Se tenía que decir y se dijo: la Casa de Papel es una mierda

por Enrique Jozami

Era fin de año, caminaba por la calle y escuchaba a dos chicos hablar con extrema emoción de Tokio. Seguro están hablando de los próximos Juegos Olímpicos, me decía. En el colectivo rumbo al trabajo dos adolescentes debatían apasionadamente las palabras del profesor. Qué bien, ese docente sabe llegar a sus alumnos. Ya en el laburo, en la hora del almuerzo, en la mesa contigua un par de compañeros golpeaban la mesa y casi gritando discutían sobre el asalto de un banco. Busqué rápidamente en mi teléfono alguna noticia pero no había nada.

La Conversación Social

“¿Qué no viste la Casa de Papel? Es la serie del momento. Hasta Quique Wolf en “Sportcenter” está hablando de eso. En Instagram todo el mundo habla en tono gallego haciéndose el canchero. ¡Qué pedazo de serie! ¿Viste el guión? Todo pensado. Desde Breaking Bad no veía una cosa así. ¡Qué actuaciones! Tokio se roba la serie. ¿Y el “Profesor”? ¡Qué personaje más original!”

Con tantos comentarios, tanto bombardeo mediático y sobre todo de redes sociales no pude escapar y caí en la trampa. Tenía que verla para saber de qué estaba hablando todo el mundo.

Según Jorge Carrión, las series se han convertido en un fenómeno socio-cultural instalando la figura del fan sostenido a partir de la “conversación social”. Están presentes en todos lados: en el trabajo, en el colectivo, en las reuniones con amigos, en la sobremesa de familia. Hasta en las charlas de ascensor ya no priman las conversaciones del clima que fue desplazada por los comentarios de capítulos, personajes, tráilers, teasers, y todo aquello que rodea a la serie del momento. Hace meses el tema de conversación es Río, NairobiTokio, y no nos referimos a las ciudades. En cada una de esas “conversaciones sociales” podemos encontrar las más profundas bases de un fanatismo inflado por los medios, redes sociales, y espectadores que confunden una serie que entretiene (o no) con una serie realmente “buena” (póngale el adjetivo que usted quiera).

En la actualidad hay un exceso de producción y consumimos más series que nunca.  En este fenómeno actual se introdujo al fan como una parte activa en todo el proceso: previa – emisión – post serie. Se miden comentarios en redes sociales capaces de modificar el rumbo de una historia (caso ejemplo Sense 8), se puede matar y revivir personajes a pedido del público. El fan service impera más que nunca.

Ahora bien, ¿qué análisis podemos hacer sobre “La casa de papel” (LCDP)?

lacasadepapel2Los Personajes

Tokio, Río y Denver parecen salidos de una tira de Cris Morena. En un plan perfecto estudiado por meses, cada ínfimo detalle es tirado por el escusado por un enamoramiento de 5 días. No necesariamente un ladrón debe ser perverso y retorcido como Berlín, pero no resulta muy creíble que, luego de tanto entrenamiento, los atracadores en medio del robo despierten su instinto paternal o se dejen llevar por un impulso adolescente capaz de desbaratar el mejor de los planes.

El contrato en una ficción (más en este género particular que es el “heist film” o “de atraco”) es hacernos creer que lo que está pasando puede ser real o se puede asemejar a ello. Aquí falla reiteradamente. Sí, son humanos y un plan puede salir mal pero no por actitudes cuasi-adolescentes por parte de un plantel de “profesionales” (al menos eso nos quieren vender).

Tengo muchos interrogantes acerca de la originalidad de sus personajes. ¿Alguien se dio cuenta de que “El profesor” es un calco de “Santos” de Los Simuladores? Su inteligencia y estudio del detalle es más que evidente pero 17 años atrás Federico D’elía encarnaba a uno de los personajes más icónicos de la televisión argentina. ¿En serio lo vamos a comparar con Heisenberg?

Tomemos una serie con la que casi todo el público puede pueda coincidir que es incuestionable, que puede haber marcado un antes y un después en el qué y en el cómo contar una historia para la televisión: Breaking Bad (BB).

Cuando hablábamos de BB no sólo hablábamos de personajes. Rompíamos la cáscara y encontrábamos un contexto de análisis profundo: el desierto como desnudez, la ampliación de la frontera como espacio al margen de la ley. Se podía encontrar iconos kitsch e intertextualidades en sintonía con el imaginario posmoderno: desde el logo de la cadena “Los Pollos Hermanos” hasta la icónica Estatua de la Libertad del estudio de “Saúl Goodman”. Todo contenía información y análisis. LCDP es pura cáscara.

¿LCDP aporta algo nuevo, reinventa un género o sólo engancha y entretiene? No voy a negar que el disparador es realmente bueno. Un asalto en la Fábrica de la Moneda y Timbre de Madrid. Mucha promesa que se va esfumando con cada capítulo. Personajes planos, totalmente estereotipados y sobreactuados. El inteligente, el bruto, la linda, la mujer con carácter, el rudo, el amable. Si no tuvieran mamelucos rojos parecería estar describiendo a “Los Pitufos”.

El género

No es un thriller, parece un policial y de a poco se va transformando en una Telenovela. Tiene muchos elementos clásicos tomados de este último género: romance, pasión, traición, mucho melodrama y un final feliz. Aceptamos que una historia de amor puede estar presente pero ¿tres historias de amor en un lapso de 5 días?

Los policías más brutos del mundo

Fallan en cada movimiento tratando de neutralizar el supuesto robo más importante de España. Los ladrones entran y salen sin ningún tipo de reparo (la escena de Tokio entrando en moto a lo “Escape en los Ángeles” deja por el piso todo tipo de credibilidad.)

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 El verdadero problema

La serie aspira a ser más de lo que realmente es. Sabemos que hay una gran producción por detrás (Atresmedia)  y una gran distribuidora por delante (Netflix).

Los guionistas aplicaron una fórmula matemática muy simple: tomar prestado elementos de otras series y películas. De “Reservoir Dogs”, los nombres en clave. Es muy evidente y no le pusieron colores en lugar de ciudades ya que hubiera sido demasiado “hurto”. Un personaje que puede resultar atractivo (en un principio) como el Profesor, ya lo hemos visto anteriormente en “Los Simuladores” bajándolo a una producción nacional o en “Ocean´s Eleven” llevándolo a Hollywood. Puedo seguir enumerando referencias como “El Robo Perfecto”, y de qué manera se adapta una idea a un determinado contexto, se imita un éxito y se lo maquilla vilmente.

Si hay un género que la ficción española puede estar orgullosa es el thriller. Así arranca LCDP, como un juego de ajedrez entre “el profesor” (Álvaro Morte) y “la inspectora Murillo” (Itziar Ituño) pero termina como un culebrón de media tarde.

Tal vez haber reducido la cantidad de horas y capítulos hubiera sido lo más saludable. Igual este error aplica a casi toda serie producida para TV o “streaming”: historias que pueden cerrarse en 8 capítulos se extienden a 16 y más aquellas que se alargan por cuestiones comerciales o contractuales. Hubiera aportado mayor coherencia al guión, podría haberse concentrado en determinados personajes y no boyar en un sin fin de trivialidades. No voy a negar que La Casa de Papel se ha convertido en un verdadero fenómeno, sí por su exitosa viralización, no por su calidad.

Más de 15 horas invertidas en verlo.

Un verdadero atraco.

 

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