“Dondequiera que se implanten muchas máquinas para reemplazar a la gente, encontraremos mucha gente que no serán otra cosa que máquinas”
Louis de Bonald

por Juan Domandl (@cuentaregular)

No es mentira que la tecnología tiene mucha incidencia sobre nuestra vida diaria, probablemente pasemos más tiempo en las redes sociales del que nos conviene. Los políticos y las empresas se toman esto muy en serio, no es casual que hoy exista la profesión de «influencer» para sugestionar a la opinión pública de consumir tal producto o simpatizar con algún partido o candidato y ni hablar del supuesto «call center» de trolls.

El ciberespacio está desplazando al espacio.

Más allá de las redes, la incursión en el área de la inteligencia artificial nos está llevando a revivir la pregunta que se hacía Alan Turing en 1947: ¿puede pensar una máquina? Hoy nuestros cacharros electrónicos están cerca de tener conciencia sobre sí mismos. Actualmente hay desde drones hasta vehículos autónomos, es decir, autos que se manejan solos (puede salir mal, al momento de la redacción de esta nota un peatón fue atropellado por uno). En este contexto, las preguntas que habían estado reservadas exclusivamente para ficciones de Julio Verne e Isaac Asimov empiezan a cobrar más sentido que nunca.

Ha resurgido el miedo a ser sustituidos por una máquina. Para ilustrar el proceso la automatización pensemos en la película Charlie y la fábrica de chocolates de Tim Burton (2005). El papá de Charlie [1] se dedicaba a colocarle la tapa a los envases de pasta dental hasta que un día se encontró con un telegrama de despido. Sus empleadores habían decidido echarlo porque encontraron una máquina que podía colocarle la tapa a los dentífricos con una productividad mucho mayor y prescindiendo de los costes de un asalariado.

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Imaginemos por un segundo un mundo en el que el papá de Charlie hubiese sido solo una partícula de un fenómeno general mucho más grande que él; en donde empleados de todos los rubros hubiesen visto sus tareas rutinarias e iterativas atrapadas por la automatización a tal punto en el que el desempleo aumenta porque el avance de la tecnología supera a la mayoría de la mano de obra analógica.

Este hipotético y apocalíptico escenario es el gran miedo de algunos, pero basta de supuestos y películas ¿Qué pasa en el mundo real? No hay nada nuevo debajo del sol, el terror de que una máquina nos quite el medio de vida se remonta a tiempos de la Revolución Industrial (o quizás mucho antes). Un caso paradigmático en donde se manifestó un fuerte odio hacia las máquinas fue el ludismo (s. XIX d.C.), un movimiento de artesanos ingleses enardecidos con los telares industriales que les quitaban la labor. Estos instrumentos permitían a obreros realizar la labor de los artesanos por un salario más bajo y de manera eficiente. Los artesanos hicieron de la violencia su medio de acción directa y destruyeron algunos telares ¿Existirá algún paralelismo con la polémica entre Uber y los taxistas? Hay que mirar todas las aristas y considerar si hay competencia desleal, pero sin dudas también se trata de un problema generado por el avance tecnológico.

Es sombrío que el cambio tecnológico y la automatización puedan dejar a mucha gente sin trabajo, pero eso no debería hacernos incurrir en la tecnofobia. El desplazamiento de puestos laborales causada por el progreso tecnológico, lamentablemente, es una parte inexorable del progreso económico. El aumento de la productividad generado por las máquinas también elimina la necesidad de que el ser humano realice actividades reiterativas, tediosas e inclusive peligrosas.

El avance exponencial de la robótica patrocinado por la evolución de las ciencias y la tecnología tiene incidencias muy claras en el mercado laboral y en la economía en general. Podemos hablar de dos resultantes: ganadores y perdedores. En la primera categoría, la automatización abarata los costos y eso se traduce en bienes o servicios más económicos y mejores para los consumidores (paradójicamente los perdedores también saldrían beneficiados). Los empleadores se verán favorecidos y también es probable que se generen otros puestos de trabajo para muchos empleados medianamente calificados, i.e., beneficiaria al capital humano (si la diferencia entre los puestos creados y puestos perdidos es positiva entonces habrá muchos del lado de los ganadores). Esto último, es lo que le sucede al papá de Charlie al ser contratado para arreglar la misma máquina que lo reemplazó.

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En contrapartida, los principales perdedores serán los menos especializados. Aunque también muchas labores que requieren especialidad son susceptibles de ser automatizadas [2]. Una postura muy reacia al avance de la tecnología por dejar gente sin trabajo puede llegar a ser contraproducente, supongamos que Fulano puede fabricar un zapato por hora al coste de $10 y Sr. Robot puede hacer diez zapatos por minutos a un coste prácticamente nulo; sería irrazonable no usar la máquina solo para mantener ocupado a Fulano. Sería genial encontrar soluciones que no impliquen necesariamente un despido.

El miedo al «desempleo tecnológico» puede confluir con otros problemas sociales como el trasfondo de la mano de obra no especializada. Ésta última, en muchos casos, se traduce en seres humanos que en contextos de desigualdad económica ni siquiera tuvieron la oportunidad de ejercer su derecho a la educación solo por haber nacido en una posición de desventaja. En muchos países la educación superior está vedada para quiénes no puede pagarla y por ende es muy difícil diplomarse. Se dejan abiertos muchos interrogantes que pueden algún momento formar parte de la agenda parlamentaria, ¿puede gravarse el uso de máquinas?, ¿los contratos laborales deberían contener cláusulas respecto a la automatización?, ¿fue una buena idea para la familia de Charlie mudar la casa adentro de la fábrica?

La última palabra la tiene el futuro

 


[1] La triste escena en donde es despedido: https://www.youtube.com/watch?v=ZcK7vKSTYF8

[2] En este informe se muestra qué oficios manuales están amenazados:  Grupo Banco Mundial (2016). Dividendos Digitales, Panorama general. http://documents.worldbank.org/curated/en/658821468186546535/pdf/102724-WDR-WDR2016Overview-SPANISH-WebResBox-394840B-OUO-9.pdf

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