por Bora Bora (@vmbboris)

 

“we all born naked and the rest is drag”
Rupaul

Hay una gran mayoría de la juventud (y ni hablar de la vejentud) que no ha escuchado hablar acerca de Rupaul’s Drag Race (ni sobre Drag Queens en general) y se refiere a ellas como “los travestis” o “los trolos esos”: hermoso estigma. Pero ¿saben qué? De acuerdo con Rupaul, todxs nacemos desnudxs y el resto es drag. Y eso es un concepto super avanzado y piola que nos lleva a pensar en por qué recién ahora se le está dando al drag la relevancia que se merece y en cómo, este reality show, nos dio un importantísimo acercamiento a una cultura mayormente menospreciada por la sociedad que hoy se acepta en un grado bastante tolerante.

Rupaul’s Drag Race comenzó a ser transmitido por Logo TV (un canal estadounidense) en 2009 y en la actualidad se puede ver por VH1 (también en la versión estadounidense). El show se trata básicamente de una especie de America’s Next Top Model pero más bizarro, con más talento, un poco menos de estigmas y muchísima cultura pop, que es transmitido a nivel mundial. La primera temporada cuenta con unos filtros tremendamente horribles pero -AAAH- en la segunda se vuelve todo más interesante. Empezamos a conocer a todxs lxs personajes y, aunque hoy podemos dar cuenta de lo horrible que era la moda de los early 2000’s, se aprecia el esfuerzo y el glam que le ponen estas drags al show y, temporada-tras-temporada, vemos crecer el talento de lxs participantes, sus habilidades para coser, para hacer reír, bailar y, lo más importante, lypsincear (una especie de playback mejor que los de Lali Espósito: el entretenimiento típico de las Drag Queens).

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La cultura drag a nivel internacional es grandísima pero recién ahora se está haciendo un lugarcito más grande en las pantallas y en las vidas cotidianas de las personas. ¿Por qué? Creo que se debe al avance que estamos teniendo a nivel mundial (más que nada occidental, en oriente por lo menos a ésto ya lo tienen bastante más asimilado), sobre la concientización de los derechos y realidades de las minorías sociales. El sociólogo polaco Zygmunt Bauman nos acercó hace muchos años la noción de ambivalencia. Una sociedad se estructura a través del lenguaje y dice que todo lo que es posible de ser articulado por el lenguaje encaja en algún lugar de una sociedad civilizada. La ambivalencia lo que hace es amenazar eso, poner en riesgo esa comodidad que han formado las civilizaciones a partir del doble sentido de las palabras. Es decir, la ambivalencia es una falla en el lenguaje, una posibilidad de que un término remita a dos realidades distintas y que dificulte la comprensión de lo expresado. La ambivalencia se sitúa en el lenguaje pero repercute en todas las demás áreas. No es de extrañarse, entonces, que durante muchísimos años todo el mundo queer haya sido rechazado por todos aquellos que no logran sobreponerse a la ambivalencia. En una sociedad occidental en la que se acostumbra a que hasta los colores representan lo binario y la división entre el machote y la lady, es mucho más difícil que se logre una apertura mental para aceptar a las minorías queer que, mucho más avanzadas que otras, han ido más allá del género binario y han aprendido a jugar con sus sexualidades, estéticas, modos y todo lo referente al género para poder expandirse y divertirse con todas las herramientas que un mundo desarrollado en materiales nos provee dejando atrás esas ideas retrógradas respecto a los géneros.

Jugando con ésta ambivalencia, entonces, es como nacen las Drag Queens. La imposibilidad de las sociedades un poco menos desarrolladas, como lamentablemente es la realidad de nuestra Argentina, de aceptar esta ambivalencia y utilizarla para seguir creciendo (ya que la ambivalencia es una amenaza y al mismo tiempo una herramienta de fortalecimiento del lenguaje), se empecina en destruir todo lo que no sabe cómo colocar en sus góndolas azules y rosas. ¿Un hombre vestido de mujer? ¡bah! debe ser un gay enfermo, hay que curarlo, ¿cómo le explico a mis hijos?. Querido hombre blanco cishetero de clase media alta al cual ninguna injusticia meramente social le afecta, déjeme decirle que su masculinidad no está amenazada porque otra persona decida hacer una performance olvidándose de su género, y no sé si me va a creer pero la sexualidad y mentalidad de sus hijos no están en peligro por ser tolerantes con lo que los demás decidan hacer.

Si bien Rupaul’s Drag Race busca la Drag Superstar de Estados Unidos y aledaños, el drag es un arte que se practica a lo largo de todo el mundo y, precisamente, en Argentina tenemos algunas de las Drag Queens más hermosas; de hecho en el 2015 el cineasta Gonzalo Gorosito publicó una serie documental sobre las Drags más influyentes de la escena porteña donde podemos conocer mucho más de las vidas de éstas Queens que tenemos cerquita. También podemos ver otro documental al alcance de nuestras manos (Netflix -y si no tienen cuenta siempre hay algún buen samaritano que nos puede prestar una como mi amigo Mauri que aprovecho a mandarle un saludito), llamado Paris is Burning, el cual cuenta la escena del drag en sus inicios, los distintos tipos de drag, las runways, movimientos clásicos y las Casas más importantes de Drag Queens de la segunda mitad de los años 80.

La imagen puede contener: una persona, sonriendo, de pie, sombrero y exterior

Podemos decir entonces que éste arte existe desde mucho antes del reality de Rupaul y lo que éste hizo fue arreglar la estética de los club queers para televisión y acercarnos mediante participantes talentosísimas conflictos entre las mismas y algunos de los mejores memes y catchphrases de los últimos tiempos: la realidad de una forma de arte importantísima de la comunidad LGBTQ.

El drag es más que ponerse un vestido, tacos, peluca y salir a hacer un lipsync. El drag es una interpretación artística de la estética “femenina” llevada a la performance, es un desafío a una sociedad que dice que las cosas son así o asá, el drag dice que son flazedá. Una Drag Queen se encarga de entretener como meta principal. Esta cultura está mucho más normalizada entre nosotros de lo que parece pero no quiere decir que sea aceptada y respetada como tal, ya que la mayoría de las veces en los viajes de egresados a Bariloche o en jodas para los amigos los varones se disfrazan de mujeres en pos de ridiculizarse. (Bueno, chicos, son unas drags muy feas e irrespetuosas pero si conocieran un poquito más del término y del arte quizás le tendrían un poco de respeto).

El término drag (según Wikipedia) viene del inglés drag que significa arrastrar, por el arrastre de las polleras y vestidos; también sostiene que viene de DRessed As a Girl (vestido “como una chica”). Ésto último es relativo ya que hay distintos tipos de drag, están las Drag Queens que son de las que venimos hablando, drag kings que serían mujeres que se visten “como varones” o faux queens, mujeres resaltando y caricaturizando sus atributos.

En fin. El drag está presente y cada vez más visible. Las Drag Queens no siempre son hombres homosexuales, pocas veces son mujeres trans, y usar términos despectivos para referirse a algo que la mayoría hace como su trabajo y su forma de vida es, como ya sabemos, ofensivo e innecesario. Mirar shows con temática LGBTQ no convirtió a todas las personas heterosexuales en gay pero sí amplió muchísimo la aceptación, el conocimiento, y además les dio la oportunidad a muchísimas personas de conocer artes nuevos y admirables y nos dio unos temasos para la cultura pop. Miren un poquito menos de cosas de zombies y Pablo Escobar y denle una chancesita a algo nuevo y fantástico.

Porque después de todos, como dice Rupaul, todos nacemos desnudos y el resto es drag.


 

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