¿Qué nos dicen las tapas de los discos?

[Tapas de discos. Significado. Radiohead. Black Sabbeth. Miles Davies. Blondie. Spencer Elden. Nirvana. System of a Down. La Máquina de Hacer Pájaros. The Mars Volta. Portada]

por Guido Rusconi (@KamaronBombay)

Hace unas semanas pude hacer algo que extrañamente jamás había hecho en mi vida, pero que seguramente mis padres sí. En una librería devenida en negocio de todo lo artístico que se pueda comercializar, encontré una batea de vinilos. Por supuesto, éstos no eran vinilos viejos de cuando eran el único soporte físico que existía, sino nuevas ediciones destinadas a ser compradas por fetichistas y nostálgicos por igual. Al menos aquellos que tienen más de mil pesos para comprar solamente uno.

En ese momento, sorteando discos de diversos artistas de la talla de Radiohead, Black Sabbath, Miles Davies, Blondie y otros menos célebres, llegué a una conclusión de lo más obvia. En la época en la que compraba CDs de manera casi periódica y no se podía acceder tan fácil a la música vía online, me gustaba dejarme llevar por las portadas de los discos y comprarlos a veces en base a las mismas. Obviamente se trataban de bandas que ya me gustaban pero de las que no había escuchado toda su obra. Por lo tanto, llevar ese CD a mi casa era tanto un riesgo como una inversión a futuro, y esa adrenalina de no saber si ese álbum en el que había gastado la enorme suma de 40 pesos (!) iba a ser de mi agrado era de lo más disfrutable.

Pero volvamos a la pregunta que planteo en el título: ¿qué nos dicen estas portadas? Claramente no hay una única respuesta a esta interrogante, pero para lo que sí hay respuesta es la razón por la que elegí tapas de álbumes musicales y no las que ilustran otros productos culturales. La diferencia que encuentro entre las portadas de discos y las de los libros o los afiches de películas (que serían los otros dos ejemplos que se me ocurren) es la siguiente: ¿cuántas tapas distintas puede haber de una misma novela? Miles, pues cada una de ellas será diferente dependiendo de la editorial que la publique y de la interpretación que el artista le dé a esa novela. Basta con hacer una breve investigación de las diferentes portadas que una obra como Fahrenheit 451 tiene en diferentes versiones alrededor del mundo para darse una idea de cuántas imágenes pueden nacer de un mismo texto.

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En cuanto a los posters cinematográficos sucede algo similar, aunque en menor medida. Toda película tiene al menos dos o tres afiches promocionales distintos. Hoy en día es más común que las películas más taquilleras tengan incluso más, ya que cada poster que se da a conocer constituye toda una noticia en sí misma.

Sin embargo con los discos esto no sucede. Quizás haya excepciones muy puntuales en que una banda lanza una edición aniversario de alguna placa con una portada distinta, pero en el 90% de los casos las tapas suelen ser únicas e irrepetibles. Tanto así que pasan a ser icónicas y son una parte más de la obra entera, de manera que si no estuvieran no serían lo mismo. Nevermind de Nirvana no sería lo mismo sin un Spencer Elden bebé nadando en busca de un dólar; muchos hubiésemos descubierto a Andy Warhol más tarde en nuestras vidas sin la tapa del álbum debut de The Velvet Underground y faltarían miles de turistas sacándose fotos cruzando Abbey Road sin la histórica portada del disco de los Beatles.

El arte de tapa permite a los artistas jugar con las expectativas de sus oyentes. Existen ciertas bandas que tienen un estilo tan marcado que es difícil que nos ofrezcan algo totalmente distinto de lo que nos acostumbran. A partir de la creación de la célebre mascota de Iron Maiden, “Eddie”, todas las portadas de sus discos estuvieron (y estarán) basadas en los diseños de Derek Riggs, padre de la criatura en cuestión. Los dibujos angulosos, grandilocuentes y viscerales de la discografía de la agrupación británica siempre estuvieron en sintonía con su heavy metal frenético que no da respiro. La concordancia entre imagen y sonido no es patrimonio exclusivo del metal, pero en este género -que en muchos casos entra por los ojos primero- está mucho más acentuada que en otros. No hace falta escuchar Cannibal Corpse para saber cómo sonará su música porque la banda (nos guste o no) tiene todo un entorno paratextual que los define, empezando por su nombre. Es suficiente googlear algunas de sus portadas (Butchered at birth, Tomb of the mutilated, Vile, aunque podría incluir todas) para darnos cuenta que lo que vamos a escuchar no es precisamente pop para divertirse.

¿Pero qué pasa cuando algunas bandas son más esquivas con su arte y dejan más a la imaginación de quien escucha? Muchas veces podemos encontrarnos en una disquería con algún álbum que no ofrece más información que una imagen. No hay nombre del trabajo discográfico ni del artista. Claramente esto es un recurso estilístico hecho adrede (no estoy descubriendo nada nuevo). Tomemos como ejemplo a los texanos de The Mars Volta y su segunda placa Frances the mute. Los Volta no son una banda de lo más accesible y este tipo de decisiones artísticas no ayudan mucho. El misterio de estos seres encapuchados funciona para no dejarnos prever lo que vamos a escuchar. Pero si tenemos en cuenta la clara influencia de René Magritte (en su obra Los amantes) en esta tapa en particular, lograremos dilucidar que el disco tendrá un aura surrealista. El encargado del arte en este caso es el fallecido Storm Thorgerson, quien puede no sonarnos de nombre, pero que sin duda hemos visto su trabajo antes, ya que también dio vida a portadas icónicas de Pink Floyd como The division bell, Delicate sound of thunder, Pulse, entre otras que de igual manera presentan un dejo de fantasía, que sin duda se traducen en las mágicas canciones de la banda liderada por Gilmour y Waters. En propias palabras de Thorgerson acerca del álbum de The Mars Volta, el artista expresó lo siguiente: “Imaginé conductores navegando a través de la ciudad, a través de la vida, que piensan que están yendo por un camino seguro pero que de hecho no tienen idea adonde van”.

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Por otra parte, hay ocasiones en que el arte de tapa es una declaración de principios, un mensaje político. En 2002, la banda de ascendencia armenia System of a Down sacó su tercer disco Steal this album!, con la particularidad de no tener portada ni booklet (el “librito”) que acompañara la edición. Podía verse a trasluz un CD blanco con el nombre del álbum como si estuviera escrito con fibrón, dándole una inconfundible sensación de bootleg en el proceso. A principios del siglo XXI el tema de la piratería, al menos la digital, era algo nuevo y las grandes discográficas aún creían que podían combatirla (todos recordamos el papelón de Metallica y Napster), por lo que SOAD, conocida por su ideología antisistema sacó este disco que desde el título invitaba al consumidor a “robarlo”. Es así como una no-portada también puede pasar a la historia.

Para concluir, repasemos algunas portadas de la música local, pues tienen mucho para decir. Cuando salió Superficies de placer, quizás la obra cumbre de Virus, la banda platense ya era una banda grande dentro del rock nacional, pero su decisión de poner un culo en primer plano en la portada dejó en claro una propuesta sensual por parte de los Moura y compañía, que también estaba en sus letras y en su sonido. Esta sensualidad sería aún más significativa teniendo en cuenta que el país había recuperado la democracia poco tiempo antes y resultaría tremendamente influyente en la música argentina.

El disco debut de La Máquina de Hacer Pájaros traía a modo de portada una tira cómica realizada por el humorista Crist, la cual concluía en la contratapa. Obviamente esta tapa se aprecia más en su versión vinilo, ya que se puede leer en un tamaño mucho mayor, por lo que en muchos casos el soporte físico también influye. De haber sido pensada para discos compactos la historia habría sido diferente.

Podría seguir eternamente contando sobre artes de tapa de toda índole porque es un tema fascinante, pero para no aburrir a los lectores me detendré aquí y dejaré que puedan investigar por su cuenta, dado que detrás de cada portada hay una leyenda. Si bien se suele decir que no hay que juzgar a un libro por su tapa, me arriesgo a afirmar que en el caso de la música este mantra no aplica de igual manera.

 

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