por Redacción Nadie Es Cool (@nadieescool)

 

¿Alguna vez te preguntaste, mientras soportabas la resaca de un domingo a la mañana acompañado de programas deportivos de TN o TyC Sports, cómo puede llegar uno a ser tan imbécil? ¿Cuál puede ser el público que se identifica con la estupidez de un Lib*rman, de un Azzaro, de un Lunati? ¿Cómo pudo haber sobrevivido ese reducto ideológico de machismo, estupidez, cábala, mala leche y compadrismo a la marea políticamente correcta que inunda la televisión y las redes sociales desde hace al menos una década? ¿Por qué siguen haciendo siempre la misma entrevista al mismo jugador que responde siempre las mismas preguntas en el mismo orden y con la misma entonación?

¿Creíste alguna vez estar volviéndote loco frente a la enésima repetición de una frase hecha cuyo propósito original fue tan bastardeado por estos mongolos que perdió todo significado? ¿Te enajena de bronca que llamen “hacer periodismo” a opinar pelotudeces, y llamen cagones a quienes se limitan a exponer datos?

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No sufras más. Nosotros te damos la solución: convertirte en uno de ellos. La única forma de asegurarte no ver nunca más Estudio Fútbol o la poronga que hace Lib*rman los domingos a la noche, es formando parte del panel que grita orangutanamente.

Estos son los cinco consejos de Nadie Es Cool para transformarte en tu propio periodista deportivo:

 

1- SIEMPRE QUE PUEDAS, EVITÁ HACER UNA PREGUNTA

 

Es preferible, en todo caso, hacer una observación obvia sobre lo que todo el mundo acaba de ver, para que el delantero se suba a tu afirmación y agregue algún comentario inútil que no le sume nada a nadie. No sabemos muy bien cómo empezó a hacerse ni por qué, pero funciona

(Si no te sentís con confianza para generar un sintagma entero, recurrí al método Benedetto: simplemente decí el apellido del entrevistado y agregá la palabra “sensaciones”)

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2- SIEMPRE ALGUIEN TIENE LA CULPA

 

Aunque el partido salga 0 a 0 sin tiros al arco, alguien se equivocó, alguien no fue lo suficientemente vivo, inteligente o habilidoso. Cuando adquieras la suficiente práctica, ni siquiera te va a hacer falta ver los partidos, con ver el resultado y los goleadores ya podés generar una narrativa incriminatoria convincente.

(Si no te tenés fe, recurrí al método Closs: esperá a que un jugador resuelva mal una jugada, la primera del partido, y agarratelá con ese. La repetición va a generar un efecto de molestia inconsciente cada vez que el jugador la toque).

3- ENGORDÁ Y ENVEJECÉ

Ningún periodista deportivo que se precie de serlo tiene menos de 32 de Índice de Masa Corporal, ni menos de tres décadas de sentarse en un panel a hablar de otra gente.

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4- SI PERDEMOS, SOMOS UNOS MUERTOS. SI GANAMOS, NO LE GANAMOS A NADIE

 

Quizás la ley más importante del periodismo en general, y de la televisión en particular: un consumidor satisfecho es un consumidor menos. Siempre intentá generar ese plus de insatisfacción, de inseguridad, para que te sigan viendo opinar pelotudeces a vos, que la tenés tan clara, que hablás tan resuelto desde esa solemnidad canchera que te da el traje embotado, prolijamente diseñado para ocultar la paradoja de que un gordo matambre de 60 años bardee día tras día a veinteañeros ágiles y veloces. Talentosos.

 

5- HACÉ COMO QUE TE CAEN BIEN TUS COMPAÑEROS, Y COMO QUE AL PÚBLICO LE IMPORTA

 

Lo primero que tenés que hacer cuando arranca el programa es un chiste a otro de los panelistas. Capaz los zapatos no le combinan con el pantalón, o la corbata es medio de puto. Porque es rosa. Sí, tiene que ser retrógrado el chiste. Después hacele un comentario sugerente sobre dónde pasó la noche, qué comió, si habló con alguna minita. Quemate así los primeros diez minutos del programa, por favor, quematelós. Cualquier cosa antes que escucharte opinar de fútbol, una vez más, como todos los días.

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Esto fue nuestro manual para convertirte en periodista deportivo.

Si sos un pelotudo, ya de arranque tenés ventaja.

De nada.


 

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