Villa Freud: la psicología argentina

[Psicología. Argentina. Carrera. Salud mental. Psicoanalisis. Freud. Conductismo. Lacan. Jorge Balán. Mariano Plotkin]

por Jero Maina

Enero de 2019. Empiezo una nueva terapia. Ahora sí, me digo, voy a encargarme de esto. La primera sesión es como el “Alright, let’s do this one last time” de Spider-man into the Spider-verse, en la que un nuevo Spider-man cuenta esa historia repetida hasta el hartazgo sobre cómo lo picó una araña y le transmitió habilidades súper copadas. El proceso, en este caso, es un poco menos cool: cómo fue que te pasó tal y cual cosa en tu vida, y cómo procesaste y trabajaste esto y aquello a lo largo de los años, y cómo por alguna extraña razón seguís hecho mierda.

Alright, let’s do this one last time.

Argentina es el país con más psicólogos per cápita del mundo[1]. Para 2014, la cifra ascendía a 194 por cada 100.000 habitantes. El segundo lugar lo ocupaba Finlandia, con casi 57. El 48% de los psicólogos argentinos se ubican en CABA, donde el promedio arrojó en 2014 un resultado de 1572 profesionales/100.000 hab. La fascinación nacional por la psicología (y, en especial, por el psicoanálisis) es un fenómeno que muestra un crecimiento notorio en las últimas décadas, y que promete seguir la misma tendencia en los próximos años. Actualmente, hay casi tantos estudiantes de psicología  como psicólogos egresados[2]. Para 2017, en Buenos Aires, los ingresantes inscriptos para estudiar Psicología superaban por primera vez a los de Derecho. De 1985 a 2015, para dar una idea de la evolución histórica, la cantidad de profesionales se quintuplicó[3]. Teniendo en cuenta que la gran mayoría se dedica a la psicología clínica[4], las dos posibles conclusiones lógicas serían:

a) Está lleno de psicólogos desempleados por todos lados.

b) El consumo de terapias psicológicas tuvo, en las últimas décadas, un aumento igual de sostenido.

Enero de 2019. Empiezo una nueva terapia. La quinta, con cuatro psicólogos distintos, desde 2012 en forma intermitente. Let’s do this one last time. Necesito creer en el one-last-time porque si no ni arranco. Esta vez no hay mate ni diván. Tampoco hay libros de Lacan en las estanterías. Un escritorio se interpone entre psicóloga y paciente. Me habla de cuadros, caminos, obstáculos, anzuelos. Me habla de terapias al hueso.

Alright. Let’s do this. One. Last. Time.

Además de la proporción de psicólogos, destaca también en nuestro país la tendencia predominante del psicoanálisis, tanto en el ejercicio profesional como en la formación universitaria. Según la encuesta “Distribución ocupacional de los/as psicólogos/as en Argentina 2018”, es el marco teórico más popular, elegido por el 44% de los terapeutas.

La historia de amor entre el psicoanálisis y Argentina es larga y compleja (puede abordarse desde publicaciones como Freud en las Pampas, de Mariano Plotkin y Cuéntame tu vida, de Jorge Balán). Lo cierto es que llegó al país a comienzos del siglo XX, tuvo su boom en los ‘60 (¿cuándo sino?) y hoy contamos, entre otras cosas, con un barrio conocido como Villa Freud, una especie de analista rockstar que se convirtió en best-seller con sus Historias de Diván, y un catálogo de series y películas de culto (Vulnerables, En Terapia, Tiempos Compulsivos…) que transforman la terapia en algo mítico y que hacen que todos queramos, al menos, probar qué se siente estar echados en el diván.

Al psicoanálisis le sigue la terapia cognitivo-conductual (con un 30% de profesionales adeptos, según la encuesta antes referida), la cual se ubica, en gran medida, en el polo opuesto de Freud. La TCC nació en los ’50 y se enfoca en las conductas que generan malestar en el paciente, así como en la identificación y manejo de diferentes variables para modificar dichas conductas. Plantea que las personas sufren por las interpretaciones que realizan de los sucesos, más que por los sucesos en sí mismos. Actualmente, es uno de los marcos psicológicos más utilizados en el mundo.

Los representantes del psicoanálisis y de las terapias cognitivo-conductuales están constantemente tirándose palos y demostrando cómo su marco es el válido y el contrario es un fiasco, como en un ring en el que cada contrincante elige su propio juez y sus propias reglas para declararse ganador. Para el psicoanálisis, las TCC son superficiales, funcionales al sistema (al ofrecer soluciones rápidas pero vacías) y poco serias. Para las TCC, el psicoanálisis no tiene base científica y estira sus tratamientos sin obtener resultados concretos y generando dependencia en sus pacientes.

Las dos corrientes tienen una base epistemológica distinta, por lo que sus representantes nunca van a llegar a un acuerdo sobre la mayoría de los temas sobre los que discutan (Ramírez Escobar, s/f). No tienen más que aceptar que interpretan la psique (y por tanto, planifican y trabajan) desde diferentes ópticas, y que los pacientes pueden verse beneficiados más por una, por la otra, o por un complemento entre ambas (y/u otros tipos de terapias).

El contraste entre estos dos paradigmas muestra la diversidad existente al interior de las terapias psicológicas. Sumando a la ecuación otros marcos como el gestáltico o el sistémico, el panorama se hace realmente complejo. A aquellos que manifiestan que no les gustan o no creen en los psicólogos (con una especie de orgullo que parece decir que no necesitan a uno), una versión argentina de J.K. Rowling podría responderles: aún no has encontrado el terapeuta indicado.

En 2017, se publicaron los resultados del primer estudio local de epidemiología en salud mental, en el cual se administró una encuesta intensiva a casi 4.000 individuos, con el objetivo de analizar la prevalencia y gravedad de diversos desórdenes de salud mental. Los resultados muestran que el 14,8% de los encuestados sufrió algún tipo de trastorno en el último año, siendo los de ansiedad (específicamente, trastornos de pánico y ansiedad generalizada) los más frecuentes. Un 29,1% sufrió un trastorno alguna vez en su vida.

El estudio anterior ubica a nuestro país en el grupo que menos desórdenes ha sufrido (por debajo de Estados Unidos, Canadá y Brasil, entre otros). Además, la mayoría de los que había sufrido algún trastorno en el último año, no había accedido a ningún tratamiento. Alfredo Cía, uno de los coordinadores del estudio, lo explica de la siguiente manera: “El prejuicio y el estigma siguen existiendo. Mucha gente trata de ocultar el padecimiento mental porque le resulta vergonzante reconocerlo”[5].

En esta desproporción nos movemos. Ir al psicólogo forma parte de una rutina incuestionada para muchos, al mismo tiempo que continúa siendo un tabú en muchos sentidos, dando pie a una diversidad enorme de atribuciones e interpretaciones. No estás bien, no tenés con quién hablar, ¿y tus amigos?, ¿y tu familia?, el psicólogo va a llenarte la cabeza. Somos el país con más psicólogos per cápita, y aun así la gente no accede, o demora años en acceder, a un tratamiento adecuado ante cualquier tipo de trastorno.

Por otro lado, mientras la terapia se naturaliza en las representaciones colectivas, funciona, muchas veces, como un freno para iniciar otras conversaciones en nuestros círculos cotidianos. No hablamos demasiado de nuestra salud mental. No tenemos problemas de salud mental. No tenemos salud mental. Alguien comenta que está yendo al psicólogo y se instala una especie de silencio un tanto particular. Un silencio políticamente correcto. No se pregunta demasiado. Se entiende que es algo privado. Hay ciertas cosas de las que antes no se hablaba, y que ahora, o no se hablan, o se hablan exclusivamente entre las paredes de un consultorio.

Para eso, claro, está el psicólogo.

Bibliografía

ALONSO, M., KLINAR, D. (2015). Los psicólogos en Argentina. Relevamiento cuantitativo 2015. Universidad de Buenos Aires.

ALONSO, M., GAGO, P., KLINAR, D. (2018). Distribución ocupacional de los/as psicólogos/as en Argentina 2018. Universidad de Buenos Aires.

BÄR, N. (2018) La ansiedad, el trastorno mental más frecuente entre los argentinos. La Nación. Publicada el 8 de junio de 2018.

BRAGINSKI, R. (2017). Una tendencia que se profundiza. Por primera vez hay más inscriptos en Psicología que en Derecho de la UBA. Clarín. Publicado el 4 de abril de 2017.

DAHAB, J., RIVADENEIRA, C., MINICI, A. (s/f). El error de los psicoanalistas: Creer que la terapia cognitivo-conductual es superficial. Recuperado de: http://www.cognitivoconductual.org/content.php?a=66

RAMÍREZ ESCOBAR, J.M. (s/f). Más allá del mercado: La diferencia entre las TCC y el psicoanálisis. Recuperado de: http://www.imagoagenda.com/articulo.asp?idarticulo=1199

s/a (2009). El psicoanálisis les sigue dando batalla a las terapias alternativas. Clarín. Publicado el 20 de junio de 2009.

STAGNARO, J. C., CÍA, A. H., AGUILAR Gaxiola, S., VÁZQUEZ, N., SUSTAS, S., BENJET, C., & KESSLER, R. C. (2018). Twelve-month prevalence rates of mental disorders and service use in the Argentinean Study of Mental Health Epidemiology. Social Psychiatry and Psychiatric Epidemiology, 53(2), 121–129. doi:10.1007/s00127-017-1475-9 


[1] Los datos utilizados corresponden al estudio “Los psicólogos en Argentina” (Alonso y Klinar, 2015).

[2] 101.217 egresados versus 87.466 estudiantes (Alonso y Klinar, 2015)

[3] 20.100 profesionales en 1985, versus 101.027 en 2015 (Alonso y Klinar, 2015)

[4] Según los resultados de la encuesta “Distribución ocupacional de los/as psicólogos/as en Argentina 2018” (Alonso, Gago y Klinar), el 85,6% de los casos relevados se abocan a esta especialidad, seguidos por un 26,7% especializados en psicología educacional.

[5] Recuperado de la nota “La ansiedad, el trastorno más frecuente entre los argentinos” (La Nación, 8/6/2018).

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