por Guido Rusconi (@KamaronBombay)

A esta altura no es ninguna sorpresa que el periodismo deportivo no es cuna de las mentes más progresistas en lo que a igualdad de género o diversidad sexual refiere. Y vaya si el canal líder en cuestiones deportivas de Argentina, TyC Sports, sabe de esto. En las últimas semanas se ha convertido en el enemigo público número uno a raíz de que tomaron algunas decisiones muy desafortunadas cuyas críticas no se hicieron esperar.

En primer lugar, tuvieron la idea de sacar un spot publicitario promocionando el venidero mundial de fútbol que se jugará en Rusia a partir de mediados de junio (lo cual es lógico), pero esta costumbre que se da cada cuatro años cayó en desgracia en el 2018, ya que el tema que eligieron para que sirviera de hilo conductor del spot fue la homosexualidad y su prohibición en la nación anfitriona. Es sabido que Rusia es un país, para decirlo, en términos coloquiales, extremadamente mataputos (incluso a niveles literales). El spot entonces es una suerte de carta a su mandatario Vladimir Putin alegando que en Argentina el amor entre hombres (obviamente todo es tratado desde una perspectiva falocéntrica) es totalmente comprensible cuando el fútbol está en el medio. Es ahí cuando todo empieza a ir barranca abajo, ya que empiezan a sucederse diversas imágenes que apelan a lo peor del “folclore” futbolero nacional y su naturaleza altamente homfóbica: hinchas haciendo gestos que refieren al sexo anal refiriendo al ya clásico “les vamos a romper el orto”/ “los vamos a coger” (metáfora incluso utilizada en las esferas más progresistas para hablar, por ejemplo, de los tarifazos y demás movidas del gobierno de turno), la imagen de Eduardo Ponzio en el partido en que tuvo problemas con sus hemorroides al mismo tiempo que el narrador decía que sus jugadores lo dejaban todo, entre otras imágenes igualmente desafortunadas.

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La desaprobación del spot fue casi unánime por parte del patíbulo moderno que son las redes sociales. Aquél día en Twitter fue casi de lo único que se habló y la condena fue tal que se filtraron los nombres de los creadores y las agencias a cargo de la publicidad y finalmente la cuenta oficial de TyC Sports decidió sacarlo de circulación, sin decir palabra alguna al respecto. Acá no pasó nada.

Pocos días después, se dio a conocer en Twitter un graph (un zócalo) de un programa periodístico de TyC Sports que decía “Serena Williams vuelve recibida de mujer”. Para aquellos que no estén familiarizados con el mundo del tenis, Serena Williams es una de las mejores jugadoras de la historia del deporte, campeona de más de una veintena de Grand Slams y número uno del mundo en reiteradas ocasiones. El graph, lejos de reconocer esto, insinuaba que Williams se había “convertido” finalmente en mujer luego de dar a luz a su hija. La viralización de este graph hizo que nuevamente las redes sociales se pronunciaran en amplia disconformidad (justificadamente) ante el discurso de TyC Sports. Muchos incluso se preguntaban si acaso el canal no había aprendido nada del fiasco del spot mundialista. Pero había un pequeño detalle a tener en cuenta.

La noticia acerca de Serena Williams informaba que la tenista estadounidense volvía a las canchas luego de ser madre en el torneo de Indian Wells, el cual tradicionalmente se juega a mediados del mes de marzo. Sin embargo, el graph se viralizó en mayo, por lo que se trataba de una noticia vieja que adquirió una repercusión mucho mayor que cuando originalmente fue transmitida. El graph existió, eso es innegable, pero la indignación del público llegó con un delay de dos meses. ¿Qué fue entonces lo que provocó esta viralización retardada? Parece una obviedad que esto se dio gracias a lo sucedido apenas una semana antes con el spot sobre el que nos extendimos en párrafos previos. Fue tal la controversia que generó que reflotó este tipo de situaciones en las que se deja entrever que el discurso retrógrado en varios aspectos del canal deportivo más popular del país no es algo nuevo.

Las redes sociales en ambos casos fueron los principales jueces y verdugos de TyC Sports. Miles y miles de usuarios y cuentas retwittearon y compartieron un justo enojo sobre una noticia que tenía dos meses de antigüedad pero que parecía actual. Se cruzaron entonces dos fenómenos tan modernos como indomables: la viralización y la indignación popular. Para cualquiera que haya tenido un tweet o una publicación que haya tenido mucha repercusión resulta una verdad de perogrullo que la viralización es algo indetenible, que se mueve entre celulares y computadoras de manera rizomática y que a la vez es intangible, por lo que no se puede capturar y enterrar en el olvido.

Otra cosa en la que las redes sociales son expertas (en especial Twitter, aquella que tiene más densidad en cuanto a lo discursivo), es en crear un enemigo común que durante un pequeño período de tiempo será el blanco de toda esa indignación contenida que el común de la gente tiene. Esas semanas el claro objetivo fue TyC Sports, cuando antes lo había sido Facundo Arana por declaraciones extrañamente similares a las del graph sobre Serena Williams (si mal no recuerdo sus dichos sobre la completitud de una mujer siendo alcanzada cuando es madre fue alrededor de febrero o marzo también). El mes que viene las puteadas virtuales y el flujo de bronca virtual caerá en otra persona, y así sucesivamente.

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De ninguna manera estoy condenando la tendencia creciente del escrache en redes sociales (siempre y cuando sea justificado). Pero los botones de rewteet y compartir siempre están muy cerca de nuestros dedos y a veces ellos se mueven a una velocidad más rápida que la de nuestra mente y nuestro entendimiento. Casi nadie supo reconocer que la noticia sobre Serena Williams era vieja (solamente alguien muy atento al mundo del tenis podría haberlo hecho), y cuando el grueso de las redes sociales se percató de esto la maquinaria de la indignación digital ya se había puesto en marcha para ya no detenerse.  El hecho de defenestrar a una corporación como Torneos y Competencias no es un problema en sí mismo, ya que su naturaleza nefasta es algo recurrente, pero parar y pensar antes de aportar a una viralización imparable son acciones que también deberíamos poner más en uso.  De esta manera quizás se logre evitar que internet en su totalidad sea un gran forobardo, un campo de batalla inconmensurable en el que todos están libres de pecado y son los primeros en acusar al prójimo, lo cual no es demasiado constructivo.

Este sentimiento que nos invade cuando vemos a través de alguna red social algo que consideramos injusto, desagradable o condenable es algo que ha ido en franco ascenso los últimos años. Todos los días nos vemos expuestos a hechos y noticias que no hacen más que demostrar que el mundo puede ser un lugar horrible. Y si bien por un lado es necesario remarcarlo, no alcanza solamente con señalar con el dedo desde nuestras torres de marfil con WiFi. Es necesario hacer una reflexión interior y ver si realmente nosotros en nuestra vida cotidiana somos igualmente impolutos que lo que mostramos en nuestros perfiles virtuales. Por esta razón apurarse a condenar a alguien por una declaración controversial no siempre es algo bueno porque las palabras pueden jugarnos en contra y, quizás, en algún momento estemos del otro lado del problema, tratando de dar explicaciones insuficientes a nuestras acciones cuando tal vez ya es demasiado tarde.

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