Sexo neoliberal: cómo sobrevivir al amor millennial

[Sexo. Neoliberalismo. Millennial. Centennial. Amor. Relaciones toxicas. Egoísmo. Feminismo. Capitalismo. Biopoder. Foucault. Christian Laval. Poliamor]

“No sólo en lo que atañe al amor dar significa recibir. El maestro aprende de sus alumnos, el auditorio estimula al actor, el paciente cura a su psicoanalista -siempre y cuando no se traten como objetos, sino que estén relacionados entre sí en forma genuina y productiva.”
Erich Fromm, El Arte de Amar

por Conrado Rey Caro (@reycaro_ )

Unas de las cosas que tienen en común las generaciones millennial y centennial es el desafío compartido de repensar nuestras formas de vincularnos erótico-afectivamente. Vínculos abanderados, algunas veces, bajo el concepto de amor y otras veces enmarcados en nuevas formas de construir relaciones como es la poligamia. Este proceso de reflexión crítica se enmarca en la segunda mitad del siglo XX con el surgimiento de la tercera ola feminista y con la legalización del divorcio en una multiplicidad de países.

En los años 60 la tercera ola feminista pone sobre el mundo público un debate de liberación sexual femenina, donde con la presencia de los anticonceptivos la planificación familiar es descentrada, y en la “ecuación sexo” entran a jugar el goce y el placer en detrimento de la maternidad impuesta. Con la legalización del divorcio en 1970 en el país vaticano, se comienza a ver una pérdida de poder de la Institución del Matrimonio. Diecisiete años más tarde Argentina le seguirá a Italia, en 1992 en Colombia y recién en 2004 se legalizará en Chile. El “juntos hasta que la muerte nos separe” pierde su autoridad y legitimidad de supuesta promesa inquebrantable.

Paralelamente a estas teorías y prácticas emancipadoras, la sociedad contemporánea se encuentra con una complejización en el proceso de individualización que se origina con el surgimiento y el desarrollo del capitalismo. En los años setenta la Crisis del Petróleo da pie a una reconfiguración del sistema que implica el surgimiento del neoliberalismo. Este último modelo económico tendrá un rol imperante en la conformación de las subjetividades; y por tanto un impacto en la manera en la que pensamos las relaciones sociales. La individualización que se consolida junto con la modernidad y el origen del capitalismo se ve complejizado exponencialmente por unas lógicas del “sí”, primas del eurocentrismo y androcentrismo, que responden a esta nueva fase del modelo económico que se apodero del mundo.

Pensemos en el biopoder de Foucault. Mas específicamente en el dialogo que se establece entre las instituciones disciplinarias (como la escuela, la prisión, el matrimonio) junto con las tradiciones epistemológicas constructoras de saber científico que se dicen veraces; y esto relacionado con la manera en que interactuamos con el resto de las personas y nos constituimos como sujetos. Dentro de esta perspectiva donde la relación saber-poder no genera su dominación a través de la represión, sino partiendo de la normalización de prácticas, “el capitalismo no se visualiza sólo como un sistema de acumulación económica sino como un proceso histórico que […] hace blanco en la vida de los hombres produciendo formas de vida.”[i]

Los desafíos actuales para pensar la construcción de subjetividad nos llevan a pensar la especificidad de nuestro capitalismo contemporáneo. Un capitalismo cuyos dispositivos, dirán estos autores, no pretenden construir trabajadores sino formar consumidores, y “los sujetos se definen menos en función del Estado y más en virtud de sus relaciones con el mercado.” Serán estas últimas formas de vida las que protagonizaran el proceso de la construcción del “sí mismo”.

Entonces, en nuestra contemporaneidad, el capitalismo neoliberal no será un mero sistema económico, sino a su vez un productor de nuevas formas del “sí” y por tanto nuevas formas de relacionarnos. Esto, claro, no quiere decir que cuando Menem nos hablaba del 1 a 1 se refería a las relaciones monogamicas.

La ya mencionada Crisis del Petróleo del 70´ da lugar a, entre otras cosas, la apertura arancelaria, la desregulación financiera, la flexibilización laboral, las privatizaciones y al sobreendeudamiento; y no solo impacta en las estructuras económicas. Christian Laval, sociólogo de Paris, nos dirá que este “proceso de subjetivación neoliberal es un proceso de valorización de una empresa de sí mismo, o en un vocabulario más económico, de un ‘capital humano’ individual” donde cada sujeto es su propio gerente: sujeto empresarial capaz de definir sus propios límites prácticos o del orden de lo identitario; y cuyos errores y aciertos no caerán sino en el regazo de su propia capacidad o incapacidad individual. “[L]a autonomía se ha convertido en ‘gestión de uno mismo’ es una contabilidad. El individuo se ha convertido en su propio ‘capital humano’, esta es una interpretación gerencial de lo humano.”[ii]

En las últimas décadas hemos roto con el mito de la media naranja, pero en contraposición nos hemos encerramos en nuestro propio microbioma, en nuestra propia empresa que se vive exclusivamente de manera individual. La reivindicación de la independencia y de la autonomía permitió desestructurar una lógica de amor simbiótico que terminaba anulando la especifica unicidad de las partes de una pareja. Sin embargo, estas lógicas perpetuadas por el discurso neoliberal de la auto empresa y la autogerencia del “sí” han cooptado nuestras nuevas propuestas de amor presentadas como revolucionarias. La relación amorosa pasa a convertirse en gestiones individuales que no necesitan de un otro.

Capaz el desafío no era desestructurar el nosotros en dos entidades individuales pretendidas completas y esenciales; sino repensar la configuración de un nosotros conformado por sujetos. No una anulación del nosotros semántico, sino rescatar la intersubjetividad sintáctica que esconde. Y si decidimos trabajar los vínculos desde una intersubjetividad damos lugar al ingreso de la figura de un otro en el plano discursivo.

La teoría decolonial nos puede ayudar a aprehender esta dicotomía entre el sí mismo y el otro. Este movimiento teórico que surge principalmente en Latinoamérica a partir de los años 60 pone en tensión a una forma de construir saber científico, europeo y capitalista, que se consolido en detrimento de una pluralidad de formas de construir saber cómo son las de las comunidades campesinas o aborígenes. Más allá de sus interesantes aportes a repensar la epistemología y la pluralidad de saberes; su aporte clave a la hora de pensar las lógicas del “si” es que pone el peso en la significación del otro, y no en la del sí mismo.

Pensar en un otro significaría pensar también en términos de un yo que se convierte distinguiéndose de otro donde aparece un dialogo de retroalimentación en el que “yo soy `x´ porque vos sos `y´”. Lo que es muy diferente a pensar que yo soy mi propio constructor de subjetividad, el gerente autónomo de mi propia identidad. No pensarnos como dos frutas encerradas en nuestras propias raíces implica abrir la discusión a la heterogeneidad y a prestar atención a los bordes, ver las relaciones en sus flujos y amalgamas. Aquella otredad de la que nos habla Cortázar “hecha de delicados contactos, de maravillosos ajustes con el mundo, no podía cumplirse desde un solo termino, a la mano tendida debía responder otra mano desde el afuera, desde lo otro.”[iii]

En esta relación de retroalimentación, donde los sujetos parte de un vínculo se construyen frente al otro, existe la posibilidad de enriquecerse mutuamente, como también la posibilidad de destruirse, como incluso también la posibilidad de que uno sea el destruido. En este sentido, también entra en juego otra esfera de las relaciones que es la responsabilidad. Hablamos de una relación no en tanto compromiso auto gerencial, individual y libre; sino en términos de una responsabilidad que me impone el otro por su posición de alteridad.

Si como generaciones estamos buscando construir nuevas condiciones de conversabilidad para el amor no deberíamos imponer categorías restrictivas a nuestros compañeros y tendríamos que rescatar aquella intersubjetividad retroalimentada que encontramos en los vínculos.

Esto traslada el debate a un espacio discursivo distinto a si es la monogamia, las relaciones abiertas, el poliamor o los encuentros de una noche de Tinder la respuesta que estamos buscando. Estamos hablando en términos de otredad y responsabilidad afectiva. La discusión no es del orden de lo cuantitativo, ese cuántos sujetos están involucrados o cuánto tiempo se invierte en una relación; sino del carácter cualitativo de salirnos de un imperialismo del yo y vernos frente a otro que debemos dejar ser en su propio proceso de construcción de su especifica otredad.

Otro que, a su vez, tiene algo que aportar al nuestro. 


[i] Giaccaglia, Mirta A., Méndez, Ma. Laura, Ramírez, Alejandro, Santa María, Silvia, Cabrera, Patricia, Barzola, Paola, & Maldonado, Martín. (2009). Sujeto y modos de subjetivación. Ciencia, docencia y tecnología, (38), 115-147. Recuperado en 06 de marzo de 2019, de http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1851-17162009000100006&lng=es&tlng=es.

[ii] Laval, Christian. (2015) “Antropología del sujeto neoliberal” Presentación de Christian Laval en el seminario “Pensar con la Antropología”, Laboratorio Sophiapol, lunes, 30 de marzo de 2015, Universidad Paris Oeste, Nanterre La Défense. http://lalibertaddepluma.org/christian-laval-antropologia/

[iii] Cortázar, Julio (1963). Capítulo 22 de “Rayuela”

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