por Santiago Miranda

En 1967 Los Gatos publicaban su primer Long-play. Ese debut fue considerado como el nacimiento de lo que ya hace mucho tiempo se conoce como Rock Nacional.

Tras 50 años, la continuidad de este movimiento es para muchos un tema de discusión. La crisis discográfica iniciada en la década del 2000 y la realidad de un rock repetitivo y agotado de sus propias voces, al menos el perteneciente al mainstream, generaron cierto escepticismo en algunos oyentes frente a la actualidad de la música contemporánea argentina. Con una mirada desesperanzada y nostálgica, se preguntaron si la innovación y la búsqueda creativa habían quedado en el pasado. Concretamente, pusieron en duda la persistencia de una corriente que supo  sobrevivir a base de reinventarse continuamente. ¿Era realmente el fin de la renovación?

Estamos salvados

Hace cinco años escuché por primera vez a De la Rivera y comprobé todo lo contrario. No sólo me encontré con una banda que sonaba diferente a todo lo que había escuchado, sino que descubrí que, junto a ella, decenas de jóvenes estaban siendo parte de una explosión artística y cultural en Córdoba: estaba frente a una verdadera escena musical.

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La Docta veía surgir a una serie de artistas que, en miras de trascender los límites de estilos y géneros, buscaban llevar la canción popular hacia nuevos horizontes. Originales propuestas nacían y se impulsaban unas a las otras, haciendo un uso provechoso de las nuevas tecnologías y las redes como medios de exposición. Si bien en la Capital Federal ocurrían cosas interesantes, la respuesta ya no estaba del todo ahí y a la hora de hacerse visible para un público más extenso los límites geográficos ya no parecían un obstáculo tan grande para los grupos del Interior. El periodista Juan Manuel Pairone  lo plasmó en su libro Esto es una escena, en el que además destaca el significado de este movimiento en términos de oponerse a la dinámica que durante muchos años concentró a artistas asociados con el rock-pop en la capital de nuestro país: “Mucha de esta música desafía al menos en dos sentidos las bases de la matriz cultural nacional: por un lado, porque intenta ver más allá de ese imán simbólico que es la ciudad de Buenos Aires y  luego, porque se contrapone a una lógica centralista que deja poco lugar para expresiones provincianas alejadas de su rol en el catálogo de músicas folklóricas”. Hoy, la escena cordobesa se sigue ampliando: las bandas crecen y los proyectos se multiplican. El rock argentino, deseoso de renovación, ve en Córdoba un importante centro de producción de contenido novedoso.

Afuera de Buenos Aires hay vida

Con esto en mente, ya no podía cerrar los ojos y menos los oídos. Era lógico que, así como se había gestado un joven movimiento musical en Córdoba, lo mismo podía perfectamente suceder en otros lugares de la Argentina. Desde el año pasado comencé a leer repetidamente en diversas publicaciones que en Mendoza había una serie de bandas que estaban creando músicas de gran calidad.  Y no se equivocaban: al pie de los Andes estaba sucediendo algo similar a la explosión de artistas que copaba Córdoba. Público y prensa acuñaron el término Manso Indie o Generación Manso para referirse a este movimiento, frente al uso en la jerga joven de la expresión “manso” en Mendoza (dícese de algo que está zarpado y que a la vez denota serenidad).

Parte del alboroto en torno a la provincia cuyana lo causaba un pibito de 20 años con su grupo de amigos. Ya habrán oído hablar de él. Carismático y dado, de cuerpo flaco y alargado, cabello teñido de rubio y cigarrillo siempre en mano: Simón Poxyran y sus Perras On the Beach dieron vuelta todo con su estética pandillera y su actitud cuasi-punk cuando en 2016 debutaron con Chupalapija, un disco enérgico y transgresor desde su título. Y si bien la banda no destila virtuosismo, es justamente su sonido desprolijo y su espíritu lúdico los que resultan tan atractivos.  Australia y porro, guitarras distorsionadas y gritos desgarrados, Mac Demarco y rap: esta mezcla disparatada es la que da vida a la música de Perras on The Beach. Pesadilla de padres y municipalidades, la figura de su frontman los alza como la nueva sensación del indie nacional.

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Las puertas se abren

¿Pero es sólo Perras la razón de tanto jaleo en Mendoza? Por supuesto que no. De hecho, los mismos integrantes del grupo de Simón, a excepción de él mismo y el bajista Bruno Beguerie, forman parte de otra banda en la que tocan desde pequeños: Usted Señalemelo. Formada por Juan Saieg, Gabriel Orozco y Lucca Beguerie Petrich, quienes rondan los 21 pirulos, Usted es lo que la música argentina estaba esperando: un conjunto joven y talentoso que une la tradición spinetteana con influencias extranjeras actuales y las sintetiza con ingenio pop en canciones que pueden ir desde baladas con aires folklóricos hasta temas bailables que reúnen sintetizadores y arreglos de cuerdas. En sólo dos álbumes publicados han sabido demostrar lo que a muchas bandas le cuesta décadas. Su último trabajo (publicado este año), II, es evidencia pura de su versatilidad como músicos y de una capacidad asombrosa para reinventarse por completo. En una misma línea, en cuanto a edad y habilidad para mutar constantemente, se asoma Luca Bocci, que entre varios proyectos como Alicia y Las Luces Primeras, encaró este año su etapa solista con Ahora. Influenciado por el mejor Fito Paéz, Bocci se presenta como un compositor e intérprete excepcional, que mezcla hermosas armonías de guitarra a lo Spinetta con la experimentación moderna en la caja de ritmos. Estas propuestas adquirieron una gran popularidad fuera de Cuyo y son los ejemplos más recientes y quizás más paradigmáticos de una escena repleta de nombres, que se reproducen constantemente. El Manso Indie se ha estado gestando ya desde hace tiempo, con bandas de un rango etario más elevado a la cabeza, como Mi Amigo Invencible y Lavanda Fulton. Mariana Päraway (Glamour y solista), Mariano Peccinetti (Trasvorder y Las Luces Primeras), Leandro Pezzutti (Lavanda Fulton, Fideos con Tuco y Las Cosas que pasan) son otros seres inquietos que han puesto su granito de arena para que hoy se hable de la escena mendocina como una de las corrientes artístico-musicales más fuertes del país. Pero no es sólo la calidad de los proyectos lo que ha puesto a la Generación Manso en el mapa. El soporte que se brindan mutuamente sus músicos, una suerte de un dinamismo interno que los impulsa uno con los otros sin importar las diferencias de edad y musicales, es lo que realmente constituye su esencia. Así como Discos del Bosque y Ringo Discos en Córdoba, la formación de sellos independientes como Chipica, Mango Discos, Discos Rebeldes y Wanaku en Mendoza ha sido clave para que se respiren aires de fraternidad y compañerismo en un escenario que incita a la participación colectiva y activa en una búsqueda por la expansión y auto superación constante. La lista de grupos y propuestas musicales es inmensa y se extiende y extiende. La mayoría se resiste a instalarse en Buenos Aires y han logrado que la escena trascienda los límites de su localía.

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Es un big bang

La música argentina está en proceso de renovación, pero sus protagonistas ya no se encuentran necesariamente en la Capital Federal. Con el advenimiento del Internet y los nuevos formatos digitales, la industria musical sufrió en la última década un período de transición en la que decayeron considerablemente las ventas de discos. Mientras que, para adaptarse, las empresas discográficas se decidieron por apuestas más concretas, una nueva generación de músicos aprovechó las nuevas tecnologías para expresarse artísticamente y hacer visible sus proyectos. Fuera del suelo porteño, en las provincias de Córdoba y Mendoza surgió una explosión musical bajo la nueva dinámica que las diversas posibilidades de las plataformas de streaming y las redes sociales ofrecían. Diversos proyectos se retroalimentaron hasta la formación de escenas regionales que, a base de talento, ingenio y esfuerzo, pudieron superar las limitaciones geográficas y el desinterés de las discográficas. Las plataformas digitales no sólo favorecieron a la producción y a la distribución de contenido, sino que les permitieron a los músicos acceder a una data que antes difícilmente hubieran podido obtener, tanto de influencias contemporáneas como internacionales. El resultado es que los movimientos sean ricos y variados en cuanto a estilos a la vez que buscan afirmar su identidad regional. Ya no son sólo las voces bonaerenses o santafesinas (sí, Rosario siempre estuvo cerca) las que ocupan el centro de atención del Rock Nacional. La movida cordobesa y el Manso Indie son dos fenómenos que nos alientan a pensar que la escena musical argentina está en camino de convertirse en un movimiento pluralista y federal. Hoy se dice que Mendoza es la cuna del nuevo rock argentino, mañana esperemos que sea otra la región la que ocupe ese prominente lugar. Abramos los ojos, no dejemos que la nostalgia nos ciegue: el presente es hermoso y el futuro prometedor.

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