por Federico Frittelli (@fedefrittelli)

 

Entonces Sony escucha que un Wos totalmente concentrado le tira Hey gordo te pego en la pera/ no sabía que Mercedes Sosa se hizo rapera. La rima es buenísima, alude tanto a la obesidad de Sony como a su tendencia a entonar en las batallas, agregando melodía a la voz para lograr de esa manera un estilo único. Pero el mecanismo rapero en su mente empieza a generar posibles respuestas, precisas combinaciones de técnica, métrica y rima para responder al ataque del rival con un punchline más ingenioso, más mordaz y mejor adaptado a la base rítmica. No por nada Sony es considerado uno de los mejores –si no el mejor- rapero de batallas del país. Termina el minuto de Wos quien, al menos, parece haber asegurado una réplica después de estructurar los patrones con acotes sólidos e inteligentes. El beat descansa por un instante, la anticipación del público se hace sentir con el Wo Wo Wo Wo característico. Empieza a sonar nuevamente la base y Sony entra sin pensarlo, como si su voz fuera un animal que vive en el interior mismo de los patrones y es liberado cada vez que toca su minuto. Yo soy Mercedes Sosa, yo soy un gordo cantor -se golpea el pecho, levanta las manos-/ y lo digo delante de todos con amor/ Yo soy Mercedes Sosa, la gente lo goza/ Suuuuuube tu level por favor.

 

 

Inmediata explosión del público (¿tres mil, cinco mil personas? Es difícil determinarlo porque ni se cobra entrada ni se lleva a cabo en un establecimiento cerrado. El Quinto es de la plaza y la plaza es de todos). Sony sigue estructurando rimas pero nadie lo escucha, la gente no se repuso todavía de la perfecta imitación de “Sube, sube, sube” de la negra Sosa que prácticamente da por terminada la batalla. Wos sonríe no sólo por la calidad de la respuesta sino porque íntimamente sabe que se la dejó picando, que Sony es un rapero de nivel internacional y que no perdona. Cuando el público se calma (más de treinta segundo después, una eternidad en tiempo de batallas)  Sony larga cuatro versos más, de poco vuelo, y la batalla termina.

 

Enunciador/Sujeto

 

En el análisis discursivo, uno de los modelos teóricos más utilizados para abordar el estudio es la teoría de enunciación: siempre que existe un enunciado es porque existe un acto de enunciación que involucra tanto a quien enuncia como a quien va dirigido tal enunciado. Ahora bien, ese par enunciador/enunciatario no preexiste al acto de la enunciación sino que se conforma simultáneamente a la producción del enunciado. En definitiva, cada enunciación construye su propio enunciador y su enunciatario, ambos distintos de los sujetos empíricos (la persona real que habla o escribe, la persona real que lee o escucha). En conclusión, enunciador y enunciatario son efectos textuales antes que causas.

batalla-de-gallos-red-bull-2015-loqueva-4

Lo que hace especial al under argentino es una aplicación muy trabajada (transformada por el corrimiento del objeto cultural) de la teoría de enunciación a las batallas. ¿Qué es lo primero que sorprende y atrae de esos rings discursivos sobre una base rítmica? La capacidad de los MC´s de abrazarse una vez que termina el enfrentamiento donde se dijeron lo peor que podrían decirse el uno al otro con tal de derrotarlo. Esa impermeabilidad a la ofensa está dada, en gran parte, porque cada rapero construye su propio enunciador y lo hace entrar a la batalla en su lugar (quien rapea es más un personaje que enuncia que la persona). Repetición es reputación, reza el aforismo televisivo, y eso mismo podemos trasladarlo a nuestra descripción: el personaje/enunciador de cada rapero se repite una y otra vez y se carga de cualidades y significados. Así tenemos el caso de un Trueno, pibe de quince años que despliega una conducta soberbia y altanera sobre el beat, pero que cuando está fuera de la base musical se ríe de su propio personaje. Lo interesante es que la producción de sentidos no se detiene en lo que cada enunciador dice sobre sí mismo, sino que cada uno de ellos va coleccionando un conjunto de hechos, rimas famosas (que dijeron o que LES dijeron, principalmente), victorias o derrotas importantes e incluso sucesos de la vida “real” que consiguen colarse en los patrones. Podemos decir entonces que el hecho de que los raperos se conozcan entre sí y en muchos casos sean amigos no es impedimento para que se “tiren sangre” (expresión propia del movimiento) cuando empieza a sonar la instrumental. Cuando compiten entran en juego esos Alter Ego claramente contorneados por batallas previas, los cuales, sumados, conforman un verdadero código de base para la creatividad de cada rapero. Los personajes de algunos quedan marcados por defectos físicos (los dientes de Klan, la nariz de Underdann, la obesidad de Sony o Beelze), por características propias de su rap (el flow del Duki, el doble tempo de Kodigo, las muletillas de Dtoke, las métricas de Dam, Lit Killah, Ecko), cualidades de la personalidad (la inteligencia de Dani), etc. Cada uno batalla con y contra la narración de uno mismo y la de los otros, y al mismo tiempo  contribuye a su expansión. Las mejores batallas del movimiento se dan entre aquellos que se conocen mucho y ya se han enfrentado antes: la base narrativa ya está dispuesta y tienen la chance de construir sobre lo-ya-sucedido y lo-ya-dicho.

 

Intensidad de las masas

 

Primer verdad irrefutable acerca del movimiento rap en Latinoamérica y especialmente en Argentina: es un fenómeno eminentemente underground y urbano, asociado a la épica de barrio y de clases media/bajas y bajas.

Segunda verdad irrefutable: las batallas de rap están de moda.

 

KINGTO-1-678x381

Con las variables sociales sucede algo que es impensable para las ciencias exactas: dos formulaciones opuestas que entran en contradicción pueden ser verdaderas aun manteniendo tal oposición. ¿Cómo es posible que un movimiento under se ponga de moda y continúe siendo under? El hecho de que videos del Quinto Escalón en YouTube alcancen las siete millones de visitas, ¿no invalida acaso la pretensión de mostrarse genuinos? Y sin embargo, es así. Las redes sociales en el 2016 catapultaron la visibilidad de una cultura que se encuentra ahora confundida y deslumbrada ante su propio éxito. Las batallas parecen hechas para triunfar en el ámbito web: son breves, prácticamente infinitas, frecuentes (domingo de por medio, por ejemplo, en el caso del Quino Escalón), intensas, y un largo etcétera de cualidades que las hacen prácticamente adictivas. Cuando un fenómeno de tales características se produce (la masificación de un producto under), la reacción por parte de quienes pertenecen y pertenecieron desde el comienzo suele ser agridulce, en tanto que ven aquello que aman alcanzar el reconocimiento que creen que merece y, a la vez, registran una oleada de nuevos sujetos culturales, hasta hace muy poco ajenos al movimiento, reclamar participación al mismo grado que ellos (los llamados “topos” en nuestro país, “niños rata” en España, etc.). En Argentina, lo que probablemente suceda (y ya está sucediendo) sea la formación de un círculo de producción restringida, cargado simbólicamente del peso del verdadero pertenecer, opuesto al círculo de producción ampliada, mayor en términos de mercado pero vaciado de prestigio. Si esto llegara a pasar efectivamente así, nos encontramos en el momento bisagra de la breve historia del rap argentino. La masividad está por alcanzar su punto de no retorno y algunos de los representantes están empezando a cansarse (no olvidemos, por ejemplo, el ya famoso acote de Underdann a Replik: “vos te hiciste conocido cuando esto se hizo un circo”, verso que es un resumen perfecto de la dialéctica fama/prestigio en cualquier rama del arte).

Los mecanismos de compensación de los raperos más conocidos funcionaron hasta ahora, pero nada asegura que la retórica paternalista que tratan de imponer siga siendo aceptada cuando se defina claramente la oposición. Me explico: uno de los tópicos más recurrentes en las batallas es el de si el MC es “real” o no. Real es quien no caretea, quien no ha olvidado sus orígenes, quien está por el rap y no por la fama y los raperos. Pero para aquellos raperos como Dtoke o Papo, quienes son conocidos internacionalmente y ya no van a rapear a las plazas, ser “real” se torna verdaderamente un problema puesto que su fama desafía la carga de significado del adjetivo. La resolución que dan es simple y certera: ellos “representan”, su fama corresponde a que son quienes mejor llevan el estandarte del rap argentino por el mundo y, en ese sentido, nunca dejaron de ser “reales”.

Para terminar, creo que la cultura rapera está a punto de enfrentarse con la que terminará siendo su principal enemiga: la corrección política del discurso. La que eleva y destroza textos a su antojo dependiendo si cumplen o no con las Sagradas Normas de la Moral Discursiva. Cuando adquiera la visibilidad crítica, el under argentino deberá reformularse, reinventarse y renegociar los términos de su éxito con una opinión pública bienpensante que no le permitirá, por ejemplo, la poética machista, la compadrada, la exaltación de las drogas ilegales.

Vendrán tiempos difíciles, pero todavía falta.

Hasta entonces: subamos el level, por favor.

mejores-rimas-batalla-de-los-gallos-2015

 

P.D.: Lo que no se puede explicar

Si llegaron hasta acá en esta nota super especializada en un movimiento relativamente desconocido –por ahora- es por algo. O bien se interesaron genuinamente en la configuración de ese torrente de versos agresivos dichos entre amigos para lastimarse sin herirse, o bien leyeron en quien redacta la racionalización argumentativa de una obsesión. Da igual. Una vez acá, a medio párrafo de que se apague mi voz en tu cabeza, lo único que me interesa es dejar que cierre gente que escribe mejor que yo. Hace poco pensé, parafraseando a la Pistolera: “Voy a terminar una nota sobre rap con el minuto de Dani. Si no se entiende lo que quise decir, al menos se entenderá que

Puedo entrar al beat rápido o lento,

es fundamental estar suelto.

Vos hacé los pases que quieras,

con Dani la pelota siempre va adentro.

Yo en vos veo solo un intento

de llegar al level que alcanzo

cuando en una competencia me concentro.

Muy pocas veces pasa, pero cuando pasa

se van un par muertos.

Yo no soy el dueño de la plaza

pero me siento en casa en cada evento.

Mi rap es así, no lo oferto.

Tampoco lo pienso, sólo lo suelto.

Si no te gusta, está perfecto.

Decime y ni lo manifiesto.     

 


 

Comentarios

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.