críticos?: Rosenbaum sostiene que es imposible ser crítico de cine si no puede describir, con lujo de detalles, lo que sucede en una película. Lo que se espera de él es que escriba una reseña, ¿pero cómo podría hacerlo sin analizar la obra? Es absurdo. En mi blog (no es que me compare con Rosenbaum ni mucho menos, solo lo menciono como ejemplo minúsculo), cada vez que describía el argumento de una película, serie o libro, solía poner una nota al inicio de los textos donde avisaba que podía llegar a mencionar spoilers. No más. Basta de pensar en no herir la susceptibilidad de los temerosos. Es hora de que mejoremos como espectadores y dejemos de ser tan manipulables a la interpretación ajena acerca de determinada obra cultural.

4-No hay nada nuevo bajo el sol: según Rosenbaum, una extraña implicación metafísica subyace a la noción del spoiler. El autor afirma que los cinéfilos o lectores que se quejan de los spoilers lo que en realidad quieren es recuperar su inocencia, como si fuera posible volver a un estado perfecto de total ingenuidad y asombro. Sostiene que quizá hasta buscan recuperar su infancia (por no decir que son infantiles…) para poder experimentar todo como si fuera completamente nuevo. Si nos aferramos a este punto de vista, Rosenbaum considera que ni siquiera deberíamos saber qué película vamos a ir a ver, o quiénes la protagonizan, o quién la dirigió, o de qué se trata, o en qué cines la están pasando. Aunque creo que esta reflexión filosófica es un poco hiperbólica, entiendo que Rosenbaum critica a los consumidores de contenidos culturales que parecen regirse bajo la premisa de que la ignorancia es una dicha. Y también coincido con él. No podemos hacer un borrón y cuenta nueva planetario para arrancar de cero y disfrutar de las películas y los libros nuevos como si no estuviéramos atravesados por todas las películas que ya vimos y los libros que ya leímos.

Dejé de mirar Game of Thrones a mediados de la quinta temporada. En aquel entonces me había aburrido, pero sé que en algún momento la voy a volver a ver. Quizá lo haga cuando termine definitivamente, así puedo disfrutar todos los episodios restantes sin la ansiedad de esperar entre una temporada y la siguiente.

b79501783368178cf3c1fa7d8d578b18abb8a01a_hq

Aunque dejé de mirar Game of Thrones, igual me enteré de todo lo que pasa. Nunca intenté esquivar los spoilers. De hecho, un día le pedí a un compañero de trabajo que me contara qué había pasado en el final de la quinta temporada y también en la sexta. Él me miró con desconfianza. Yo insistí. Y me contó todo. Como apasionada del lenguaje, disfruté muchísimo su relato, los significantes que usó, los gestos que hizo para narrar los acontecimientos más destacados. Me gusta escuchar a alguien contar algo en su propio estilo, con su propio tono de voz. No siento que me “arruine” la experiencia de mirar determinada película o serie, o de leer cierto libro, sino todo lo contrario. Las distintas perspectivas, escuchadas o leídas antes de ver o leer algo que nos atrae, arman un coro polifónico hermoso. Este conjunto de voces más o menos armónicas no reduce la validez de la experiencia propia ante determinada obra cultural. En cambio, la enriquece, la complejiza, le aporta puntos de vista diferentes. De ninguna manera la spoilea.

El primer año de la carrera de Filosofía cursé una materia que se llama Problemática Psicológica. Los docentes son psicoanalistas. Uno de ellos contaba que una paciente anotaba sus sueños y llevaba el papelito al consultorio. A ella le parecía que su memoria no era suficiente y que por eso tenía que recurrir al soporte escrito para reproducir de la manera más fiel posible lo que había soñado. Pero eso no les interesa a los psicoanalistas. No quieren saber exactamente qué pasó en el sueño, si no escuchar la narración del paciente sobre el mismo. No importa la exactitud en las imágenes, si no las palabras utilizadas, los titubeos, los potenciales actos fallidos. La “gracia” está en la experiencia personal, única e irrepetible; en cómo ese sujeto vivenció el sueño, más allá de cómo el sueño haya sido “en sí”. Para mí pasa lo mismo con los libros, las películas, las series. Te pueden contar una trama con lujo de detalles, pero eso no se compara con la propia experiencia de leer el libro o mirar la película o serie en cuestión. Tu experiencia personal es tuya y de nadie más. Por eso, hay que derribar la conspiración del spoiler ahora mismo, antes de que sea demasiado tarde y nos transformemos en espectadores por demás de susceptibles

Comentarios

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.