500 días sin ella

[500 días con ella. Summer. Tom. Comedia romántica. Amor romántico. Zeus. Almas gemelas. Madame Bovary. Monogamia. Richard Precht]

por Daniela Winkler 

Estamos de acuerdo que 500 días con ella es una película cuyo final evidentemente no se condice con aquellos supuestos del amor que las películas románticas nos han presentado durante años. Incluso el narrador de la película nos adelanta esto desde un principio: “Esta no es una historia de amor”. Entre escenas que mezclan momentos felices de la pareja y otras que posteriormente muestran el desgaste y fin de la relación, el público ha llegado a cuestionarse en reiteradas ocasiones: ¿Tom o Summer? ¿Quién tiene razón?

La película interpela nuestras experiencias y expectativas vinculadas al amor, llevándonos a cuestionarnos las verdaderas características del mismo en contraposición con las ideas que nos han sido inculcadas durante años. Por lo tanto, es fundamental hacer hincapié en aquello que intenta transmitirnos: la concepción del amor vinculada a la idealización, el romance, la idoneidad, la felicidad, la ilusión y, finalmente, el dolor. Todo esto aparece a lo largo de la trama donde se entrecruzan aquellos supuestos construidos culturalmente en torno a la concepción del amor y, por otro lado, el amor tal como es percibido en la vida real.

500 días con ella amplía el carácter del género comedia romántica ya que nos lleva a un ámbito más introspectivo al ponernos frente a un sentimiento común y cotidiano: el desamor y el sufrimiento que nos producen las altas expectativas generadas socialmente: “Tom Hansen creció creyendo que jamás podría ser feliz hasta conocer a la elegida. Esta creencia se enraízo debido a su temprana exposición a la música pop triste de Gran Bretaña” dice el narrador.

La película cuestiona la idea de “romance” utilizando el humor como recurso y remarcando de manera absurda ciertas características que reconocemos como parte del enamoramiento. Por esta razón, podríamos decir que nos pone frente a nuestros ideales llevándonos a criticar el accionar y sentir de sus personajes en base a lo que consideramos “adecuado” y, probablemente, en relación a otras películas que tienen finales felices. Por lo general las comedias románticas cuentan una historia siguiendo una misma lógica de comienzo, conflicto y desenlace, mientras que 500 días con ella presenta una historia más realista, con varios matices que entrecruzan distintos momentos de conflicto y tensión para los personajes y que muestran las distintas facetas que puede tener una relación.

Es así que lo interesante de este filme es cuestionarnos la manera en que tanto sus personajes como el público significan, dan sentido, a la relación de Tom y Summer.

 “No existe el amor, solo es una fantasía” dice Summer convencida durante una conversación casual que los protagonistas mantienen en uno de sus primeros diálogos. A partir de esta frase, podríamos plantearnos por qué el final de la película (con Summer enamorada de otro hombre) causó tanto disgusto en las audiencias. Esto nos acerca a la controversia del denominado “amor romántico”.

La concepción del amor romántico

La idea del amor romántico se ha vinculado numerosas veces con el concepto de “almas gemelas”, cuyo origen puede remontarse a un antiguo mito griego: Zeus crea en un principio a seres que poseían cuatro brazos, ambos sexos y una sola cabeza dividida en dos caras. Debido a la soberbia de estos seres duales, este poderoso dios decidió separarlos y borrar todos sus recuerdos. A partir de ese momento, cada mitad busca a su otra parte; es decir, lo que llamamos hoy “almas gemelas”. Con el tiempo, esta idea se ha ido trasladado sucesivamente y se ha vinculado inexorablemente a los fundamentos de la monogamia y el matrimonio, asentado en la promesa del “amor para toda la vida” y en el estereotipo binario “hombre-mujer”, donde, para algunas religiones, dicha unión dura eternamente.

En relación a estas construcciones del imaginario colectivo sobre el amor, existe un concepto de la Psicología llamado “bovarismo”, basado en el libro Madame Bovary (1857) de Gustave Flaubert, en el cual la protagonista se siente insatisfecha con su matrimonio debido al contenido de las novelas románticas que leía desde joven y que la llevaron a desarrollar un concepto ficticio e idealizado del amor. El Bovarismo, según el filósofo francés Jules de Gaultier, es un estado de insatisfacción crónica que implica la negación de la realidad. Este concepto se relaciona muchas veces con el gran sufrimiento que implica el desamor asociado a las grandes expectativas instauradas en la sociedad respecto al mismo. Esto nos lleva a replantearnos ¿Es entonces Summer la mala de la película o serán aquellos parámetros altos que nos han instaurado durante años los que nos hacen esperar que en el final la joven elija a aquel chico amable, inteligente y romántico que haría cualquier cosa por estar con ella?

Para analizar esto, es importante considerar los mitos del amor romántico a los que estamos expuestos diariamente y que han sido los fundamentos de las instituciones que rigen las relaciones afectivas: el amor asociado a la pasión, el romance, la incondicionalidad, la omnipotencia, la felicidad y el sufrimiento son conceptualizaciones que se presentan como intrínsecas de las relaciones amorosas e implican ciertos peligros en su interpretación.

En un principio, considerar el sufrimiento y el dolor como parte inevitable del amor implica un gran riesgo a la hora de afrontar relaciones humanas pudiendo llevar situaciones de violencia o abuso que se terminan normalizando como parte de esta idea. Así también, la aceptación de diversos accionares como los celos, el perdón injustificado o la concepción de pertenencia y de propiedad sobre la otra persona, muchas veces son justificados por estos mitos.

En este sentido, el sufrimiento aparece representado en el accionar de Tom, quien presenta la idea del amor vinculado a la imposibilidad (prohibido o inalcanzable), la cual implica que, mediante la insistencia y el sufrimiento, existe la posibilidad de obtenerlo.

Por otro lado, la concepción de felicidad asociada a un otrx es algo que puede llevar a la dependencia emocional, basándose en argumentos como “renunciar a lo propio en pos del bien de la pareja” y en la concepción de la omnipotencia del amor (“el amor todo lo puede”).

Todos estos esquemas perpetúan accionares que se alejan del bienestar que debería causar un vínculo afectivo debido a que generan expectativas ficticias en base a estas ideas de sentirse completo gracias a la existencia de otro y en base a un amor eternamente correspondido. Sin embargo, todo esto que durante años se ha presentado como “la verdadera naturaleza del amor” actualmente es algo que está siendo replanteado (a partir de diversos autores que argumentan que el ser humano no es monogámico por naturaleza) y entendido como una construcción cultural. Por lo tanto, nos encontramos frente a diversas formas de vivir el amor que se alejan de la idea del matrimonio y la monogamia como instituciones representativas, permitiéndonos aceptar diversas modalidades de vincularse con los demás y abriendo paso a la racionalidad sobre la idealización.

Historias de príncipes y princesas

Resulta pertinente señalar aquellos paradigmas representativos de la mujer que se repiten constantemente en películas, series y distintos tipos de narraciones que presentan la vida de sus protagonistas girando siempre en torno a un hombre o a la búsqueda incesante del amor. En este sentido son claros ejemplos de esto aquellas temáticas que muestran a las mujeres como princesas esperando ser rescatadas por su príncipe azul. Esto es clave para entender parte del descontento que nos produce el final de la película, cuando Summer no elije a quien, para muchos, parecía ser el indicado.

Históricamente la mujer ha sido socializada en base a la idea de dependencia,  sacrificio,  subordinación y entrega incondicional. Es por esto que el papel de la mujer en la película se ve envuelto en esta polémica en diversos momentos. Por un lado, la dedicatoria que el propio director incluye al comienzo de la misma: “esto es para Jenny Beckmam, que es una perra.”, remarca este estereotipo que muchas veces se le adjudica a la mujer en las relaciones. Por otro lado, los diálogos de los personajes, quienes tildan a Summer de “zorra” por el mero prejuicio de parecer una joven solitaria, aparentemente consciente de la atracción que genera y que saca provecho de esto. ¿Es entonces la mujer cuestionada cuando su forma de relacionarse afectivamente se desconfigura de los parámetros que nos presentan sucesivamente las tramas románticas? En 500 días con ella esto se representa a partir de las características de Summer: autosuficiente, decidida, independiente y sin intereses románticos, razón por la cual, su personaje descoloca a la audiencia.

“El amor no mira con los ojos, sino con la mente” Shakespeare

Marcel Proust trabajo en su obra un interesante cuestionamiento en torno a las formas del amor. Proust, en una de sus frases más célebres, dice que el amor es una especie de creación que formamos de la otra persona con elementos sacados en su mayor parte de nuestro propio interior. Esto podría relacionarse con el protagonista de 500 días con ella dado que es él quien crea una imagen de Summer basada en el sentimiento interno que ella le produce: “amo como me hace sentir, como si todo fuera posible” narra en una parte de la película. Asimismo, la interpretación que Tom realiza de su relación con Summer es cuestionada por su hermana, quien le dice: “Que tengan gustos similares no significa que sean almas gemelas”.

A partir de esto y debido a la idealización que el joven tiene de la relación y de su pareja, Tom no logra asimilar aquellas señales que denotan que su relación ya no está funcionando. Esto queda claro cuando Summer decide terminar su relación y le dice: “siempre estamos discutiendo” frente a lo cual Tom responde “eso es mentira”. Este momento es clave en la historia dado que a partir de allí la vida del protagonista comienza a derrumbarse.

A su vez, el miedo a la soledad que menciona el joven al comienzo de la película: “La gente no se da cuenta pero la soledad está subestimada”, es otra idea que ha sido sostenida cultural y socialmente durante mucho tiempo y que podría justificar el accionar de Tom: la soledad es definida constantemente como la contracara del amor, atemorizando al ser humano y llevándolo a la constante búsqueda de otra persona que complete este “vacío”. En este sentido, esto podría ser entendido como uno de los motivos por el cual su personaje persiste en una relación que en realidad no lo hace feliz, autoengañándose y manteniendo las esperanzas (por momentos obsesivas) de que quizás pueda cambiar la perspectiva de Summer.

Amor romántico vs amor racional

El final de la película nos plantea una perspectiva del amor que se acerca al llamado “amor racional”, basado en la idea de pensar y sentir en simultáneo. De esta manera, se aleja de los supuestos del romance que establece postulados como “el amor todo lo puede”, “el amor requiere entrega total” o “el amor debe ser para toda la vida”. Indudablemente, el inesperado final “infeliz” que nos deja la película se corresponde con lo planteado por el filósofo alemán Richard Precht: “La literatura, el cine y otro tipo de artes nos han hecho creer en un amor de ficción totalmente inexistente”. Por lo tanto, se trata de un final mucho más realista que otros, basado en el hecho de que Summer simplemente rechazó a Tom.

En relación a esto, una de las oraciones finales de Summer adquiere gran importancia: “Solo me desperté un día y lo supe. Eso de lo que jamás estuve segura contigo”. Esta frase es crucial en la trama de la película dado que arruina todas aquellas ideas que Tom sostenía sobre el amor: “destino, almas gemelas y todas esas historias infantiles”. El final de la película presenta esto cuando contrapone imágenes que muestran las expectativas del protagonista y lo que ocurre en la realidad.

Es por esta razón que se puede decir que la historia da cuenta de algo que efectivamente puede ocurrir en la vida real: todos podríamos ser Summer o Tom. Este hecho ha sido explicado por la psicóloga argentina Patricia Faur con mucha claridad: “la visión edulcorada del amor se resiste a dejar el imaginario colectivo y marca un escenario de frustración: parece que hay ‘otros’ a los que les pasan cosas intensas que a nosotros no nos pasan”. En este sentido, este golpe con la realidad podría ser el motivo del sufrimiento de Tom. Asimismo, la autora plantea que comprender esto no significa la “muerte del amor” sino que nos invita a entender la realidad de una manera más alejada de lo que nos han hecho creer y que muchas veces nos genera un sufrimiento innecesario.

Por último, si bien la película termina dejando un mensaje asociado al amor romántico (Summer enamorada de otro hombre comienza a creer en el amor), el final nos presenta una visión más acertada de la vida, normalizando el desamor como parte de la misma. En este sentido, las diversas críticas realizadas a la película también tienen gran importancia para entender la temática abordada: cuestionarnos por qué muchos con el tiempo han cambiado de opinión respecto a cuál de los protagonistas estaba “acertado” es algo interesante para pensar la forma en que el ideal del amor se ha modificado, cambiando nuestra perspectiva respecto a aquellas categorías predominantes en el imaginario colectivo.

Entonces, ¿cuál de los personajes tenía razón? ¿Es Summer la mala de la película? Quizás lo óptimo sea dejar de hacernos estas preguntas y pasar a cuestionarnos por qué un final realista provoca en el público cierta antipatía con una chica que simplemente no estaba enamorada. Y, finalmente, preguntarnos ¿cuáles son las expectativas que invaden nuestros imaginarios y que condicionan nuestras maneras de sentir y vivir el amor?

 

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