A esto lo escribí con el culo: una aproximación al Glitch Art

[Glitch Art. Glitch. Walter Benajmin. Angelus Novus. Klee. Progreso. Rosa Menkman. The Collapse of PAL. NES]

“Hay un cuadro de Klee llamado Angelus Novus. En ese cuadro se representa a un ángel que parece a punto de alejarse de algo a lo que está mirando fijamente. Los ojos se le ven desorbitados, la boca abierta y las alas desplegadas. Este aspecto tendrá el ángel de la historia. Él ha vuelto el rostro hacia el pasado. Donde ante nosotros aparece una cadena de datos, él ve una única catástrofe que amontona ruina tras ruina y las va arrojando ante sus pies. Bien le gustaría detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo destrozado. Pero, soplando desde el Paraíso, la tempestad se enreda entre sus alas, y es tan fuerte que el ángel no puede cerrarlas. La tempestad lo empuja, inconteniblemente, hacia el futuro, al cual vuelve la espalda, mientras el cúmulo de ruinas ante él va creciendo hasta el cielo. Lo que llamamos progreso es justamente esta tempestad.”
Walter Benjamin

por María José Fontao

Acá debería escribir una introducción que contenga una especie de montaje sobre mi vida cotidiana. Un lapsus en donde mi mirada es una especie de cámara cinematográfica que lo captura todo, que se da cuenta de todo. Pero no. No me di cuenta durante cinco años que mi ex era un sujeto medio peligroso y alcohólico. Mi mirada no lo captura todo, sólo ve lo que quiere ser mirado y punto. No quiero ser una escritora hipócrita. No quiero ser escritora. No quiero simular una escritura canchera, tipo esquizoide, corte me hago el poronga para medirmela con el resto de mis amiguis con los que comparto espacio en esta revista.

Mi escritura está rota, digo, mientras la cámara se aleja lentamente. A veces vivo en una película de Fincher, pero con menos presupuesto. Obvio, el presupuesto que se puede abordar en esta economía que se cae a pedazos. O el que puedo abordar yo, con dos trabajos y una vida en la que no tengo tiempo para cocinar. Mi escritura rota emerge de imaginar una vida rota. Rotamente desnuda, quebrada, desfigurada. Una vida imaginada como glitch. Hay días que laburo más de 12 horas en pos del momento en que la imagen converja en una sola cosa homogénea.

Así imagino mi vida/escritura desde que investigue a Rosa Menkman, artista holandesa especializada en Glitch Art. Acá podría hablar de David O’Rilley, quien además tiene buenos cortos y jueguitos de play, pero en el mundo ya hay suficiente gente hablando de varones heteronormados. Rosa Menkman, Rosa – MENK-MAN. Ella se dedica a investigar la compresión de video, comentarios y fallas técnicas; su exploración sobre el tema ha generado trabajos cómo The Collapse of PAL [1](2011), corto lúgubre, un poco aburrido para aquellos que no logran emocionarse cuando escuchan algo que habla de Walter Benjamin.

La artista en este video reconoce el final de una estructura de programación analógica de video. Ser dejada de lado constituyó su ruina. El corto muestra señales analógicas, compresiones, fallas y artefactos de retroalimentación en sonido y video; también, la artista hace uso de NES (Nintendo Entertaiment System) e imágenes dobladas capturadas a partir de una cámara fotográfica rota, como mi vida y mi escritura. Ahre. Por otra parte, su apuesta audiovisual contiene un pequeño y bello poema, en el que actualiza lo una vez enunciado por Benjamin sobre el Angelus Novus o ángel de la historia. En la producción audiovisual se puede ver la clara referencia (es bastante obvia) al Ángel de la historia tal cual lo describe Walter Benjamin. La artista reflexiona sobre la señal de televisión y su terminación, comprendiéndola en términos de ruina – BELLO-. La pena de muerte, ejecutada en silencio por todes nosotres que abandonamos lo analógico en pos de lo digital, deja la señal desatendida y obsoleta.

El ángel de la historia descubre que las nuevas tecnologías se basan, heredan o se apropian de retazos de estas ruinas, por eso el progreso siempre acarrea la característica de ser inherentemente defectuoso. El progreso es siempre una tormenta enorme, como la que describe Venturini en su cuento que nunca me acuerdo cómo se llama, pero que es bello. La protagonista tiene unos perros que se llaman como los protagonistas de Cumbres Borrascosas y son azotados junto su casa y ella por una tormenta enorme que lo chupa todo. Al final ella recuerda un día muy lindo en la playa y ve un ángel, o al menos así lo recuerdo yo. Todo está signado por esta figura, el ángel que aparece para observar cómo todo se fue a la mierda.

El glitch, como postula en su manifiesto Rosa Menkman, es una invitación a la experiencia de la interrupción. El objeto captado por el artefacto tecnológico muta su apariencia de forma ordinaria y discurre hacia la ruina donde su significado parece destruirse en favor de la emergencia de una nueva creación o significación. La experiencia puede ser descrita como el sentimiento del shock, el encuentro del sentimiento de desolación y asombro a partir de la misma imagen, donde el objeto se haya dislocado. Es una especie de sensación solemne y triunfal: ante la ruina se encuentra algo más que la devastación. La emoción negativa hace lugar a una experiencia íntima donde el sistema se exhibe en su conformación, funcionamiento interno y en sus fallas. Estas ruinas revelan una oportunidad, una chispa de energía creativa que indica que algo permanece en potencia. La interrupción de la imagen es un instante donde la experiencia se da y se revierte a hacia sí misma, la experiencia original de la ruptura se movió más allá de su impulso y desaparece una vez que es nombrada. El glitch no tiene forma sólida o está a través del tiempo. Las obras comprendidas dentro del género del Glitch Art extienden los límites y generan modos novedosos: rompen la política previamente sellada y fuerzan una catarsis de convenciones, normas y creencias. La esencia del arte glitch se comprende de mejor manera como una historia del movimiento y como una actitud continua de generatividad destructiva; es el arte procedimental de las reformas ambiguas no formativas.

Por otro lado, en el texto sobre el Angelus Novus de Klee, Benjamin intenta dar cuenta del marco sobre el cual la sociedad moderna ha construido una ilusión de progreso ascendente donde los viejos esquemas quedan atrás en favor de la promesa de un futuro pleno, un futuro perfecto, hermoso, veloz, luminoso virus[2], que se abre ante nuestros ojos en un horizonte siempre esquivo y lejano. Entre las ruinas de los viejos esquemas se construye una búsqueda ansiosa – y cuando digo ansiosa me refiero a una búsqueda ahogada en ansiedad- de la certidumbre de un orden que se imponga al caos que implica la tempestad, el progreso. El Ángelus Novus es la imagen que la sociedad moderna ha construido de sí misma. En primer lugar, parece imponerse un esquema de la razón ascendente que supera cualquier otra mirada que pueda construirse sobre el mundo y, en segundo lugar, al mismo tiempo, el mismo ángel es quien se encuentra ante las ruinas y las observa para comprender en qué sentido va el rumbo de su vuelo.

La secularización en la modernidad crea el terreno, la escisión ambigua que separa lo religioso de lo racional, lo tradicional de lo moderno y la decadencia del progreso. En fin, la desacralización del mundo, donde lo sagrado queda superado gracias al desarrollo del progreso en el cual la modernidad confía. Acá podemos ver la relación con la propuesta audiovisual de Menkman, y cómo la misma me hace pensar sobre mi forma de vida hoy – en el contexto de cuarentena- como una forma de vida posible. Según los supuestos explicitados en el manifiesto de la artista, el Glitch es utilizado como una herramienta para deconstruir – en el sentido verdadero del término, no en el que le dan en instagram les boludes- el mito de un proceso lineal, además de poner fin a la idea sagrada del alcance de una tecnología perfecta, imposible de volverse defectuosa o ser sustituida por otra. La propuesta artística es la del valor del desecho, enfatizándolo. Lo roto se vuelve útil a partir de una nueva forma de representación: una forma positiva que afirma la existencia de lo que no funciona en su propio no-funcionamiento. El artefacto-ruina se vuelve útil a partir de su mostramiento. El objeto no pierde su carácter de desecho sino que se exalta hasta su máxima expresión.

Todo esto que dije de una forma muy bonita (me acomodo la corbata y me aclaro la voz mientras escribo) puede resumirse en lo siguiente: estoy acá encerrada en la casa de mi novio hace días, muchos días, no sé exactamente cuántos. Estoy haciendo un esfuerzo, como el ángel de la historia, por observar mi vida, mi pequeña vida rota. Una vida. La vida que emerge sólo cuando paro de trabajar para hacer algo que me incluya dentro de lo que estoy haciendo que no es mi vida, sino la vida de los que se adueñan de mi trabajo. Estoy acostada con la computadora sobre las piernas, veo mis tobillos deshinchados porque ya no estoy 17 horas parada de acá para allá y de allá para acá con libros que se me caen de las manos. Creo fervientemente que la única forma de pasarla bomba en esta cuarentena es ser egoísta y contemplar lo mal que la estaba pasando siendo sobre-productiva. Quedarme quietecita mirando y punto. Yo no digo que el mundo esté en perfectas condiciones y que este virus no sea letal, pero no voy a asumir la idea de un progreso que se me presenta como tormenta. No quiero sufrir la incertidumbre de intentar ver hacia delante. No quiero adorar la potencia de las cosas que pueden llegar a pasar, ahora afirmo la vida, hermosa vida, estoy acá, plenamente ahora. Muchos aseguran que están emergiendo las condiciones para que el capitalismo al fin se derrumbe. Yo sólo afirmo que se están dando las condiciones para que mi vida se abra paso y yo pueda asumirla, plena y rota; heterogénea, glitcheada.

 


[1] Aca paso link para ver la obra en Youtube y entender más la propuesta conceptual: https://www.youtube.com/watch?v=5-XVkI1z1m8&t=224s

[2] Escuchar: https://www.youtube.com/watch?v=WSyIWkFBBQ0

 

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